El concepto de trastorno espectro del autismo (TEA)

Del autismo infantil al trastorno del espectro del autismo

Rutter (1978). Discrepa de Kanner en considerar la carencia afectiva como síntoma primario o rector del trastorno y las alteraciones del lenguaje como síntoma secundario. En su redefinición del trastorno, Rutter lo considera un síndrome conductual, postula que tiene un origen orgánico cerebral y considera que las alteraciones del lenguaje son el síntoma principal del trastorno, minimizando el papel de la alteración emocional como hipótesis explicativa.
Baird et al (1991). Propusieron abandonar el término «trastorno generalizado del desarrollo» porque el TEA constituye más un trastorno específico del desarrollo que un trastorno generalizado; ya que, a pesar de las característicos, heterogeneidad y gravedad de los síntomas, no todas las personas con TEA presentan discapacidad intelectual asociada y, además, sus habilidades de lenguaje en muchos casos son normales.
Artigas-Pallarés y Paula (2012); Lozano, Castillo y Cerezo (2014); Oviedo et al. (2015); Schöttle et al. (2017). El trastorno agrupa un heterogénea grupo de síntomas, siendo muy frecuentes las dificultades en la interacción social, alteraciones en los habilidades de comunicación, alteraciones cognitivas, presencia de patrones restrictivos y repetitivos de comportamiento, intereses o actividades.

La gran aportación de Kanner (1943) fue precisamente desligar el «trastorno autista» de la psicopatología del adulto y definir un nuevo trastorno infantil. Kanner definió et autismo como «una innata alteración del contacto afectivo». El síntoma principal del trastorno es la incapacidad para relacionarse normalmente con las personas. Kanner, desde el primer momento, da especial relevancia a los déficits en las relaciones interpersonales. Hasta 1970 no se da un salto cualitativo en la revisión del concepto de «autismo infantil». El conocimiento progresivo, obtenido a través de investigaciones realizadas sobre la relevancia de las diversas variables que concurren en el autismo infantil, fue relegando a un segundo plano la concepción clásica del síndrome como un trastorno afectivo. Además, describir el autismo infantil en términos de «déficits» condujo a que el síndrome fuese considerado en la categoría de la discapacidad, adquiriendo un mayor peso etiopatogénico los déficits lingüísticos y cognitivos por encima de los afectivos.

En el DSM-3 y la CIE-9, el autismo infantil se considera como un «trastorno generalizado del desarrollo» que afecta a un amplio espectro de áreas: lingüística, afectiva, cognitiva, conductual, comunicativa y social. En las clasificaciones nosológicos DSM-5 y CIE-11, el trastorno del espectro del autismo (TEA) se considera un trastorno del neurodesarrollo, de origen biológico, que se manifiesta de forma precoz, siendo frecuente su aparición en edades muy tempranos (generalmente antes de los tres años), tiene una evolución crónica con diferentes niveles de gravedad, según el caso y momento evolutivo de la persona. De esta manera el término «autismo infantil» ha sido sustituido por el término «trastorno del espectro del autismo», que incluye también a los adultos y ancianos que padecen el trastorno.

Características clínicas

Wing y Atwood (1987). Las personas con TEA presentan una gran diversidad de síntomas: déficit en la comunicación e interacción social, dificultades para mantener una conversación o relacionarse con los demás, nivel de funcionamiento cognitivo variable (por ejemplo, podemos encontrar casos con discapacidad intelectual grave o casos con una capacidad muy por encima de la inteligencia promedio neurotípica) y también podemos observar variabilidad en su habilidad para funcionar en situaciones de la vida real.
Oviedo et al. (2015). Aunque el retraso en la adquisición del lenguaje es la primera sospecha que tienen los padres de que su hijo tiene algún problema, para el diagnóstico del TEA se deben tener en cuenta los siguientes dominios: comportamiento social, habilidades de comunicación, motricidad/conducta y cognición.
Hervás (2016). La edad de aparición del TEA debe darse antes de los tres años, y se convierte en una condición crónica, a pesar de que los síntomas pueden mejorar a través del tiempo y de las intervenciones terapéuticas.
Alteraciones del comportamiento social
Wing y Gould (1979). Establecieron tres patrones distintos de relación social en el TEA a partir de su estudio epidemiológico: el patrón «aislado», que evita la interacción de forma activa; el patrón «pasivo», que soporta pasivamente la relación social, pero no la busca; y por último, el patrón «activo, pero extravagante», que interactúa de un modo extraño y excéntrico.
Wing (2102). Un niño con TEA puede subirse en el regazo de su madre para alcanzar un objeto y no mirarla en absoluto; es como si la madre fuese una especie de «silla» necesaria para llegar hasta el objeto.

Los problemas que presentan los niños con TEA en su comportamiento social son quizás el aspecto más conocido, El déficit social es más evidente en los primeros años de vida, de ahí que la mayoría de los descripciones sobre las alteraciones sociales de los niños con TEA se refieran a los primeras etapas de su vida y no a las etapas posteriores en las que se produce una acusada variabilidad de estas alteraciones. La variabilidad y diversidad observada en el comportamiento social llevó a algunos autores a proponer subtipos de autismo en función de la alteración social que predominaba en el niño. No todos los autistas muestran el mismo tipo de alteración social, dado que muchos hacen intentos, más o menos exitosos, de acercamiento social, aunque utilizando estrategias conductuales inadecuadas.

Podemos observar algunas conductas específicas de los niños con TEA, como la ausencia de contacto con los demás (o un menor contacto) y la carencia de vínculo con los padres. Parece como sí estos niños no «necesitarán» a sus padres. Con frecuencia, estos niños no gritan para llamar la atención como hacen los niños normales, no buscan el contacto afectivo (besos, ternura) y casi nunca manifiestan conductas anticipatorias de querer que les cojan en brazos. Otra de las características esenciales del autismo es la preocupación que tiene el niño autista por preservar la invariabilidad del medio. Estos niños muestran, con frecuencia, una hipersensibilidad al cambio: manifiestan una gran resistencia a los cambios ambientales y a las modificaciones de sus pautas habituales; respondiendo a estos cambios con fuertes berrinches, incluso llegan a autolesionarse y se oponen de forma testaruda y sistemática a cualquier tipo de cambio. También los niños con TEA desarrollan ciertas preocupaciones ritualistas, tales como insistir en comer siempre un determinado alimento, utilizar el mismo recipiente para beber, llevar siempre los mismos zapatos, o memorizar calendarios e incluso normas; rituales en los que invierten a diario una gran cantidad de tiempo.

Alteraciones de la comunicación
Rutter (1973). Con frecuencia los niños con TEA cuando hablan no lo hacen con propósitos comunicativos; su uso del habla como medio de conversación es limitado, es muy dificil pretender que hablen de algo que no sea de lo inmediato.
Ricks y Wing (1976). El desarrollo normal del lenguaje incluye una fase en la que se pueden observar conductas de ecolalia hasta los 30 meses de edad; cuando persiste más allá de los cuatro años puede considerarse psicopatológica.

La comunicación «intencional», activa y espontánea, que suelen desarrollar los niños neurotípicos a los 8-9 meses está muy limitada en los niños con TEA: falta de sonrisa social, mantener la mirada a las personas, realizar gestos y vocalizaciones comunicativos son algunas de las carencias más evidentes de estos niños con TEA. Estos dificultades se hacen aún más patentes a medida que el niño crece, sobre todo partir de los 18-24 meses, edad en la que los niños neurotípicos hacen progresos muy rápidos en la adquisición del lenguaje y en las conductas simbólicas. Además, los niños con TEA que llegan a hablar to hacen de forma característica, con unos patrones lingüísticos cualitativamente diferentes a los niños neurotípicos y a los niños con otros trastornos del habla. Algunos niños con TEA no logren adquirir un dominio del lenguaje expresivo que les permita comunicarse adecuadamente. Por otra parte, en los niños con TEA aparecen en diverso grado retrasos en la adquisición del lenguaje expresivo, pero además de adquirir el lenguaje de forma tardía, hacen un uso muy peculiar de él.

Algunas características del lenguaje autista
✓ Falta de intención comunicativa.
✓ Mutismo.
✓ Dificultades de comprensión.
✓ Ecolalia inmediata.
✓ Ecolalia demorada.
✓ Inversión pronominal.
✓ Evitación pronominal.
✓ Lenguaje metafórico.
✓ Escasez de vocabulario.
✓ Empleo de neologismos.
✓ Dificultades articulatorios.
✓ Alteraciones de tono, ritmo e inflexión.
✓ Dificultades para comprender y utilizar gestos.
✓ Falta de coordinación entre los gestos y los emisiones verbales.

El lenguaje expresivo no verbal (gestual) de los niños con TEA también se encuentra alterado. Podemos observar discrepancias entre el lenguaje verbal y no verbal: muecas, tics y estereotipias motoras, además de ausencia o alteración del contacto ocular. Sin embargo, el habla de aquellos que presentan un TEA menos severo y que han alcanzado un mayor nivel de desarrollo del lenguaje muestra también una carencia de emoción, imaginación, abstracción y una literalidad muy concreta.

Alteraciones motoras y conductuales
Kanner (1943; Lovaas et al. (1970). Consideran que las conductas estereotipados de los niños con TEA constituyen un serio obstáculo en la adquisición de las conductas normales, El niño entregado a la conducto autoestimutadora, no aprende ni desarrolla el repertorio de destrezas y habilidades propias de su edad.
Lovaas, Litrownik y Mann (1971). La conducta estereotipado, denominada a veces conducta autoestimuladora, ha sido descrita como un comportamiento repetitivo, persistente y reiterado, sin otra función aparentemente que proporcionar al niño de retroalimentación sensorial o cinestésica.

Las conductas estereotipadas tienen un papel de especial relevancia en los niños con TEA, ya que interfieren en la responsividad del niño y en la adquisición de conductos normales. La mayoría de estos niños pasan mucho tiempo realizando estos comportamientos. De hecho, se resisten obstinadamente a los intentos de que abandonen estas actividades. Por otra parte, las conductas autolesivas son la alteración más llamativa que presentan los niñas con TEA, aunque no es una característica exclusiva de estos niños, ya que también se puede observar en niños con discapacidad intelectual o en personas adultas con esquizofrenia.

Alteraciones cognitivas

Estudios transversales y longitudinales muestran que los niños con TEA presentan mayor variabilidad interindividual e intraindividual que los niños neurotípicos. No es exagerado decir que cada persona con TEA es un «caso único». No obstante, en la actualidad se reconoce que no solo existe un retraso, sino también un déficit en diferentes áreas del desarrolla cognitivo de estos niños. Los procesos atencionales, mnésicos, perceptivos y las funciones ejecutivas se hallan alterados en diverso grado. El déficit en las funciones cognitivas va a acompañar a la persona con TEA durante toda su vida. En edades tempranas es característico el pensamiento rígido e inflexible que se traduce en rituales comportamentales y dificultades en las relaciones interpersonales y sociales, En su forma extrema, el pensamiento precategorial es sinónimo de «pensamiento autista», debido a ello van a tener muchas dificultades de autocontrol personal, y escasas habilidades para planificar, organizar y tomar decisiones.

Capacidad intelectual
Ritvo y Freeman (1978). Indican que aproximadamente un 60% de los niñas con TEA presenta un cociente intelectual (CI) por debajo de 50, un 20% entre 50 y 70, y un 20% de 70 o más.
Charman et al. (2011). Confirman que aproximadamente el 50% de los niños con TEA tienen discapacidad intelectual asociada, aunque en menos del 20% la discapacidad intelectual es grave (CI<50).

Hay poca evidencia de un perfil característico de Cl en niños con TEA. La capacidad adaptativa está afectada negativamente de forma significativa, incluso en aquellos niños con TEA que alcanzan un Cl próximo a la media del obtenido por los niños neurotípicos. Algunas personas con TEA pueden tener «habilidades especiales», o lo que los investigadores denominan «islotes de habilidad» (Película Raín man). Al margen de las habilidades especiales» que pueden mostrar algunas de las personas con TEA, la capacidad intelectual es un criterio predictivo de sus posibilidades educativas. Otra alteración cognitiva observada es el déficit conocido con el término «ceguera mental», estos niños carecen de lo que se denomina «teoría de la mente». La falta de capacidad meta-representacional de los niños con TEA es un déficit cognitivo central que, a su vez, influye negativamente en las habilidades sociales y de comunicación.

Atención y sensopercepción
Zakian et al. (2000). Durante el primer año de vida, las conductas de los niños con TEA están caracterizadas por la baja frecuencia de interacción social, ausencia de la sonrisa social y falta de expresividad emocional, así como ausencia o dificultades para responder a su nombre, ausencia de actos de señalar y mostrar poca tendencia a orientarse hacia el rostro de los otros, ausencia de imitación espontánea, postura y patrones de movimiento anormales, como por ejemplo, movimientos desorganizados o inactividad.
Canal-Bedia (2007); Canal-Bedia et al. (2011). Estudios realizados para identificar TEA en niños menores de 3 años plantean que las conductas más significativas son las comunicativas y sociales.
Jones y Klin (2013). Utilizando la tecnología Eye-Tracking, compararon 25 bebés con desarrollo neurotípico y 10 bebés de alto riesgo que después desarrollaron TEA. Los niños con TEA, entre los dos y seis meses, mostraron una disminución en la fijación ocular y un aumento de la mirada hacia la boca de la mujer grabada en el vídeo.
Chawarska et al. (2013). Encontraron que la atención espontánea e escenas sociales está alterada desde los primeros meses de vida en los niños con TEA.
Zúñiga et al. (2017). Plantean posibles hipótesis que necesitan ser confirmadas en futuras investigaciones, como la que establece que en la población en general las redes o circuitos neuronales se desarrollan jerárquicamente y están relacionadas con sistemas motores y sensoriales,además se forman antes que aquellos circuitos relacionados con un alto nivel de funcionamiento, como es el lenguaje, la cognición y las habilidades sociales.

Una característica importante en el TEA es la respuesta anormal que estos niños tienen ante la estimulación sensorial. Sin embargo,no podemos concluir que se trate de un problema perceptivo, sino más bien un problema atencional. Un niño con TEA puede no responder a un ruido intenso y puede no ver un objeto claramente visible, o ver un hilo tirado en el suelo. Esta anormalidad en la respuesta del niño con TEA se suele dar también en otras modalidades sensoriales como el olfato y el tacto.

Por otro parte, hay datos contradictorios sobre los síntomas precoces del TEA en el primer año de vida. Bebés que fueron diagnosticados con TEA a los 36 meses, a los seis meses ya presentaban escasa atención a las caras humanas y entre los 7 y 11 meses la atención espontánea a escenas sociales seguía siendo escasa. Sin embargo, otros estudios longitudinales no han encontrado alteraciones del desarrollo social y comunicativo en el primer año de vida del niño con TEA.

Signos y síntomas tempranos del TEA
No expresa sonrisa u otras expresiones placenteras a partir de los 6 meses.
Tiene dificultad para dirigir su mirada en la misma dirección en la que mira otra persona.
No mira hacia donde otra persona le señala.
Ausencia de gestos comunicativos.
No responde «a sonidos, sonrisas u otras expresiones a partir de los 9 meses.
No responde al ser llamado por su nombre.
Falta de sonrisa social.
No balbucea a los 12 meses.
No hace gestos sociales ni responde a ellos (señalar, mostrar, decir adiós con la mano, etc.) a partir de los 12 meses.
No dice palabras sencillas a partir de los 16 meses,
No hace frases espontáneas de dos palabras con sentido (no ecolalia) a partir de los 24 meses.
Funciones ejecutivas
Díez Cuervo (1989). Las crisis epilépticas con frecuencia comienzan en la niñez temprana y, sobre todo, durante la adolescencia.
Ozonoff et al. (2004) Bausela (2020). Las funciones ejecutivas más estudiadas en niños con TEA y que están alteradas son la flexibilidad cognitiva, la memoria funcional y el control inhibitorio.

El pensamiento rígido, la baja tolerancia a la frustración, la impulsividad y las dificultades para el autocontrol (falta de control inhibitorio, falta de control emocional), en determinados momentos, dan lugar a rabietas, episodios de ira y conducta autoagresiva. Sin embargo, el comportamiento puede variar mucho de unos niños a otros. En adolescentes y adultos hay falta de planificación, organización y capacidad para tomar decisiones.

Otros aspectos que conviene destacar son los siguientes:

  • Uno de cado cuatro niños con TEA sufre crisis epilépticas.
  • Los niños con TEA suelen tener alteraciones del sueño. Sobre todo dificultades para dormirse y permanecer dormidos. Los trastornos del sueño favorecen los problemas de conducta y se relacionan con las dificultades para prestar atención.

Referencias

  • Belloch, Sandín, Ramos Campos, and Sandín, Bonifacio. Manual De Psicopatología. 3ª edición. Madrid [etc.]: McGraw-Hill Interamericana De España, 2020. Print.

Deja un comentario

doce + quince =

Ir al contenido