Características transdiagnósticas de las adicciones comportamentales

Introducción

La persona aquejada de una adicción comportamental tendría una dependencia de una conducta (jugar, comer, tener relaciones sexuales, etc.), de forma similar a la que otras personas la tienen de las drogas, con la única diferencia de que el acreedor no es una sustancia química externa, sino una conducta que lleva a cabo la propia persona. En la actualidad son dos las adicciones comportamentales que están, de una u otra manera, incluidas en los Manuales de la APA y de la OMS. Existe un acuerdo de que jugar (apostando o divirtiéndose) puede ser una conducta que provoque un trastorno mental, si se dan algunas condiciones.

La adicción al juego, denominada trastorno por juegos de apuesta (TJA) es la adicción comportamental más estudiada y, probablemente también, la que tiene unas consecuencias más graves en la adaptación social y el ajuste personal de quien la padece. Ludopatía, juego compulsivo, juego patológico han sido conceptos que se han utilizado para referirse a personas que han perdido el control de su conducta y ello les ha provocado un serio problema de salud mental. La prevalencia del TJA en la sociedad está directamente relacionada con la promoción del juego como actividad económica legal, lo cual supone un despropósito a la hora de establecer políticas de salud pública.

Características transdiagnósticas

Heinz y Beck (2019). Hay un consenso en considerar que las adicciones son trastornos mentales que se caracterizarían por manifestar dos criterios nucleares, que son la tolerancia y el síndrome de abstinencia, además del deseo por llevar a cabo una conducta (craving), deterioro en el control de dicho comportamiento y llegar a padecer graves consecuencias negativas en el ámbito interpersonal por ello.
Maddux y Desmond (2000). El término adicción se refiere más a un trastorno del comportamiento y no da pie a confundirlo con la dependencia física.

En el Imperio Romano, addictus era una persona deudora que, tras sentencia judicial, es retenida hasta que restituye con su trabajo la deuda que ha contraído. Este significado de relación de dependencia de una persona con su deudor va evolucionando hacia el de fijación u obsesión por una conducta y a partir de los siglos XVII y XVIII se centra específicamente en la necesidad que tiene la persona de llevar a cabo la conducta (en concreto consumo de sustancias), lo cual se manifiesta con un uso compulsivo y pérdida de control. Estos dos criterios son los que definen la drogadicción y el alcoholismo en la primera edición del DSM, publicado por la APA en 1952.

La dificultad en diferenciar en muchos casos entre habituación a las drogas y drogadicción fueron algunos de los motivos que indujeron a la APA y la OMS en 1968 en el DSM-II y el CIE-8, respectivamente, a introducir el término dependencia de sustancias e incluir en ella al alcohol.
El DSM-5, en 2013 y el CIE-11, en 2018, recuperan el término adicción, aparece el término adicción en el nombre de la categoría y prácticamente solo para hacer referencia a las adicciones comportamentales.

Referencias

  • Belloch, Sandín, Ramos Campos, and Sandín, Bonifacio. Manual De Psicopatología. 3ª edición. Madrid [etc.]: McGraw-Hill Interamericana De España, 2020. Print.

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