Disforia de género (DG)

Introducción

Benjamín (1966). Intenta aclarar que los verdaderos transexuales sentían que pertenecían a otro sexo y querían ser miembros del sexo opuesto y no solamente parecer como tales.
Fisk (1973). Incorporó el término «disforia de género» que se deriva del posible malestar frente a la falta de armonía entre el género asignado a partir del sexo anatómico y el género sentido.
En 1979 se constituyó la Harry Benjamín International Gender Dysphoria Association (HBIGDA) que aprobó unas directrices asistenciales que se revisan periódicamente y sirven como guía asistencial para la disforia de género (DG).
Ley 3/2007, del 15 de marzo (España). Regula los requisitos necesarios para acceder al cambio de la inscripción relativa al sexo de una persona en el Registro Civil, cuando se consideraba que dicha inscripción no se correspondía con su verdadera identidad de género.
Bergero et al. (2008). Señala que, como consecuencia de la dificultad de cumplir el rol de género esperado asociado al sexo biológico, puede producirse una búsqueda de cumplir estereotipos, cambio de sexo y feminidad extrema en las mujeres transexuales. Describe además que los transexuales pueden sufrir presión, tanto del medio familiar como de otras personas transexuales, para pasar necesariamente por la cirugía de reasignación.
Polo y Olivares (2011). El movimiento por la despatologización pretende que se dé el paso desde una conceptualización de las expresiones, trayectorias e identidades trans como enfermedad o trastorno, hacia su abordaje como derecho humano.
Fuss, Auer y Briken (2015). Señalan que los resultados a largo plazo de la supresión de la pubertad y el consiguiente tratamiento hormonal y quirúrgico indican que los jóvenes con DG se pueden beneficiar mucho de ellos desde el punto de vista de su salud psicosocial. Sin embargo, advierten que en un porcentaje considerable de menores, la supresión de la pubertad no está indicada debido a la comorbilidad psiquiátrica con que nos encontramos y a que los datos de seguimientos a largo plazo de estos pacientes aún son escasos.
Connolly et al. (2016). Encontraron en transexuales jóvenes mayores tasas de depresión, ideación suicida y autolesiva y trastornos alimentarios, siendo el apoyo social en la transición durante la infancia, y haber recibido una terapia médica afirmativa en lo que respecta a la identidad de género, predictores del bienestar psicológico.
Zeluf et al. (2018). En un estudio con transexuales suecos han encontrado que un 37% habían considerado seriamente suicidarse en los últimos doce meses. Un factor predictor importante en la ideación suicida fue el haber sufrido violencia tránsfoba; y los intentos de suicidio fueron predichos por la falta de apoyo práctico o tangible.
Byne et al. (2018). Defendió que al igual que sucedió en su momento con la homosexualidad, muchos de los problemas de las personas transgénero no se derivaban de su condición en sí misma, sino de ese estigma al que estaban condenadas. Pero por otro lado, se argumentaba que la eliminación del manual diagnóstico y de las clasificaciones médicas podía suponer la limitación del acceso a los cuidados que requerían, negar el impacto que tenía la DG y resultar finalmente perjudicial para los individuos transgénero.

El término «transexualismo» fue utilizado por vez primera por Cauldwell en 1949 al describir un caso clínico como «psychopathia transsexualis». En los primeros años, el interés pareció centrarse en la comprensión de su etiología y en la delimitación conceptual de la transexualidad frente a otros fenómenos como la homosexualidad y el travestismo. A partir de estos primeros años, se produjo un cierto cambio en la dirección de las investigaciones apuntando en mayor medida hacia las consecuencias psicológicas, sociales e incluso de salud que podía comportar la condición de transexual. La tradición de los estudios sobre transexualidad se ha centrado más en sus problemas médicos y sus necesidades a nivel de servicios sociales que en la comprensión de sus trayectorias de desarrollo y cómo construyen su género a lo largo del tiempo en interacción con su entorno social y cultural, invisibilizando a los adolescentes y jóvenes con esta condición. Y solo más recientemente se ha ocupado de su salud sexual, más allá de su capacidad de alcanzar orgasmos tras las intervenciones de reasignación sexual.

Desde el punto de vista diagnóstico, las dos primeras ediciones del DSM (1952, 1968) no incluyeron ningún diagnóstico relacionado con el género. La «Transexualidad» apareció por primera vez como diagnóstico en la CIE-9 (1975) y en el DSM-III (1980), dentro de la categoría de «Desviaciones sexuales», aunque el DSM-III también incluyó el «Trastorno de la identidad de género de la niñez». La inclusión de estos diagnósticos en el DSM-III ocurría apenas siete años después de que la homosexualidad saliera del manual diagnóstico. Tanto la «Transexualidad» como el «Trastorno de la identidad de género de la niñez» continuaron en el DSM-III-R, pero ya no categorizados como desviaciones sexuales sino como «Trastornos usualmente de inicio en la infancia, niñez y adolescencia». En esta edición del DSM, se añadía otro trastorno, el de «Trastorno de la identidad de genero de la adolescencia y adultez de tipo no transexual». Con el DSM-IV los diagnósticos de «Transexualidad» y «Trastorno de la identidad de genero de la adolescencia y adultez de tipo no transexual» desaparecieron pero el de «Trastorno de la identidad de género de la niñez» y el «Trastorno de la identidad de género en la adolescencia y adultez» se mantuvieron bajo una nueva categoría «Trastornos sexuales y de la identidad de género», una categoría que también incluía las DS y las parafilias. En el DSM-5 aparece una nueva nomenclatura «Disforia de género» (discordancia de género en la CIE-11). Con ella, la APA pretende eliminar el estigma que puede conllevar el término «trastorno» y pone la atención en la disforia como síntoma central y objetivo del tratamiento, no la identidad de género en sí misma. Así, la DG hace referencia al malestar que puede acompañar la incongruencia entre el género sentido o expresado por una persona y el género asignado generalmente a partir de las características anatómicas con las que nació.

En España, el movimiento reivindicativo por la despatologización de la transexualidad comenzó de manera más intensa en 2007, en relación con la aprobación de la Ley 3/2007, del 15 de marzo. Y es probable que en 2023 se apruebe una nueva ley para la igualdad real y efectiva de las personas trans y para la garantía de los derechos de las personas LGTBI.

Proyecto-de-Ley-para-la-igualdad-real-y-efectiva-de-las-personas-trans

Con relación a las críticas de que la despatologización del trastorno de identidad de género puede significar dejar sin acceso y financiación a los tratamientos médicos, se han argumentado distintos motivos para justificar la atención sanitaria manteniendo la despatologización. Estos apelan al concepto de salud que mantiene la OMS que no se guía por la ausencia de enfermedad, sino por la presencia de bienestar físico, psíquico y social.

Clasificación

La disforia de género del DSM-5 (Discordancia de género en la CIE-11) supone un cambio importante en la visión del denominado en el DSM-IV-TR «Trastorno de identidad de género». En el DSM-5 se separan los criterios para los niños y para los adolescentes y adultos no siendo exactamente los mismos y con criterios más conductuales en los primeros que en los segundos. En los criterios para los niños, «el fuerte deseo de ser del otro género es ahora necesario (pero no suficiente), lo que hace el diagnóstico más restrictivo. En los criterios para los adolescentes y adultos, se combinan el criterio A (la identificación transexual) y el criterio B (la aversión hacia el género de uno mismo) del DSM-IV. En el texto de los criterios, la expresión «el otro sexo» utilizado en la versión anterior, se sustituye por «el otro género» (o «algún género alternativo»). Se emplea la palabra género en lugar de sexo de forma sistemática siguiendo las directrices de la APA. Al igual que sucedía en la versión anterior del DSM, hay dos categorías para diagnosticar «Otra disforia de género especificada» y «Disforia de género no especificada».

Diagnóstico y características clínicas

TRASTORNOCRITERIOS
Disforia de género
en niños (F64.2)
A. Una marcada incongruencia entre el género que uno siente o expresa y el que se le asigna, de una duración mínima de seis meses, manifestada por un mínimo de seis de las características siguientes (una de las cuales debe ser el Criterio A que destacamos en rojo):

Un poderoso deseo de ser del otro género o una insistencia de que él o ella es del género opuesto (o de un género alternativo distinto del que se le asigna).
En los chicos (género asignado), una fuerte preferencia por el travestismo o por simular el atuendo femenino; en las chicas (género asignado) una fuerte preferencia por vestir solamente ropas típicamente masculinas y una fuerte resistencia a vestir ropas típicamente femeninas.
Preferencias marcadas y persistentes por el papel del otro género o fantasías referentes a pertenecer al otro género.
Una marcada preferencia por los juguetes, juegos o actividades habitualmente utilizados o practicados por el género opuesto.
Una marcada preferencia por compañeros de juego del género opuesto.
En los chicos (género asignado), un fuerte rechazo a los juguetes, juegos y actividades típicamente masculinos, así como una marcada evitación de los juegos bruscos; en las chicas (género asignado), un fuerte rechazo a los juguetes, juegos y actividades típicamente femeninos.
Un marcado disgusto con la propia anatomía sexual.
Un fuerte deseo por poseer los caracteres sexuales tanto primarios como secundarios, correspondientes al género que se siente.
Disforia de género
en adolescentes
y adultos
A. Una marcada incongruencia entre el género que uno siente o expresa y el que se le asigna, de una duración mínima de seis meses, manifestada por un mínimo de dos de las características siguientes:

Una marcada incongruencia entre el género que uno siente o expresa y sus caracteres sexuales primarios o secundarios (o en los adolescentes jóvenes, los caracteres sexuales secundarios previstos).
Un fuerte deseo por desprenderse de los caracteres sexuales propios primarios o secundarios, a causa de una marcada incongruencia con el género que se siente o se expresa (o en adolescentes jóvenes, un deseo de impedir el desarrollo que los caracteres sexuales secundarios previstos).
Un fuerte deseo por poseer los caracteres sexuales, tanto primarios como secundarios, correspondientes al género opuesto.
Un fuerte deseo de ser del otro género (o de un género alternativo distinto del que se le asigna).
Un fuerte deseo de ser tratado como del otro género (o de un género alternativo distinto del que se le asigna).
Una fuerte convicción de que uno tiene los sentimientos y reacciones típicos del otro género (o de un género alternativo distinto del que se le asigna).
Otra disforia
de género
especificada
(F64.8)
Esta categoría se aplica a presentaciones en las que predominan síntomas característicos de DG que causan un malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento, pero que no cumplen todos los criterios de DG.
La categoría de otra DG especificada se utiliza en situaciones en las que el clínico opta por comunicar el motivo específico por el que la presentación no cumple los criterios de disfunción sexual.
Disforia de género
no especificada
(F64.9)
ídem que anterior.
La categoría DG no especificada se utiliza en situaciones en las que el clínico opta por no especificar el motivo del incumplimiento de los criterios de una DG, e incluye las presentaciones en las que no existe suficiente información para hacer un diagnóstico más específico.
Criterios para el diagnóstico de disforia de género según el DSM-5 [APA, 2013)
Disforia de género en niños

El principal criterio diagnóstico (A) es: «Una marcada incongruencia entre el género que uno siente o expresa y el que se le asigna». Se presupone que es el que se le asigna en su nacimiento de acuerdo con el binomio sexo biológico de macho (genitales masculinos)-género hombre y sexo biológico de hembra (genitales femeninos)-género mujer. Se establece un tiempo mínimo de duración del síntoma de seis meses. Este criterio se concreta en ocho condiciones bastante concretas y conductuales de las cuales se debe cumplir necesariamente la primera y un total de seis como mínimo.

TRASTORNOCRITERIOS
Disforia de género
en niños (F64.2)
A. Una marcada incongruencia entre el género que uno siente o expresa y el que se le asigna, de una duración mínima de seis meses, manifestada por un mínimo de seis de las características siguientes (una de las cuales debe ser el Criterio A que destacamos en rojo):

Un poderoso deseo de ser del otro género o una insistencia de que él o ella es del género opuesto (o de un género alternativo distinto del que se le asigna).
En los chicos (género asignado), una fuerte preferencia por el travestismo o por simular el atuendo femenino; en las chicas (género asignado) una fuerte preferencia por vestir solamente ropas típicamente masculinas y una fuerte resistencia a vestir ropas típicamente femeninas.
Preferencias marcadas y persistentes por el papel del otro género o fantasías referentes a pertenecer al otro género.
Una marcada preferencia por los juguetes, juegos o actividades habitualmente utilizados o practicados por el género opuesto.
Una marcada preferencia por compañeros de juego del género opuesto.
En los chicos (género asignado), un fuerte rechazo a los juguetes, juegos y actividades típicamente masculinos, así como una marcada evitación de los juegos bruscos; en las chicas (género asignado), un fuerte rechazo a los juguetes, juegos y actividades típicamente femeninos.
Un marcado disgusto con la propia anatomía sexual.
Un fuerte deseo por poseer los caracteres sexuales tanto primarios como secundarios, correspondientes al género que se siente.
Criterios para el diagnóstico de disforia de género según el DSM-5 [APA, 2013)

Las características que muchas personas consideran intrínsecas en la disforia de género consistentes en el rechazo de los propios genitales y el deseo intenso de tener los caracteres sexuales del otro género no son necesarias para el diagnóstico de este trastorno en los niños. Es más, esa necesidad comienza a aparecer de una manera más intensa conforme el niño se acerca a la pubertad. Las prepuberales con DG nacidas chicas comienzan en esta etapa a decir que son un chico o que cuando crezcan serán un hombre, inclinándose a vestir y llevar el pelo como los chicos y, de hecho, pareciéndolo ante los ojos de quienes no las conocen. Con frecuencia piden que se les llame por un nombre de chico. Si los padres les piden que vistan como una chica porque tienen que ir a un acto social, para ir al colegio, etc., se suelen resistir mucho. Sus sueños y fantasías suelen ser de chico, prefieren deportes de contacto, juegos masculinos y compañeros masculinos. Suelen evitar cualquier actividad típicamente asociada a las chicas, en ocasiones se niegan a orinar sentadas y a veces expresan que no quieren desarrollar pechos ni tener la menstruación. En el caso de los chicos, algunos pueden fingir que no tienen pene e intentan sentarse para orinar. Y, en menor medida, a estas edades pueden manifestar desagrado frente a sus genitales y decir que tienen o desean una vagina.

Es frecuente que estos niños se vean expuestos a muy distintas formas de acoso en la escuela por su comportamiento atípico o su deseo de vestir como niños de otro género, abocándolos a un sentimiento de soledad y aislamiento que puede ser la antesala de problemas mayores como los indicados o problemas conductuales o disruptivos del control de impulsos. También se ha encontrado que el trastorno del espectro autista es más prevalente en los niños con DG.

Disforia de género en adolescentes y adultos
Bergero et al. (2012). Al comenzar a tener relaciones sexuales es frecuente que no se dejen ver ni acariciar sus genitales, sobre todo los que sienten una mayor aversión. Algunos, incluso, para masturbarse utilizan estrategias de disociación imaginando que su mano está acariciando el pene de otro chico.

El criterio principal (A) es el mismo que en los niños, sin embargo, se exige que se compartan un mínimo de dos de las seis características que aparecen en la Tabla. Es condición indispensable que exista incongruencia marcada entre el género sentido o expresado y sus caracteres sexuales primarios o secundarios ya presentes o esperados en el caso de los adolescentes más jóvenes; deseo de desprenderse de estos caracteres sexuales (o de prevenir su aparición en el caso de los caracteres secundarios en adolescentes que aún no los han desarrollado); deseo de poseer los caracteres sexuales del género opuesto; de ser de otro género; de ser tratado como tal por los demás; y convicción de que uno tiene los sentimientos y reacciones típicos de otro género. En el caso de adolescentes y adultos se le da más importancia a la disforia anatómica y genital que en los niños. Las características clínicas de los jóvenes adolescentes son muy similares a las de los niños o los adultos.

En el caso de los adultos, es frecuente y patente el deseo de eliminar sus caracteres sexuales primarios y secundarios y de adquirir los del otro género, aunque no siempre se da esta característica. Siempre suelen adoptar comportamientos en todos los ámbitos de su vida más propios de otro género, pero en ocasiones son capaces de hacerlo sin modificar sus características corporales, e incluso de adoptar un rol de género que no se podría etiquetar como masculino ni como femenino.

TRASTORNOCRITERIOS
Disforia de género
en adolescentes
y adultos
A. Una marcada incongruencia entre el género que uno siente o expresa y el que se le asigna, de una duración mínima de seis meses, manifestada por un mínimo de dos de las características siguientes:

Una marcada incongruencia entre el género que uno siente o expresa y sus caracteres sexuales primarios o secundarios (o en los adolescentes jóvenes, los caracteres sexuales secundarios previstos).
Un fuerte deseo por desprenderse de los caracteres sexuales propios primarios o secundarios, a causa de una marcada incongruencia con el género que se siente o se expresa (o en adolescentes jóvenes, un deseo de impedir el desarrollo que los caracteres sexuales secundarios previstos).
Un fuerte deseo por poseer los caracteres sexuales, tanto primarios como secundarios, correspondientes al género opuesto.
Un fuerte deseo de ser del otro género (o de un género alternativo distinto del que se le asigna).
Un fuerte deseo de ser tratado como del otro género (o de un género alternativo distinto del que se le asigna).
Una fuerte convicción de que uno tiene los sentimientos y reacciones típicos del otro género (o de un género alternativo distinto del que se le asigna).
Criterios para el diagnóstico de disforia de género según el DSM-5 [APA, 2013)

A diferencia de lo que suele suceder en los niños, el malestar no se da solo cuando el entorno no reconoce o sanciona el deseo de ser del otro género, sino que la propia percepción de la discrepancia entre el género asignado y el sentido es suficiente para provocarlo. En los nacidos hombre, cuando aprecian los primeros signos de la pubertad, es frecuente que los intenten anular o disimular: afeitarse las piernas ante el menor vello o esconder los genitales para que no se aprecien las erecciones. En las nacidas mujeres, pueden intentar esconder el pecho con camisas anchas. En ocasiones los adolescentes pueden intentar obtener, aún sin prescripción médica, supresores hormonales de los esferoides gonadales. Muchos pueden presionar para obtener tratamiento hormonal o quirúrgica o ambos (no todos desean todos los tratamientos). Los que están en un entorno favorable a sus deseos, pueden empezar a vestir y llevar el pelo como otro género, buscar amigos preferentemente de otro género y adoptar un nombre distinto. El malestar que se da en los adolescentes y adultos con DG puede explicar la aparición de depresión, ansiedad y el abuso de sustancias lo que se hace menos probable con con una buena red de apoyo social. Al igual que en los niños, también se ha encontrado que el trastorno del espectro autista es más prevalente en adolescentes con DG.

En la adolescencia pero también en la adultez, es frecuente que la persona con DG se vea expuesta a múltiples formas de acoso. Por otro lado, el mero hecho de sentirse mal con su cuerpo y sus genitales puede interferir en las actividades cotidianas y sociales y también, por supuesto, en sus relaciones sexuales. Todo eso puede llevar a importantes sentimientos de soledad y aislamiento, relacionadas con el grado de estigmatización y discriminación, que también conduce a baja autoestima, problemas emocionales, abandono escolar, problemas laborales y marginación económica. Todo ello, junto con dificultades en algunos lugares para ser bien atendidos por los servicios médicos y de salud mental por la falta de formación de los profesionales, les convierte en individuos enormemente vulnerables. De hecho, el suicidio o la ideación suicida son mucho más prevalentes en ellos que en la población general y no siempre remiten tras la reasignación de género.

En la DG es fundamental el diagnóstico diferencial y separarlo claramente de lo que puede ser un comportamiento que muestre inconformidad con los roles sexuales tradicionales, el travestismo, el trastorno dismórfico corporal, una esquizofrenia con un delirio de pertenencia a un género distinto u otras condiciones en las que se puede desear.

Otra disforia de género especificada y disforia de género no especificada
TRASTORNOCRITERIOS
Otra disforia
de género
especificada
(F64.8)
Esta categoría se aplica a presentaciones en las que predominan síntomas característicos de DG que causan un malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento, pero que no cumplen todos los criterios de DG.
La categoría de otra DG especificada se utiliza en situaciones en las que el clínico opta por comunicar el motivo específico por el que la presentación no cumple los criterios de disfunción sexual.
Disforia de género
no especificada
(F64.9)
ídem que anterior.
La categoría DG no especificada se utiliza en situaciones en las que el clínico opta por no especificar el motivo del incumplimiento de los criterios de una DG, e incluye las presentaciones en las que no existe suficiente información para hacer un diagnóstico más específico.
Criterios para el diagnóstico de disforia de género según el DSM-5 [APA, 2013)

Epidemiología y curso evolutivo

Prevalencia
Disforia de género (DG)HombresMujeres
Adultos0,005 – 0,014% 0,002 – 0,003%
Estimación prevalencia Disforia de género (DG) entre personas que han buscado tratamiento médico en consultas especializadas.


En los niños, la proporción de los nacidos hombres frente a las nacidas mujeres está entre 2:1 y 4,5:1; en los adolescentes está próxima a la paridad, y en los adultos, las proporciones oscilan entre 1:1 y 6,1:1. Curiosamente el DSM-5 indica que en dos países, la proporción entre sexos parece favorecer a las nacidas mujeres (Japón: 2,2:1, y Polonia: 3,4:1).

Curso evolutivo

Cuando no hay un trastorno de desarrollo sexual, el inicio de los síntomas se da entre los dos y los cuatro años de edad, que es la edad en que la mayor parte de los niños empiezan a tener intereses propios de su género. En preescolar ya pueden aparecer tanto conductas generalizadas de cambio de género como el deseo expresado de ser del otro género, aunque es menos frecuente que el niño yo se etiquete como miembro del otro género. En otros cosos, el deseo expresado aparece en el comienzo de la educación primaria. Son pocos los niños que muestran desagrado con sus genitales y el deseo de tener otros (disforia genital). Esto es más frecuente cuando se acerca la pubertad. La persistencia de la DG desde la infancia a la adolescencia o a la adultez varía según el género asignado. En los nacidos hombres, la persistencia se encuentra entre el 2,2% y el 30%, mientras que en las nacidas mujeres es mayor, situándose entre el 12% y el 50%.

En el caso de la DG con un trastorno de desarrollo sexual, la evolución es bastante distinta. La mayoría de estos individuos busca a edad temprana atención médica; en muchas ocasiones padres y médicos empiezan a ocuparse de ellos desde el mismo nacimiento. Al tener problemas que les llevan a la infertilidad, hay una mayor disposición de los médicos a tratarlas con hormonas y cirugía antes de la edad adulta. Al tomar conciencia de su trastorno, a diferencia de los individuos con DG, suelen experimentar incertidumbre sobre su género, más que convicción de ser del otro género, y la mayor parte no sigue adelante hacia la transición de sexo.

Etiología

El DSM-5 señala como factores de riesgo y pronóstico de la DG sin un trastorno del desarrollo sexual, algunos temperamentales, ambientales, genéticos y fisiológicos. Entre los primeros, señala que cuando en edad más temprana (preescolar) el comportamiento del niño es más atípico, existe más probabilidad de que la DG se desarrolle más y persista en la adolescencia y adultez. Entre los segundos, indica que los hombres con DG tienen más frecuentemente hermanos mayores hombres, en comparación con los que no la tienen. Y que en los individuos con comienzo tardío (adolescencia y adultez), en ocasiones se ve un patrón de travestismo fetichista que evoluciona hacia una autoginefilia. En cuanto a los terceros, se ha apuntado a una posible cierta heredabilidad y la posible influencia de factores genéticos. A nivel endocrino no se ha encontrado alteraciones en los individuos XY, pero sí niveles aumentados de andrógenos (en un rango habitual en las mujeres con hirsutismo, pero por debajo de lo normal en un hombre) en los individuos XX. Se considera que no hay evidencia para considerar la DG una forma de intersexualidad limitada al sistema nervioso central.

Recomendaciones para el tratamiento

Drescher (2010). La intervención médica en las personas transexuales sigue siendo un tema polémico y no faltan quienes consideran que presenta serias objeciones éticas al estar promoviendo una visión binaria de la sexualidad a costa del sufrimiento de individuos cuyo problema principal es la disforia y, por lo tanto, cuyo abordaje debería ser más psicológico que médico.
Byne et al. (2018). Aunque los tratamientos con estrógenos o testosterona exógenos tienen algún riesgo de efectos secundarios (como la reducción de la libido debida a antiandrógenos o tratamiento con estrógenos o su incremento por el consumo de andrógenos), ambos han sido asociados a una mejora con respecto a la ansiedad, el estado de ánimo, la satisfacción global y la calidad de vida. Lo mismo sucede con la cirugía de reasignación del sexo. Incluso en algunos casos donde el tratamiento supone el uso de antiandrógenos, que en teoría reducen el deseo sexual, se ha encontrado un mayor interés en el sexo, posiblemente como efecto de haber conseguido los cambios corporales deseado.

La intervención psicológica en las personas con DG no debe olvidar que gran parte de la afectación psicológica que estas personas sufren es derivada no de su condición en cuanto al género sentido se refiere, sino del acoso y discriminación al que son sometidas cuando intentan comportarse y vivir de acuerdo con ese género. Es el rechazo social el que genera gran parte de su sufrimiento. Las intervenciones psicológicas deben asumir los principios de las terapias afirmativas de género, que intentan promover la autoaceptación, incrementar la autoestima, reducir la internalización del estigma asociado a las personas transexuales y transgénero y entrenarlas en habilidades de afrontamiento y resiliencia para hacer frente a las dificultades que tendrán que afrontar, incluyendo las de tipo médico, las psicológicas y las interpersonales.

Referencias

  • Belloch, Sandín, Ramos Campos, and Sandín, Bonifacio. Manual De Psicopatología. 3ª edición. Madrid [etc.]: McGraw-Hill Interamericana De España, 2020. Print.

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