Afrontamiento del estrés

Vingerhoets (1975). En psicofisiología el término afrontamiento ha sido usado en un sentido bastante restringido, habitualmente para denotar formas de orientar la conducta hacia estresores de laboratorio.

El afrontamiento (coping) es un concepto que se ha empleado con diferentes sentidos. Se ha entendido como una reducción o supresión el estado de estrés, es decir, como un resultado. En términos generales, actualmente se entiende el afrontamiento como los esfuerzos, tanto cognitivos como conductuales, que hace el individuo para hacer frente al estrés, es decir, para «manejar» tanto las demandas externas o internas generadoras del estrés, como el estado emocional desagradable vinculado al mismo. Varios autores han utilizado la distinción entre afrontamiento activo y pasivo, o bien con otras denominaciones dicotómicas equivalentes, como lucha-huida/conservación-retraimiento, aproximación/evitación, etc.

El afrontamiento se relaciona de forma bastante estrecha con las dimensiones de evaluación cognitiva de la situación, de tal forma que a veces resulta difícil separar ambos componentes. Por ejemplo; cuando un animal experimental es sometido a estímulos estresores de laboratorio (descarga eléctrica) impredecibles e incontrolables (implica la imposibilidad de escape), nos encontramos ipso facto ante una situación experimental de coping pasivo. Ante estas circunstancias es fácil provocar experimentalmente algunas alteraciones físicas como úlceras gastrointestinales, hipertensión y desarrollo de tumores.

El afrontamiento como proceso

Bolger (1990). Constató en un estudio longitudinal que el afrontamiento podía relacionarse de forma causal con los problemas de tipo emocional.

Según el grupo de Lazarus y desde un punto de vista procesual, el afrontamiento es definido como los esfuerzos en curso cognitivos y conductuales para manejar las demandas externas o internas que son evaluadas como algo que grava o excede los recursos de la persona; los esfuerzos cognitivos y conductuales para manejar el estrés psicológico. Siguiendo a Lazarus, la consideración del afrontamiento como un proceso implica asumir los siguientes principios:

  1. El término de afrontamiento se emplea indistintamente de que el proceso sea adaptativo o desadaptativo, eficaz o ineficaz. El afrontamiento debe separarse de los resultados. No existen procesos de afrontamiento universalmente buenos o malos. Por ejemplo, una estrategia de afrontamiento, la negación, parece ser adaptativa durante la fase de cuidados hospitalarios en pacientes que han sufrido un infarto, pero peligrosa si continúa empleándose como estrategia después del período hospitalario.
  2. El afrontamiento depende del contexto. Se trata de una aproximación orientada contextualmente más que como una disposición estable. Por ejemplo, cuando una persona afronta el problema del cáncer, la estrategia de afrontamiento depende de que, en un momento dado, aquella esté tratando con una u otra de las diferentes amenazas generadas por la enfermedad.
  3. Unas estrategias de afrontamiento son más estables o consistentes que otras a través de las situaciones estresantes. Hay datos que indican más estabilidad para la estrategia «reevaluación positiva» que para la «búsqueda de apoyo social».
  4. La teoría del afrontamiento como proceso enfatiza que al menos existen dos funciones principales del afrontamiento, una focalizada en el problema y otra en la emoción. Ambas formas de afrontamiento pueden en la práctica facilitarse mutuamente; por ejemplo, la reducción previa de estados emocionales como la ansiedad o la ira suele facilitar las actividades de solución de problemas (facilita el afrontamiento focalizado en el problema); y viceversa, un afrontamiento focalizado en el problema puede llevar a la reducción de la respuesta emocional. Sin embargo, también pueden interferirse; minimizando la relevancia de un suceso (focalización emocional) se puede inhibir las actividades dirigidas al afrontamiento-problema.
  5. El afrontamiento depende de la evaluación respecto a que pueda o no hacerse algo para cambiar la situación. Si la valoración dice que puede hacerse algo (que la condición estresante puede ser controlable por la acción), predomina el afrontamiento focalizado en el problema. Si la valoración dice que no puede hacerse nada, entonces predomina el afrontamiento focalizado en la emoción.

Lazarus y su grupo elaboraron instrumentos psicométricos basados en entrevistas o autoinformes para evaluar el afrontamiento. Uno de sus procedimientos más empleados, el Ways of Coping Ouestionnaire (WCQ), Folkman y Lazarus (1988).

DimensiónDescripción
ConfrontaciónAcciones directas dirigidas hacia la situación; por ejemplo, expresar ira hacia la persona causante del problema, tratar de que la persona responsable cambie de idea, etc.
DistanciamientoTratar de olvidarse del problema, negarse a tomarlo en serio, comportarse como si nada hubiera ocurrido, etc.
Autocontrol
Guardar los problemas para uno mismo, procurar no precipitarse, etc.
Búsqueda de apoyo socialPedir consejo o ayuda a un amigo, hablar con alguien que puede hacer algo concreto, contar a un familiar el problema, etc.
Aceptación de la responsabilidadDisculparse, criticarse a sí mismo, reconocerse causante del problema, etc.
Escape-evitaciónEsperar a que ocurra un milagro, evitar el contacto con la gente, tomar alcohol o drogas, etc.
Planificación de solución de problemasEstablecer un plan de acción y seguirlo, cambiar algo para que las cosas mejoren, etc.
Reevaluación positivaLa experiencia enseña, hay gente buena, cambié y maduré como persona, etc.
Dimensiones de afrontamiento del Ways of Coping Questionnaire [WCQ]. Tomado de Folkman y Lazarus [1988).

Aunque todavía no existen muchos estudios que confirmen una línea consistente entre el afrontamiento evaluado procesualmente y los resultados relacionados con la salud/enfermedad, existe suficiente información empírica para sugerir algunos patrones relevantes. Por ejemplo, la ansiedad y la depresión se han relacionado positivamente con el uso de estrategias focalizadas en la emoción (evitación cognitiva), y negativamente con estrategias focalizadas en el problema.

Estrategias de afrontamiento

Törestad et al. (1990). Presentaron evidencia sobre la estabilidad del afrontamiento. Empleando su inventario SR (situación-respuesta) (Multi-Situation Multi-Reaction Inventory, MSMRI), demostraron que el afrontamiento está determinado tanto por la situación como por la persona (rasgo). Es decir, según estos autores las estrategias de afrontamiento no se reducen ni a un proceso (dependencia de las cualidades percibidas de la situación) ni a disposiciones personales, sino que se deben a una interacción de ambos factores. Aparte de demostrar el carácter interaccionista del afrontamiento, de la investigación de Törestad y cols. se deriva que, en efecto, los individuos tienen tendencia a usar ciertas estrategias de afrontamiento transituacionalmente. Los autores categorizaron el afrontamiento según tres dimensiones: «constructivo», «pasivo» y de «escape».
Endler y Parker (1990). Llevaron a cabo un estudio basado en la hipótesis de que las personas tienen preferencias en el empleo de estrategias de afrontamiento. Concluyeron que el afrontamiento focalizado en el problema es una orientación hacia la tarea, mientras que el afrontamiento focalizado en la emoción es una orientación hacia la persona. La estrategia orientada hacia la persona incluye respuestas emocionales, autopreocupaciones y reacciones fantásticas. La tercera categoría, esto es, la evitación, incluye bien estrategias orientadas hacia la persona, u orientadas hacia la tarea.
Roger et al. (1993). Amplían el modelo de Endler y Parker y aíslan un cuarto factor primario del afrontamiento relacionado con una sensación de separación afectiva (detachment) respecto a los sucesos estresantes (detached coping, afrontamiento de separación o independencia; significa algo así como «desengancharse» de la situación estresante).

Lo que se hace mediante esta aproximación es preguntar a la persona cómo afronta usualmente el estrés, en lugar de cómo afronta encuentros específicos de estrés. En último término, una medida procesual del afrontamiento se convierte en una medida de rasgo o estilo de afrontamiento. Esta nueva orientación implica una metodología diferente y una concepción más tendente a la multidimensionalidad (varias estrategias de afrontamiento); no implica, por otra parte, aspectos asociados al concepto de «defensas del yo». El afrontamiento, bajo esta perspectiva, se entiende como los esfuerzos conscientes para manejar el estrés; no se admiten, por tanto, los procesos inconscientes. Las dimensiones del afrontamiento se consideran como disposiciones generales que llevan al individuo a pensar y actuar de forma más o menos estable ante las diferentes situaciones estresantes.

El equipo de Törestad (1990) categorizo el afrontamiento según tres dimensiones:

  • Constructivo. Se refiere a los esfuerzos cognitivos y conductuales dirigidos a tratar con los sucesos estresantes de
    una manera directa y confrontativa. Se corresponde con la definida por Lazarus como afrontamiento focalizado en el problema.
  • Pasivo. Incluye soluciones dirigidas a la emoción, mediante las cuales nada puede hacerse respecto a cambiar la situación o moverse de ella.
  • De escape. Hace referencia a las acciones cognitivas y conductuales que implican «salirse del campo» física o psicológicamente.

El equipo de Roger (1993) argumenta que cuando el individuo está menos implicado sentimentalmente con el evento, el afrontamiento suele ser más efectivo. Sugieren que el sentimiento de separación no implica negación ni intentos de evitar el estrés, y puede ser también distinguido de las estrategias orientadas hacia la tarea. Los ítems incluidos en esta cuarta dimensión hacen referencia a contenidos como soñar sobre tiempos pasados cuando las cosas eran mejores, soñar acerca de mejores cosas del futuro, tratar de olvidarse de la totalidad del problema, hablar del problema lo menos posible, etc. Los autores obtienen correlaciones positivas entre esta dimensión y la estrategia orientada racionalmente (tarea), así como entre las estrategias emoción y evitación, sugiriendo que los primeros tipos (racional y separación) son estrategias adaptativas, y los dos segundos (emocional y evitación) son desadaptativos.

No obstante, la versión actual del CAE (Sandín y Chorot, 2003; Sandín et al., 2008), dicen haber logrado superar gran parte de los solapamientos que se dan en otras escalas de afrontamiento. El cuestionario ha sido validado en la mayor parte de los países americanos de habla española (lo que puede explicar lo de la religión).

distress
Respuesta diferencial de los sistemas médula-suprarrenal (adrenalina) y córtico-suprarrenal(cortisol) a los estados de esfuerzo y distrés. Tomado de Frankenhaeuser (1986).
DimensiónDescripción
Expresión emocional abiertaInsultar a otras personas; comportarse hostilmente; luchar y desahogarse emocionalmente.
ReligiónRezar; asistir a la iglesia; pedir ayuda espiritual.
Focalizado en la solución del
problema
Seguir unos pasos concretos; establecer un plan de acción; pensar detenidamente los pasos a seguir.
Búsqueda de apoyo socialPedir consejo a parientes o amigos; contar los sentimientos a familiares o amigos; pedir orientación sobre el mejor camino a seguir.
Autofocalización negativaNo hacer nada ya que las cosas suelen ser malas; resignarse; sentir indefensión respecto al problema.
EvitaciónVolcarse en el trabajo u otras actividades; «salir» para olvidarse del problema; concentrarse en otras cosas.
Reevaluación positivaSacar algo positivo de la situación; pensar que el problema pudo haber sido peor; descubrir que en la vida hay gente buena.
Dimensiones de afrontamiento del Cuestionario de Afrontamiento del Estrés [CAE] Tomado de Sandín y Chorot (2003).

A un nivel más experimental, Frankenhaeuser demostró una relación diferencial entre el tipo de afrontamiento/ emoción y las respuestas hormonales. Destaca la existencia de tres posibles combinaciones entre tales variables:

  • Esfuerzo y distrés. Tiende a estar acompañado de elevación conjunta en la secreción de catecolaminas y cortisol. Es el estado típico del estrés diario, que se produce por el esfuerzo dirigido a obtener y mantener el control. En el trabajo cotidiano implicaría, por ejemplo, actividades como trabajar de forma repetitiva con alguna máquina o de forma altamente rutinaria.
  • Esfuerzo sin distrés. Estado sin malestar emocional, caracterizado por un afrontamiento activo y exitoso, alta implicación en la tarea y un grado alto de control personal. Se acompaña de elevada secreción de catecolaminas y posible descenso de cortisol.
  • Distrés sin esfuerzo. Implica sentimientos de indefensión, pérdida de control y pérdida de la esperanza (abandonar). Se asocia principalmente a secreción incrementada de cortisol, si bien las catecolaminas pueden estar también ligeramente elevadas (menos que con esfuerzo). Es un perfil típico de los estados depresivos, la pasividad y la indefensión aprendida.

Referencias

  • Belloch, Sandín, Ramos Campos, and Sandín, Bonifacio. Manual De Psicopatología. 3ª edición. Madrid [etc.]: McGraw-Hill Interamericana De España, 2020. Print.

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