Demandas psicosociales (estrés psicosocial)

Sandín (2003, 2008). Un análisis más detallado sobre los factores psicosociales del estrés (sucesos vitales, sucesos menores y estrés crónico), así como la interrelación entre ellos, puede encontrarla el lector en otras de nuestras publicaciones sobre el estrés.

Se centra en los agentes externos (psicosociales) estresantes.e entiende que los acontecimientos estresantes constituyen el estrés, los cuales producen alteración (strain) en el funcionamiento psicológico y somático del organismo. Se incluyen dos tipos diferenciados de demandas psicosociales o estrés psicosocial, uno centrado en los denominados sucesos vitales o sucesos vitales mayores, y otro conocido como estrés diario, o sucesos menores (también microeventos).

Sucesos vitales

El enfoque de los sucesos vitales: nuevo marco teórico del estrés
Thomas H. Holmes (1979). La enfermedad es un subproducto o epifenómeno de nuestras metas y de los procedimientos que llevamos a cabo para alcanzar nuestras ambiciones. Mi mensaje es directo. Existen muchas cosas peores que sentirse enfermo. Una de ellas puede ser fracasar en una promoción, o no permitir la visita de la suegra. Pero al menos debemos reconocer el riesgo que sufrimos con ello y que estamos dispuestos a pagar su precio.
Sandín (2008; Thoits (1983). Los sucesos vitales son definidos como experiencias objetivas que alteran o amenazan con alterar las actividades usuales del individuo, causando un reajuste sustancial en la conducta de dicho individuo.

El desarrollo de la aproximación conocida como «enfoque de los sucesos vitales» se debe indudablemente al grupo de Thomas H. Holmes. Sin embargo, las ideas de dos defensores de la conceptuación de la enfermedad como un proceso biopsicosocial, Harold G. Wolff y Adolf Meyer, influyeron significativamente en la orientación científica de aquel. De forma particular Meyer, interesado por la interrelación entre la biología, la psicología y la sociología, en relación con los procesos de salud y enfermedad, desarrolló durante las décadas de los años veinte y treinta lo que denominó life chart (historia vital).

Basándose en gran medida en las ideas de Meyer, Holmes comenzó a desarrollar un nuevo marco teórico y metodológico para investigar las relaciones entre el estrés y la enfermedad basada en los fenómenos psicosociales. Su primera idea a este respecto consistió en transformar la «historia vital» en una prueba de autoinforme, dando lugar, en 1956, a la Schedule of Recent Experience (SREJ (Inventario de Experiencia Reciente). Holmes intentó reflejar el «gravamen psicosocial» a que están sometidos los individuos para relacionarlo con la salud. La SRE consistía en ítems sobre sucesos vitales. En 1967 el grupo de Holmes publicó el primer método escalado para cuantificar el estrés psicosocial (impacto psicosomático potencial). A partir de aquí universalizó toda una línea de investigación sobre el estrés y la salud que sigue vigente en el momento actual.

Los sucesos vitales pueden ser extraordinarios y extremadamente traumáticos, pero a veces son eventos más o menos normativos, tales como el matrimonio, el divorcio, la pérdida de trabajo o las pequeñas violaciones de la ley. Puesto que los sucesos vitales se asumen como fenómenos que inducen reacciones fisiológicas y/o psicológicas perturbadoras, es frecuente encontrarlos en la bibliografía científica bajo la denominación de «sucesos vitales estresantes».

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Sucesos vitales múltiples
Holmes y Rahe (1967). Publican la Escala de Estimación del Reajuste Social (Social Readjustment Rating Scale, SRRS); consiste en un método psicométrico estándar de estimación del reajuste social mediante unidades de cambio vital (UCV). Se trata de asignar un valor (ponderación) a cada suceso vital. Cada valor de la escala representa una estimación del cambio vital o grado de cambio y reajuste impuesto por el suceso vital. La construcción de la SRRS la llevaron a cabo siguiendo un procedimiento de escalamiento basado en la psicofísica. La SRRS tenía como finalidad servir de referencia para cuantificar el estrés (en unidades de cambio vital) correspondiente a los sucesos registrados en la SRE. La SRRS incluye una lista de 43 sucesos ordenados según su valor en UCV.
Sandín y Chorot (1996). A pesar de la enorme proliferación actual de escalas de sucesos vitales, la SRE, en alguno de sus diversos formatos o adaptaciones, sigue siendo el instrumento de evaluación del estrés psicosocial más empleado en el momento presente.

Esta modalidad de investigar el estrés se ha basado en diversos tipos de eventos, sobre los cuales podrían destacarse las siguientes siete categorías:

  1. Trabajos relacionados con situaciones bélicas (prisioneros en campos de concentración, veteranos de guerra, etc).
  2. Víctimas del terrorismo.
  3. Víctimas de la violencia en general.
  4. Personas con enfermedades terminales u operaciones quirúrgicas mayores.
  5. Procesos migratorios (personas migrantes, inmigrantes, etc).
  6. Desastres naturales (terremotos, inundaciones, etc).
  7. Sucesos vitales altamente traumáticos (divorcio, pérdida, etc).

Holmes introdujo la aproximación basada en el estudio de sucesos múltiples. Las directrices de esta línea se han basado en estudiar el impacto de los sucesos vitales recientes (evaluados generalmente de forma retrospectiva) sobre la salud. Holmes partió de la idea de que el estrés que experimenta una persona en la vida real debe obedecer a múltiples sucesos, ya que raramente los individuos están expuestos al efecto de un solo evento durante un período de tiempo más o menos largo. El Inventario de Experiencia Reciente (Schedule of Recent Experience; SRE) es el primer instrumento psicométrico desarrollado por el grupo de Holmes; incluye una lista de sucesos vitales en la que el sujeto debe señalar los que le han ocurrido en un período de tiempo reciente (generalmente hasta los dos o tres últimos años).

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En 1967, Holmes y Rahe publican la Escala de Estimación del Reajuste Social (Social Readjustment Rating Scale, SRRS). Holmes y cols. llevaron a cabo amplios estudios en los que demostraban que muchos de estos sucesos vitales precedían al desarrollo de los trastornos, tanto físicos como psicológicos (Holmes y David, 1989). Esta idea ha sido apoyada por muchos otros autores que han empleado la SRE o derivaciones de esta. Las escalas SRE y SRRS han ejercido una gran influencia sobre los métodos actuales de evaluación del estrés psicosocial, prácticamente la totalidad de los cuestionarios actuales sobre sucesos vitales, que por cierto son muchos, se fundamentan o solapan de forma más o menos explícita con la SRE.

Al margen de la influencia de esta aproximación metodológica y teórica, varios autores señalaron algunos problemas inherentes a este modelo:

  1. Las relacionadas con el método de ponderación (no tiene en cuenta el impacto diferencial de los sucesos sobre los distintos individuos).
  2. La relativa ambigüedad en la descripción de los sucesos vitales (las descripciones son demasiado simples).
  3. La limitación del muestreo (se ha indicado que la lista de sucesos vitales es demasiado corta y, por tanto, poco representativa de los sucesos que ocurren en la vida real).
  4. Los sesgos individuales (contaminación retrospectiva, necesidad de buscar una explicación a la enfermedad, etc.).

Todo esto motivó el desarrollo de varios esfuerzos dirigidos a mejorar la validez (y fiabilidad) de evaluación del estrés mediante el método multieventos. El resultado fue que aparecieron nuevos cuestionarios con el propósito de subsanar los principales problemas imputados al SRE.

  • Life Experiences Survey (LES; Escala de Experiencias Vitales) (Sarason et al., 1978).
  • Cuestionario de Sucesos Vitales (CSV) de Sandín y Chorot (2008, 2017).
  • Métodos de entrevista estructurada «contextual» (se evalúa todo el contexto del suceso vital) como la de Brown y Harris (1989).
  • Métodos de entrevista semiestructurada como la de Paykel et al. (1971).
Sucesos vitales y salud

La cuantificación del estrés se lleva a cabo a través de la medida de los sucesos vitales. Se entiende que a mayor puntuación en UCV, existirá mayor riesgo de desarrollar un trastorno (físico o psicológico). El grupo de Holmes ha sugerido el siguiente criterio mando como referencia el último año transcurrido:

300 o más UCV = 80 % de posibilidad de enfermar en el futuro cercano.
150-299 UCV = 50 % de posibilidad de enfermar en el futuro cercano.
Menos de 150 UCV = 30 % de posibilidad de enfermar en el futuro cercano.

Aunque en un principio las UCV se cuantificaban únicamente de forma objetiva (ponderación estándar), el modelo de Holmes integra variables psicológicas mediadoras como la percepción que tiene el sujeto del suceso y los componentes mediadores cognitivos (que entienden como «defensas psicológicas». Un enfoque complementario, que ha sido muy destacado en el marco del estrés psicosocial, es el que se conoce como role strain. Esta orientación es equivalente a la nueva corriente sobre el estrés diario originada a partir de los trabajos del grupo de Lazarus, en el sentido de que los sucesos vitales pueden inducir incrementos en la ocurrencia de acontecimientos diarios (estrés diario).

Sucesos menores (estrés diario)

Kanner y cols. (1981). Asumen que los sucesos positivos deberían estar relacionados con la salud porque, al tratarse de experiencias de valencia positiva, podrían actuar como amortiguadores emocionales del estrés. Sin embargo, los datos empíricos basados en este tipo de sucesos han resultado ser escasamente consistentes.
Sandín et al. (2002). Ambos tipos de sucesos, es decir, sucesos vitales y estrés diario (sucesos menores negativos), contribuyen de forma interactiva.

Se trata de sucesos diarios, que por tanto ocurren con cierta cotidianidad, como las pequeñas disputas familiares, problemas económicos, etc. También se han definido como «microeventos» o sucesos menores. Tanto el estrés menor (o diario) como las satisfacciones que caracterizan la vida cotidiana poseen mayor significado para la salud que los sucesos vitales. En concreto definieron estos dos tipos de eventos como hassles (fastidios, contrariedades o sucesos negativos) y uplifts (placeres, satisfacciones).

Desde el punto de vista psicopatológico, la investigación basada en el empleo conjunto de ambas estrategias (sucesos mayores y menores) permitirá obtener una idea más exacta respecto a los mecanismos implicados en los efectos del estrés psicosocial sobre la alteración de la salud. La evaluación del estrés diario facilitará la obtención de datos de forma longitudinal, lo cual será de enorme utilidad para poder establecer relaciones causales entre el estrés y los problemas de salud. También podrán llevarse a cabo estudios de covariación entre los sucesos diarios y las variaciones en las respuestas asociadas al estrés, tanto fisiológicas (p. ej., cambios endocrinos) como psicológicas (ansiedad, depresión, conductas de enfermedad, etc).

Un pequeño problema metodológico, que puede ser importante si no se controla adecuadamente, es que se puede producir ciertos solapamientos entre ambos tipos de escalas; por ejemplo, ítems como los relacionados con problemas con los hijos, problemas económicos, discusión con vecinos, etc., pueden encontrarse indistintamente en las listas de sucesos mayores y menores. Otro problema, no menos importante, es la posible confusión de medidas. Esto se produce cuando, incluyendo en la lista ítems relativos a la salud (p. ej., alteración del sueño, enfermedad, etc.), posteriormente los relacionamos con indicadores también de salud (en este caso podemos confundir variables independientes con síntomas). Los sucesos de salud son relevantes y deben utilizarse en las listas de sucesos vitales (y/o menores); pero también deben usarse con las debidas cautelas al considerarlos como variables independientes y relacionarlos o hacer inferencias respecto a posibles variables dependientes de salud. El problema de la confusión de medidas guarda relación con la hipótesis de Watson y Pennebaker.

El estrés crónico: una forma perniciosa del estrés

Sandín (2003; 2008). El estrés crónico también puede producirse por la ausencia de sucesos, tal como esperar un hijo cuando no se ha podido tener, o no poder tener un tipo de relación cuando esta se desea tener. Otra forma de estrés crónico es la que viene determinada por estresores que definen un nuevo rol, como una enfermedad crónica grave de larga duración. No obstante, en su mayor parte, el estrés crónico suele asociarse a dificultades experimentadas por personas implicadas en los roles sociales más o menos normativos, es decir, en conjuntos de relaciones interpersonales, actividades y responsabilidades que son relativamente estables y fáciles de identificar, como ocurre con los papeles desempeñados en los ámbitos laborales y familiares. Las dificultades asociadas al funcionamiento de estos roles pueden resultar muy estresantes. La evidencia de la literatura sobre los efectos negativos del estrés crónico sobre la salud física y mental indica que estos son muy dañinos, hasta el punto de que este tipo de estrés suele ser la forma de estrés más grave y perniciosa.

El estrés crónico no comienza necesariamente como un suceso, sino que se desarrolla lenta e insidiosamente como una condición problemática y continúa en nuestro ambiente social y en nuestros roles, y por lo general, desde que aparece hasta que termina, posee un curso temporal más largo que los sucesos vitales. El aspecto crucial que diferencia el estrés crónico del estrés basado en los sucesos vitales o diarios es el fenómeno de la continuidad. Los estresores crónicos suelen poseer un curso continuo, resultando improbable que pueda conceptuarse en términos de suceso. Los estresores crónicos son, típicamente, abiertos en el tiempo (no tienen un final claro).

En su mayor parte, el estrés crónico se ha venido identificando prácticamente con el concepto de estrés laboral, o estrés de rol. Sin embargo, existen otras modalidades de estrés crónico o intermitente que no corresponden al concepto de estrés de rol, tales como los problemas de pareja, las disputas entre padres e hijos, el maltrato infantil, o sufrir condiciones de pobreza. En lo que concierne al estrés de rol, Pearlin (1989) diferenció los siguientes tipos de estresores crónicos:

  1. Sobrecarga de roles (p. ej., sobrecarga en cargos profesionales, personas que cuidan de algún familiar con elevada dependencia, etc).
  2. Conflictos interpersonales en conjuntos de roles; por dificultades entre personas con roles complementarios, como esposo y esposa, obrero y supervisor, padre e hijo, etc.
  3. Conflictos entre roles (p. ej., conflictos entre las demandas del trabajo y las de la familia).
  4. Cautividad de rol (p. ej., las amas de casa o los jubilados que prefieren un trabajo fuera de casa).
  5. Reestructuración de rol; cambios asociados a la evolución del propio rol por cambios de edad, exigencias o condiciones externas, etc. (p. ej., cambios en las condiciones laborales).

Referencias

  • Belloch, Sandín, Ramos Campos, and Sandín, Bonifacio. Manual De Psicopatología. 3ª edición. Madrid [etc.]: McGraw-Hill Interamericana De España, 2020. Print.

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