DIRECCIONES FUTURAS: EVALUACIÓN BASADA EN LA EVIDENCIA

Carry Durand (1985). En relación con la utilidad de tratamiento es importante señalar que, en contraste con la evaluación diagnóstica, el análisis funcional ha mostrado utilidad de tratamiento desde hace años, particularmente en problemas severos.
Hayes, Nelson y Jarrett (1987). La utilidad de tratamiento ha sido definida como el grado en que una evaluación contribuye a conseguir un resultado terapéutico exitoso, es decir, se trata de establecer hasta qué punto contribuye una determinada evaluación a conseguir un resultado más exitoso.
Grupo de Trabajo sobre Evaluación Psicológica (Psychological Assessment Work Group – PAWC). Fue convocado en 1996 por la Junta para Cuestiones Profesionales de la APA (American Psychological Association) con el objetivo de obtener un informe sobre el estado de la evaluación. Entre otros, el informe (Meyer, Finn, Eyde, Kay, Moreland, Dies et al., 2001)
Nelson-Gray (2003). Apunta la posibilidad de estudiar la validez incremental de entrevistas diagnósticas estandarizadas y relacionarla con los resultados. Según esta misma autora, el establecimiento de un diagnóstico parece de utilidad sólo en la elección del tratamiento, pero no a la hora de predecir los resultados de éste.
Hunsley, Crabb y Mash (2004). La evaluación basada en la evidencia comienza a ser un foco de interés para los investigadores, no obstante, su demora en relación con los tratamientos basados en la evidencia es grande y difícilmente justificable, cuando todos los tratamientos con apoyo empírico empiezan con una evaluación.
Hunsley y Mash (2005). La definición del nuevo campo de trabajo que supone la evaluación basada en la evidencia incluye dos conceptos de trabajo fundamentales: la utilidad diagnostica y la utilidad de tratamiento.
Hunsley y Mash (2005). La evaluación basada en la evidencia es algo más que la validez y fiabilidad de los instrumentos de evaluación (p. ej., entrevista, cuestionarios, auto-registros, etc.), incluye conceptos como la utilidad diagnóstica, y la utilidad de tratamiento de estos métodos de evaluación, así como propuestas de mejora en la toma de decisiones de los clínicos y consideraciones de tipo práctico como el coste o la facilidad de aplicación de la evaluación.
Achenbach (2005). Comenta que el déficit de evaluaciones basadas en la evidencia es lo mismo que haber construido una mansión con unos cimientos precarios.
Dobson y Dobson (2009). La modificación o ampliación tanto de sus supuestos conceptuales, como del objeto y métodos de evaluación iniciales ha hecho temer a algunos autores el fin de la evaluación conductual como tal, y la posible pérdida del paradigma de evaluación que ha permitido a la TCC un progreso como ninguna otra forma de psicoterapia ha tenido en las últimas décadas, y que se pone de manifiesto en los resultados de la investigación sobre tratamientos basados en la evidencia.

No deja de resultar paradójico que la TCC que prácticamente ha hecho suyo el buque insignia de los tratamientos con apoyo empírico, paralelamente haya desatendido la búsqueda de evidencia empírica de sus evaluaciones, asistiendo paralelamente a un proceso de transformación de la evaluación conductual que resulta, cuando menos, inquietante. La evaluación basada en la evidencia comienza a ser un foco de interés para los investigadores, pero su demora en relación con los tratamientos basados en la evidencia empírica es grande y difícilmente justificable, cuando todos los tratamientos empiezan con una evaluación.

El Grupo de Trabajo sobre Evaluación psicológica fue convocado en 1996 por la APA con el objetivo de obtener un informe sobre el estado de la evaluación, concluyendo que:

  • La validez psicológica de los test es fuerte y convincente.
  • La validez psicológica de los test es comparable a la validez de las pruebas médicas.
  • Diferentes métodos de evaluación proporcionan información única.
  • Los clínicos que confían únicamente en la entrevista probablemente obtendrán una comprensión limitada y/o inadecuada.

Los test pueden ayudarnos a realizar predicciones, sin embargo, el informe no presentó datos de instrumentos de evaluación utilizados a diario en la práctica de la TCC, probablemente debido al distanciamiento todavía existente entre evaluación y tratamiento. La evaluación basada en la evidencia incluye dos conceptos de trabajo fundamentales: la utilidad diagnóstica (grado en que los datos de una evaluación ayudan a formular un diagnóstico) y la utilidad de tratamiento (grado en que una evaluación contribuye a conseguir un resultado terapéutico exitoso). La investigación es aún muy limitada. En relación con la utilidad diagnóstica, Nelson-Gray (2003) ha hecho referencia a la posibilidad de estudiar la validez incremental de entrevistas estandarizadas y relacionarla con los resultados. Según la autora, el establecimiento de un diagnóstico parece de utilidad sólo en la elección del tratamiento, pero no a la hora de predecir los resultados. En relación con la utilidad de tratamiento es importante señalar que el análisis funcional ha mostrado utilidad de tratamiento desde hace años, particularmente en problemas severos.

Lo ideal es que el intervalo entre evaluaciones y tratamientos con apoyo empírico no fuese tan amplio, pero lo importante actualmente es la idea acerca de la necesidad de ello, ya en marcha. Se han sentado las bases para el surgimiento del interés en la evaluación basado en la evidencia. Interés del que necesariamente va a beneficiarse la evaluación conductual y que puede contrarrestar la pérdida de base científica que se le ha atribuido por su transformación. Este enfoque puede aportar validez científica en aquellas zonas de la evaluación conductual más necesitadas (p. ej., la validez de inventarios cognitivos y estrategias de evaluación basadas en medidas inferenciales) y venir a reforzar aún más aquellos elementos que han demostrado ya su utilidad de tratamiento, como es el caso del análisis funcional.

CONCLUSIONES Y CONSIDERACIONES FINALES

Guevremont y Spiegler (1990); Sarwer y Sayers (1998). En general, parece que la práctica de la evaluación conductual queda restringida al uso de entrevistas y cuestionarios.
Mash y Hunsley (2004). Aunque la revisión histórica de la evaluación conductual pueda indicar que su evolución no se ha dirigido hacia el establecimiento de un paradigma de evaluación distintivo, independiente y aislado de las influencias tradicionales, tal y como se imaginaba y proponía en los inicios, lo cierto es que sus principios han mostrado ser ampliamente duraderos, influyentes y resilientes.
Mash y Hunsley (2004). La evaluación conductual se encuentra con el reto actual (común a toda la evaluación psicológica) de demostrar que su uso hace una diferencia medible y significativa en cuanto a los resultados de los servicios que se ofrecen a los pacientes. Simplemente saber que los métodos de la EC son válidos y fiables no es suficiente en estos momentos.

Puede considerarse que la evaluación conductual (EC) ha superado a través del tiempo los retos que se propuso en sus inicios. La compatibilidad de sus principios y métodos de evaluación con las necesidades de la salud mental actual ha permitido que la EC influya notablemente en la forma de hacer evaluación psicológica hoy día. El alcance de su aplicación a una gran diversidad de áreas de trabajo y la diversidad de principios y prácticas con que cuenta actualmente, indican que la EC se encuentra totalmente vigente en el siglo XXI.

A pesar de los logros, la utilización de la evaluación conductual (EC) sigue estando poco diseminada. Los estudios realizados hace unos años mostraban que sólo entre el 15 – 25% de los terapeutas cognitivo conductuales usaban la observación en vivo. Estudios anteriores presentaron datos de que el 12% de los terapeutas usaban el análisis funcional, y sólo el 20% utilizaban la observación directa, aunque parece que la práctica de la EC quede restringida a entrevistas y cuestionarios. Puede que el coste general de la aplicación de la evaluación conductual, especialmente de alguno de sus procedimientos, explique su restringido uso, pero quizá también los clínicos están esperando la depuración de su utilidad clínica. La evaluación conductual se encuentra con el reto actual de demostrar que su uso hace una diferencia medible y significativa en cuanto a los resultados de los servicios que se ofrecen a los pacientes.

  • La evaluación conductual surgió como alternativa a la evaluación tradicional y proporciona a la TCC una metodología de evaluación coherente las teorías del aprendizaje, los modelos cognitivos y los contextuales.
  • La evaluación conductual aporta indicaciones metódicas sobre los focos de interés de la evaluación y los procedimientos pertinentes, asignando un seguimiento al proceso de intervención que permite su monitorización continua y facilita su sistematización.
  • La evaluación conductual proporciona un entramado teórico-práctico para la formulación clínica de los casos mediante el proceso de análisis funcional, de tal forma que permite la integración de los juicios clínicos sobre los problemas y objetivos de un paciente, las variables causales que parecen ejercer influencia sobre los problemas y las funciones de éstos.
  • La evolución de la evaluación conductual ha permitido integrar el uso de la metodología de evaluación conductual y las clasificaciones diagnósticas tradicionales, incorporando las ventajas de estos sistemas de clasificación e influyendo también sobre los mismos.
  • La evaluación conductual se apoya en muy diversos métodos y modalidades de evaluación para la detección de la existencia de una conducta problemas y sus parámetros: entrevistas conductuales, observación conductual, evaluación cognitiva conductual, evaluación psicofisiológica.
  • En la evaluación conductual cada método e instrumento es diferencialmente aplicable y útil en función del problema, objetivo, población y contexto en que se plantee su uso, es decir, personas diferentes, diferentes contextos o culturas y diferentes objetivos y problemas, requieren diferentes métodos de evaluación.
  • El análisis funcional es el elemento cardinal de la evaluación conductual, pues este proceso tiene implicaciones sobre cualquier elemento de la EC. El término análisis funcional proviene del concepto skinneríano de análisis experimental de la conducta.
  • El análisis funcional consiste en llevar a cabo un análisis individualizado de las conductas específicas del paciente, en el que se establezcan las variables que determinan la conducta problema y que se pueden controlar para el cambio.
  • La idea esencial del análisis funcional es que la conducta tiene un propósito, siendo el propósito final del análisis funcional comprender la función de la conducta problema.
  • Las hipótesis funcionales que se generen durante esta fase deben estar basadas en la información que se ha obtenido previamente en la fase de recogida de datos de la evaluación conductual y deben especificar variables que sean medibles, contrastables y manipulables.
  • La evaluación basada en la evidencia incluye dos conceptos de trabajo fundamentales, por un lado, la utilidad diagnóstica que se refiere al grado en que los datos de una evaluación ayudan a formular un diagnóstico, por otro, la utilidad de tratamiento que ha sido definida como el grado en que una evaluación contribuye a conseguir un resultado terapéutico exitoso.

REFERENCIAS

  • Díaz García, et al. Manual De Técnicas y Terapias Cognitivo Conductuales. Desclée De Brouwer : Universidad Nacional De Educación a Distancia, 2017.
  • Apuntes M. Goretti González

Deja un comentario

4 × cinco =

Ir al contenido