D E M O C R A T O P I A

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Etiología de los trastornos depresivos

En la actualidad, no se dispone de un modelo o teoría de los trastornos depresivos que haya sido ampliamente aceptado por la comunidad científica. De hecho, los mecanismos causales de estos trastornos aún no se comprenden completamente. No obstante, la investigación científica ha identificado una serie de factores de riesgo que se relacionan con la depresión y que, en teoría, interactúan entre sí. Estos factores de riesgo abarcan tanto variables psicológicas y biológicas individuales como características ambientales. Se ha demostrado empíricamente que todos estos factores de riesgo guardan una relación significativa con la depresión, y se cree que, en general, las causas de la depresión son una combinación de ellos, aunque algunas teorías enfatizan más unos factores que otros.

Factores y modelos biológicos

Delgado y Moreno (2000). Algunos han argumentado que la depresión puede deberse a una deficiencia de NE (norepinefrina o noradrenalina) o de 5-HT (serotonina) ya que un aumento en la neurotransmisión noradrenérgica o serotoninérgica mejora los síntomas de lo depresion. Sin embargo, esto es como decir que, puesto que una erupción en el brazo mejora con el uso de una crema con esteroides, la erupción debe deberse a una deficiencia de esteroides.
Lieb et al. (2002). Se ha estimado que las personas cuyos padres sufren depresión tienen aproximadamente tres veces más probabilidad de desarrollar un episodio depresivo a lo largo de su vida que las personas de padres sin depresión.

En el ámbito de la investigación de la depresión, los modelos más populares y estudiados proponen que los desequilibrios en los niveles cerebrales de ciertos neurotransmisores, especialmente la serotonina, norepinefrina y dopamina, son la causa de la mayoría de los trastornos depresivos. La eficacia de los fármacos antidepresivos en adultos, que aumentan los niveles cerebrales de estos neurotransmisores, ha llevado al desarrollo de varias hipótesis etiológicas sobre los trastornos depresivos. Estas hipótesis se denominan hipótesis de las monoaminas y suponen que los trastornos depresivos son el resultado de un déficit central de estos neurotransmisores. Sin embargo, los argumentos y los datos que apoyan la hipótesis de las monoaminas son problemáticos. En primer lugar, la respuesta a los antidepresivos no es en sí misma una prueba sólida de que un déficit en dos neurotransmisores monoaminas sea la causa de la depresión. En segundo lugar, los resultados de los estudios que han evaluado los niveles de monoaminas en personas deprimidas y los han comparado con los de las personas normales no han encontrado consistentemente niveles más bajos en las primeras, tal y como esperaría la hipótesis de la deficiencia de monoaminas. En tercer lugar, los resultados de los estudios de disminución de las monoaminas también son inconsistentes. En resumen, los resultados de los estudios que han puesto a prueba las predicciones de la hipótesis de las monoaminas, aunque sugerentes, son inconsistentes y, en todo caso, indican alteraciones en los niveles de las monoaminas en algunos grupos de personas con depresión o con factores de riesgo para la depresión, pero no en otras. Por tanto, tales estudios indican que la deficiencia de las monoaminas por sí sola no es una explicación suficiente de las causas de la depresión, y que el papel de los sistemas de neurotransmisión de serotonina, noradrenalina y dopamina en el origen y mantenimiento de la depresión es más complejo de lo que se pensaba inicialmente. De hecho, a pesar del gran número de posibles anomalías biológicas que se han estudiado como potenciales marcadores biológicos para el diagnóstico de la depresión (más de 25 según Vallejo y Urretavizcaya, 2015), incluyendo diversas medidas de la actividad cerebral, la investigación aún no ha identificado marcadores biológicos específicos para la depresión.

Factores y modelos psicológico

Otra posibilidad para explicar las diferencias individuales en la presencia de trastornos depresivos es que ciertas personas tengan una predisposición o vulnerabilidad psicológica a la depresión, adquirida a lo largo de su vida por su ambiente familiar o social, aprendizajes y circunstancias vitales. Esta vulnerabilidad psicológica facilitaría que estas personas sufran más eventos estresantes y que su impacto sea más adverso y duradero.

Entre los factores psicológicos de vulnerabilidad identificados, destacan las actitudes disfuncionales (dentro del marco de la teoría cognitiva de la depresión de Beck, 1987, Beck et al., 1979/1983), el estilo atribucional negativo (en el contexto de la , y de la teoría de la desesperanza de Abramson et al., 1989), los déficits en habilidades sociales y en habilidades de solución de problemas (en el marco de la teoría conductual de la depresión de Lewinsohn, 1971, y de la cognitivo-conductual de Lewinsohn et al., 1985), y los déficits en las conductas de autocontrol (según el modelo de autocontrol de la depresión de Rehm, 1977).

Las actitudes disfuncionales (o creencias irracionales) son creencias que establecen condiciones poco realistas, inflexibles e inadecuadas para determinar la propia valía (por ejemplo, «Si no hago las cosas siempre bien, seré un inútil y nadie me respetará», «Si alguna vez disgustas a un amigo, no puedes ser feliz»). Las actitudes disfuncionales favorecen la aparición de la depresión porque es muy fácil que los acontecimientos normales de la vida diaria obstaculicen los intentos de la persona por cumplir tales condiciones (todos las personas cometen alguna vez fallos y siempre hay algún compañero de trabajo a quien, con razón o sin razón, una persona no cae bien), de forma que estas actitudes facilitan que tales acontecimientos cotidianos se vivan como estresantes. Pero además, estas actitudes son un elemento de vulnerabilidad a la depresión porque, según la teoría cognitiva de la depresión de Beck, están almacenadas en la memoria formando esquemas cognitivos, es decir, estructuras relativamente duraderas de representaciones del conocimiento y la experiencia anterior que dirigen la percepción, codificación, organización, almacenamiento y recuperación de la información del entorno. Los estímulos consistentes con los esquemas se elaboran y codifican, mientras que la información inconsistente se ignora y olvida. Los esquemas cognitivos, por tanto, actúan como filtros a través de los cuales se percibe, interpreta y recuerda la realidad. En el caso de las personas vulnerables a la depresión, puesto que el contenido de sus esquemas son actitudes disfuncionales

Existen diversos factores psicológicos que pueden aumentar la vulnerabilidad de una persona a la depresión. La teoría cognitivo-conductual de la depresión de Lewinsohn (1974; Lewinsohn et al., 1985) propone que los déficits en el repertorio de conductas que las personas necesitan para relacionarse eficazmente con los demás y para resolver problemas, pueden aumentar la vulnerabilidad a la depresión. Por ejemplo, la falta de habilidades sociales puede llevar a una persona a situaciones de rechazo o aislamiento social, lo que puede aumentar la probabilidad de sufrir experiencias negativas y disminuir la presencia de reforzadores sociales positivos.

Otro factor de vulnerabilidad a la depresión es la tendencia a prestar más atención a los sucesos negativos que a los positivos y a las consecuencias inmediatas de la conducta en lugar de las consecuencias a largo plazo, así como tener criterios muy rigurosos o altos de autoevaluación y un estilo atribucional depresivo. Además, la administración de recompensas insuficientes o castigos excesivos también puede aumentar la vulnerabilidad a la depresión.

Es mucho más probable que esa persona sufra una depresión si muestra una tendencia a:

  1. Prestar mayor atención a los sucesos negativos que a los positivos y a las consecuencias inmediatas de la conducta que a las consecuencias a largo plazo (déficit en las conductas de autoobservaciones).
  2. Tener criterios muy rigurosos o muy altos de autoevaluación así como un estilo atribucional depresivo (déficit en las conductas de autoevaluación).
  3. Administrarse, como consecuencia de los dos déficits anteriores, recompensas insuficientes o castigos excesivos (déficit en las conductas de autorreforzamiento).

La teoría de los estilos de respuesta de Nolen-Hoeksema (1991) propone que la forma en que las personas responden a los primeros síntomas depresivos influye en la duración y gravedad de la depresión. Las respuestas rumiativas, que se centran en los síntomas depresivos y sus implicaciones, pueden prolongar y empeorar los síntomas depresivos. La teoría también postula que las personas tienen estilos de respuesta ante la depresión, es decir, patrones de conductas y pensamientos que se manifiestan de forma consistente y estable en diferentes situaciones y momentos en los que se sienten deprimidos.

Modelos integradores

En resumen, se cree que ciertas características específicas (factores de vulnerabilidad o diátesis) en algunas personas las hacen más propensas a sufrir depresión cuando enfrentan acontecimientos estresantes, ya sean crónicos o puntuales. Aunque hay tasas más altas de depresión en personas con enfermedades crónicas como cáncer o diabetes, no todas las personas con esas enfermedades desarrollan trastornos depresivos.

Aunque se ha propuesto que los trastornos depresivos son el resultado de la interacción entre acontecimientos estresantes y factores de vulnerabilidad (modelos de diátesis-estrés), no hay mucho acuerdo sobre cuáles son los factores de vulnerabilidad más importantes para explicar el origen y curso de estos trastornos. Las teorías principales sobre la depresión (teoría cognitivo-conductual de Lewinsohn, teoría cognitiva de Beck, teoría de la desesperanza y modelo biológico) difieren en cuanto a los factores de vulnerabilidad remotos y las causas próximas que son el resultado de su interacción con el estrés.

A grandes rasgos, la teoría cognitivo-conductual destaca la importancia de los déficits en habilidades sociales, habilidades de solución de problemas y habilidades de autocontrol como factores de vulnerabilidad remotos. Estos, al interactuar con el estrés, producen una pérdida o falta de refuerzos positivos que serían la causa próxima de la depresión. La teoría de Beck considera que el factor de vulnerabilidad remoto es la existencia de esquemas cognitivos depresivos que, al interactuar con el estrés, producen errores cognitivos o distorsiones negativas que a su vez conducen a pensamientos negativos sobre el yo, el mundo y el futuro (tríada cognitiva negativa), siendo estos últimos la causa próxima de la depresión.

Para la teoría de la desesperanza, la causa remota principal de la depresión es la presencia de un estilo atribucional depresivo y, especialmente, un estilo atribucional de desesperanza, mientras que la causa principal próxima es la indefensión y la desesperanza que se produce cuando un acontecimiento estresante interactúa con ese estilo atribucional. Finalmente, para el modelo biológico, la causa próxima de la depresión sería algún tipo de defecto o desequilibrio en el funcionamiento de ciertos neurotransmisores (por ejemplo, serotonina, norepinefrina o dopamina) que, a su vez, es el resultado de la interacción entre un acontecimiento estresante y un factor de vulnerabilidad remoto de tipo genético que predispone a un mal funcionamiento de los mecanismos de regulación de los neurotransmisores.

En los párrafos anteriores se ha mencionado la interacción entre múltiples factores de vulnerabilidad y causas próximas de la depresión, que pueden reforzarse entre sí y generar un círculo vicioso. Aunque existen teorías que integran estos factores, muchas veces se utilizan modelos lineales y unifactoriales para facilitar la investigación o el trabajo terapéutico. Por ejemplo, los fármacos antidepresivos solo se centran en modificar los supuestos desequilibrios en los neurotransmisores, que son la causa próxima de la depresión, sin abordar el factor de vulnerabilidad genético. Esta limitación podría explicar por qué los tratamientos farmacológicos no han tenido tanto éxito en la prevención de recaídas y recurrencias de episodios depresivos como la terapia cognitiva o cognitivo-conductual, que aborda tanto la modificación de los pensamientos automáticos negativos (causa próxima) como la modificación de las actitudes disfuncionales (factor de vulnerabilidad).

teorias explicativas depre
Representación esquemática de las cuatro principales teorías explicativas de los trastornos depresivos: de arriba abajo, teoría cognitivo-conductual de Lewinsohn, teoría de la desesperanza, teoría cognitiva de Beck e hipótesis de las monoaminas (García-Vera y Sanz, 2016).
modelo integrador
Modelo integrador de los trastornos depresivos: el círculo vicioso de la depresión (García-Vera y Sanz, 2016).

Dado que la literatura científica ha avalado el papel de múltiples factores en el inicio y mantenimiento de la depresión, ninguna teoría unifactorial o bifactorial puede explicar las causas de los trastornos depresivos. Por lo tanto, una teoría válida y útil debería integrar múltiples ideas y constructos relativos tanto a las experiencias internas de las personas como a sus interacciones con el medio ambiente. Además, una teoría así debería diferenciar y explicar los diferentes aspectos del curso clínico del trastorno depresivo y las diferencias entre distintos tipos de trastornos depresivos. Para desarrollar una teoría de los trastornos depresivos, es importante considerar ciertas ideas, como el uso de modelos multivariables que integren el mayor número de factores posibles, tanto psicológicos como biológicos, y la propuesta de modelos de diátesis-estrés que señalan que ciertas personas, por poseer ciertas características específicas, tienen una mayor vulnerabilidad a desarrollar un trastorno depresivo tras la aparición de ciertas circunstancias estresantes. Las variables cognitivas también son muy importantes para comprender los trastornos depresivos, ya que caracterizan las diferencias individuales en cómo las personas interpretan las situaciones y se relacionan con ellas.

Referencias

  • Belloch, Sandín, Ramos Campos, and Sandín, Bonifacio. Manual De Psicopatología. 3ª edición. Madrid [etc.]: McGraw-Hill Interamericana De España, 2020. Print.
  • ChatGPT

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