D E M O C R A T O P I A

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Además, es relevante mencionar que en algunos casos, estos resúmenes y contenidos son elaborados con el apoyo de herramientas de Inteligencia Artificial. Por tanto, me gustaría reiterar nuestras disculpas por cualquier confusión o malentendido que haya podido surgir debido a la falta de claridad respecto a la naturaleza y el origen del contenido en kibbutzpsicologia.com.

¿Depresión o depresiones?

Introducción

Badcock et al. (2017). Los sentimientos de abatimiento o de depresión son muy habituales y, en sus formas menos graves, probablemente tienen unas funciones filogenéticas adaptativas como, por ejemplo, recabar la atención y el cuidado de los demás, constituir un modo de comunicación de situaciones de pérdida o separación, o ser un modo de conservar «energía» para poder hacer frente a ulteriores procesos de adaptación.
Ruscio (2019). La idea más tradicional de que la depresión normal difiere cualitativamente de la depresión patológica es difícilmente sostenible porque hay evidencias muy robustas de que los estados depresivos simplemente varían en un continuo de gravedad en los que no hay una clara división entre la normalidad y la patología, lo que tiene profundas implicaciones para la investigación, la prevención y el tratamiento.

La depresión es el trastorno mental más incapacitante y costoso en términos económicos y de sufrimiento personal debido a su duración, elevada frecuencia, efectos en el funcionamiento psicosocial y mortalidad. A pesar de la gran cantidad de investigación sobre su etiología, psicopatología y tratamientos, todavía se desconoce en gran medida su naturaleza. En este capítulo, se abordará la depresión en adultos, aunque las características, factores de riesgo y modelos teóricos son similares en la depresión infantil y adolescente. Los sentimientos de abatimiento o depresión pueden ser adaptativos, pero en ocasiones, por su duración, frecuencia, intensidad o autonomía, pueden interferir en la capacidad adaptativa de la persona y requerir atención clínica. La concepción humoral de los trastornos mentales se mantuvo prácticamente intacta en la medicina occidental hasta el siglo XIX y persiste metafóricamente en las hipótesis basadas en neurotransmisores. El término «depresión» comenzó a utilizarse frecuentemente durante el siglo XIX y se popularizó desde principios del siglo XX hasta ahora. El psiquiatra alemán Kraepelin diferenció la demencia precoz de la enfermedad maníaco-depresiva en su influyente manual de psiquiatría de 1896, separando dos grandes cuadros hasta entonces entremezclados. La depresión es el diagnóstico clínico más frecuente y con mayor peligro de mortalidad debido a las conductas suicidas, pero sentirse triste o deprimido no es suficiente para diagnosticar una depresión. La tristeza patológica está presente en la mayoría de los cuadros psicopatológicos y en muchas condiciones médicas, y pueden aparecer otros síntomas concomitantes, lo que se conoce como síndrome depresivo.

Clasificación

¿Depresión o depresiones? Un dilema conceptual

Arias et al. (2020). La depresión clínica conecta obviamente con la emoción básica universal de la tristeza y, sin duda, esta es el foco fundamental del problema y en lo que deberíamos centrar más nuestra investigación psicológica y neurobiológica más que en ningún otro síntoma de ese cuadro clínico.

La depresión clínica se relaciona directamente con la emoción universal básica de la tristeza, lo que la convierte en el problema fundamental que debe ser investigado por la psicología y la neurobiología. Es importante determinar si existe una única dimensión general de la tristeza que subyace a las diferentes manifestaciones de la depresión clínica, lo que permitiría establecer propiedades psicométricas robustas. Sin embargo, existen dudas sobre la existencia de subtipos distintivos en la depresión, que se defienden principalmente por inercias históricas y no por evidencias empíricas.

El concepto de «trastorno depresivo» y otras etiquetas diagnósticas pueden ser problemáticos porque se asume erróneamente que se trata de entidades latentes que dan lugar a los síntomas. En realidad, la depresión es una combinación variable de síntomas que no aparecen por azar, sino por una serie de mecanismos impulsados o derivados por el trastorno subyacente. Esta concepción médica ha impedido el avance conceptual de la psicopatología y el descubrimiento consistente de las causas psicológicas y biológicas de los trastornos.

Por lo tanto, se recomienda adoptar un enfoque crítico hacia las etiquetas clasificatorias y mantener un cierto escepticismo sobre su validez. A pesar de ello, con el fin de hacer manejable cognitivamente el mapa de las dificultades psicológicas, en particular de la depresión, se seguirá en este capítulo la ordenación clasificatoria del DSM-5.

Dicotomías descriptivas

¿Cuántos tipos de depresión existen? Esta pregunta ha sido objeto de controversia en el campo de la psicopatología y la psiquiatría durante los últimos cien años, y se han descrito decenas de supuestos tipos, como la depresión enmascarada, existencial, juvenil, alcohólica, endorreactiva, poséxito, endógena, reactiva y neurótica, cuya validez no ha sido demostrada. Lo mismo sucede con las propuestas dicotómicas populares que se basan en hipótesis no demostradas, como la distinción endógena-reactiva o biológica-psicológica, o que son una categorización confusa que mezcla tipos de síntomas o conceptos vagos, como la de psicofísica-neurótico. Además, normalmente estas dicotomías se basan en la gravedad del paciente en lugar de en características particulares.

La única dicotomía implícita que ha sobrevivido en los sistemas de clasificación oficiales es la de los cuadros unipolares-bipolares. Esta división clasificatoria, efectuada a finales de la década de los cincuenta por el psiquiatra Karl Leonard, plantea una clasificación puramente descriptiva y sintomatológica, y no asume ninguna hipótesis o supuestos implícitos sobre las causas de ambos trastornos. Un aspecto interesante es que, aunque puede haber diferencias en la frecuencia de síntomas entre las depresiones que podríamos llamar unipolares (situadas en el capítulo de los trastornos depresivos) y las depresiones de tipo bipolar, es decir, depresiones en el marco de un trastorno bipolar, así como en algunas características epidemiológicas y clínicas asociadas, las depresiones unipolares no tienen cualidades diferentes de las que se observan en los trastornos bipolares. Esta íntima conexión entre estos problemas clínicos sugiere que la separación de los trastornos depresivos de los bipolares, ahora en capítulos separados del DSM-5, es cuestionable.

Características personales y familiaresTrastornos depresivosTrastornos bipolares
Historia de manía o hipomaníaNo
Historia familiarUnipolarUnipolar y bipolar
Riesgo de trastornos anímicos en familiaresMás bajoMás alto
Antecedentes de varias generaciones con trastornos anímicosInfrecuenteFrecuente
Características diferenciadoras de los trastornos depresivos y los trastornos bipolares (tomado de Vázquez y Sanz, 2008; Moreno et al, 2012)
EpidemiologíaTrastornos depresivosTrastornos bipolares
Porcentaje sobre el tota! de trastornos afectivos90%10%
Edad media de comienzo35 años20 años
Mujeres/hombres2:11:1
Características diferenciadoras de los trastornos depresivos y los trastornos bipolares (tomado de Vázquez y Sanz, 2008; Moreno et al, 2012)
PrevalenciaTrastornos depresivosTrastornos bipolares
Prevalencia vital total (España)14%2-4%
Mujeres18%
Hombres9%
Prevalencia anual (España)4%
Mujeres6%
Hombres3%
Características diferenciadoras de los trastornos depresivos y los trastornos bipolares (tomado de Vázquez y Sanz, 2008; Moreno et al, 2012)
Historia naturalTrastornos depresivosTrastornos bipolares
Número media de episodios vitales4-58-9
Duración media del episodio depresivo (meses)84
Existencia de síntomas atípicos (p, ej., hipersomnio, psicóticos, retardo psicomotor)Menos frecuentesMás frecuentes
Quejas somáticas, insomnio, pérdida de apetito o ansiedadMás frecuentesMenos frecuentes
Porcentaje de recaídas a lo largo de la vida75%90%
Cronicidad medio10-15%25%
Fracaso en relaciones de parejaMenos frecuentesMás frecuentes
Episodios depresivos en peripartoMenos comúnMás común
Riesgo de suicidio durante la depresiónMenorMayor
Características diferenciadoras de los trastornos depresivos y los trastornos bipolares (tomado de Vázquez y Sanz, 2008; Moreno et al, 2012)
Respuesta terapéuticaTrastornos depresivosTrastornos bipolares
Terapias psicológicasBuenaBuena
Tratamiento farmacológico (Antidepresivos tricíclicos)BuenaMenos buena, puede cambiar a hipomanía
Tratamiento farmacológico (Litio)Sin efecto agudoEfecto intenso antimaniaco y moderado antidepresivo
Características diferenciadoras de los trastornos depresivos y los trastornos bipolares (tomado de Vázquez y Sanz, 2008; Moreno et al, 2012)

El problema de la heterogeneidad de síntomas y su diagnóstico

Galatzer-Levy y Bryant (2013). El uso de combinaciones abiertas de unos cuantos síntomas genera un escenario comprometido. La combinación de solo esos nueve síntomas conduce a 227 grandes tipos posibles de TDM. Si además se tienen en cuento las variaciones dentro de un síntoma (p. ej. hipersomnio vs. insomnio), esto conduce o 10.377 perfiles posibles. Y, si se contabilizan especificadores (que indicaremos brevemente más adelante), la combinatoria alcanza 341.737 tipos posibles de síntomas que, aunque en muchos casos sean improbables en la clínica, son estadísticamente posibles y, de hecho, varios centenares de ellos se han encontrado en series amplias de pacientes. Y el panorama no es mejor en otros cuadros como el pánico o el TEPT (en el que las combinaciones diagnósticas posibles son ni más ni menos que 636.120).

El DSM nunca ha utilizado procesos estadísticos para seleccionar síntomas y los nueve criterios sintomáticos para el trastorno depresivo mayor (TDM) no han cambiado desde su primera publicación en 1980, a pesar de que no hay una buena justificación empírica o estadística para elegir esos nueve síntomas. El uso de solo estos nueve síntomas conduce a una gran cantidad de combinaciones posibles de TDM, lo que hace que la visión de la «depresión» sea restrictiva, ya que ignora otros posibles síntomas relevantes. Además, la heterogeneidad de la depresión ocurre no solo en cuanto a los síntomas, sino también dentro de la misma persona y respecto al tiempo. El diagnóstico categorial del DSM es estático y no capta la interrelación posible entre los síntomas, lo que dificulta la captura de la interrelación compleja y dinámica de síntomas en el ámbito clínico y de la investigación.

Criterios para el diagnóstico del Trastorno de depresión mayor según el DSM-5 (APA, 2013)
CRITERIO A. Cinco (o más) de los síntomas siguientes han estado presentes durante el mismo período de dos semanas y representan un cambio del funcionamiento previo; al menos uno de los síntomas es (1) estado de ánimo deprimido o (2) pérdida de interés o de placer.
Nota: No incluir síntomas que se pueden atribuir claramente a otra afección médica.
1.- Estado de ánimo deprimido la mayor parte del día, casi todos los días, según se desprende de la información subjetiva (p. ej., se siente triste, vacío, sin esperanza) o de la observación
por parte de otras personas (p. ej., se le ve lloroso). (Nota: En niños y adolescentes, el estado de ánimo puede ser irritable.)
2.-Disminución importante del interés o el placer por todas o casi todas las actividades la mayor parte del día, casi todos los días (como se desprende de la información subjetiva o de la observación).
3.-Pérdida importante de peso sin hacer dieta o aumento de peso (p. ej., modificación de más de un 5% del peso corporal en un mes) o disminución o aumento del apetito casi todos los días. (Nota: En los niños, considerar el fracaso para el aumento de peso esperado.)
4.-Insomnio o hipersomnia casi todos los días.
5.-Agitación o retraso psicomotor casi todos los días (observable por parte de otros, no simplemente la sensación subjetiva de inquietud o de enlentecimiento).
6.-Fatiga o pérdida de energía casi todos los días.
7.-Sentimiento de inutilidad o culpabilidad excesiva o inapropiada (que puede ser delirante) casi todos los días (no simplemente el autorreproche o culpa por estar enfermo).
8.-Disminución de la capacidad para pensar o concentrarse, o para tomar decisiones, casi todos los días (a partir de la información subjetiva o de la observación por parte de otras personas).
9.-Pensamientos de muerte recurrentes (no sólo miedo a morir), ideas suicidas recurrentes sin un plan determinado, intento de suicidio o un plan específico para llevarlo a cabo.
CRITERIO B. Los síntomas causan malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento.
CRITERIO C. El episodio no se puede atribuir a los efectos fisiológicos de una sustancia o de otra afección médica.
Nota: Los Criterios A—C constituyen un episodio de depresión mayor.
Nota: Las respuestas a una pérdida significativa (p. ej., duelo, ruina económica, pérdidas debidas a una catástrofe natural, una enfermedad o discapacidad grave) pueden incluir el sentimiento de tristeza intensa, rumiación acerca de la pérdida, insomnio, pérdida del apetito y pérdida de peso que figuran en el Criterio A, y pueden simular un episodio depresivo. Aunque estos síntomas pueden ser comprensibles o considerarse apropiados a la pérdida, también se debería pensar atentamente en la presencia de un episodio de depresión mayor además de la respuesta normal a una pérdida significativa. Esta decisión requiere inevitablemente el criterio clínico basado en la historia del individuo y en las normas culturales para la expresión del malestar en el contexto de la pérdida.’

El problema de la comorbilidad

Un problema adicional surge cuando dos sistemas de clasificación, DSM o CIE, etiquetan a las personas según sus síntomas y, en última instancia, agrupan a las personas bajo una misma categoría diagnóstica simplemente porque parecen similares a otras personas clasificadas con la misma categoría. Esta aproximación, que se basa en similitudes superficiales de los síntomas en lugar de procesos cognitivos, mecanismos neurobiológicos u otros factores más sólidos, conduce a una comorbilidad excesiva. No es infrecuente que ciertas categorías diagnósticas, como los trastornos depresivos, el trastorno obsesivo o los trastornos de personalidad, coexistan con otras tasas de comorbilidad superiores al 50%. Asimismo, es frecuente que dentro de una misma clase de trastornos existan solapamientos. Por ejemplo, según el estudio epidemiológico norteamericano «National Comorbidity Study», el 58% de las personas con trastorno depresivo mayor también recibían el diagnóstico de trastorno de ansiedad (Krueger y Markon, 2006). Estas cifras parecen demostrar que, quizás más que la coexistencia de problemas distintos, la construcción de criterios del DSM permite un solapamiento excesivo de categorías. En futuras secciones, exploraremos perspectivas diferentes, como la teoría de redes, para entender la comorbilidad desde una perspectiva distinta.

¿Tienen todos los síntomas el mismo valor? Teoria de redes

Blanco et al (2019). Aunque no exento de problemas conceptuales y analíticos, incluido el de la replicabilidad de los resultados, la TR en psicopatología se presenta como una alternativa prometedora a las concepciones categoriales clásicas y tiene el seto de demostrar que es una herramienta definitivamente útil para la clínica y la investigación como alternativa radical conceptual a los sistemas diagnósticos.

La teoría de redes (TR) ofrece una alternativa conceptual a los sistemas diagnósticos actuales al concebir los problemas psicológicos como cadenas de síntomas causalmente relacionados entre sí, en lugar de considerarlos como elementos emergentes de un trastorno o enfermedad latente. En TR, se utilizan herramientas matemáticas y análisis de grafos para analizar y representar dichas conexiones, permitiendo identificar los síntomas más centrales o importantes en la red y, por ende, los objetivos de intervención prioritarios. Además, el análisis de redes permite comprender mejor los mecanismos de funcionamiento de los tratamientos.

La TR se basa en la conceptualización de los trastornos mentales como una red interconectada de síntomas y signos con relaciones causales. Esta perspectiva se aproxima conceptualmente a los análisis funcionales individuales que se hacen en psicología clínica, aunque las conexiones mostradas en la red se derivan de análisis matemáticos. Aunque la comorbilidad se presenta como la existencia de una serie de síntomas puente que conectan dos tipos de redes diferenciados de síntomas, la TR no plantea que haya coexistencia de dos «entidades esenciales», sino que hay síntomas comunes que engarzan ambas redes.

La TR se presenta como una alternativa prometedora a las concepciones categoriales clásicas y tiene el potencial de demostrar que es una herramienta útil para la clínica y la investigación como una alternativa radical conceptual a los sistemas diagnósticos. A pesar de los problemas conceptuales y analíticos asociados, la TR sigue siendo una herramienta prometedora en psicopatología.

teoria redes
Representación esquemática de un problema clínico de ansiedad y depresión (adaptado de Borsboom, 2017). En este ejemplo parece que hay dos problemas diferentes (muerte de su parejo y un asalto en la calle) que han iniciado una serie de síntomas cada uno de los cuales ha ido llevando a otros en una cascada de conexiones causales. Aunque quizás se podría diagnosticar como un TDM y un trastorno de pánico con agorafobia, la TR plantea que solo existen conexiones entre síntomas que se alimentan entre sí. La comorbilidad no sería más que la existencia de una serie de síntomas puente (en este caso anhedonia y preocupación) que conectan dos tipos de redes diferenciados de síntomas; a diferencia de la idea común de comorbilidad, no se plantea que haya coexistencia de dos «entidades esenciales», sino que hay sistemas que son comunes y engarzan ambas redes.

La estructura del DSM-5: cambios y novedades en la depresión

De manera resumida, los cambios conceptualmente más relevantes en el ámbito de la depresión son los siguientes:

  1. El mayor cambio quizás sea la separación de los trastornos depresivos de los trastornos bipolares en dos capítulos diferentes. Esto rompe con la tradición unitaria kroepeliniana del espectro maníaco-depresivo y se decide otorgar a los problemas bipolares una categoría propia, cuando anteriormente ambos se encontraban bajo un único capítulo de trastornos del estado de ánimo. Aunque esta separación puede responder al deseo de primar la naturaleza propia de los trastornos bipolares, puede crear algunos problemas clínicos ya que la manía y la depresión están estrechamente relacionados e incluso hay transiciones de ciclo bien descritas en la literatura. Esto favorecía la integración de estos problemas bajo una perspectiva más unitaria que se pierde con esta escisión.
  2. Se incluyen dos nuevas categorías de depresión: el «trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo» y el «trastorno disfórico premenstrual».
  3. Se utiliza el término «trastorno depresivo persistente (distímico)» para denominar lo que anteriormente se conocía como trastorno distímico y TDM crónico.
  4. Se elimina el criterio de exclusión de duelo en la definición de episodio depresivo mayor, lo cual ha generado controversia.
  5. Se incluyen nuevos especificadores (depresión con «ansiedad» y «mixto») y se amplían otros (depresión «con inicio en el periparto»).
Trastornos del estado de ánimo (trastornos depresivos), DSM-IV-TR (APA 2000)Trastornos depresivos, DSM-5 (APA 2013)
Trastorno depresivo mayor (episodio único/episodio recurrente)Trastorno de depresión mayor (episodio único/episodio recurrente)
Trastorno distímico (distimia)Trastorno depresivo persistente (distimia)
Trastorno depresivo inducido por una sustancia/medicamentoTrastorno depresivo inducido por una sustancia/medicamento
Trastorno depresivo debido a condición médicaTrastorno depresivo debido a condición médica
Trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo
Trastorno disfórico premenstrual
Otros trastornoOtros trastornos
Organización de las principales categorías diagnósticas de los trastornos depresivos en el DSM-IV-TR y el DSM-5 (en rojo los cuadros nuevos descritos en el DSM-5)

El espectro de síntomas depresivos

Vázquez y Sanz (2008). El cuadro que presenta una persona deprimida puede ser muy variado en cuanto a sus síntomas y también en cuanto a su evolución temporal y gravedad. Pero, en general, cualquier persona deprimida es probable que presente un conjunto de signos y síntomas (o síndrome depresivo) que se puede reducir a cinco grandes núcleos.
Síntomas anímicos
Demyttenaere et al. (2015). Un estudio con centenares de pacientes ha mostrado que lo que ellos mismos consideran el objetivo terapéutico más importante no es tanto eliminar sus síntomas cómo recobrar la esperanza, el optimismo y la ilusión.
Chaves et al. (2019). En este sentido, los «terapias psicológicas positivas» estructuradas han comenzado a mostrar una eficacia igual o superior a las terapias cognitivo-conductuales tradicionales intentando justamente tratar la depresión clínica centrándose en la recuperación de la esperanza, el optimismo, la ilusión y en el desarrollo de fortalezas psicológicas y resiliencia.

El síntoma anímico más común de la depresión es la tristeza, pero a menudo viene acompañado de otros síntomas como la irritabilidad, la sensación de vacío o el nerviosismo. En casos graves, el paciente puede incluso negar tener sentimientos de tristeza, lo que puede ser un signo de mayor gravedad. La presencia de varias emociones negativas además de la tristeza, como la ira, la ansiedad, el miedo o la vergüenza, también es común y puede ser un predictor de mayor rumiación y dificultades en el manejo emocional. A pesar de que estas emociones no se mencionan en los criterios diagnósticos de depresión, el concepto de sobreproducción emocional recoge la idea de su coexistencia en el síndrome depresivo.

Otro aspecto importante y a menudo olvidado en psicología clínica es la reducción de las emociones positivas en la depresión. La disminución de la capacidad de disfrute de las cosas normales de la vida, también conocida como anhedonia, es una característica distintiva de la depresión. Se ha demostrado que en la depresión se produce una atenuación de los sistemas de recompensa, lo que es coherente con la idea de la importancia de la atenuación de las emociones positivas y del sistema de recompensas en la depresión.

Los pacientes con depresión consideran la recuperación de la esperanza, el optimismo y la ilusión como el objetivo terapéutico más importante. Las terapias psicológicas positivas, que se centran en la recuperación de estas emociones anhedónicas y en el desarrollo de fortalezas psicológicas y resilencia, han comenzado a demostrar una eficacia igual o superior a las terapias cognitivo-conductuales tradicionales en el tratamiento de la depresión clínica.

Síntomas motivacionales y conductuales

La falta de motivación y la apatía son síntomas muy debilitantes que suelen estar relacionados con pensamientos negativos de desesperanza, falta de control o la sensación de que la vida carece de sentido. En su forma más grave, este tipo de inhibición conductual se conoce como retardo psicomotor, que se caracteriza por un enlentecimiento generalizado de las respuestas motoras, el habla y el gesto, y una inhibición motivacional casi completa. En algunos casos, puede incluso especificarse un tipo de depresión catatónica.

Síntomas cognitivos

Una nueva forma de avanzar en la comprensión del funcionamiento cognitivo global en la depresión implica no solo considerar el papel de los sesgos cognitivos en el origen y mantenimiento de la enfermedad, sino también los problemas de rendimiento cognitivo que pueden afectar a las personas con un bajo estado de ánimo. Además de los sesgos en el procesamiento de información emocional (conocidos como «cognición caliente»), que suelen ser abordados por las teorías cognitivas de la depresión, es importante tener en cuenta los efectos en la memoria, la atención y la capacidad de concentración en actividades cotidianas normales o en pruebas neuropsicológicas (denominadas «cognición fría»), que pueden verse drásticamente afectadas.

Varios metaanálisis recientes han demostrado que las personas con un primer episodio de depresión clínica tienen un peor desempeño en muchas de estas tareas en comparación con personas sanas sin depresión, aunque la mayoría de estas dificultades, exceptuando la velocidad de procesamiento, mejoran tras la recuperación (Semkoyska et al., 2019). Sin embargo, es importante tener en cuenta que estas dificultades suelen ser de magnitud pequeña o mediana, y están relacionadas con la cantidad de episodios depresivos que la persona haya experimentado. Asimismo, hay evidencias que sugieren que parte del mal funcionamiento cognitivo en personas con depresión se debe a factores como la falta de motivación y el estado emocional y anímico del participante (Villalobos et al., 2020).

En general, las personas con depresión presentan mayor dificultad en tareas que requieren esfuerzo y control ejecutivo, aunque también pueden verse afectadas en menor medida en tareas automáticas en ciertas condiciones (Vázquez y Hernangómez, 2008). En particular, se ha descrito que el control cognitivo, entendido como la capacidad de prestar atención selectiva a estímulos y objetivos relevantes e inhibir respuestas a estímulos no relevantes, es un componente clave de las funciones ejecutivas (Friedman y Miyake, 2017) y parece estar especialmente afectado en la depresión. Esto podría explicar las dificultades asociadas a la depresión para redirigir la atención e inhibir pensamientos negativos.

sesgos
Relación entre dificultades de control cognitivo, sesgos cognitivos, estilos rumiativos, y estado de ánimo (Villalobos et al. 2020).

Es posible que las rumiaciones depresivas o las dificultades para combatir muchos sesgos cognitivos, como no poder dejar de pensar en pensamientos negativos o interpretar todo de manera negativa, se deban en parte a las dificultades en el control cognitivo. En el futuro, es posible que se desarrollen estrategias terapéuticas que combinen el entrenamiento para fortalecer las habilidades de control ejecutivo con intervenciones clínicas más tradicionales.

Síntomas físicos

En pacientes depresivos, uno de los síntomas más comunes que afecta al 70-80% de ellos son los problemas de sueño, como el insomnio, despertares frecuentes durante la noche o despertar temprano. En un pequeño porcentaje de pacientes, se puede dar hipersomnia bajo la forma de somnolencia diurna. También son comunes la fatiga, la pérdida de apetito, la disminución de la actividad y el deseo sexual, y en algunos casos, dificultades en la erección. Aunque la pérdida de energía es considerada como un síntoma «central» en los nuevos estudios de redes sobre la depresión, la CIE-11 no lo considera tan importante como la tristeza y la anhedonia, siguiendo el criterio DSM que da mayor importancia al binomio tristeza-anhedonia.

Además, la tristeza se asocia a menudo con molestias corporales difusas, como dolores de cabeza, de espalda, náuseas, vómitos, estreñimiento, micción dolorosa y visión borrosa. En general, son los médicos internistas y de medicina general, y no los profesionales de la salud mental, quienes tratan en primera instancia a los pacientes deprimidos. La vía de entrada de estos pacientes suele ser declarando síntomas físicos. Aunque cerca del 5% de la población sufre al menos un episodio de depresión grave durante su vida, relativamente pocas personas (aproximadamente una de cada cinco) buscan ayuda para solucionarlo. Parece ser que es más probable que se busque ayuda profesional si existe una mayor sintomatología vegetativa y somática, como la pérdida de sueño, apetito y cansancio. Por lo tanto, los síntomas físicos a veces se consideran como una importante línea divisoria entre la depresión normal y la depresión clínica, o entre aquellos que buscan ayuda médica o psicológica y aquellos que no lo hacen.

Síntomas interpersonales

En la depresión, es común experimentar un deterioro en las relaciones interpersonales, y cerca del 70% de las personas con depresión informan haber disminuido su interés por las personas en general (Beck, 1976). Además, suelen experimentar rechazo por parte de quienes los rodean, lo que aumenta aún más su aislamiento. Por esta razón, terapias como la interpersonal se centran en estos aspectos. Aunque el DSM-5 hace una referencia breve a estos problemas al caracterizar las «depresiones atípicas», en realidad las dificultades interpersonales son muy comunes en la depresión. La teoría de la «generación de estrés» ha demostrado que la depresión no es solo una consecuencia de experimentar estrés, sino que también es una fuente generadora de estrés, especialmente en el ámbito interpersonal. Esto incluye dificultades interpersonales, discusiones e incluso una mayor probabilidad de conductas violentas, especialmente en los jóvenes, lo que incrementa la propia depresión (Liu y Alloy, 2010).

Clasificación y cuadros clínicos

En el diagnóstico categorial de la depresión, resulta fundamental el análisis de la presencia de tristeza y anhedonia. Además, se deben considerar otros síntomas asociados, la duración de los mismos durante un período de dos años o menos, y la exclusión de síntomas de manía e hipomanía. Estos criterios son clave en la lógica diagnóstica del DSM-5.

diagnostico depre
Esquema sintético del esquerna diagnóstico de los trastornos de depresión (Lam, 2018).

Referencias

  • Belloch, Sandín, Ramos Campos, and Sandín, Bonifacio. Manual De Psicopatología. 3ª edición. Madrid [etc.]: McGraw-Hill Interamericana De España, 2020. Print.
  • ChatGPT

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