El modelo cognitivo

En las décadas de los cincuenta y sesenta del siglo pasado se desarrollaron dos modelos que utilizaban dos analogías diferentes para explicar y entender el comportamiento humano: la del comportamiento animal, defendida por el conductismo, y la analogía funcional del computador con la consiguiente visión de la mente humana como un dispositivo que procesa o elabora información. En un sentido genérico, el término psicología cognitiva implica un conjunto de contenidos y procedimientos técnicos que son los que guían la investigación. Esos contenidos hacen referencia a la actividad mental humana y sus productos, o sea, al conocimiento. Implica la consideración del hombre como ser autoconsciente, activo, y responsable que no se haya inexorablemente ligado a los condicionantes ambientales ni a la lucha por la mera adaptación pasiva al medio, por la supervivencia. Un ser que busca activamente conocimiento y que, por lo tanto, se halla en un proceso constante de autoconstrucción, que hace planes, tiene objetivos, tiene recuerdos, y no puede librarse de ciertos sesgos y prejuicios a la hora de realizar su propia elaboración de la realidad.

Desde el punto de vista técnico, la psicología cognitiva recurre a la utilización preferente de la metodología propia de la denominada psicología experimental como base para establecer inferencias sobre los procesos de conocimiento, partiendo de datos comportamentales, informes introspectivos, registros psicofisiológicos y todo el arsenal de datos de que se puede hoy disponer en psicología. No obstante, por lo que respecta a la psicopatología, ello no implica renunciar al uso de metodologías más «blandas», tales como las que proporciona la psicología social o la psicología de la personalidad.

Procesamiento de la información (PI)

Williams et al. (1988) proponen algunos conceptos de frecuente utilización en psicología cognitiva, vinculados sobre todo al PI, y que resultan de especial interés para la investigación psicopatológica.

Limitaciones en la capacidad de procesamiento
Kahneman (1973); Kahneman y Treisman (1984); Shiffrin (1976). El cerebro humano es un sistema de capacidad limitada. Las limitaciones de capacidad han sido a su vez, definidas según diferentes conceptos, entre los cuales destaca la opción de que los procesos cognitivos necesitan disponer de ciertos recursos para funcionar o, si se prefiere, requieren «esfuerzo».


Tanto las características de la persona, como las de la tarea a realizar, o la situación a resolver, determinan la cantidad de esfuerzo o los recursos que serán necesarios para una adecuada ejecución. Algunos investigadores han definido las limitaciones de capacidad como una consecuencia o resultado de nuestras dificultades para coordinar, o para ejecutar al mismo tiempo, procesos cognitivos diferentes. En el ámbito psicopatológico, se ha apelado a este supuesto para explicar la deficiente actuación de algunos pacientes en la realización de tareas sencillas. Esa limitación tendría su origen en muy diversas fuentes, entre las cuales caben desde las alteraciones neurológicas hasta la existencia de una especie de «saturación» de la capacidad cognitiva, relacionada con conflictos emocionales, problemas personales, etc.

Procesamiento selectivo

La mente humana es un sistema de capacidad limitada, diseñada para procesar únicamente (o fundamentalmente) los aspectos más relevantes de la información que le es accesible. Las razones por las cuales una persona selecciona ciertas informaciones y, al mismo tiempo, no selecciona otras, al menos de modo consciente, son de muy diversa índole y constituyen una fuente importante de datos para la psicopatología. Otra cosa diferente es que la ausencia de selección consciente implique siempre que no se registre información: la existencia de un estilo de procesamiento no consciente de información, que en muchos casos actúa paralelamente al procesamiento y/o selección consciente, indica que nuestra mente es capaz de registrar y elaborar mucha más información de la que, aparentemente, cabría esperar.

Etapas de procesamiento

Desde el PI se han propuesto distintos modelos procesuales para explicar los muy diversos tipos de actividad cognitiva. A pesar de sus diferencias, todos comparten algunas características: Todos los modelos intentan identificar cuales son los subprocesos más simples en los que se puede descomponer un proceso complejo. Es al elaborar hipótesis plausibles y verificables acerca de cómo están organizados esos subprocesos donde aparecen las mayores diferencias entre los diversos modelos:

  • Los más sencillos postulan que los mencionados subprocesos son en realidad etapas o fases de procesamiento, independientes entre sí, lineales y secuenciales. Uno de los atractivos más importantes de estos modelos es el de que permiten averiguar cuáles son los subprocesos básicos, y cuáles sus invariantes, de los procesos más complejos que componen o forman la actividad mental.
  • A partir de los años setenta surgieron otros tipos de modelos complementarios:
    • Modelos que postulaban preferentemente una metodología aditiva.
    • Modelos que postulaban preferentemente una metodología basada en la sustracción.
    • Modelos que además de la metodología sustractiva, incluyen mediciones sobre las diferencias individuales que se producen en el tiempo que cada persona consume para realizar una tarea (Sternberg 1977).

Este tipo de modelos ha recibido multitud de críticas, centradas, sobre todo, en su excesiva simplicidad a la hora de caracterizar al «procesador humano». Actualmente, los teóricos que siguen investigando sobre los supuestos de las etapas de procesamiento, plantean el sistema cognitivo como un conjunto de módulos de procesamiento, cada uno de los cuales está dedicado, sobre todo, a realizar un tipo especial de transformaciones.

Procesamiento en paralelo

La mente humana es capaz de realizar varias tareas a la vez y, además, hacerlas correctamente. En los modelos anteriores se partía de que la realización de algo depende de lo que antes se hizo, y no es posible «saltarse» pasos. Este modo de funcionamiento puede ser cierto para muchas tareas, tales como contar letras, hacer cálculos matemáticos, e incluso, solucionar un problema. Pero no es menos cierto que, en muchos otros casos, la solución se alcanza de un modo más globalizado, en el sentido de que se analizan varios aspectos a la vez, o sea, simultáneamente o en paralelo.

¿Cómo se produce ese procesamiento en paralelo? La respuesta implica tener en cuenta al menos tres características básicas del procesamiento humano de la información:

  1. La presencia de un procesamiento paralelo contingente.
  2. La existencia de jerarquías y estructuras de control.
  3. La puesta en marcha de procesos y estrategias automá­ticas versus controladas.
Procesamiento paralelo contingente, modelos bottom-up y top-down. y el papel de los esquemas en la organización del conocimiento
Sanford (1985). La mente y el cerebro humanos, funcionan con ciertos bucles y circuitos, gracias a los cuales la información sigue un flujo continuo entre todas las etapas y en ambas direcciones: los modelos que intentan desvelar cómo se produce el flujo de información desde los niveles inferiores hasta los superiores suelen denominarse «modelos de abajo-arriba» o «de lo particular a lo general» (bottom-up), mientras que los dedicados a analizar el flujo de información desde los niveles superiores hasta los inferiores reciben el nombre de «modelos de arriba-abajo» (top-down.
Beck (1976); Beck, et al. (1986). Una parte importante de las investigaciones sobre la organización de los contenidos de memoria en personas deprimidas y en ansiosas muestra que la tendencia de estas personas a interpretar la información de un modo amenazador, en el caso de los ansiosos, o negativo en el caso de los deprimidos, tendría que ver con una mayor accesibilidad a los esquemas de amenaza/tristeza, lo que a su vez intensificarían el estado de ánimo ansioso o el deprimido.

Varios teóricos cuestionaron que la realización completa de una fase fuera condición necesaria para que se iniciara otra. Plantearon como posibilidad alternativa la de que los resultados (el output) de un proceso concreto, de una etapa, eran continuamente accesibles para los demás. Si esto fuera así, significaría que una etapa de procesamiento comenzaría antes de que la anterior hubiera finalizado y, lo que es más importante, utilizando o teniendo en cuenta el output que, hasta ese momento, hubiera producido la anterior. Esto implicaría, además, que todas las etapas serían operativas, estarían funcionando, simultáneamente.

Las operaciones que se realizan en diferentes etapas del procesamiento o están bajo la influencia cualitativa (y no sólo cuantitativa) de los resultados de etapas anteriores o previas. La actividad cognitiva está guiada por metas u objetivos, por tanto es de suponer que se producirá un retorno de la información (retroalimentación) hacia las primeras etapas. El feedback de las últimas etapas de procesamiento o, puede modificar a las primeras o, incluso, provocar una reorganización total de las mismas.

La mente y el cerebro humanos, funcionan con ciertos bucles y circuitos, gracias a los cuales la información sigue un flujo continuo entre todas las etapas y en ambas direcciones: los modelos que intentan desvelar cómo se produce el flujo de información desde los niveles inferiores hasta los superiores suelen denominarse «modelos de abajo-arriba» o «de lo particular a lo general» (bottom-up), mientras que los dedicados a analizar el flujo de información desde los niveles superiores hasta los inferiores reciben el nombre de «modelos de arriba-abajo» (top-down).

Un elemento importante relacionado con el funcionamiento de los modelos top-down es que se ven en cierto modo obligados a postular la existencia de representaciones mentales de orden superior, sin las cuales sería difícil o imposible entender tales modelos (esquemas). El proceso de comprensión requiere, inicialmente, identificar cuál es el módulo más apropiado para alojar la información, probablemente mediante un análisis inicial del tipo bottom-up. Posteriormente, ese módulo ejercerá una influencia del tipo top-down puesto que decidirá cómo debe organizarse e interpretarse la información, a fin de que sea incorporada del modo más eficaz posible. La comprensión e integración final del input está en gran medida pre-determinada por estructuras de conocimiento ya existentes, y estas estructuras suplirán la información adicional que permite la realización de inferencias.

Entre los aspectos más importantes relacionados con el papel de los esquemas está el siguiente: el modo en que una situación compleja va a ser interpretada y/o recordada depende en gran medida del abanico de esquemas prototípicos que se encuentren almacenados en la memoria a largo plazo, ya que son esos esquemas los que facilitarán la incorporación de los detalles. Estas representaciones se adquieren, probablemente, a través del aprendizaje (vicario o directo).

Jerarquías de control

El aprendizaje de habilidades y destrezas motoras está íntimamente relacionado con el procesamiento perceptivo; solucionar un problema requiere casi siempre la recuperación de datos desde la memoria. Uno de los recursos teóricos más utilizados para explicar este modo de actuar
de la mente humana es el de apelar a estructuras de control. Esta hipótesis supone que las actividades cognitivas están organizadas de un modo jerárquico, y en el vértice de la jerarquía estaría situada la estructura que controlaría todo el proceso de organización. A su vez, las estructuras situadas inmediatamente debajo controlarían otras inferiores y así sucesivamente. Es importante no confundir este planteamiento de niveles con el de etapas que antes mencionamos. Aquí no se habla de secuencialidad ni de linealidad, sino de control jerárquico.

Procesos automáticos vs. estratégicos o controlados
Frith (I979, I981). La distinción entre procesos automáticos y controlados está siendo muy útil para explicar la presencia de ciertos déficits básicos de la psicopatología de la atención, especialmente en el ámbito de la psicopatología atencional en las esquizofrenias.

Una misma tarea o actividad cognitivo puede realizarse de un modo cualitativamente distinto por distintas personas, o por la misma persona en diferentes situaciones. Los datos a favor de este planteamiento son muy numerosos y la consecuencia inmediata de todas estas diferencias inter- e infra-individuales, es la de que el sistema cognitivo es extremadamente flexible, en el sentido de que es capaz de adaptarse a las modificaciones ambientales, así como de lograr un mismo objetivo siguiendo diferentes rutas o empleando mecanismos distintos. En este contexto surge la distinción entre procesos automáticos o rígidos, y procesos controlados o flexibles.

AUTOMÁTICOSCONTROLADOS
Son rígidos.Son flexibles.
Implican secuencias fijas de operaciones mentales.Implican secuencias momentáneas de operaciones mentales.
Se activan ante una configuración específica del mundo estimular.Se activan de forma consciente y/o intencionada.
No requieren atención consciente (no consumen recursos atencionales).Requieren (consumen) atención consciente.
Una vez activados, funcionan por sí solos.Su funcionamiento, una vez puestos en marcha, requiere del control del individuo.
Pueden actuar simultáneamente a otros procesos (en paralelo).No pueden actuar varios a la vez (a no ser que uno de ellos sea muy sencillo o que su ejecución sea muy lenta).
Se producen gracias a la existencia de redes asociativas ya establecidas (aprendidas o determinadas genéticamente).No dependen de redes asociativas previas, por lo que facilitan la adaptación a nuevos ambientes.
Procesos automáticos versus procesos controlados o estratégicos.
Del procesamiento de información a la psicología cognitiva
Williams, et al. (1988). La organización que imponen las estructuras de control, y las metas u objetivos que se plantean en cada nivel, serán más o menos idiosincrásicas, en la medida en que algunas de las secuencias de procesamiento se vuelvan automáticas.

Es evidente que la actividad humana y las experiencias subjetivas están mediatizadas por el tipo de información a la que se tenga acceso, así como por la capacidad para elaborarla y los modos en que se utiliza. También parece claro que están moduladas por la naturaleza y la eficacia de las diferentes etapas de procesamiento encargadas de analizar la información, y bajo las restricciones que imponen los distintos tipos de esquemas que se encuentran accesibles. Estos esquemas ejercen un control de arriba-abajo sobre la percepción, la comprensión, la memoria y el resto de operaciones y procesos cognitivos.

Procesamiento de información: conceptos básicos.

  1. La mente y el cerebro humanos tienen una capacidad limitada para procesar información.
  2. Procesar información requiere:
    1. Esfuerzo (consume recursos o capacidad).
    2. Seleccionar.
    3. Secuenciar los pasos a seguir (establecer etapas).
    4. Especializarse (distintos módulos, distintas funciones, distintos modos de procesar).
    5. Poder procesar varias cosas a la vez (en paralelo): procesar algunas de forma «automática» y otras de forma controlada (secuencialmente).
  3. Los procesos y operaciones mentales (cognitivos) están organizados de forma jerárquica.
  4. El sistema cognitivo es extremadamente flexible.

Otros desarrollos y aportaciones del modelo cognitivo a la psicopatología

Brewin (1990). Mientras que el PI se ha ocupado tradicionalmente de estudiar tanto los procesos mentales (atención, memoria, etc.) como sus estructuras y operaciones (esquemas, redes asociativas, reglas de inferencia, etc.), la psicología social cognitiva se ha ocupado de investigar lo que en un sentido genérico podríamos denominar «contenidos mentales».

En psicopatología nos interesa saber no solo cómo funciona la mente, sino también cuáles son los contenidos mentales sobre los que trabaja o, dicho de otro modo, en qué trabaja y si se produce alguna relación entre el cómo y el qué. Por ejemplo, si cuando recordamos algo desagradable nuestra mente funciona igual (se activan los mismos procesos y operaciones) que cuando lo que recordamos es agradable.

Mientras que el PI se ha ocupado tradicionalmente de estudiar tanto los procesos mentales (atención, memoria, etc.) como sus estructuras y operaciones (esquemas, redes asociativas, reglas de inferencia, etc.), la psicología social cognitiva se ha ocupado de investigar las atribuciones, actitudes, expectativas, creencias, valores, etc., que pueden ser o no accesibles a la conciencia, y cómo todo ello modula y da sentido al comportamiento y la actividad humanas. Por su parte, la psicología de la personalidad, con su énfasis en el estudio de cuestiones tan centrales como la identidad personal, la autoconciencia o el sí-mismo, resulta de especial e ineludible interés para la psicopatología.

A partir de aquí es posible alejarse de la metáfora hombre-computador y dibujar un cuadro del ser humano mucho menos racional y más cercano a la realidad. Un ser humano que muchas veces explica, describe, predice, juzga y decide modos de comportamiento mediante reglas de inferencia intuitivas, utilizando sobre todo modos de razonamiento inductivo, dejándose guiar por intuiciones a veces nada razonables (o racionales), que no tiene en cuenta las evidencias en contra, o simplemente no las considera como evidencias, sometido pues a múltiples sesgos de interpretación que, inevitablemente, producen errores y disfunciones de comprensión y de explicación.

Concepto de psicopatología desde el modelo cognitivo

Ibáñez (1982). El objetivo básico de la psicopatología cognitiva es el análisis de las estructuras y los procesos de conocimiento que controlan la aparición de los comportamientos y las experiencias extrañas, anómalas, y no tanto las conductas anormales en y por sí mismas.
Ibáñez (1980, 1982). Sería erróneo pensar que existe un planteamiento unitario sobre los postulados de la psicopatología cognitiva. Entre otras cosas porque tampoco existen planteamientos unitarios sobre la psicología cognitiva. Esta perspectiva ha ido ampliando progresivamente sus marcos de referencia hasta tal punto que bajo el apellido «cognitivo» es posible hoy encontrar modelos y explicaciones tan diferentes como los derivados de la inteligencia artificial y el PI, los neuropsicológicos, los conductuales-cognitivos, o los sociales-constructivistas. De lo que se deduce que es realmente difícil, y puede que hasta equívoco, hablar de la existencia de un modelo cognitivo de la psicopatología.
Belloch (1987). Por lo que se refiere a postulados como el psicodinámico de la transmisión de la energía, se argumenta aquí que lo que se transfiere no es energía, sino más propiamente señales o indicios, que son los que activan los procesos de conocimiento (selección, categorización, memoria, etc.). Y son estos procesos los que, en definitiva, proporcionarán un sentido, un significado, a la señal. Solo cuando este proceso se ha completado, se producirá lo que llamamos respuesta o comportamiento observable.

La influencia que han tenido los planteamientos cognitivos sobre la psicopatología ha sido enorme y ha permitido que los psicólogos-psicopatólogos recuperen un conjunto nuclear de temas, tales como alucinaciones, delirios, conciencia o amnesias, dándoles un tratamiento metodológico diferente del que hasta entonces se les había dado, que opera desde, y se fundamenta en los supuestos experimentales de la psicología cognitiva que le sirve de base. El énfasis de la psicopatología cognitiva se sitúa en el concepto de experiencia anómala, que se hace equivalente a los de disfunción y psicopatología, y no tanto en el de conducta anormal, en la medida en que este último parece restringirse excesivamente a un solo ámbito: la conducta. La psicopatología cognitiva critica las concepciones reflejas, automáticas y predeterminadas que subyacen en otros modelos o perspectivas, tales como el conductista radical (skinneriano), el biomédico, o el psicodinámico.

El sistema nervioso central es, fundamentalmente, un sistema que procesa información, esto es, que la recibe, la selecciona, la transforma, la almacena y la recupera. Incluso los reflejos incondicionados más sencillos, como la respuesta de orientación (RO) implican cognición. ¿Qué significa aquí cognición? La respuesta es sencilla: la RO es la consecuencia de una reacción al cambio o a la novedad que conlleva la activación de procesos complejos de juicio y comparación, no siempre conscientes, que son los que en última instancia conducen a una toma de decisión.

A nivel metodológico, la psicopatología cognitiva propugna la utilización preferente de las técnicas y modos propios de la psicología cognitiva, cuyos hallazgos, teorías, y conclusiones se van a tomar como punto de partida y como referente último de las anomalías. En este sentido, la psicopatología se configura como un área de investigación básica cuyo objetivo es estudiar, primero, cómo funcionan los procesos cognitivos anómalos o, si se prefiere, las anomalías que se producen en los procesos de conocimiento de las personas. Y, segundo, cuáles son los contenidos de esos procesos anómalos, qué información manejan. Cualquier disociación entre investigación y aplicación, está condenada al fracaso de ambas.

Para resumir, los principales postulados del modelo cognitivo en el contexto de la psicopatología son los siguientes (Belloch, 1987):

  1. El objeto de estudio propio de la psicopatología son las experiencias, sentimientos y/o actividades mentales o comportamentales, que resultan:
    1. Inusuales o anómalas.
    2. Disfuncionales y dañinas.
    3. Inadaptadas y fuera del control (o la voluntad) personal.
    4. Que provocan interferencias o deterioro en el desarrollo personal, en el comportamiento y en las relaciones sociales.
  2. Las experiencias, sentimientos y actividades mentales o comportamentales psicopatológicas se conceptúan en términos dimensionales, lo que implica que:
    1. Es necesario considerar en qué grado se presentan en un momento dado y a lo largo del tiempo (estabilidad).
    2. Qué variables median en su incremento y en su atenuación.
    3. En qué grado difieren de la normalidad.
  3. Las diferencias entre la normalidad y la psicopatología son cuantitativas (de grado). No obstante, las diferencias de grado conllevan diferencias cualitativas en el procesamiento de la información y en la forma de experimentar la realidad. Desde esta perspectiva, las experiencias, sentimientos o actividades anómalas o inusuales no deben considerarse necesariamente indicadoras de trastorno mental o del comportamiento.
  4. El objetivo preferente de la investigación psicopatológica es el funcionamiento de los procesos de conocimiento anómalos. Los procesos de conocimiento incluyen no solo los típicamente considerados como procesos cognitivos (atención, percepción, pensamiento, memoria), sino también las emociones, motivos, afectos, y sentimientos, ya que unos y otros forman parte del «aparato» del conocimiento y, por tanto, inciden por igual en el cómo experimentamos la realidad.
  5. La investigación de las psicopatologías puede llevarse a cabo tanto en situaciones naturales como en condiciones artificiales. Se consideran como fuentes de datos útiles tanto los procedentes de la información subjetiva (por ejemplo, informes introspectivos, incluyendo cuestionarios estandarizados), como los directamente observables por parte del experimentador (por ejemplo, latencias de respuesta, comportamiento motor, rendimiento en una tarea, verbalizaciones, etc.), y sus concomitantes neurológicos. Interesa tanto el cómo se elabora la información (forma), como el tipo de esta (contenido) y las mutuas interacciones entre forma y contenido.
  6. La salud mental se define sobre la base de tres parámetros interrelacionados e inseparables:
    1. Habilidad para adaptarse a los cambios y demandas externas y/o internas.
    2. Esfuerzos de auto-actualización, es decir, búsqueda de novedades y cambios que supongan retos.
    3. Sentimientos de autonomía funcional y capacidad de autodeterminación.


Hasta ahora tenemos modelos cognitivos sobre determinados trastornos o grupos de trastornos (depresión, ansiedad, esquizofrenia), sobre experiencias anómalas específicas (alucinaciones, delirios) o sobre anomalías en algunos de los procesos de conocimiento (atención, percepción, memoria) o en sus contenidos (atribuciones, categorías), y/o en las estructuras superiores de control (conciencia, sí-mismo). Esos modelos se basan en datos, obtenidos mediante procedimientos experimentales y de observación de muy variada naturaleza y validez.

Referencias
  • Belloch, Sandín, Ramos Campos, and Sandín, Bonifacio. Manual De Psicopatología. 3ª edición. Madrid [etc.]: McGraw-Hill Interamericana De España, 2020. Print.

Deja un comentario

diecisiete + diecinueve =

Ir al contenido