Clasificación y diagnóstico del TDAH

Clasificación

El actual DSM-5 ubica el TDAH dentro de la categoría de trastornos del neurodesarrollo. El TDAH también es clasificado como un trastorno del neurodesarrollo en la CIE. En general, y a diferencia de ediciones anteriores, existe una gran similitud entre el DSM-5 y la CIE-11 respecto de la conceptualización diagnóstica del TDAH.

Los trastornos del neurodesarrollo presentan un inicio precoz (frecuentemente antes de los seis años) y se asocian a un déficit en el desarrollo evolutivo normal relacionado con disfunciones en los ámbitos personal, social, académico o laboral. En esta categoría diagnóstica se incluyen: la discapacidad intelectual, el retraso general del desarrollo, los trastornos de la comunicación, el trastorno del espectro autista, el trastorno específico del aprendizaje, los trastornos motores y otros trastornos del neurodesarrollo (especificado y no especificado). Estos trastornos presentan una frecuente concurrencia, es decir, que se presentan dos o más de ellos en una misma persona.

Diagnóstico y características clínicas

Kooij et al. (2019). En cualquier caso, la entidad diagnóstica del TDAH en adultos se ha hecho más explícita en el seno de la comunidad científica, desde el DSM-5 a la «Declaración del Consenso Europeo actualizada» sobre diagnóstico y tratamiento del TDAH en adultos.

El núcleo sintomático del TDAH lo constituye un patrón persistente de inatención e hiperactividad-impulsividad que no concuerda con el nivel de desarrollo esperable a cierta edad, y que genera interferencia (o reducción de la calidad) en el desarrollo de la persona, o en el funcionamiento social, académico o laboral. Estos criterios contribuyen a la diferenciación del trastorno respecto de la normalidad.

  • Los ítems de inatención hacen referencia a déficits en la calidad o mantenimiento de la atención en el tiempo y a dificultades de gestión u organización, tal como se pone de manifiesto en el surgimiento de problemas a la hora de realizar distintas tareas o actividades (académicas, laborales, recreativas u otras de la vida cotidiana), incluyendo la evitación de aquellas que requieren un especial esfuerzo atencional, así como en problemas de interacción personal.
  • Los ítems de hiperactividad e impulsividad se refieren a conductas motoras y, en menor medida, también verbales, que se caracterizan por esos dos componentes. El componente de hiperactividad hace referencia a conductas que resultan excesivas, disfuncionales o inapropiadas en función de las características y demandas situacionales (contextos académicos, laborales, recreativos u otras situaciones de interacción de la vida cotidiana).
  • El componente impulsividad se refiere a conductas irreflexivas, impetuosas o aceleradas que pueden tener consecuencias más o menos negativas o peligrosas.


El trastorno se describe y define con arreglo a un curso temporal, de modo que para el diagnóstico se exige que al menos algunos síntomas de inatención o hiperactivo-impulsivos deben estar presentes antes de los 12 años. Además los síntomas deben estar presentes durante al menos seis meses, lo cual resulta importante para diferenciar el trastorno de determinadas manifestaciones sintomáticas transitorias que pueden darse por distintos motivos, lo que contribuye a la diferenciación del trastorno de la normalidad.

El requerimiento diagnóstico de que varios síntomas de inatención o hiperactividad-impulsividad deben estar presentes en dos o más contextos (casa, escuela, trabajo, familiares, amigos u otros contextos) disminuye en alguna medida la probabilidad de errores de diagnóstico, concretamente de casos falsos positivos cuyos síntomas aparezcan en un único contexto debido a alguna de las características específicas de dicho contexto (p. ej., porque por algún motivo el niño se aburra en la escuela, o bien demande atención en casa porque tiene celos de su hermano), o bien, debido al sesgo de los evaluadores del niño.

Es preciso tener presente que los síntomas concretos que se presentan en los distintos contextos pueden ser en parte coincidentes y, en otra parte, diferentes. Los síntomas pueden cambiar en función de distintas variables del contexto (familiar, escolar, etc.) y también en función de las características de la tarea que se esté realizando. Por otro lado, además de las variaciones sintomáticas de un contexto a otro, los síntomas pueden sufrir variaciones a lo largo del ciclo vital de cada persona, como veremos posteriormente al hablar de la evolución del trastorno.

Las consecuencias disfuncionales a las que se hace referencia en los criterios de diagnóstico del TDAH, en particular en el Criterio D, pueden darse en distintos contextos vitales y es preciso subrayar que presentan una gran variabilidad intragrupo. En niños y adolescentes, los síntomas de TDAH se asocian a mayor probabilidad de tener bajo rendimiento escolar, un menor cociente intelectual (CI), y a padecer un trastorno de conducta (TC). En adultos puede aparecer menor rendimiento y menores logros laborales, mayor absentismo, desempleo y conflictos interpersonales, además de personalidad antisocial y trastornos por consumo de sustancias y problemas con la ley. En general, las personas con TDAH también presentan más probabilidad de sufrir lesiones, accidentes y obesidad. Y en el ámbito interpersonal pueden aparecer conflictos y rechazos, y los síntomas pueden ser valorados moralmente como pereza, irresponsabilidad y falta de cooperación.


El DSM-5 subraya la posibilidad de un diagnóstico conjunto. Además, el DSM-5 ha introducido dos especificadores del trastorno:

  • La posibilidad de que el paciente se encuentre en remisión parcial.
  • Escala de gravedad: si la gravedad actual es leve, moderada o grave.

Aunque se ha señalado la conveniencia de que se formulen criterios de diagnóstico específicos para adultos, el DSM-5 no lo recoge de ese modo, salvo por lo que se refiere al requerimiento de que para el diagnóstico en adolescentes mayores y adultos (17 y más años de edad) se requiere un mínimo de cinco síntomas (en lugar de los seis necesarios para los menores de esa edad).

Referencias

  • Belloch, Sandín, Ramos Campos, and Sandín, Bonifacio. Manual De Psicopatología. 3ª edición. Madrid [etc.]: McGraw-Hill Interamericana De España, 2020. Print.

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