EFECTOS COGNITIVOS DEL BILINGÜISMO

Beneficios cognitivos del bilingüismo

Sampietro (2011). En el Congreso de Luxemburgo de 1928, organizado por el «Bureau International de Education pour étude des problemes du bilinguisme a age scolaire», se concluyó que el bilingüismo era una especie de plaga a la que habría que poner remedio, por sus efectos perniciosos sobre la inteligencia y el rendimiento escolar, o incluso sobre la personalidad. Aunque en el manual no se menciona creo que es evidente que hay un importante sesgo ideológico (el bilingüismo es un ataque a la unidad de la nación, se empieza hablando un idioma diferente y en unos años quieren ser un estado independiente).
Elizabeth Peal y Wallace E. Lamben (1962). En su investigación esperaban encontrar peores resultados en los hablantes, bilingües, en consonancia con la bibliografía anterior, y su propósito era identificar los componentes más deficitarios para desarrollar estrategias compensatorias. La selección de la muestra, 164 escolares, se llevó a cabo con gran rigor metodológico para evitar la incidencia de factores extralingüísticos. Cuando se analizaron los datos, los resultados fueron sorprendentes: los niños bilingües presentaron mejores puntuaciones en las pruebas de inteligencia, tanto verbales como no-verbales, y parecían poseer una estructura intelectual más flexible.

En las primeras décadas del siglo xx, el bilingüismo era visto como algo perjudicial que creaba confusión en la mente y dificultaba el aprendizaje. Los primeros estudios comparativos tenían importantes fallos metodológicos, en particular al seleccionar las muestras de hablantes. El trabajo de Peal y Lambert, 1962, fue el primero en descubrir que los hablantes bilingües parecían tener ventajas cognitivas en comparación con los monolingües (Sampietro, 2011). A partir de entonces, se sucederían otras investigaciones con resultados similares. La aparente ventaja cognitiva del bilingüismo se focaliza principalmente en dos campos: tareas de control ejecutivo y un cierto efecto protector ante el declive cognitivo causado por enfermedades neurodegenerativas, en particular la enfermedad de Alzheimer y la demencia senil.

Control ejecutivo y bilingüismo
Ellen Bialystock y Michelle Martin (2004). Obtuvieron unos datos inesperados (2004). Con una tarea de ordenar cartas a niños de 4 a 6 años de edad Descubrieron dos cosas: 1). Los mayorcitos lo hicieron mejor que los pequeños, como cabria esperar, y 2). Lo más sorprendente es que, para la misma edad, los niños bilingües lo hicieron mejor que los monolingües.
Bialystock y col. (2004). Experimento con sujetos de todas las edades, empelaron el efecto Simon. Los participantes deben responder, por ejemplo, a un círculo verde pulsando un botón con la mano izquierda y a un círculo rojo pulsando otro botón con la mano derecha. El problema es que el círculo puede aparecer a un lado u otro de la pantalla, de manera que hay ensayos congruentes, en los que el estímulo está en el mismo lado donde debe darse la respuesta, y ensayos incongruentes, en los que el estímulo está en el lado opuesto al de la respuesta. Los tiempos de reacción son más lentos en los incongruentes, ya que hay dos informaciones en conflicto (lado físico del estímulo y lado de la respuesta indicado por el color). Los datos de estos ensayos incongruentes mostraron que los sujetos bilingües fueron más rápidos que los monolingües en todas las edades, salvo en los jóvenes adultos universitarios, en los que el rendimiento fue óptimo para unos y otros. Las mayores diferencias a favor de los bilingües se daban antes de la pubertad y después de los 40 años, probablemente porque las redes cerebrales que manejan los conflictos de información bien no habían madurado, bien habían iniciado ya el declive normal de la edad.
Costa, Hernández y Sebastián-Gallés (2008). Emplearon una variante de la tarea de los flancos. Participaron un total de 200 estudiantes universitarios, 100 monolingües y 100 bilingües (catalán-castellano). Lógicamente, la condición incongruente fue la más difícil y la que dio tiempos más lentos para todo el mundo; pero, de nuevo, los bilingües se condujeron mejor que los monolingües. Es decir, el conflicto entre informaciones contradictorias presentes en el estímulo perjudicaba menos a los bilingües que a los monolingüe.
Duñabeitia et al. (2014). Compararon a 252 niños bilingües (euskera-castellano) con 252 niños monolingües (castellano) en las tareas Simon y de flancos, sin encontrar diferencias significativas.

Muchos experimentos sugieren que las personas bilingües podrían ser más eficientes que las monolingües en tareas de control ejecutivo. Una tarea típica es aquella en la que existe un conflicto entre dos informaciones y hay que atender sólo a una, inhibiendo la otra. El hecho de que los hablantes bilingües tengan que controlar dos lenguas al hablar (cambiando de una lengua a otra, e inhibiendo en cada momento la que no está en uso) puede llevar a un desarrollo más eficiente de los procesos cerebrales de control atencional. Parece que el control de dos idiomas descansa, hasta cierto punto, en las mismas redes neuronales que controlan la atención con carácter general. Pero en los últimos años han salido estudios y no han hallado la supuesta ventaja de los bilingües en tareas de tipo atencional. Hay autores que plantean que quizá ha habido un cierto sesgo de publicación a favor de los trabajos con resultados positivos. Y no publicar trabajos con resultados nulos. Y otros autores consideran que los humanos hacemos un uso continuo e intensivo del sistema atencional en la vida diaria, seamos o no bilingües, y el hecho de hablar dos lenguas poco puede añadir al funcionamiento de dicho sistema.

Efecto protector ante el declive cognitivo
Craik, Bialystok y Freedman (2007). En un conjunto de 228 personas con demencia senil, los bilingües presentaron los primeros síntomas una media de 4 años después que los monolingües.
Craik, Bialystok y Freedman (2010). Analizaron 211 pacientes diagnosticados de enfermedad de Alzheimer, 109 eran monolingües, 102 bilingües desde la infancia. Al examinar las historias médicas, constataron dos cosas: Una, los primeros signos de enfermedad aparecieron más tarde que en los monolingües, con un promedio de 5,1 años y dos, el diagnóstico firme de Alzheimer también fue más tardío en los bilingües, 4,3 años después, que en los monolingües. Los científicos se aseguraron que este resultado no se debía a otras circunstancias, como la edad, nivel educativo, estatus profesional o pasado migratorio, así que cualquier diferencia observada fuera atribuible sólo a su realidad lingüística. Esta precaución es ineludible si comparamos dos grupos humanos para estudiar el efecto de una variable determinada: (Cerciorarse de que los resultados no se ven influidos por cualquier otra variable que pudiera actuar inadvertidamente).
Ellen Bialystok (2011). Cuando te mueves entre países, te encuentras con diferencias nacionales de prosperidad, educación, circunstancias sociales, salud, etc., que contribuyen, por ejemplo, a un envejecimiento más o menos sano, así que encontrar una diferencia entre dos naciones es muy difícil.

¿A que se debe ese notable retraso en la aparición del Alzheimer o de la demencia senil en las personas bilingües? Los autores sugieren que el hecho de hablar dos lenguas y usarlas de forma regular a lo largo de la vida, día tras día, cambiando de una a otra según las situaciones, supondría algo así como una ración extra de ejercicio mental que, luego, ayudaría a mantener a raya por más tiempo el deterioro cognitivo. No creen que la enfermedad de Alzheimer surja en realidad más tarde en los bilingües, sino que sus estragos empezarían a notarse después. Lo que conduce al concepto de “reserva cognitiva”, o la capacidad del cerebro para resistir una agresión antes de que se manifiesten los primeros signos de deterioro mental. En líneas generales, el beneficio del bilingüismo contra el declive cognitivo parece confirmarse, si bien el tamaño del efecto varía considerablemente. No obstante, algunas investigaciones no han observado ventajas de los bilingües en el declive cognitivo. Y en metaanálisis recientes e reclama prudencia a la hora de generalizar los resultados positivos.

Costes cognitivos del bilingüismo

Ivanova y Costa (2008). En un estudio representativo usaron la tarea de denominación de dibujos, cuyos ensayos consisten en decir lo más rápido posible el nombre de un dibujo presentado en una pantalla. Participaron hablantes monolingües del castellano y bilingües fluidos de dos tipos: bilingües castellano-catalanes, cuya lengua primera o dominante (L1) era el castellano, y bilingües catalán-castellano, cuya primera lengua era el catalán y, por tanto, el castellano su segunda lengua (L2). La prueba se hizo en castellano y los estímulos (dibujos) se repetían a lo largo de la sesión. Los tiempos de reacción mostraron que los monolingües fueron más rápidos que los bilingües. (…). Así que, en general, los hablantes monolingües tardaban unas decenas de milisegundos menos en localizar la palabra en su mente que los demás. Una explicación posible, aunque quizá no la única, tendría que ver con la frecuencia de uso de las palabras. La frecuencia léxica es una variable poderosa que influyen en los tiempos de acceso a nuestro “diccionario” mental: las palabras más frecuentes arrojan siempre tiempos más cortos que las menos frecuentes. Como los bilingües reparten su tiempo entre dos idiomas, por pura aritmética cada palabra ha sido usada menos veces que las palabras de un monolingüe, cuyo uso se concentra en su totalidad n las palabras de un único idioma.
Bialystok, Luk, Peers y Yang (2010). Macroestudio con más de 1.700 niños, de 3 a 10 años de edad, para explorar su vocabulario receptivo (las palabras que comprendían) mediante una prueba estándar conocida: el test Peabody. En esa prueba, se le dice al niño una palabra y éste debe señalar el dibujo correcto entre varios; se empieza con palabras fáciles y sencillas, y se va aumentando en dificultad. 738 niños eran monolingües del inglés y 966 bilingües. Los resultados del test mostraron de forma consistente a lo largo de todas las edades, que los monolingües sacaban más puntuación que los bilingües, ambos en inglés. Al analizar el tipo de vocabulario, vieron que esta disparidad no era lo mismo para todas las palabras. Los términos asociados al colegio no presentaban diferencias entre los dos grupos, pero sí aparecían en los términos de uso familiar.
fig13 03
Vocabulario de niños bilingües y monolingües de 3 a 10 años de edad. Puntuaciones en el test Peabody. Estudio canadiense con una muestra de más de 1.700 niños. Adaptado de Bialystok et al. (2010).
fig13 04
Tiempos de reacción (milisegundos) al nombrar dibujos en castellano, en función de las repeticiones de los estímulos. Los tiempos más cortos son para los monolingües, seguidos de los bilingües con el castellano como lengua dominante: bilingües [L 1]; y los bilingües con el castellano como segunda lengua: bilingües [L2]. Adaptado de lvanova y Costa (2008).

Los niños y niñas que aprenden dos lenguas desde el nacimiento siguen las mismas etapas que los monolingües; pero podrían usar diferentes estrategias en la adquisición del lenguaje y generalmente tienen un vocabulario más pequeño en cada lengua que el que tienen los monolingües para su única lengua. La ciencia ha demostrado que el desarrollo bilingüe tiene lugar de la misma forma y sin aparente esfuerzo por parte del niño, igual que los monolingües. En cualquier caso, las diferencias encontradas, en términos absolutos, son de escasa entidad y requieren experimentos de gran precisión para ponerlas de manifiesto; de modo que su incidencia práctica en las situaciones naturales de la vida es mínima.

Referencias

  • Cuetos Vega, González Álvarez, Vega, and Vega, Manuel De. Psicología Del Lenguaje. 2ª Edición. ed. Madrid: Editorial Médica Panamericana, 2020.
  • PDF Profesor tutor Ángel J. Pozo García

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