D E M O C R A T O P I A

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Características transdiagnósticas de los trastornos del control de los impulsos y de la conducta

Tabla de contenidos

Introducción

Belloch (2012); Sandín et al (2012). Desde esta perspectiva se pretende entender estos trastornos sobre la base de lin range de procesos etiopatogénicos que se pueden dar tanto en las causas como en el mantenimiento de los mismos.

Desde esta perspectiva dimensional, se busca identificar elementos clave comunes a varios trastornos, en lugar de categorizarlos en exceso, lo que permitiría una comprensión más completa de su funcionamiento. No se busca establecer la dominancia de un enfoque sobre otro, sino integrar ambos enfoques. Varios autores han estudiado los elementos transdiagnósticos relacionados con los trastornos del control de los impulsos, disruptivos y de la conducta, debido a la alta comorbilidad que presentan con otros trastornos, como los trastornos del estado de ánimo, las adicciones o los trastornos de la conducta alimentaria, entre otros.

En la difícil tarea de comprender los aspectos dimensionales de los diferentes trastornos, las emociones son un denominador común. La disrupción emocional y la regulación emocional pueden ser variables transdiagnósticas comunes a muchos trastornos psicopatológicos. La regulación emocional también ha sido estudiada en relación a los problemas de comportamiento, especialmente en la infancia y la adolescencia.

A la hora de estudiar el impacto de la regulación emocional, resulta interesante analizar la manera en que se expresa o manifiesta la desregulación. En esta línea, varios autores han propuesto la posibilidad de modular las variables comunes en diferentes trastornos en dos dimensiones principales: externalizantes e internalizantes. La dimensión externalizante se refiere a la propensión a expresar el malestar a través de acciones externas, de una manera desinhibida, como el consumo de sustancias, saltarse las normas o presentar problemas de conducta. En esta dimensión, constructos como el enfado, la impulsividad o la irritabilidad correlacionan con formas externalizantes y, por lo tanto, estarían directamente relacionados con los trastornos de conducta. Por su parte, la dimensión internalizante se refiere a la tendencia a introyectar el estrés, dirigiéndolo hacia dentro, en forma de pensamientos autodestructivos, por ejemplo. Teniendo en cuenta que el miedo o la ansiedad son constructos presentes en los trastornos del comportamiento, se observa que en estos trastornos se dan tanto constructos transdiagnósticos externalizantes como internalizantes.

Krueger y Eaton (2015) consideran que la impulsividad es un factor fundamental en los trastornos externalizantes. La impulsividad se entiende como la predisposición a reaccionar de manera no planificada sin pensar en las consecuencias negativas que puede acarrear, desde tomar un objeto de una estantería en el centro comercial hasta romper el espejo retrovisor de un coche aparcado. No es un factor exclusivo de los trastornos de conducta, pero sí una pieza clave para el tratamiento de los mismos. Otro elemento transdiagnóstico relacionado con la impulsividad es la urgencia negativa (Racine y Martin, 2016). Según Cynders y Smith (2008), la urgencia negativa se puede entender como una tendencia disposicional a actuar de manera impulsiva al experimentar o sentir emociones negativas. La urgencia negativa se relaciona con la falta de autocontrol y tiene que ver con la necesidad de respuesta inmediata e impulsiva ante un malestar emocional que lleva a tomar decisiones de manera precipitada. La urgencia negativa une la impulsividad con las emociones negativas; cierra un círculo que se retroalimenta negativamente desde la percepción de una emoción negativa; favorece un afrontamiento errático en la autorregulación y aumenta el malestar emocional (López-Serrano et al., 2017).

El enfado y la irritabilidad también han sido dimensiones estudiadas en lo que se refiere a su relación con la agresividad en niños y adolescentes con problemas de conducta (Sukhodolsky et al., 2016), mostrando la alta relación que se da no solo con los síntomas del trastorno negativista desafiante, sino que también está presente en el trastorno por déficit de atención con hiperactividad, trastornos de ansiedad o del estado del ánimo (Nock et al., 2007). Según Burke et al. (2010), la dimensión irritabilidad incluye «perder los papeles», «molestarse fácilmente y enojarse» o «estar resentido», variables presentes en varios trastornos de conducta. Whelan et al. (2013) señalan que los síntomas de irritabilidad en la infancia están relacionados con trastornos del estado del ánimo y de ansiedad en la vida adulta, por lo que su papel en la prevención de dichos trastornos sería crucial. En lo que se refiere al enfado, como ocurre con el resto de emociones, en su justa medida tiene una función adaptativa y, por lo tanto, necesaria; sin embargo, en exceso dejará de ser adaptativo y acarreará consecuencias en la vida cotidiana de quien lo sufra. Fernández (2013) considera que el enfado a menudo se encuentra dentro de otros constructos como la irritabilidad, la agresividad o la hostilidad, conceptos presentes en casi todos los trastornos de conducta, pero también en el trastorno de ansiedad generalizada o en el trastorno bipolar, entre otros, lo que hace del enfado un elemento útil para comprender y prevenir problemas en la infancia y en la adolescencia.

En resumen, podemos concluir que el enfoque transdiagnóstico ofrece una perspectiva más amplia y enriquecedora que la visión tradicional basada en categorías de trastornos psicopatológicos. Este enfoque nos permite profundizar en las dimensiones y elementos compartidos por diferentes trastornos mentales y de comportamiento, lo que no solo nos ayuda a diseñar intervenciones más eficaces, sino que también favorece la prevención de estos trastornos desde edades tempranas.

Referencias

  • Belloch, Sandín, Ramos Campos, and Sandín, Bonifacio. Manual De Psicopatología. 3ª edición. Madrid [etc.]: McGraw-Hill Interamericana De España, 2020. Print.
  • ChatGPT

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