ENFRENTAMIENTO DE LA MUERTE

Shaie y Willis (2003). El considerar la muerte como una tarea evolutiva permite considerar a la persona que muere de forma holística, contrarrestando la fuerte medicalización occidental de la muerte.
Bayés (2009). La persona no es el organismo; no es la mente; no es el cerebro, y es, a mi juicio, insatisfactorio limitarse a decir que es un producto bio-psico-social. La persona es el resultado final, siempre provisional mientras funcione su cerebro, de su historia interactiva individual elaborada en entornos físicos, culturales, sociales y afectivos específicos, a través del lenguaje y otras formas de comunicación. En síntesis: la persona es el producto singular de su biografía (…). Las habilidades de comunicación, así como la validación de las biografías, constituyen la tecnología punta para aliviar el sufrimiento de las personas (…). No nos relacionamos sólo con cuerpos con apariencia de persona, sino con personas reales que sufren y luchan porque tienen una permanente vocación de felicidad y plenitud.

A lo largo de sus muchos años de carrera, el profesor Bayés ha conocido y acompañado a numerosas personas en uno de los momentos más dolorosos de la vida: la enfermedad terminal y la muerte. A partir de su larga trayectoria y su relación con diferentes profesionales, elabora la siguiente definición de persona: la persona es el conjunto de aquellas situaciones que ha experimentado a lo largo de la vida, de las decisiones que ha tomado, de las relaciones personales que ha tenido, todo ello dentro de un entorno (entendido en el sentido más amplio) específico y en busca de una felicidad constante que, a veces, se escapa.

Factores que afectan la forma de enfrentar la muerte

Berger (2009). En un estudio, los ancianos preferían dedicar su tiempo a estar con familiares antes que con personajes conocidos o prestigiosos ilustrados. Este dato se replicó en una muestra de jóvenes con SIDA comparando a quienes tenían síntomas con quienes no los tenían y se relaciona con la cercanía de la muerte: aquellas personas que tienen cerca su fin prefieren estar con los seres queridos, resolver antiguas rencillas y recordar la importancia que las personas queridas han tenido a lo largo de la vida.

Al hablar de enfrentamiento de la muerte estamos haciendo referencia al final de la vida propia, pero también al de los seres queridos. En la década de los 30 casi todas las personas han sufrido la pérdida de familiares y/o amigos cercanos. Así, entre los 25 y los 60 años el principal temor de las personas es fallecer dejando cuestiones inconclusas. Según avanza la vida aumentan las probabilidades de sufrir la propia muerte o la de seres cercanos. Quizás por la normatividad del hecho, los ancianos piensan más en la muerte, pero la temen menos, sintiendo menos ansiedad que los jóvenes ante la misma. No es extraño que se haga testamento, se preparen las propias lápidas o se aclare a las personas cercanas dónde quieren ser enterrados o que se esparzan las cenizas.

La forma de afrontar esa muerte será diferente en función de diversos factores, hablaremos en este capítulo sólo de algunos de ellos:

  • Momento evolutivo: Sin duda alguna, no es lo mismo la muerte de un anciano de 85 años que la muerte de un joven de 25. Cuando la muerte se produce a edades tempranas, la familia del fallecido sufre más y es más difícil la recuperación.
  • Plenitud alcanzada: En este mismo capítulo hemos descrito la idea de Erikson de que el final de la vida puede servir para alcanzar la Sabiduría y sentirse plenos y satisfechos con la vida que se ha ten ido, o un momento de desesperanza, desilusión y deseos de vuelta atrás para hacer las cosas de otra forma. Aquellas personas sabias afrontarán la muerte con mayor serenidad que quienes no han llegado a la plenitud.
  • Significado cultural: No afronta de la misma forma la muerte una persona budista, que la considera parte de la vida, y cuyos familiares estarán cerca ayudándole a morir y sin dejar que ningún medicamento altere su estado mental o alargue la vida; o un católico que espera una vida mejor tras la muerte, sin sufrimientos ni más finales; o un ateo occidental que considera que tras la muerte sólo queda el vacío.

El proceso de la muerte: el trabajo de Kübler-Ross

Elisabeth Kübler-Ross (1969). Realizó un trabajo pionero en el que describió 5 etapas por las que pasarían todos los enfermos al enfrentarse a la muerte: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Este trabajo, sin embargo, ha recibido críticas importantes: la muestra utilizada era de enfermos suizos de cáncer de mediana edad: no es representativa de todas las culturas y, por tanto, la universalidad de las etapas cae por su propio peso, y no es representativa de todas las edades (ya hemos argumentado previamente como la edad es una variable importante a tener en cuenta a la hora de afrontar la muerte).

Elisabeth Kübler-Ross realizó un trabajo pionero en el área con el que describió 5 etapas por las que pasarían todos los enfermos al enfrentarse a la muerte:

  1. Negación. La negación es una de las actitudes que aparece con mayor frecuencia. No solo del enfermo, sino también de los familiares. Un efecto secundario indeseable de la negación es que no se habla de la muerte, ni de los síntomas, ni de la enfermedad.
  2. Ira. El enfado es una de las sensaciones frecuentes ante la noticia de la muerte.
  3. Negociación. Es frecuente que la persona se vuelva “dócil” ante la esperanza de prolongar la vida por buena conducta, o acate las prescripciones médicas como nunca lo ha hecho.
  4. Depresión. Suele surgir con el recrudecimiento de la enfermedad y la obviedad de los síntomas físicos.
  5. Aceptación. Se acepta la muerte como parte inevitable de la vida. Es un momento de aceptación, comprensión y serenidad

El trabajo de Elisabeth Kübler-Ross ha recibido críticas importantes. La muestra utilizada en su estudio era de enfermos suizos de cáncer de mediana edad. Esa muestra no es representativa de todas las culturas, y por tanto, la universalidad de las etapas cae por su propio peso. Tampoco es representativa de todas las edades. Investigaciones posteriores han mostrado que estas etapas son posibles pero no necesarias, se pueden dar varias al mismo tiempo y, en cualquier caso, no ocurren de forma secuencial. Por tanto, podemos considerar que el trabajo de Kübler-Ross más que etapas describe diferentes actitudes ante la muerte.

Referencias

  • García Madruga, Delval, & Delval, Juan. (2019). Psicologia del desarrollo I (2ª ed. rev. ed., Grado (UNED); 6201201). Madrid: Universidad Nacional de Educación a Distancia.

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