EL PROCESO DE CAMBIO

Gunstone y Watts (1985). A pesar de las grandes variaciones que tienen los participantes de los diferentes estudios con respecto a la experiencia escolar, la lengua y la cultura, parece que los niños desarrollan «los mismos tipos de concepciones y exactamente de la misma manera en todas partes».
Strike y Posner (1982, 1992). En el proceso de cambio o desarrollo conceptual no sólo se añade nueva información complementaria, sino que se reorganizan los elementos centrales de la representación, produciendo una verdadera revolución cognitiva.
Ayas, Özmen y Çalik (2009); Pozo y Gómez-Crespo (1998). Diversas investigaciones muestran que, al igual que ocurrió a lo largo de la historia de la ciencia, los estudiantes encuentran muchas dificultades para aceptar y utilizar el modelo corpuscular de la materia.

Piaget (1975) defiende los avances en los conocimientos se producen por aproximaciones sucesivas basadas en procesos de equilibración o autorregulación que se ponen en marcha cuando surgen conflictos cognitivos que implican la toma de conciencia por parte del sujeto que conoce de que sus explicaciones son insuficientes o contradictorias. Se producen por dos tipos de enfrentamientos:

  • Pueden surgir conflictos cognitivos cuando los esquemas disponibles no permiten asimilar una nueva información porque ésta los contradice o dejan sin explicar una parte sustancial del fenómeno.
  • Pueden surgir conflictos cognitivos cuando dos esquemas o ideas que se defienden son incoherentes o se oponen entre sí.

Piaget denomina perturbaciones a aquellos elementos que tienden a desestabilizar un cierto momento de equilibrio del sistema de explicaciones y cuya presencia podría llegar a desencadenar conflictos cognitivos, y describe tres tipos de respuesta o de reacción frente a las perturbaciones:

  • Tipo de respuesta “alfa”: Negación o rechazo del elemento perturbador. No se produce un conflicto cognitivo, el sujeto no toma conciencia de las posibles contradicciones entre sus explicaciones y los problemas a los que las intenta aplicar, sino que sigue defendiendo sus ideas anteriores sin caer en la cuenta de que sus previsiones resultan inadecuadas.
  • Tipo de respuesta “beta”: Solución de compromiso. En este caso hay conciencia de las contradicciones o la insuficiencia de las propias explicaciones, pero se trata de solventar haciendo modificaciones de poco calado en los esquemas.
  • Tipo de respuesta “gama”: Reorganización de los esquemas previos para hacer frente a la perturbación y asimilarla o integrarla por completo al propio sistema de pensamiento evitando las contradicciones. Suponen la elaboración de nuevos esquemas y suelen suponer la renuncia a algunas ideas previas muy arraigadas.

Desde la perspectiva de la teoría de la equilibración los cambios en las concepciones suponen la reorganización de los conocimientos anteriores. Siendo las perturbaciones las que pueden desencadenar los conflictos cognitivos que promueven nuevas alternativas que hacen mejorar previsiones respecto de su funcionamiento. Algunos autores se han referido a los cambios de las concepciones como proceso de cambio conceptual, pudiéndose entender de dos formas diferentes:

  • Sentido débil: Relacionado con un aumento en el grado de conocimiento, lo que daría lugar a la creación de nuevas relaciones adicionales a partir de la concepción existente. Esto produce un esquema más potente que permite resolver problemas más complejos.
  • Sentido estricto: Este último tipo de cambio conceptual es el que consideramos fundamental para que nuestras representaciones del mundo sean cada vez más potentes. Incluye también transformaciones simultáneas en tres áreas:
    • En la específica del dominio.
    • En el significado que se le otorga a cada uno de los conceptos incluidos en la representación.
    • En la estructura organizativa de esta concepción.

Para que el cambio conceptual en su sentido estricto sea posible es necesario que se cumplan cuatro condiciones básicas (Hewson,1981; Strike y Posner, 1982):

  1. El sujeto tiene que sentir un desencanto respecto a las condiciones con las que está tratando de entender el problema.
  2. Tiene que haber disponible una nueva concepción que sea inteligible para nosotros, debemos ser capaces de entender cómo se estructura la realidad a partir de ese nuevo concepto central.
  3. La nueva concepción debe parecer plausible, lo que implica que se cumplan dos condiciones:
    • Que la representación posibilite la resolución de los problemas que no podían ser afrontados desde la anterior concepción.
    • Que sea coherente con el resto de los conocimientos que estén relacionados con el problema en cuestión.
  4. La nueva concepción debe sugerir que puede convertirse en una herramienta de pensamiento productivo.

Solamente si se cumplen estas cuatro condiciones sería posible desarrollar un proceso de cambio conceptual en sentido profundo que culminara con la organización de la estructura conceptual. Estas cuatro condiciones también tienen lugar en el contexto conceptual del sujeto que está compuesto por elementos tales como las analogías y las metáforas que usamos en las explicaciones, las creencias epistemológicas, el conocimiento relativo a otros contenidos cercanos y el conocimiento de las concepciones nuevas que compiten con las existentes.

Para poder llevar a cabo un cambio representacional en sentido profundo es necesario que se produzca un conflicto cognitivo, pero para ello es necesario que el sujeto sea, al menos en parte, consciente de su modelo explicativo y de lo útil que le resulta para explicar la situación novedosa, el sujeto tiene que hacérsele accesible de alguna manera. Para explicar el proceso utilizaremos el modelo de Redescripción Representacional (RR) propuesto por Karmiloff-Smith (1992). Se trata de un modelo iteractivo de tres fases:

  • Primera fase. El niño se centra fundamentalmente en información proveniente del medio externo para crear “adiciones representacionales” que prácticamente no interaccionan con las representaciones que ya existen, de forma que simplemente se añaden a lo que ya estaba constituido.
  • Segunda fase. El niño ya no se centra en los datos externos, sino más bien en la dinámica interna del sistema.
  • Tercera fase. Las representaciones internas se reconcilian con los datos de la situación externa en un proceso de equilibrio y ajuste entre lo interno y lo externo.

La reiteración continua de este proceso trifásico hace que el conocimiento se vaya representando progresivamente en diferentes formatos representacionales, cada vez que se necesite dar sentido o explicar un fenómeno nuevo que resulte perturbador. Es decir, no se trata de un modelo de etapas evolutivas, sino de ciclos que tienen lugar cada vez que se enfrenta una situación que necesita explicación y que, por tanto, requiere que el conocimiento resulte accesible para la propia mente de quien conoce.

REFERENCIAS

  • García Madruga, Delval, & Delval, Juan. (2019). Psicologia del desarrollo I (2ª ed. rev. ed., Grado (UNED); 6201201). Madrid: Universidad Nacional de Educación a Distancia.

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