D E M O C R A T O P I A

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Además, es relevante mencionar que en algunos casos, estos resúmenes y contenidos son elaborados con el apoyo de herramientas de Inteligencia Artificial. Por tanto, me gustaría reiterar nuestras disculpas por cualquier confusión o malentendido que haya podido surgir debido a la falta de claridad respecto a la naturaleza y el origen del contenido en kibbutzpsicologia.com.

Aplicaciones de la evaluación psicofisiológica

La psicofisiología tiene aplicaciones cruciales que abarcan desde la evaluación hasta la intervención en el ámbito de la psicología clínica y de la salud. Para aquellos lectores que deseen profundizar en este tema, recomendamos consultar las obras de referencia en la materia, como son los manuales de Simón y Amenedo (2001) y Vila y Guerra (2017). En este apartado, destacaremos algunos aspectos relevantes de ciertos marcadores biológicos e indicadores psicofisiológicos que juegan un rol significativo en el diagnóstico y tratamiento de trastornos específicos.

Marcadores biológicos e indicadores psicofisiológicos

La evaluación psicofisiológica es una herramienta clave que busca indicadores objetivos de trastornos psicológicos, apoyándose en marcadores biológicos y mediciones cuantitativas para superar la subjetividad de entrevistas y cuestionarios. Existen tres tipos de marcadores biológicos identificados por Paraíso y Ficken (1989): episódicos, que aparecen durante crisis del trastorno; de vulnerabilidad, que señalan una predisposición a desarrollar un trastorno; y genéticos, que son heredables y señalan predisposiciones patogénicas.

Las investigaciones en este campo pueden seguir un enfoque comparativo entre diferentes diagnósticos y controles, como sugiere Turpin (1989), o un enfoque intragrupal para analizar subclasificaciones o la evolución del trastorno. En los llamados trastornos psicosomáticos, la evaluación psicofisiológica es crucial para el diagnóstico y tratamiento, dada su naturaleza fisiológica.

La utilidad de esta evaluación se extiende a varios ámbitos, entre ellos:

  1. La identificación de síntomas específicos en trastornos definidos por componentes fisiológicos, como los trastornos de ansiedad.
  2. La caracterización de personas en riesgo de trastornos psicológicos, marcando predisposiciones estables.
  3. La evaluación de tratamientos, pronósticos de enfermedades, y la detección de recaídas o falsedad en informes de pacientes, con indicativos como la reactividad electrodérmica o la hiperreactividad cardiovascular.
  4. El entendimiento profundo de trastornos psicopatológicos y sus causas, lo cual incluye la determinación de marcadores fenotípicos y etiológicos.
  5. El refinamiento de criterios diagnósticos y la mejora en el diagnóstico diferencial para guiar tratamientos.
  6. La identificación de subgrupos dentro de diagnósticos comunes, como en el caso de disfunciones sexuales.
  7. La aplicación de técnicas de biofeedback para la modulación consciente de respuestas fisiológicas alteradas, como parte integral del proceso terapéutico.

La evaluación psicofisiológica está alineada con los principios de las terapias cognitivo-conductuales, que buscan un método cuantitativo y riguroso para entender y tratar los trastornos psicológicos (Haynes, Falkin y Sexton-Radek, 1989). Esta evaluación es fundamental para establecer objetivos terapéuticos precisos, como modificar respuestas fisiológicas específicas según la naturaleza del trastorno.

En conclusión, la evaluación psicofisiológica, respaldada por las investigaciones y conceptos de autores como Paraíso y Ficken (1989), Turpin (1989), y Haynes, Falkin y Sexton-Radek (1989), ofrece una perspectiva objetiva y científicamente cuantificable indispensable para el diagnóstico, comprensión y tratamiento de trastornos psicológicos.

Ansiedad y trastornos de ansiedad

La valoración psicofisiológica de la ansiedad, caracterizada por su objetividad, requiere ser interpretada en conjunto con los hallazgos de una evaluación psicológica más amplia. Esta aproximación multimodal es esencial debido a la coexistencia de síntomas psicológicos y fisiológicos en trastornos de ansiedad, que pueden variar significativamente entre pacientes. Por ejemplo, algunos individuos pueden experimentar predominantemente molestias somáticas, mientras que otros pueden sufrir de perturbaciones principalmente cognitivas.

Analizado desde la perspectiva psicofisiológica, la ansiedad y la relajación representan polos opuestos en un espectro de activación, cada uno con distintivos perfiles fisiológicos. En los estados ansiosos de individuos no clínicos, se observan cambios notables en la actividad del sistema nervioso simpático, particularmente una frecuencia aumentada de respuestas electrodérmicas espontáneas y una habituación más tardía a las respuestas de conductancia cutánea (SCRs).

Con respecto a las respuestas cardiovasculares, se manifiesta un incremento en la frecuencia cardíaca y una reducción del volumen del pulso periférico. Estos fenómenos pueden coincidir con una palidez facial y una baja en la temperatura cutánea de la zona afectada, junto con un ascenso en la presión arterial sistólica. Además, se registra una elevación en la frecuencia respiratoria y una disminución en la profundidad de la respiración.

Es notable también el incremento del tono muscular, especialmente en regiones como la frente, los antebrazos y el músculo trapecio. Se observan asimismo otros cambios motores, como el temblor, un incremento en la frecuencia del parpadeo y un refuerzo del reflejo de sobresalto en el parpadeo.

Los trabajos de investigadores como Cook, Davis, Hawk, Spence y Gautier (1992), Globisch, Hamm, Esteves y Öhman (1999), Hamm, Cuthbert, Globisch y Vaitl (1997), y Vila y Guerra (2017), han contribuido de manera significativa a la comprensión de estos fenómenos, proporcionando un marco para la evaluación y tratamiento de la ansiedad que abarca tanto el dominio psicológico como el fisiológico.

Evaluación psicofisiológica en los trastornos de ansiedad

Claro, puedo incluir los nombres de los autores mencionados en el resumen del texto para referenciar las investigaciones y conclusiones. Aquí tienes un resumen con las citas de autores correspondientes:

Los pacientes con trastornos de ansiedad presentan diferencias en la habituación a estímulos ansiógenos y en la activación fisiológica antes y después de tratamientos, lo cual es útil clínicamente (Martínez-Selva, 1995). Muestran una habituación más lenta y una mayor frecuencia de respuestas electrodérmicas inespecíficas (Turpin, 1989), aunque sus respuestas electrodérmicas no siempre son mayores que en personas sin ansiedad. Las respuestas cardíacas a fobias pueden indicar una respuesta atencional más que de defensa. La modulación del reflejo de parpadeo y la activación del músculo facial corrugador son mayores en presencia de estímulos fóbicos (Hamm, Cuthbert, Globisch y Vaitl, 1997).

En EEG, se observa un predominio del ritmo beta en pacientes con fobias (Lader, 1983). Los potenciales evocados cerebrales aumentan en amplitud ante estímulos relacionados con fobias, reflejando un sesgo atencional (Kolassa et al., 2005; Michalowski et al., 2015). Las terapias cognitivo-conductuales buscan modificar la atención que los pacientes prestan a estímulos de su entorno para controlar mejor sus reacciones de miedo.

Diferentes trastornos de ansiedad muestran distintos niveles de reactividad psicofisiológica (Lader, 1975; Lang, Greenwald, Bradley y Harum, 1993). La fobia a la sangre o hematofobia muestra una respuesta cardiovascular difásica única y un patrón de coactivación simpático-parasimpática (Sánchez-Navarro y Martínez-Selva, 2009; Sánchez-Navarro et al., 2018). No se observa sesgo atencional en estos pacientes (Sánchez-Navarro et al., 2012).

La desensibilización sistemática y las terapias de exposición han demostrado ser efectivas en trastornos de ansiedad, con la reactividad psicofisiológica pretratamiento correlacionando con la eficacia del tratamiento (Vila y Guerra, 2017). La realidad virtual se ha utilizado también con éxito en la exposición terapéutica (Mühlberger, Hermann, Wiedemann, Ellgring y Pauli, 2001; Coté y Bouchard, 2005). Los cambios en la actividad cerebral tras tratamientos cognitivo-conductuales exitosos han sido documentados, indicando modificaciones fisiológicas subyacentes (de Jong, Mercklebach y Arntz, 1991).

respuesta cardiaca fobicos
Respuesta cardíaca de fóbicos a la sangre y a las serpientes. Respuesta de frecuencia cardíaca en dos grupos de sujetos fóbicos, a serpientes y a estímulos relacionados con sangre, inyección y heridas, cuando se les presentan imágenes correspondientes a ambos tipos de fobias.

Este resumen enfatiza la importancia de la evaluación psicofisiológica en los trastornos de ansiedad y cómo puede servir para entender mejor las diferencias entre trastornos, así como para evaluar la eficacia del tratamiento.

La respuesta de relajación

Este extenso fragmento proporciona una visión general sobre los efectos de la relajación y el mindfulness en la fisiología y la psicología de los individuos. Aquí hay un resumen en español que incluye los principales puntos e investigadores mencionados:

La práctica de técnicas de relajación tiene efectos beneficiosos significativos, como la disminución en el nivel general de activación, lo que se traduce en una reducción del tono muscular y la presión arterial. También se observan aumentos en la vasodilatación periférica y mejoras en la respiración, lo que sugiere un predominio de la actividad parasimpática del sistema nervioso autónomo (Martínez-Selva, 1995). La calidad y profundidad de la relajación pueden verse influenciadas por el control de la respiración, especialmente mediante la respiración abdominal, que disminuye la activación durante situaciones de estrés.

El mindfulness, o atención plena, es un tipo de meditación que se ha estudiado por sus efectos positivos en el manejo de preocupaciones crónicas y ansiedad anticipatoria, asociada con una regulación autonómica deficiente. Las investigaciones han indicado que el entrenamiento en mindfulness podría ser una herramienta eficaz para enfrentar estas preocupaciones crónicas, con estudios que muestran mejoras en la auto-regulación emocional y autonómica (Delgado et al., 2010).

Los efectos de la meditación, incluido el mindfulness, en la función del sistema nervioso central también han sido tema de investigación. Canh y Polich (2006) revisaron estudios psicofisiológicos y encontraron una disminución en los niveles de activación cerebral durante la meditación, incremento de ondas theta y alfa en el EEG y cambios en la neuroimagen funcional, particularmente en la corteza cingulada anterior y áreas de la corteza prefrontal dorsolateral. Sin embargo, advierten que aún no se ha llegado a un consenso sobre los cambios neurales específicos y las diferencias entre tipos de meditación.

El estudio de Delgado et al. (2010) exploró los efectos del mindfulness en índices clínicos, psicológicos y fisiológicos, encontrando mejoras significativas en la meta-cognición emocional y en la regulación autonómica, como se evidencia en la variabilidad de la frecuencia cardíaca y el patrón respiratorio. Aunque ambos grupos (mindfulness y relajación tradicional) mostraron progresos clínicos, el mindfulness se destacó por promover una mejor autorregulación emocional y fisiológica.

Sin embargo, se reconoce que los estudios sobre relajación y mindfulness han enfrentado críticas por sus limitaciones metodológicas y conceptuales, lo que indica que aún se requiere más investigación para validar completamente su eficacia (Van Dam, van Gugt y Vago, 2017).

En resumen, tanto la relajación como el mindfulness son prácticas beneficiosas que pueden influir positivamente en la fisiología y psicología del individuo, aunque se necesita más investigación para entender completamente sus mecanismos y eficacia.

Trastornos depresivos

Los trastornos depresivos son condiciones complejas que afectan tanto la psicología como la fisiología de un individuo. La inhibición general del comportamiento y la disminución del tono vital que caracteriza a los trastornos depresivos pueden manifestarse en diversas formas a nivel psicofisiológico, y la investigación en este campo busca correlaciones y posibles marcadores biológicos que puedan ayudar en el diagnóstico y tratamiento de estos trastornos.

  1. Respuestas Autonómicas: Miquel, García-Merita, Fuentes y Rojo (1994) y Vila y Guerra (2015) han investigado las respuestas autonómicas en personas con trastorno depresivo, observando alteraciones como un aumento en la actividad cardiovascular y una disminución de la actividad electrodérmica y de la secreción salival.
  2. Respuestas Electrodérmicas y Conducta Suicida: Aunque no se proporciona un autor específico para el estudio sobre respuestas electrodérmicas y la conducta suicida, esta línea de investigación es conocida en el ámbito psicofisiológico de los trastornos depresivos.
  3. Actividad EMG de Músculos Faciales: Vila y Guerra (2017) han realizado estudios sobre la actividad EMG de los músculos faciales en personas con depresión, notando diferencias significativas en la forma en que las personas depresivas expresan emociones a través de sus expresiones faciales.
  4. Actividad EEG: No se mencionan autores específicos en tu texto original para los hallazgos relacionados con la actividad EEG, pero se sabe que la asimetría hemisférica y las alteraciones en el ritmo alfa son áreas de interés en la investigación de la depresión.
  5. Potenciales Evocados Cerebrales: Kayser et al. (2000) se refieren a cambios en los potenciales evocados cerebrales en personas con depresión, especialmente en la amplitud de la onda P300 frente a estímulos negativos.
  6. Alteraciones del Sueño: García-Merita et al. (1991) estudiaron las alteraciones del sueño en la depresión, destacando las anomalías en la latencia y la arquitectura del sueño REM.
  7. Regulación del Cortisol: Ramos (1996) discute la privación del sueño REM y su relación con la mejora de los síntomas depresivos, así como la posible presencia de un marcador biológico en relación con la pérdida de feedback negativo a los niveles de cortisol.

Es importante destacar que la investigación en este campo está en constante evolución, y nuevos estudios pueden proporcionar información adicional o alternativas a los hallazgos de los autores mencionados. Además, los estudios clínicos pueden variar en sus conclusiones y es vital una interpretación cuidadosa y una consideración de la replicabilidad y generalización de los resultados.

Esquizofrenia

La esquizofrenia es un trastorno psiquiátrico complejo que implica una variedad de síntomas cognitivos, emocionales y conductuales. Los marcadores psicofisiológicos mencionados en tu texto están ampliamente investigados y vinculados con la patología de la esquizofrenia y su base genética potencial. A continuación, he añadido más detalles sobre los autores y sus contribuciones al estudio de la esquizofrenia:

  1. Movimientos Oculares: Los estudios de García-Merita et al. (1991) señalan irregularidades en los movimientos lentos de seguimiento ocular, sugiriendo un marcador genético de la esquizofrenia. Esto se correlaciona con la investigación de Iacono, Carlson y Malone (2000), quienes encontraron estas irregularidades tanto en pacientes como en algunos familiares, lo que indica una posible predisposición genética.
  2. Potenciales Evocados (P300): Theodore P. Zahn fue uno de los pioneros en el estudio de la onda P300 en pacientes con esquizofrenia, notando que la amplitud reducida de la P300 no parecía estar relacionada con la medicación (Zahn, 1986). Más tarde, Almeida et al. (2011) observaron resultados similares en pacientes con primeros episodios de esquizofrenia y en pacientes crónicos. Además, Kim et al. (2018) vinculan la magnitud de la reducción de la P300 con la persistencia de síntomas negativos y cambios estructurales cerebrales.
  3. Actividad Electrodérmica (AED): Los estudios de Fuentes et al. (1993) destacan la relación entre la actividad electrodérmica y los síntomas clínicos de la esquizofrenia. Encontraron que una gran proporción de personas con esquizofrenia no mostraban respuestas de conductancia ante estímulos auditivos inocuos, siendo esto más prevalente en aquellos con síntomas negativos. Zahn et al. (2001) añaden que los pacientes no responsivos a menudo muestran escasa respuesta a los tratamientos con neurolépticos o antipsicóticos.
  4. Estudios Neuropsicológicos: Nilsson, Holm, & Ekselius (2015) proporcionaron evidencia de que los pacientes no responsivos también tienden a tener un desempeño más pobre en las pruebas neuropsicológicas.

Estos autores y sus estudios contribuyen significativamente a la comprensión de la esquizofrenia como un trastorno con raíces genéticas y manifestaciones psicofisiológicas observables. La investigación en esta área ayuda a comprender mejor cómo estos marcadores pueden ser utilizados para el diagnóstico precoz, la comprensión de la etiología y el desarrollo de nuevas estrategias terapéuticas.

Psicopatía

La psicopatía es un trastorno de la personalidad que se ha estudiado ampliamente debido a su impacto tanto en el individuo como en la sociedad. La característica distintiva de las personas con rasgos psicopáticos es un patrón persistente de comportamiento antisocial, falta de empatía y remordimientos, impulsividad y, en muchos casos, una conducta criminal.

Hipótesis del Déficit Emocional: La idea de que los psicópatas tienen un déficit en la reactividad emocional es una teoría central en la literatura sobre la psicopatía. Vila y Guerra (2017) apuntan a que los psicópatas muestran una menor reactividad ante estímulos aversivos, lo cual ha sido confirmado por investigaciones que utilizan medidas como la Actividad Electrodérmica (AED).

Respuestas Fisiológicas Diferenciales: Sin embargo, cuando se trata de la respuesta cardiaca, el panorama es diferente. Según Hare, Frazelle y Cox (1978), los psicópatas pueden tener respuestas más intensas, con mayores aumentos en la frecuencia cardiaca ante la anticipación de estímulos aversivos en comparación con no psicópatas. Raine (2014) añade que en condiciones de reposo, su frecuencia cardíaca tiende a ser más baja que la de la población en general, lo que sugiere una calma fisiológica incluso en contextos que serían estresantes para otros.

Sistema de Inhibición Conductual: Fowles (1980) propone que la psicopatía puede entenderse como un déficit en el sistema de inhibición conductual de Gray. Esto podría explicar la dificultad que tienen los psicópatas para aprender de la experiencia del castigo y de la frustración, manifestándose en una actividad electrodérmica reducida frente a amenazas.

Modulación Emocional del Reflejo de Sobresalto: Benning et al. (2005) y Pastor et al. (2005) han investigado cómo los psicópatas muestran una modulación emocional alterada del reflejo de sobresalto. A diferencia de los individuos sanos, que exhiben una potenciación del reflejo de sobresalto frente a imágenes desagradables, los psicópatas pueden no mostrar esta potenciación, sugiriendo una respuesta atenuada a lo que normalmente serían estímulos emocionalmente impactantes.

Estos hallazgos sugieren una compleja interacción entre las respuestas emocionales y fisiológicas en la psicopatía. Estas características pueden contribuir a los comportamientos desadaptativos asociados con el trastorno, como la falta de miedo ante las consecuencias negativas y una tendencia a involucrarse en comportamientos riesgosos o antisociales. Estos estudios no solo ayudan a comprender mejor el trastorno, sino que también pueden orientar el desarrollo de estrategias de intervención y tratamiento.

Adicciones

Las adicciones son trastornos complejos que implican una interacción entre factores genéticos, psicológicos y ambientales. Los indicadores psicofisiológicos que mencionas proporcionan información valiosa sobre posibles predisposiciones biológicas al desarrollo de comportamientos adictivos y trastornos asociados, como los antisociales.

Los tres indicadores principales son:

  1. Amplitud reducida del componente P300 de los potenciales evocados: Este fenómeno es bien conocido en el contexto del alcoholismo y es interpretado como un indicador de la excitabilidad o desinhibición del sistema nervioso central (SNC). Se ha encontrado tanto en individuos con alcoholismo como en hijos de personas con alcoholismo, sugiriendo que puede ser un marcador biológico de vulnerabilidad genética a la adicción.
  2. Disminución de la respuesta electrodérmica ante estímulos aversivos precedidos por una señal: Esta es una medida de cómo las personas anticipan y reaccionan a estímulos aversivos. En individuos con un funcionamiento típico, la respuesta electrodérmica es menor cuando se anticipa el estímulo aversivo, lo cual no sucede en aquellos con una tendencia alcohólica, indicando un déficit en el control inhibitorio.
  3. Disminución del control de los movimientos antisacádicos: Esta medida se refiere a la capacidad de una persona para dirigir la mirada en la dirección opuesta a un objeto que aparece en su campo visual, un acto que requiere control inhibitorio. Los adolescentes con bajo rendimiento en este control tienen una mayor probabilidad de desarrollar adicciones.

Estos hallazgos están en línea con los siguientes estudios y autores:

  • Iacono et al. (2000): Identificaron los tres indicadores psicofisiológicos como predictores de propensión a las adicciones.
  • Corral y Cadaveira (2002): Discuten el componente P300 reducido como un marcador biológico de vulnerabilidad a la adicción alcohólica.

También se hace referencia al «tipo 2» de alcoholismo de Cloninger, que se asocia con personalidades antisociales y se piensa que tiene una base genética. El «tipo 2» no es un término acuñado por Corral y Cadaveira, sino que es parte de la tipología del alcoholismo propuesta por C. Robert Cloninger.

Esta información apunta a la compleja interacción entre factores genéticos, neurobiológicos y conductuales en el desarrollo de adicciones, y sugiere que ciertas características psicofisiológicas pueden ser indicativos útiles para identificar individuos en riesgo antes de que desarrollen un trastorno adictivo.

Detección del engaño

La detección de engaños ha evolucionado desde métodos basados en supersticiones hasta procedimientos empíricos y científicos. Actualmente, es un campo relevante dentro de la psicología aplicada, con enfoques que van desde lo evaluativo-forense hasta lo psicofisiológico (Masip et al., 2004). Específicamente, en el ámbito psicofisiológico, existen dos paradigmas principales para detectar el engaño: el paradigma de la persona culpable y el del conocimiento culpable (Vila & Guerra, 2017). El primero busca identificar la culpabilidad a través de interrogatorios, mientras que el segundo se enfoca en si el individuo tiene conocimiento exclusivo de cierta información relacionada con el delito.

Las técnicas del paradigma de la persona culpable comúnmente miden varias señales psicofisiológicas como la presión arterial y la respiración. En contraste, el paradigma del conocimiento culpable a menudo se limita al uso de la actividad electrodérmica. Una innovación en este campo es el uso de la tarea «oddball» para evaluar el potencial P300, que ha demostrado ser eficaz para detectar el conocimiento que solo un culpable tendría (Lykken, 1998). Adicionalmente, se ha explorado la dilatación pupilar como un indicador de esfuerzo mental en la respuesta a preguntas comprometedoras.

Aunque las técnicas psicofisiológicas muestran altas tasas de éxito en laboratorio, superiores al 90%, en la práctica profesional estas tasas rondan el 70%, pudiendo aumentar con una alta calificación del profesional (Martínez-Selva, 2005). Sin embargo, la efectividad de estas técnicas puede verse comprometida por factores como el mal uso de los equipos, artefactos en las mediciones, o la presencia de emociones como el miedo a ser falsamente acusado (Martínez-Selva, 2005). Además, existe la preocupación de que las personas puedan aprender a burlar estas técnicas (Hacker et al., 2014; Kircher & Raskin, 2016).

Con el avance tecnológico, la resonancia magnética funcional se ha sumado a las herramientas disponibles para detectar el engaño, buscando patrones de activación cerebral distintos entre quienes mienten y quienes dicen la verdad. Sin embargo, tanto la neuroimagen como las mediciones de la actividad cerebral enfrentan desafíos interpretativos similares a otros métodos psicofisiológicos.

Estas referencias subrayan la complejidad y los desafíos continuos en la detección psicofisiológica del engaño, así como la necesidad de cautela y rigor en su aplicación práctica. Es importante señalar que ninguna de las tecnologías descritas es infalible ni universalmente aceptada como un medio definitivo para detectar mentiras. La eficacia de estas tecnologías puede variar ampliamente dependiendo de la situación, el individuo y cómo se implementan y se interpretan los resultados. Además, todas las metodologías para detectar mentiras enfrentan críticas y escepticismo en cuanto a su validez y confiabilidad. Por ello, es fundamental considerar las conclusiones de múltiples estudios y evaluaciones para formarse una opinión sobre cuál tecnología es la más fiable y eficiente.

Analizadores de la tensión vocal

Los analizadores de tensión vocal, también conocidos como analizadores de estrés de la voz, operan bajo la premisa de que el estrés o la tensión asociados con el acto de mentir inducen cambios en las características de la voz humana. Estos dispositivos intentan detectar variaciones sutiles en la voz que serían imperceptibles al oído humano. La teoría sostiene que el estrés podría eliminar los microtremblores naturales en los músculos de la laringe, alterando así las frecuencias de la voz (Masip et al., 2004).

Este tipo de tecnología surgió alrededor de la década de 1960 y rápidamente atrajo la atención de empresarios que vieron un potencial de mercado significativo en la venta de estos dispositivos. Sin embargo, la eficacia de los analizadores de tensión vocal ha sido objeto de intenso debate y escrutinio científico.

Según la revisión exhaustiva realizada por Masip et al. (2004), la evidencia tanto de estudios de laboratorio como de investigaciones de campo indica que estos dispositivos no son efectivos para detectar mentiras, funcionando no mejor que el azar. Además, estos autores concluyen que los analizadores de tensión vocal son menos válidos que otros indicadores poligráficos como la conductividad electrodérmica, y que las evaluaciones basadas en sus lecturas carecen de fiabilidad inter-jueces. Esto sugiere que, a pesar de su popularidad y disponibilidad comercial, la confiabilidad de los analizadores de tensión vocal para detectar el engaño es altamente cuestionable.

Termografía facial

La termografía facial es una técnica de detección de engaño que utiliza cámaras térmicas de alta definición para medir los cambios en la temperatura superficial de la cara. Como Pavlidis, Eberhart y Levine (2002) identificaron, estos cambios térmicos se concentran especialmente en la zona periorbital, es decir, alrededor de los ojos, donde el flujo sanguíneo puede aumentar debido a esfuerzos mentales intensos, como mentir.

La base teórica de esta técnica es que cuando las personas se enfrentan a situaciones que requieren un esfuerzo cognitivo significativo—como resolver problemas complejos, estar bajo evaluación o intentar engañar—se producen fluctuaciones en la temperatura facial debido al cambio en la distribución de la sangre. En el contexto de la mentira, se sugiere que estos cambios son parte de una respuesta fisiológica primitiva que mejora la visión en situaciones percibidas como amenazantes, ya que prepararían al individuo para responder más efectivamente a un ataque.

Sin embargo, la termografía facial para la detección de mentiras se enfrenta a críticas por su falta de especificidad. Esto se debe a que no distingue adecuadamente entre los diferentes tipos de estrés o esfuerzo mental y, por lo tanto, no puede determinar de manera concluyente que un cambio térmico se deba a un acto de engaño. Además, la técnica no toma en cuenta las variaciones individuales en las respuestas térmicas que pueden existir de una persona a otra (diferencias interpersonales), ni las variaciones que pueden ocurrir dentro de la misma persona en diferentes momentos o situaciones (diferencias intrapersonales). Asimismo, las influencias ambientales o situacionales que pueden afectar la temperatura facial también plantean desafíos para la precisión de esta metodología.

⭐Tecnologías basadas en eye-tracking o seguimiento de movimientos oculares

Las tecnologías de seguimiento ocular, o eye-tracking, se basan en la comprensión de que mentir puede requerir un mayor esfuerzo cognitivo que decir la verdad, lo que puede afectar ciertos comportamientos oculomotores. Este tipo de tecnología no se centra tanto en las reacciones emocionales asociadas con la mentira, sino en las respuestas cognitivas que pueden detectarse mediante la observación y análisis de los movimientos oculares.

El Examen Oculomotor para Detectar el Engaño (EODE) utiliza eye-tracking para recopilar varios indicadores, como la dilatación de las pupilas, los tiempos de respuesta, y la frecuencia de lectura y relectura, así como los errores cometidos durante una tarea que requiere la atención visual. Estas medidas están vinculadas con el esfuerzo mental y, según esta teoría, pueden revelar una carga cognitiva aumentada cuando una persona miente.

Investigadores de la Universidad de Utah, como Cook et al. (2012), Patnaik et al., Webb et al. (2009), y Webb, Honts, Kircher, Bernhardt y Cook (2009), han trabajado en el desarrollo y evaluación de software y métodos para emplear eye-tracking en la detección del engaño. Sus estudios y desarrollos han contribuido a la elaboración de métodos de análisis más sofisticados que se esperan sean aplicables en el campo de la detección del engaño, potencialmente ofreciendo una alternativa o un complemento a las técnicas poligráficas tradicionales.

Estos métodos analíticos podrían proporcionar datos objetivos y cuantificables sobre cómo las personas procesan la información y responden bajo condiciones de posible engaño. Aunque la tecnología de eye-tracking presenta promesas en este ámbito, como con todas las técnicas de detección de mentiras, es probable que también enfrente escrutinio y debate respecto a su eficacia y fiabilidad.

Referencias

  • Moreno Rosset and Ramírez Uclés (2019) Evaluación psicológica : proceso, técnicas y aplicaciones en áreas y contextos. Madrid: Sanz y Torres.

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