Clasificación espectro de la esquizofrenia

Introducción

Berrios (2010). Durante bastante tiempo, el concepto de psicosis ha estado centrado en la pérdida del sentido de realidad, bajo el clásico aforismo de Georget, discípulo de Esquirol, de «no hay psicosis sin delirio».
Read y Dillon (2013). No puede entenderse el síndrome psicótico si no es desde la experiencia de la persona y el contexto en el que surge, aunque partícipe o afecte al funcionamiento de nuestro sistema nervioso.
Shevlin et al. (2017). La perspectiva dimensional indica que las dimensiones pueden apreciarse en diferente grado, persistencia, malestar y preocupación, también en la población general. Además, estas dimensiones son transdiagnósticas, porque pueden analizarse en diferentes cuadros psicopatológicos, en lo que se ha dado en llamar el fenotipo ampliado de la psicosis.
Cooke y Kinderman (2018). No puede entenderse el síndrome psicótico si no se caracteriza como una forma más de experiencia humana en toda su diversidad.
Fonseca-Pedrero (2019). Actualmente también se precisa de una perspectiva más comprehensiva pues, además de considerar estos indicadores en lo que se denominará dimensión psicótica, se añaden otros muy variados (síntomas negativos, afectivos, cognítivos…), y dan buena cuenta de la complejidad de este sufrimiento, de manera que lo conocido a partir de la investigación y los tratamientos sugiere apelar más bien a un síndrome psicótico general.

Los trastornos psicóticos en general, y más en particular, los que están relacionados con la esquizofrenia implican normalmente un sufrimiento profundo para quienes los experimentan, así como para sus familias y entornos cercanos. Kraepelin inicia la tradición de separar la esquizofrenia (antes demencia precoz) de las psicosis afectivas (hoy trastornos bipolares). En la actualidad se considera que las psicosis en general, y la esquizofrenia en particular, se orientan fundamentalmente por la presencia de delirios y alucinaciones. La investigación ha puesto de relieve que la separación marcada entre las experiencias que viven muchas personas con trastornos psicóticos y sin trastornos, dependen más de dimensiones como la persistencia el malestar, o la gravedad de estas experiencias, que de una separación categorial estricta entre pacientes y no pacientes. Una combinación característica de estas dimensiones es lo que permite hacer referencia a unos trastornos (o espectro) frente a otros. El síndrome psicótico no está caracterizado en el vacío, está contextualizado en situaciones y condiciones que influyen en su aparición, en su desarrollo y en su cambio. Se plantean dimensiones que son clínicamente relevantes, pero estos indicadores deben ser personalmente significativos, sobre todo, porque la recuperación depende de la participación de la persona en su sentido integral, no únicamente por un agente químico o de otra naturaleza que haga reversible una condición determinada.

Clasificación

Hughlings (finales siglo XIX). La primera distinción entre síntomas positivos y negativos, se inspira en su obra. Postulaba que las alucinaciones y los delirios eran fenómenos causados por la liberación adaptativa de los funciones cerebrales inhibidas y constituían síntomas positivos, mientras que los síntomas negativos reflejaban una pérdida de una función cerebral.
Eugen Bleuler (1911). No aludió a una, sino a un grupo de esquizofrenias amplio.
Wíng y Brown (1970). Aunque no utilizaron específicamente los términos positivo y negativo para hacer referencia q dos procesos patológicos distintos que están presenten en personas con psicosis, destacaron la existencia de síntomas floridos o productivos que tenían lugar principalmente en los episodios agudos de la enfermedad frente a un síndrome deficitario.
Strauss y Carpenter (1974). Fueron los primeros en utilizar en el ámbito del estudio de la esquizofrenia los términos de síntomas positivos y negativos.
Crow (1980). Instituyó definitivamente los términos de síntomas positivos y negativos a partir de los cuales formuló la tipología de esquizofrenia tipo I y II, basándose en la relación de las manifestaciones clínicas con hipotéticos mecanismos fisiopatológicos.
Cullberg (2006). Se ha podido comprobar que la mayoría de los pacientes con esquizofrenia presentan síntomas positivos y negativos en grado variable.
Van Os, y Kapur (2009). Plantean como componentes transdiagnósticos unas dimensiones por su relevancia clínica porque cada una sigue un curso determinado, y porque pueden orientar el proceso de evaluación e intervención: dimensión psicótica o de distorsión de la realidad (alucinaciones y delirios), desorganizada (que abarcaría habla/pensamiento desorganizado, cognición y comportamiento desorganizado), negativa y dimensión afectiva (depresión y manía).
Guloksuz, y van Os (2018). Las perspectivas actuales aluden a un espectro de la esquizofrenia, dada la heterogeneidad característica. Sin embargo, los resultados de ia investigación convergen en una consideración más global, alrededor de un síndrome o espectro psicótico que incluso abarcaría a los trastornos bipolares.
Fonseca-Pedrero (2019). La importancia dada a los síntomas psicóticos, especialmente la supuesta especificidad de los síntomas de primer orden de Schneider, resultó un sacrificio para la validez.
Cuesta y Peralta (2016); Quattrone et al. (2019). En otras aportaciones, se ha considerado relevante establecer jerarquías entre estas dimensiones (de primer y segundo orden), o señalar modelos bitactoriaJes de cinco dimensiones (positiva negativa, desorganizada, manía y depresión), y un factor global de psicosis.
Peralta et al. (2020). La tipología basada en síntomas positivos y negativos ha sido muy criticada por considerarse simplista, pues no da cobertura a la gran diversidad fenomenología de la esquizofrenia, carece de validez longitudinal.

Desde un punto de vista histórico, la esquizofrenia es la reunión de varios síndromes en función de su curso y, presumiblemente, de la herencia y su etiología. Aunque tradicionalmente esta concepción se ha considerado genuino de Kraepelin, ya estaba recogida en la obra de Kahlbaum. De este modo, se integran la catatonía de Kahlbaum, la hebefrenia de Hecker, y la demencia paranoide de Morel y de Sander, como demencia precoz, por su mala evolución, separando la demencia precoz de la demencia senil (degeneración tardía) y de la psicosis maniaco depresiva. Kraepelin también incorporó las parafrenias como una forma psicótica no afectiva y sin deterioro. Esta perspectiva, que separa las psicosis afectivas de las no afectivas, es coincidente con la que siguió la escuela rusa. O la escuela de Wernicke-KIeist-Leonhard que abarcó a las psicosis cicloides, expresiones breves y diferenciadas de la esquizofrenia. Los intentos de mejora en las clasificaciones diagnósticas se centraron en la separación del componente afectivo mencionado, y la sobrevaloración de los indicadores psicóticos. Las perspectivas actuales aluden a un espectro de la esquizofrenia, dada la heterogeneidad característica. En consecuencia, lo relevante son los componentes transdiagnósticos que lo integran, describiendo las dimensiones más relevantes de este síndrome psicótico.

¿Cuáles son estos componentes? Síntomas positivos y síntomas negativos.

Referencias

  • Belloch, Sandín, Ramos Campos, and Sandín, Bonifacio. Manual De Psicopatología. 3ª edición. Madrid [etc.]: McGraw-Hill Interamericana De España, 2020. Print.

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