Evolución de la Terapia de Conducta

Kazdin (1978); Rachman (1997). La aplicación de los principios de aprendizaje para el abordaje de la alteración de la conducta se convirtió, de hecho, en una forma de demostrar la utilidad de enfocar la psicopatología de forma diferente.
Rachman (1997) y O’Donohue (1998 y 2009). Han resumido la evolución conceptual de la Terapia de Conducta diferenciando secuencialmente lo que denominan tres estadios (Rachman) o generaciones (O’Donohue) en el desarrollo de la Terapia cognitivo-conductual (TCC).
Segal, Williams y Teasdale (2002). Terapia Cognitiva Basada en Mindfulness (Mindfulness Based Cognitive Therapy – MBCT).

El comienzo formal de la Terapia de conducta (TC) como enfoque terapéutico se gesta gradualmente, desde los desarrollos experimentales de la teoría del aprendizaje hasta las primeras aplicaciones clínicas de los principios que se extraían en el laboratorio. En este recorrido, el interés por la conducta desviada o desadaptada fue tornándose el objetivo principal. Rachman (1997) y O’Donohue (1998 y 2009) han resumido la evolución conceptual de la Terapia de Conducta diferenciando secuencialmente lo que denominan tres estadios (Rachman) o generaciones (O’Donohue) en el desarrollo de la Terapia cognitivo-conductual (TCC).

Primer estadio, o la primera generación de terapeutas de conducta. Hace referencia a una estrecha y exclusiva relación con las teorías del aprendizaje, y estaría representado por el análisis conductual aplicado y el neoconductismo mediacional. La característica fundamental de esta generación es la extrapolación de los principios de aprendizaje a la clínica. Algunos de los tratamientos con mayor apoyo empírico recogidos por la Task Forcé on Promotion an Dissemination of Psychological Treatments (1995) pertenecen a ese primer estadio (exposición, desensibilización sistemática, técnicas operantes, biofeedback), y hasta el día de hoy, no se han desarrollado nuevas técnicas a partir de una base experimental.

Segunda generación. Marcada por la heterogeneidad en la TC, recoge a quienes tratan de superar algunas deficiencias y limitaciones mostradas por las teorías del aprendizaje, para ello tratan de apoyarse en distintos ámbitos y aportaciones teóricas y aplicadas de la psicología. Según la visión de los terapeutas de esta segunda generación, los principios de aprendizaje (condicionamiento) representan un contexto demasiado limitado para explicar el comportamiento humano, y se considera que la psicología experimental, cognitiva y social aportan elementos que pueden ser determinantes para abordar o explicar la complejidad de la conducta humana. Los pobres resultados de los procedimientos terapéuticos existentes al ser aplicados a problemas afectivos, como la depresión sirvió de impulso a esta segunda generación. Durante este estadio, son dos las contribuciones, que tratan de mitigar el descontento y que resultan más influyentes: las teorías del aprendizaje social y las del enfoque cognitivo.

Tercera generación. Llega hasta la actualidad,incluye a quienes tratan de retornar a los orígenes buscando nuevas alternativas terapéuticas extrapolando los nuevos desarrollos de la psicología del aprendizaje y la psicología experimental; el concepto de multiplicidad de estímulos y contingencias, y de contingencias competidoras pasa a ser central. Básicamente el objetivo que se pretende es fomentar nuevamente la relación entre investigación básica y aplicación clínica que tan fructífera fue durante la primera época (primera generación) de la TC. Desde el punto de vista teórico, como orientaciones concretas de esta tercera generación, encontramos las nuevas terapias contextúales procedentes del conductismo radical (la Psicoterapia Analítica Funcional, o la Terapia de Aceptación y Compromiso), sin olvidar el uso de técnicas de meditación como el mindfulness (conciencia plena). Además, a esta tercera generación pertenecen también los nuevos desarrollos del enfoque cognitivo con carácter constructivista que se apartan de las bases racionalistas de los modelos cognitivos anteriores.

La mayor parte de la práctica clínica está guiada por el empirismo (criterios de eficacia y efectividad). De esta forma, el diseño de protocolos de intervención y la evaluación de sus resultados, se ha convertido en el eje central de la práctica y la investigación de la TCC, dejando al margen la cuestión teórica, y la investigación en conexión directa con las ciencias básicas, tareas que, siendo aspectos importantes, no parecen compatibles con la urgencia actual que supone conseguir cuanto antes el máximo aval de la evidencia empírica en el ámbito de la salud mental.

Referencias

  • Díaz García, et al. Manual De Técnicas y Terapias Cognitivo Conductuales. Desclée De Brouwer : Universidad Nacional De Educación a Distancia, 2017.

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