El sueño

Introducción

Buela-Casal (1990). Define el sueño como «un estado funcional, reversible y cíclico, con algunas manifestaciones comportamentales características, como una inmovilidad relativa y/o aumento del umbral de respuesta a estímulos externos. A nivel orgánico se producen variaciones en parámetros biológicos, acompañados por una modificación de la actividad mental que caracteriza el soñar»
Tempesta et al. (2018); Weinberg et al. (2016). Tener una buena calidad de sueño se asocia con un menor número de enfermedades y se considera uno de los aspectos fundamentales para disfrutar de una salud adecuada, así como de mayores niveles de bienestar percibido. De la misma forma, existen numerosos estudios en los que se asocia el sueño con procesos de regulación emocional.

El sueño es la conducta con mayor duración a lo largo de la vida. Debido a la implicación del sueño en multitud de procesos fisiológicos y cognitivos, así como a su elevada comorbilidad con trastornos físicos y mentales, ha supuesto un gran foco de atención para investigadores y clínicos. Es especialmente relevante su asociación con situaciones de estrés, enfermedad médica, hospitalización, etc.

Evolución histórica del concepto de sueño

Buela-Casal y Miró (2001). Alcmeón de Cretona que hipotetiza que el sueño se produce por un incremento de sangre en las venas; Empédocles de Agrigento con su teoría sobre la influencia del aumento de la temperatura corporal sobre el sueño; Aristóteles cuya propuesta era que la ingesta provoca un embotamiento y la necesidad de dormir para realizar totalmente la digestión; o Hildegard Von Bingen que actualiza la teoría de la ingesta de Aristóteles, explicándolo con un componente místico de debilidad del cuerpo tras el pecado original.
Loomis (1935). Aplicación del EEG al estudio del sueño.
Dement y Kleitman (1957). Clasificación de las fases del sueño: fases I, II, III, IV y sueño MOR (movimientos oculares rápidos).
Rechtschaffen y Kales (1968). Propusieron las normas de registro polisomnográfico que siguen vigentes aún en la actualidad, junto a las normas de clasificación propuestas por la American Academy of Sleep Medicine.

En la fase precientífica, comprendida fundamentalmente durante el siglo XIX, se incrementa el interés por el fenómeno del sueño. Uno de los grandes debates era si el sueño es un proceso pasivo o activo. Posteriormente, en 1928, el investigador alemán Hans Berger desarrolla la medición electroencefalográfica. Este hecho supuso el principio de la etapa científica del sueño. A partir de este momento se comienzan a estudiar las señales eléctricas que se producen durante el sueño.

Consideraciones sobre el sueño normal y el ritmo circadiano

Carskadon y Dement (2017). Las distribuciones de sueño promedio para adultos se estiman entre un 2-5% del total en la fase I, entre un 45-55 % en la fase II, entre un 15-35% en las fases III y IV (fase III según la clasificación de la American Academy of Sleep Medicine) y un 20-25% en la fase MOR.

Los ciclos de sueño-vigilia se regulan mediante dos procesos claramente diferenciados pero dependientes entre sí:

  • El sueño. Consiste en un declive de la energía conforme avanzan las horas despierto, lo que produce un aumento de la somnolencia hasta finalmente dormir.
  • Ritmo circadiano. En la regulación del ciclo sueño-vigilia no es solo el tiempo despierto lo que genera somnolencia, sino que hay una serie de factores ambientales que influyen en este ciclo (luz, temperatura, etc.). El ritmo circadiano y regula, entre otras funciones vitales, la somnolencia.

Habitualmente, el sueño comienza por las fases no MOR para terminar con la fase de sueño MOR. Esta secuencia formaría un ciclo, y este se repetiría con variaciones habiendo, normalmente, unos cuatro-seis en una noche de sueño con una duración media de unos 90 minutos. Estas distribuciones de las fases del sueño durante una noche se conocen como arquitectura o macroestructura del sueño, mientras que la frecuencia o distribución de señales cerebrales propias del sueño durante la noche se definen como microestructura del sueño. Cuando se pretende evaluar estos cambios respecto al sueño normal, es necesario comparar la arquitectura del sueño de la persona con los datos de su población de referencia. Además, el hecho de tener alteraciones en la aparición o proporción de alguna de las fases va a tener notables repercusiones físicas y psicológicas sobre la persona.

Referencias

  • Belloch, Sandín, Ramos Campos, and Sandín, Bonifacio. Manual De Psicopatología. 3ª edición. Madrid [etc.]: McGraw-Hill Interamericana De España, 2020. Print.

Deja un comentario

veinte − 9 =

Ir al contenido