D E M O C R A T O P I A

Deseo ofrecer una disculpa y clarificación con respecto al contenido disponible en este espacio. Es importante destacar que la naturaleza del material publicado en esta página no es original, sino que consiste en gran medida en resúmenes derivados de diversos manuales de estudio mejor o peor referenciados. Estos resúmenes varían en su grado de textualidad y en la calidad de las referencias académicas utilizadas, abarcando desde citas directas hasta interpretaciones más libres de los textos originales.

Además, es relevante mencionar que en algunos casos, estos resúmenes y contenidos son elaborados con el apoyo de herramientas de Inteligencia Artificial. Por tanto, me gustaría reiterar nuestras disculpas por cualquier confusión o malentendido que haya podido surgir debido a la falta de claridad respecto a la naturaleza y el origen del contenido en kibbutzpsicologia.com.

Fobia específica

Introducción

El DSM-5 (APA, 2013) clasifica los trastornos de ansiedad en un grupo que incluye varios síndromes, como la fobia específica, el trastorno de ansiedad social (también conocido como fobia social), el trastorno de pánico (TP), el trastorno de ansiedad generalizada (TAG), la agorafobia, el trastorno de ansiedad de separación (TAS) y el mutismo selectivo (MS). Además, el manual también incluye los trastornos de ansiedad inducidos por drogas o medicamentos y los trastornos de ansiedad debidos a alguna condición médica como trastornos de ansiedad adicionales. Es importante destacar que el trastorno de estrés postraumático (TEPT) y el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) no se consideran actualmente trastornos de ansiedad según esta clasificación.

La ansiedad y el miedo son conceptos fundamentales en psicopatología, y forman los componentes básicos de los trastornos de ansiedad. Sin embargo, en estos trastornos, la intensidad y frecuencia del miedo y la ansiedad son excesivas, y en el caso de los niños, a menudo persisten más allá de los periodos de desarrollo evolutivo en los que estos miedos y ansiedades son fenómenos esperables y normativos. En los trastornos de ansiedad, las reacciones de miedo y/o ansiedad son clínicamente significativas porque interfieren con el funcionamiento normal de la persona en áreas como las relaciones personales, sociales, laborales o familiares, o porque producen niveles elevados de malestar o sufrimiento.

Fobia específica

La palabra fobia proviene del término griego «phobos» que significa miedo o pavor. Se utiliza para describir reacciones de miedo intenso acompañado de evitación, que son inducidas por situaciones reales o anticipadas que objetivamente no justifican tales respuestas. Aunque se suele asumir que la evitación es necesaria para diagnosticar una fobia, clínicamente se acepta que no siempre es así. Si la persona soporta las situaciones temidas con excesiva ansiedad, también se puede establecer el diagnóstico de fobia sin necesidad de que se produzca evitación.

Diagnóstico y características clínicas

Criterios para el diagnóstico de lo fobia específica según el DSM-5 (APA, 2013)
Criterio A. Miedo o ansiedad intensa por un objeto o situación específica (p. ej., volar, alturas, animales, administración de una inyección, ver sangre).
Nota: En los niños, el miedo o la ansiedad se puede expresar con llanto, rabietas, quedarse paralizados o aferrarse.

Criterio B. El objeto o la situación fóbica casi siempre provoca miedo o ansiedad inmediata.

Criterio C. El objeto o la situación fóbica se evita o resiste activamente con miedo o ansiedad intensa.

Criterio D. El miedo o la ansiedad es desproporcionado al peligro real que plantea el objeto o situación específica y al contexto sociocultural.

Criterio E. El miedo, la ansiedad o la evitación es persistente, y durando típicamente seis o más meses.

Criterio F. El miedo, la ansiedad o la evitación causa malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento.

Criterio G. La alteración no se explica mejor por los síntomas de otro trastorno mental, como el miedo, la ansiedad y la evitación de situaciones asociadas a síntomas tipo pánico u otros síntomas incapacitantes (como en la agorafobia), objetos o situaciones relacionados con obsesiones (como en el TOC), recuerdo de sucesos traumáticos (como en el TEPT), dejar el hogar o separación de las figuras de apego (como en el trastorno de ansiedad por separación), o situaciones sociales (como en el trastorno de ansiedad social).

Especificar si:
Codificar basándose en el estímulo fóbico:
✅ Animal (p. ej., arañas, insectos, perros)
✅ Entorno natural (p. ej., alturas, tormentas, agua)
✅ Sangre-inyección-herida (p. ej., agujas, procedimientos médicos invasivos)
✅ Situacional (p. ej., avión, ascensor, sitios cerrados)
✅ Otra (p. ej., situaciones que pueden derivar en ahogo o vómitos; en niños, p. ej., sonidos ruidosos o personajes disfrazados)

*Nota de codificación. Cuando está presente más de un estímulo fóbico, se deben hacer constar todos los códigos CIE-11 aplicables.
Características diagnósticas
Öst et al. (1981-1987). El patrón es bifásico, se inicia con un incremento inicial de la presión sanguínea y de la tasa cardíaca, seguido por un rápido descenso de estos parámetros que, eventualmente, conduce al desmayo del paciente si este permanece en la situación. Este tipo de reacción, esto es, reducción de la presión sanguínea y frecuencia cardíaca, que es de naturaleza opuesta a la que se produce en otros tipos de fobias, implica un tratamiento específico y diferente a los que se emplean habitualmente con otras fobias comunes, ya que es necesario incrementar la frecuencia cardíaca y la presión sistólica de los pacientes ante los estímulos fóbicos.

Los trastornos fóbicos se caracterizan por la asociación del miedo y la evitación a objetos o situaciones específicas, conocidos como estímulos fóbicos. A diferencia de otros trastornos de ansiedad, los pacientes que sufren de trastornos fóbicos no presentan una ideación cognitiva específica. Las fobias pueden ser muy diversas y podrían ser enumeradas en una lista interminable, sin embargo, se han agrupado en cuatro categorías principales: animal, ambiental, sangre-inyecciones-daño y situacional. Esta clasificación se basa en investigaciones previas llevadas a cabo en población adulta e infantojuvenil, que han analizado la estructura de los miedos y las fobias.

Dentro de los tipos de fobia específica, se encuentra el grupo de las fobias a la sangre, las inyecciones y el daño. Este grupo es especialmente importante debido a que los pacientes que lo sufren presentan un patrón fisiológico de respuesta único cuando se les enfrenta a los estímulos fóbicos, como puede ser la sangre. Este patrón bifásico comienza con un aumento inicial de la presión sanguínea y la tasa cardíaca, seguido de un rápido descenso de estos parámetros, que puede llevar al paciente a desmayarse si permanece en la situación. Es importante destacar que este tipo de reacción, que implica una reducción de la presión sanguínea y la frecuencia cardíaca, es opuesto al que se produce en otras fobias comunes.

Por lo tanto, el tratamiento de las fobias a la sangre, las inyecciones y el daño debe ser específico y diferente al que se emplea en otras fobias. Es necesario incrementar la frecuencia cardíaca y la presión sistólica de los pacientes ante los estímulos fóbicos, en contraposición a la reducción de estos parámetros que se observa en otros tipos de fobia. En definitiva, el estudio de los trastornos fóbicos y la comprensión de sus características específicas es fundamental para poder desarrollar tratamientos más efectivos y adaptados a las necesidades de cada paciente.

Diagnóstico diferencial

Los problemas más comunes en el diagnóstico diferencial del trastorno de pánico están relacionados con otros trastornos de ansiedad, como la agorafobia, el trastorno de ansiedad de separación y el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC). La agorafobia puede confundirse con fobias situacionales, pero se necesitan temores a dos categorías de situaciones y pensamientos de evitación para diagnosticarla. En cuanto al trastorno de ansiedad de separación, es importante evaluar posibles fobias específicas relacionadas con la escuela, ya que el foco principal es el temor a separarse de los padres o figuras de apego. Las fobias específicas pueden estar asociadas con ataques de pánico, pero estos son situacionales y no justifican el diagnóstico de trastorno de pánico. Además, el miedo situacional puede estar presente en otros trastornos, como el TOC, el trastorno de estrés postraumático (TEPT) y los trastornos alimentarios. Por ejemplo, el miedo a conducir por ideas obsesivas de poder dañar a otros puede estar presente en el TOC, mientras que el miedo situacional después de un evento traumático solo se diagnosticaría como una fobia específica si no cumple con los criterios del TEPT. En el caso de los trastornos alimentarios, la evitación se limita a los alimentos o aspectos relacionados con ellos.

Epidemiología y curso evolutivo

Prevalencia
NCS-R (Kessler et at, 2012). La prevalencia vital de los trastornos de ansiedad en Estados Unidos durante la adolescencia es el triple que de la depresión mayor (32,4% vs. 10,6%), y casi el doble durante la edad adulta (33,7% vs. 18,3%).
NCS-R (Kessler et at, 2012). La prevalencia vital de las fobias específicas varía aproximadamente entre el 5 y el 10% de la población, siendo menor en los países de Asia, Oriente Medio y África. Las diferencias pueden deberse no solo a las característicos culturales propias de los distintos países, sino también a determinaciones a la hora de establecer los procedimientos de evaluación y diagnóstico. La prevalencia es siempre mayor en la mujer que en el varón, con una proporción aproximada de 2:1.
NCS-R (Kessler et at, 2012). Constató tasas de prevalencia vital de las fobias específicas ligeramente superiores en niños y adolescentes de Estados Unidos (N = 5.223), siendo superior en las chicas (23%) que en los chicos (17,1%) (para la muestra total = 20%).
APA (2013). Ha estimado que la tasa de prevalencia de las fobias específicas es más elevada en la adolescencia (16 %) que durante la infancia (5%). También parecen ser más elevadas que en la población adulta.

Los miedos y las fobias son fenómenos comunes en la población en general, tanto en adultos como en niños y adolescentes, según diversos estudios (Eaton et al., 2018; Sandín, 2008; Echeburúa, 2009; Méndez, 2013; Sandín et al., 2018). Nuestro grupo de investigación ha observado que los niños y adolescentes españoles suelen reportar entre 15 y 20 miedos que consideran excesivos (Sandín y Chorot, 1998; Sandín et al., 1998; Valiente et al., 2002, 2003b), lo cual es coherente con hallazgos de otros países (Valiente et al., 2003). Estos miedos se relacionan principalmente con peligros físicos, como la asfixia, las descargas eléctricas, los accidentes de tráfico, los desastres naturales, la muerte o la caída desde lugares altos. Sin embargo, otros miedos, como los relacionados con la violencia, el maltrato y los ataques terroristas, parecen ser más relevantes en la actualidad.

Los estudios epidemiológicos indican que los miedos específicos más comunes afectan a aproximadamente el 8-20% de la población, siendo los miedos a las alturas y a los animales los más frecuentes. También son comunes los miedos a los espacios cerrados, a viajar en avión, a la sangre y al agua profunda. Los trastornos de ansiedad, en particular las fobias específicas, son los trastornos mentales más prevalentes. Por ejemplo, según el NCS-R (Kessler et al., 2012), la prevalencia de los trastornos de ansiedad durante la adolescencia en los Estados Unidos es tres veces mayor que la de la depresión mayor (32,4% vs. 10,6%), y casi el doble durante la edad adulta (33,7% vs. 18,3%). La prevalencia de las fobias específicas varía entre el 5 y el 10% de la población, siendo menor en algunos países de Asia, Oriente Medio y África, lo cual puede deberse a diferencias culturales y metodológicas. Además, las mujeres tienen una proporción mayor de fobias específicas que los hombres (2:1).

ÁREA GEOGRÁFICAHOMBRESMUJERESTOTAL
Europa (n = 48.324)4,9%11,5%8,2%
EE.UU y Canadá (n=83.390)7,4% |14,3%10,3%
Países de América Latina (n=18.406)6.4%12,4%8,2%
Oriente Medio y África (n=12.174)4,0%10,2%5,6%
Asia (n=26.833)4,7%9,8%5,2%
Muestra total* (n=189.127)5,5%11,7%7,5%
World MHS (24 países) (n=124.902)7,3%
Nota; Elaborado a partir de Eaton et al. (2018) y Kessler et al [2012].
*No incluye World MHS.
TIPO DE MIEDO/FOBIAMIEDO ESPECÍFICOaFOBIA ESPECÍFICAbFOBIA ESPECÍFICAc
Las alturas19,4%24,4%4,9%
Los animales18,2%25,3%4.6%
Los espacios cerrados10,8%29,7%3,6%
Viajar en avión10,4%33,3%3,0%
La sangre10,3%31,3%3,3%
El agua8,7%30,1%2,7%
Las tormentas7,8%31,6%2,3%
Prevalencia vital de los miedos y fobias específicos en adultos (N = 58,267).
Nota: Elaborado a partir de Eaton et al. (2018). Los datos proceden de los siguientes
proyectos colaborativos: NOS, NESARC y NEMESIS.
a Prevalencia vital de miedos específicos en la muestra total.
b Prevalencia de fobia específica a partir de la submuestra de individuos

con miedo específico a cada estímulo correspondiente.
c Prevalencia vital de fobia específica en la muestra total.

Aunque la mayoría de las personas experimentan uno o más miedos irracionales, muchos de ellos no cumplen los criterios para ser diagnosticados como fobias, ya que requieren evitación y perturbación clínicamente significativa. Según la tabla presentada, entre el 25-33% de los miedos específicos cumplen los criterios para el diagnóstico de la fobia correspondiente, mientras que la tasa de prevalencia de las fobias específicas se estima en un 16% durante la adolescencia y en un 5% durante la infancia, según la APA (2013). Sin embargo, el estudio más reciente del NCS-R (Kessler et al., 2012) reporta tasas ligeramente más altas de fobias específicas en niños y adolescentes de los Estados Unidos, siendo más comunes en las niñas que en los niños.

Inicio y curso clínico
APA (2013). La fobia específica suele iniciarse en edades infantiles (entre los siete y los once años de edad), apareciendo generalmente antes de los diez años, siendo las fobias a las alturas las que suelen originarse más tardíamente.
Eaton et al. (2018). Los estudios epidemiológicos indican que las fobias específicas no son trastornos transitorios y pueden requerir atención psicológica. Según estos estudios, entre el 11% y 19% de los casos persisten después de tres años (NESARC), entre el 25% y 38% persisten después de diez años (NCS) y entre el 6% y 28% persisten después de doce años (ECA) (Eaton et al., 2018).

La fobia específica suele comenzar durante la infancia, generalmente entre los siete y once años, y la mayoría de las veces antes de los diez años, aunque las fobias a las alturas pueden desarrollarse más tarde según la APA (2013). Según los datos del estudio NCS-R, el 50% de los casos ya han desarrollado alguna fobia específica a los siete años de edad. Sin embargo, es importante tener en cuenta el proceso evolutivo de los miedos al establecer el diagnóstico de fobia específica para no confundir un miedo normal del desarrollo infantil con uno patológico. Contrario a lo que se creía antes, los estudios epidemiológicos indican que las fobias específicas no son trastornos transitorios y pueden requerir atención psicológica. Según estos estudios, entre el 11% y 19% de los casos persisten después de tres años (NESARC), entre el 25% y 38% persisten después de diez años (NCS) y entre el 6% y 28% persisten después de doce años (ECA) (Eaton et al., 2018). Aunque las fobias específicas son menos frecuentes en edades avanzadas, continúan siendo uno de los trastornos más comunes, y pueden desarrollarse fobias adicionales como a las caídas o a los ambientes.

Comorbilidad

Aunque las fobias específicas suelen causar menos problemas clínicos que otros trastornos de ansiedad, pueden estar asociadas con otros problemas como la fobia social y trastornos depresivos. Dado que tienden a aparecer temprano en la vida, se consideran en general como trastornos primarios. Además, las fobias específicas pueden ser un factor de riesgo para desarrollar otros trastornos mentales, especialmente otros trastornos de ansiedad, trastornos del estado de ánimo como la depresión y el trastorno bipolar, así como problemas de consumo de sustancias.

Interferencia

La prevalencia de fobias específicas varía en la población general, pero muchas de ellas no son consideradas clínicamente relevantes porque no tienen un impacto significativo en el funcionamiento de la persona. Sin embargo, hay evidencia de que algunas fobias pueden generar deterioro en el funcionamiento psicosocial y reducir la calidad de vida. Las fobias específicas también pueden ser problemáticas cuando implican objetos o situaciones que son difíciles de evitar, como la fobia a las caídas en personas mayores o la fobia a la sangre-inyecciones-daño, que puede impedir que una persona busque atención médica. Además, ciertas fobias, como la fobia a vomitar o la fobia a atragantarse, pueden tener un impacto en la conducta alimentaria. Por lo tanto, aunque no todas las fobias son clínicamente relevantes, algunas pueden requerir atención psicológica para mejorar el funcionamiento y la calidad de vida de la persona que las padece.

Etiología

La etiología de los trastornos de ansiedad implica factores tanto de vulnerabilidad como ambientales, pero la etiología de las fobias específicas se relaciona principalmente con experiencias personales. Las teorías sobre las fobias se basan en experiencias de aprendizaje y algunas también se aplican a otros trastornos de ansiedad. En este contexto, se enfocará en las teorías basadas en el aprendizaje, con o sin factores cognitivos

Teorías iniciales sobre la adquisición de las fobias

Inicialmente se formularon diversas teorías basadas en el condicionamiento para explicar las fobias y la ansiedad:

  • Teoría de Watson y Rayner (1920). Se basó en el condicionamiento del miedo en un niño de once meses llamado «Pequeño Albert» y formuló una teoría experimental de las fobias basada en el condicionamiento clásico. Según esta teoría, cualquier estímulo inicialmente neutro puede adquirir la propiedad de elicitar respuestas de miedo por su asociación con estímulos nocivos traumáticos. Sin embargo, esta teoría tiene importantes limitaciones, como la falta de compatibilidad con la propiedad selectiva y no arbitraria que parecen presentar las fobias y la falta de explicación de la no-extinción de la respuesta condicionada de miedo en ausencia de reforzamiento. A pesar de estas limitaciones, la teoría de Watson y Rayner ha sido una base importante para la psicopatología experimental y la naciente terapia de conducta.
  • Modelo bifactorial-mediacional de Mowrer (1939, 1950). El modelo bifactorial mediacional de Mowrer es un modelo de aprendizaje que integra el condicionamiento clásico y el operante, y propone que el miedo aprendido por el condicionamiento clásico media y motiva la conducta de evitación aprendida por el condicionamiento operante. El modelo consta de dos fases: una fase de condicionamiento clásico del miedo y una fase de condicionamiento de evitación activa. Mowrer argumenta que lo importante en este modelo es que el sujeto aprende a escapar del estímulo condicionado, más que a evitar un castigo.
  • Alternativas operantes mediacionales (Solomon y Wynne, 1954; Rescorla y Solomon, 1967)
  • Teoría del estímulo discriminativo (D’Amato, 1970),
  • Teoría de señal de seguridad (Delprato y McGlynn,1984).
  • Enfoque de los influencias operantes sobre las respuestas autónomas.
Teoría de «preparación» de las fobias

Una teoría que ha tenido una gran influencia en relación con la etiología de las fobias es la teoría de preparación de las fobias (Seligman, 1971). Esta teoría sostiene que no todos los estímulos se asocian por igual a las respuestas de miedo y que los estímulos no son arbitrarios, sino que ciertos estímulos están «preparados» para ser asociados con respuestas de miedo debido a la historia evolutiva de la especie humana. Esta teoría se basa en cuatro principios: selectividad, fácil adquisición, resistencia a la extinción e irracionalidad. Además, los «sistemas conductuales» correspondientes a distintos tipos de fobias pueden tener orígenes evolutivos diferentes, y las fobias se activan automáticamente por estímulos relevantes al miedo, lo que se conoce como el «módulo de miedo». Este módulo es selectivo, automático, encapsulado e incluye un circuito neural específico.

Öhman et al. (1985; Öhman, 1993) proponen que las fobias se diferencian en función de sus aspectos filogenéticos y que los sistemas conductuales correspondientes a distintos tipos de fobias pueden tener orígenes evolutivos diferentes. Según ellos, las fobias a las alturas y a los espacios cerrados implican miedos de tipo no comunicativo, mientras que las fobias a los animales y las fobias sociales son ejemplos de miedos comunicativos. Además, las fobias a los animales y las fobias sociales se diferencian porque las primeras implican miedos interespecíficos, mientras que las segundas implican miedos intraespecíficos. En su formulación más reciente, Öhman y Mineka (2001) proponen el concepto de «módulo producto de la evolución» o «módulo de miedo» para explicar el aprendizaje y provocación del miedo.

Las fobias son, pues, instancias de aprendizaje preparado donde las fobias son instancias de aprendizaje que tienen un significado biológico evolutivo. En épocas pretecnológicas, los individuos que se condicionaban o sentían miedo fácilmente ante ciertos estímulos como arañas, serpientes, espacios abiertos o cerrados, situaciones sociales, etc., sobrevivieron y se adaptaron más eficazmente transmitiendo esta tendencia a sus descendientes. Las fobias se forman por asociaciones primitivas y no cognitivas, y son difíciles de modificar mediante argumentos lógicos. La teoría no asume que las fobias sean innatas, sino que el individuo posee una capacidad innata para aprender reacciones fóbicas. Aunque ha sido objeto de críticas, hay abundante evidencia empírica que apoya sus principales postulados en poblaciones clínicas y no clínicas.

Teoría de incubación de la ansiedad
Eysenck (1968, 1985). Formula la teoría de la incubación con objeto de explicar la «paradoja neurótica».
Davey (1989). Llevó e cabo una modificación del concepto de incubación centrándose en la representación cognitiva del EI(«reevaluación del EI»).

La teoría de la incubación fue formulada por Eysenck (1968, 1985) para explicar el «incremento paradójico» de la ansiedad, es decir, el aumento de miedo en situaciones de no reforzamiento.. Eysenck sugiere que la ansiedad se adquiere a través del condicionamiento aversivo, en el que tanto el estímulo incondicionado (EI) como el estímulo condicionado (EC) tienen propiedades de motivación. La presentación del EC sin el EI reforzador no necesariamente lleva a la extinción de la respuesta condicionada (RC), ya que la RC puede actuar como un agente reforzador. Además, la respuesta nociva, una respuesta Gestaltica en la que el sujeto experimenta simultáneamente el EI y la RC, se asocia con el EC, lo que hace que la RC añada otro aumento de dolor/miedo difícil de diferenciar de la respuesta nociva original.

La ley de incubación establece que la mera presentación del EC no siempre lleva a la extinción de la RC, como establece la ley de extinción. La teoría de la incubación destaca la importancia de la interacción entre la fuerza de la RC y la duración de la exposición del EC no reforzado para explicar la resistencia o el aumento de la RC. Además, Davey (1989) modificó el concepto de incubación centrándose en la representación cognitiva del EI («reevaluación del EI») y sugiere que los factores que influyen en la evaluación del EI pueden reducir o aumentar su valor, afectando la fuerza de la RC independientemente de los cambios que se produzcan en la fuerza asociativa EC-EI.

Enfoque multifactorial sobre las fobias
Menzies y Clark (1993); Poulton y Menzies (2002). Puesto que bastantes individuos son incapaces de recordar las vías de adquisición de sus fobias, postulan que las fobias pueden tener un origen no asociativo.
Rachman (1977); Valiente et al. (2003). Ciertas fobias pueden adquirirse a través de experiencias traumáticas, pero otras pueden hacerlo mediante mecanismos cognitivos (p. ej, a través de transmisión de información y/o aprendizaje observacional). Incluyen, pues, experiencias traumáticas (experiencias directas), aprendizaje observacional (experiencia vicaria) y transmisión de información.
ad fobias
Adquisición de los diferentes tipos de Fobias de acuerdo con los modas de experiencia directa (condicionamiento) o indirecta (experiencia vicaria y transmisión cognitiva de información). Tomado de Belloch, Sandín, Ramos Campos, and Sandín, Bonifacio. Manual De Psicopatología. 3ª edición. Madrid [etc.]: McGraw-Hill Interamericana De España, 2020.

Actualmente no hay una única explicación para la adquisición y mantenimiento de las fobias, ya que existen múltiples factores que pueden estar involucrados de diferentes maneras en cada tipo de fobia. Mientras que algunas fobias pueden surgir de experiencias traumáticas, otras pueden ser adquiridas a través de mecanismos cognitivos como la transmisión de información o el aprendizaje observacional. Es importante destacar que la forma en que se adquieren las fobias puede estar influenciada por las prácticas de crianza de los padres, donde un niño puede observar las reacciones negativas de sus padres a situaciones fóbicas.

La figura muestra las vías de adquisición de cinco tipos de fobias, donde se refleja que la vía directa de condicionamiento es la más relevante en la adquisición de la mayoría de las fobias. Aunque las formas indirectas parecen ser más relevantes en la adquisición de los miedos subclínicos, en las fobias específicas, como la fobia social y la agorafobia, la vía directa de condicionamiento es la más determinante. Curiosamente, en contra de lo que en un principio se podría sospechar, las fobias a los animales son las que más estrechamente se asocian a factores distintos de las experiencias directas de condicionamiento. Aquí el aprendizaje vicario alcanza valores tan elevados como el condicionamiento. Además, en estas fobias, el porcentaje de pacientes que no recuerdan el origen de sus miedos es significativamente elevado. Entre las fobias a los animales predominaban las relacionadas con animales pequeños, lo que podría sugerir que algunas de estas fobias se generan mediante procesos de transmisión de sensibilidad hacia la repugnancia/contaminación relativo a dichos animales.

Debido a que muchas personas no pueden recordar las vías de adquisición de sus fobias, algunos autores han sugerido que las fobias pueden tener un origen no asociativo. Aunque parece claro que los procesos asociativos están involucrados en la adquisición y mantenimiento de las fobias, también se ha sugerido que algunos miedos y/o fobias podrían originarse sin necesidad de la participación de tales procesos asociativos, es decir, serían miedos innatos. Esta hipótesis se ha relacionado con ciertos miedos, tales como los temores al agua, a las alturas, a los extraños y a la separación, cuyo origen no se ha podido asociar a ninguna de las tres vías de adquisición de los miedos señalados originalmente por Rachman.

Factores cognitivos: las expectativas

Las fobias pueden ser adquiridas a través de mecanismos asociativos, aunque no siempre se requiere una asociación por contigüidad EC-EI para explicar la adquisición del miedo. El modelo de etiología de la ansiedad y las fobias desarrollado por Reiss (1980), basado en los principios del neocondicionamiento pavloviano, explica que lo que se aprende en el condicionamiento pavloviano son expectativas sobre la ocurrencia o no ocurrencia de un evento, lo cual no necesariamente implica una asociación por contigüidad EC-EI. Debido a la importancia que concede a las expectativas, esta teoría suele llamarse modelo de expectativa. Además, el modelo incluye aspectos operantes como el reforzamiento negativo y el autorreforzamiento.

Con el tiempo, el modelo ha sido revisado. En la primera revisión, Reiss y McNally (1985) introdujeron el concepto de sensibilidad a la ansiedad, el cual ha demostrado tener una gran relevancia en relación con los trastornos de ansiedad, especialmente con el trastorno de pánico (TP) y otros trastornos mentales. En la segunda revisión (Reiss, 1991), se enfatizó la implicación de la sensibilidad a la ansiedad como variable de vulnerabilidad para el desarrollo y mantenimiento de los trastornos de ansiedad, y se diferenció entre los conceptos de expectativa y sensibilidad. De hecho, el nuevo concepto de sensibilidad a la ansiedad se ha convertido en el aspecto central del modelo (antes lo era el concepto de expectativa de ansiedad), ya que su introducción supuso una novedad y una relevancia especial en la etiología del TP.

CONCEPTODEFINICIÓN
Expectativa de peligroExpectativa sobre un peligro/daño del medio físico externo (p. ej., «Es probable que el avión se caiga»).
Sensibilidad al dañoSensibilidad al daño físico personal (p. ej., «No puedo soportar ser lastimado»).
Expectativa de ansiedadExpectativa sobre la posibilidad de experimentar ansiedad o estrés (p. ej., «Sé que volar es seguro, pero puedo tener un ataque de pánico durante el vuelo»).
Sensibilidad a la ansiedadSensibilidad a experimentar ansiedad (p. ej., «Puedo tener un ataque al corazón si experimento pánico»).
Expectativa de evaluación socialExpectativa de reaccionar de tal forma que lleve a una evaluación negativa (p. ej., «No seré capaz de dominar mi miedo a volar»).
Sensibilidad a la evaluación socialSensibilidad a la evaluación negativa (p. ej., «Siento vergüenza cuando fallo en algo»).
Elaborado a partir de Reiss (1991).Tomado de Belloch, Sandín, Ramos Campos, and Sandín, Bonifacio. Manual De Psicopatología. 3ª edición. Madrid [etc.]: McGraw-Hill Interamericana De España, 2020.
Fobias y sensibilidod al asco
Sandín et al. (2008, 2013). Demostraron que la sensibilidad al asco predecía de forma significativa los síntomas fóbicos relacionados con ciertos animales («animales relevantes al asco») y con la sangre e inyecciones. En uno de sus estudios se demostró por primera vez que tal asociación se mantenía incluso controlando el efecto de otras variables relevantes de vulnerabilidad para las fobias, como el afecto negativo y la sensibilidad a la ansiedad.
Davey (1992). Propone la hipótesis de «evitación de la enfermedad».

El estudio del asco como emoción básica ha suscitado atención en el campo de la psicología. Sin embargo, recientemente se ha intensificado el interés por la sensibilidad al asco desde un punto de vista psicopatológico, en particular por su posible relación con trastornos de ansiedad y otros trastornos mentales. El grupo de investigación de Sandín et al. (2008, 2013) demostró que la sensibilidad al asco predecía de forma significativa los síntomas fóbicos relacionados con ciertos animales y con la sangre e inyecciones. Este hallazgo se mantuvo incluso al controlar otras variables relevantes de vulnerabilidad para las fobias, como el afecto negativo y la sensibilidad a la ansiedad. Otra contribución importante de del grupo de Sandín fue determinar que ciertos tipos de asco se relacionaban de forma diferente con los tipos de síntomas fóbicos. Además de encontrar que el asco a los animales repulsivos se asociaba con los miedos a dichos animales, descubrimos que el asco a la transgresión corporal no solo predecía los miedos del tipo sangre-inyecciones-daño, sino también los miedos a estos animales. Estos resultados son relevantes ya que sugieren que ciertas fobias podrían tener que ver más con el asco que con el miedo propiamente dicho. Además, estos hallazgos permiten establecer diferencias entre los distintos tipos de fobias, incluyendo la separación entre las fobias a los animales, donde las fobias a los animales depredadores no están relacionadas con el asco.

En resumen, el estudio de la sensibilidad al asco en el ámbito psicopatológico ha adquirido una relevancia importante en los últimos años. Los hallazgos de nuestro grupo de investigación han demostrado la relación entre la sensibilidad al asco y los síntomas fóbicos, y permiten establecer diferencias entre los distintos tipos de fobias.

Referencias

  • Belloch, Sandín, Ramos Campos, and Sandín, Bonifacio. Manual De Psicopatología. 3ª edición. Madrid [etc.]: McGraw-Hill Interamericana De España, 2020. Print.
  • ChatGPT

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