D E M O C R A T O P I A

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Además, es relevante mencionar que en algunos casos, estos resúmenes y contenidos son elaborados con el apoyo de herramientas de Inteligencia Artificial. Por tanto, me gustaría reiterar nuestras disculpas por cualquier confusión o malentendido que haya podido surgir debido a la falta de claridad respecto a la naturaleza y el origen del contenido en kibbutzpsicologia.com.

La sorpresa

La sorpresa es una emoción intrigante y única que ha sido objeto de debate entre los expertos. Algunos autores incluso cuestionan si realmente puede considerarse una emoción debido a su falta de valencia. Ortony, Clore y Collins (1988) argumentan que la sorpresa carece de una carga emocional positiva o negativa claramente definida. Esta peculiaridad la distingue de otras emociones, ya que es la única que se considera hedónicamente indeterminada (Teigen y Keren, 2002).

La neutralidad hedónica de la sorpresa ha sido destacada en diversas teorías de la emoción, como el modelo de expresión emocional de Schlosberg (1952), el modelo circular o «circumplejo» de emociones de Russell (1980) y el mapa de humor bi-dimensional de Watson y Tellegen (1985). Además, Rosenman, Antoniou y Jose (1996) la describen como la única emoción básica que es desencadenada por una sola dimensión de evaluación del estímulo, que denominan «inesperado». Esto significa que la sorpresa se produce cuando algo inesperado ocurre, independientemente de que sea agradable o desagradable.

Sin embargo, a diferencia de la esfera de las sensaciones donde es difícil alcanzar la neutralidad, en el ámbito emocional, las sorpresas tienden a ser más agradables o desagradables en lugar de indiferentes. A menudo experimentamos sorpresas que nos causan sensaciones placenteras o desagradables, pero es raro encontrar sorpresas completamente neutras.

Algunas investigaciones sugieren que la sorpresa tiene más similitudes con las emociones negativas que con las positivas. De hecho, la expresión facial de sorpresa se confunde más frecuentemente con emociones negativas, especialmente el miedo, que con emociones positivas (Russell, Suzuki e Ishida, 1993). A pesar de esto, algunos estudios han clasificado a la sorpresa como una emoción positiva, ya que cuando se les pide a las personas que piensen o recuerden ejemplos de sorpresa, tienden a recordar más situaciones agradables que desagradables (Smith y Ellworth, 1985; Rosenman, Spindel y Jose, 1990). Esta aparente dominancia de sorpresas positivas en algunos estudios podría estar relacionada con la memoria selectiva de eventos positivos (Walker, Volk y Thompson, 1997).

En resumen, la sorpresa es una emoción única que ha generado discusiones en el ámbito académico debido a su neutralidad hedónica. Aunque puede tener aspectos tanto positivos como negativos, parece que las sorpresas agradables son más frecuentes en la memoria de las personas. Sin embargo, su complejidad y su papel en la vida emocional continúan siendo objeto de estudio e investigación en la psicología emocional.

Definición

En su influyente libro «La Expresión de las Emociones en los Animales y en el Hombre» (1872/1965), Charles Darwin propuso que la sorpresa surge como respuesta a lo inesperado o desconocido. Podemos describir la sorpresa como una sensación provocada por un evento repentino e inesperado, que captura nuestra atención y pone en marcha diversos procesos psicológicos, como la memoria de trabajo.

De manera más específica, la sorpresa puede definirse como una reacción que se desencadena ante la aparición de algo imprevisto, novedoso o extraño. Cuando nos enfrentamos a lo desconocido, nuestra mente se ve impulsada a procesar activamente la estimulación que provocó esta reacción sorpresiva.

Además, algunos estudios han conceptualizado la sorpresa como una reacción ante un evento o suceso que discrepa del plan o esquema previo del individuo (Meyer, Niepel, Rudolph y Schützwohl, 1991). En este sentido, la sorpresa puede surgir cuando algo contradice nuestras expectativas o conocimientos previos, llevándonos a una experiencia emocional intensa.

Por otro lado, Izard (1991) destaca cómo la sorpresa es una emoción fugaz, que a menudo se acompaña de sensaciones ligeramente placenteras. Frente a eventos repentinos o inesperados, nuestros procesos de pensamiento pueden detenerse brevemente, dejando nuestra mente en blanco por un instante.

En conclusión, la sorpresa es una respuesta emocional que se desencadena ante lo inesperado o desconocido. Actúa como un mecanismo que llama nuestra atención y activa nuestra mente para procesar el evento sorprendente. Esta emocionante experiencia puede variar desde lo novedoso hasta lo que discrepa de nuestros esquemas mentales previos. La sorpresa es una emoción fugaz y a menudo produce sensaciones placenteras, pero su función y manifestaciones continúan siendo objeto de estudio y fascinación en el campo de la psicología emocional.

Características

La sorpresa es una de las emociones primarias más breves y distintivas. Es una reacción emocional neutra, sin una valencia claramente positiva o negativa, agradable o desagradable. Esta emoción se desencadena de forma repentina ante situaciones novedosas o extrañas, y desaparece con la misma rapidez con la que apareció. Además, suele transformarse rápidamente en otra emoción que sea congruente con la situación que la provocó, convirtiéndose en un estado transitorio que se habitúa y desvanece velozmente. Su duración está determinada por el tiempo que lleva aparecer la emoción posterior.

Öhman y Wiens (2003) destacan que existe una considerable superposición entre la respuesta de orientación y la emoción de sorpresa-asombro. La mera novedad de un estímulo presentado de manera súbita e inesperada lo vuelve significativamente emocional. Debido a su inesperado contexto, no hay una forma o vía rutinaria de manejarlo, por lo que se le presta especial atención para discernir si esconde un refuerzo o un desastre en sus consecuencias. Por lo tanto, si reconocemos la sorpresa como una emoción, es la emoción asociada con la respuesta de orientación.

La respuesta de orientación (RO) prepara al organismo para recibir y analizar los estímulos, aumentando la sensibilidad de los órganos sensoriales para mejorar y optimizar su receptividad. Esta respuesta suele surgir ante estímulos novedosos e informativos para la persona, siempre y cuando no sean de alta intensidad o nocivos, en cuyo caso se produciría una respuesta de defensa. Esta evaluación automática de la situación es muy rápida y predominantemente afectiva, no siendo consciente. Sin embargo, la respuesta de orientación también puede vincularse al inicio de una emoción cuando un estímulo emocional capta la atención.

Podemos considerar la sorpresa como una respuesta de descubrimiento. Refleja tanto la violación como la confirmación de expectativas. Por ejemplo, los niños a menudo muestran expresiones faciales de sorpresa ante contextos inesperados o cuando alcanzan un objeto deseado (Camras, Labrecht y Michel, 1996).

En resumen, la sorpresa es una emoción breve y neutral que se desencadena ante lo inesperado o desconocido. Se caracteriza por su rápida aparición y su tendencia a transformarse en otras emociones. La respuesta de orientación juega un papel esencial en esta emoción, preparando al organismo para recibir y evaluar los estímulos. La sorpresa también puede considerarse una respuesta de descubrimiento, reflejando tanto la violación como la confirmación de nuestras expectativas. Su complejidad y manifestaciones continúan siendo objeto de estudio en el campo de la psicología emocional.

Antecedentes

Como mencionamos previamente, según Darwin (1872/1965), la sorpresa es desencadenada por situaciones inesperadas o desconocidas. Sin embargo, además de estas condiciones, hay otras circunstancias que también pueden dar lugar a esta emoción. Las principales condiciones que pueden provocar la sorpresa son las siguientes:

  1. Estímulos novedosos de intensidad moderada o débil: Cuando nos enfrentamos a algo nuevo o poco común, y su intensidad no es demasiado fuerte, podemos experimentar sorpresa. Por ejemplo, recibir un regalo inesperado que nunca habíamos visto antes podría provocar esta emoción.
  2. Acontecimientos inesperados o fuera de contexto: Cuando algo sucede de manera inesperada o fuera del contexto en el que nos encontramos, es probable que sintamos sorpresa. Por ejemplo, encontrarse con un amigo cercano en un lugar completamente inesperado podría generar esta emoción.
  3. Aumentos bruscos de la intensidad en la estimulación: Si somos expuestos repentinamente a un estímulo de alta intensidad, como un ruido fuerte e inesperado, es probable que experimentemos sorpresa.
  4. Interrupción inesperada o corte de una actividad en curso: Cuando estamos inmersos en una actividad y esta es interrumpida de forma inesperada, podemos sentir sorpresa. Por ejemplo, estar concentrados en la lectura de un libro y que alguien nos interrumpa abruptamente puede desencadenar esta emoción.

Estos diferentes desencadenantes de la sorpresa resaltan su carácter transitorio y su rápida aparición y desaparición. La sorpresa nos ayuda a adaptarnos y procesar de manera eficiente los estímulos inesperados que encontramos en nuestro entorno, manteniéndonos alerta ante lo desconocido y permitiéndonos ajustar nuestras expectativas y esquemas mentales.

Procesamiento

La sorpresa es una emoción que se desencadena mediante un proceso de evaluación y valoración de las situaciones o eventos que experimentamos. Clore y Ortony (2000) señalan que la emoción surge como resultado de la activación de procesos cognitivos relacionados con el significado que atribuimos a una situación. Esta evaluación valorativa es crucial para comprender las diferencias individuales en las respuestas emocionales a situaciones idénticas, ya que la calidad e intensidad de las emociones están influenciadas por cómo procesamos internamente dichas situaciones.

El procesamiento cognitivo de la sorpresa ocurre cuando nos enfrentamos a estímulos que suceden de forma rápida o abrupta. Ante tal situación, evaluamos la capacidad de control que tenemos y la capacidad de predecir lo que ocurre. Además, evaluamos la urgencia para afrontar el evento sorprendente.

Se asume que un evento inesperado desencadena la sorpresa a través de una serie de procesos. Comienza con la evaluación del evento como algo que excede algún valor del umbral de discrepancia del esquema, es decir, algo inesperado o que contradice nuestras expectativas. Luego, experimentamos la sorpresa y, simultáneamente, se interrumpe el procesamiento continuo de información para enfocar nuestra atención en el evento sorprendente. Posteriormente, analizamos y evaluamos este evento y, si es necesario, actualizamos, ampliamos o revisamos el esquema relevante.

Meyer, Reisenzein y Schützwohl (1997) presentan una representación de los procesos desencadenados por sucesos inesperados. Los dos primeros pasos en esta serie de procesos pueden atribuirse a los mecanismos propios de la sorpresa, que tienen la función de promover acciones adaptativas inmediatas y facilitar la predicción, el control y el afrontamiento efectivo ante futuras apariciones del evento sorprendente.

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Procesos elicitados por los sucesos (eventos) inesperados. Modelo de Meyer. Reisenzein y Schützwohl (1997).

El análisis y evaluación de los sucesos inesperados consta de cuatro subprocesos:

  1. Verificación de la discrepancia del esquema.
  2. Análisis de las causas del evento inesperado.
  3. Evaluación del significado del evento para nuestro bienestar personal.
  4. Valoración de su relevancia para la actividad o acción que estábamos llevando a cabo en el momento de la sorpresa. Este cuarto subproceso se enfoca en determinar si podemos continuar con la actividad interrumpida por el evento sorprendente o si es necesario modificarla o suspenderla debido a una nueva acción urgente requerida.

En resumen, la sorpresa es desencadenada por la evaluación y valoración que realizamos de las situaciones inesperadas o desconocidas. Este proceso cognitivo nos permite adaptarnos y reaccionar ante eventos sorpresivos, ajustando nuestros esquemas mentales para afrontar de manera efectiva lo desconocido.

Funciones de la sorpresa

Izard (1991, pág. 182) sugiere que la función de la sorpresa es «limpiar el sistema nervioso de la actividad que pudiera interferir con el ajuste a un cambio imprevisto producido en nuestro medio ambiente». Es decir, la emoción de sorpresa tiene un propósito adaptativo al preparar al individuo para enfrentar de manera efectiva los acontecimientos repentinos e inesperados, así como sus consecuencias.

Al igual que con la mayoría de las emociones básicas, las funciones adaptativas juegan un papel prominente en la sorpresa. Esta emoción facilita la aparición de reacciones emocionales y conductuales adecuadas ante situaciones novedosas o inesperadas. Para lograr esto, la sorpresa actúa de varias formas:

  1. Eliminación de actividades residuales: La sorpresa tiene la función de despejar el sistema nervioso central de actividades que podrían interferir con una reacción adecuada ante las nuevas demandas de la situación. Al limpiar el camino de interferencias innecesarias, el individuo puede concentrarse en el evento sorprendente y responder de manera más efectiva.
  2. Bloqueo de otras actividades: La sorpresa bloquea temporalmente otras actividades y pensamientos que podrían distraer al individuo ante el acontecimiento inesperado. Esto permite una focalización en el análisis y la comprensión de la situación, lo que mejora la adaptabilidad frente a lo desconocido.
  3. Concentración de esfuerzos: La sorpresa dirige los esfuerzos del individuo hacia el análisis y procesamiento del evento sorprendente. Cuanto mayor sea la relevancia motivacional de la situación, más intensa será la concentración en comprender lo que ha sucedido. En cambio, si el evento resulta irrelevante, la concentración será menor.

En resumen, la sorpresa tiene una función importante en el proceso adaptativo al limpiar el sistema nervioso de actividades superfluas y permitir una respuesta emocional y conductual más adecuada ante situaciones novedosas o inesperadas. Al bloquear otras actividades y concentrar los esfuerzos en el análisis del evento sorprendente, la sorpresa nos prepara para ajustarnos de manera efectiva a los cambios inesperados que encontramos en nuestro entorno. Su papel en el proceso de adaptación y su capacidad para dirigir la atención hacia lo relevante hacen de la sorpresa una emoción fundamental en nuestra capacidad de enfrentar y adaptarnos a lo desconocido.

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Características de la sorpresa.

Imagina que estás caminando por un sendero en el bosque, disfrutando de la tranquilidad y la naturaleza a tu alrededor. De repente, en el silencio del bosque, escuchas un ruido fuerte y desconocido detrás de ti. Inmediatamente, sientes una oleada de sorpresa que te recorre, tu corazón se acelera y tu atención se enfoca completamente en el origen del ruido.

En este escenario, la sorpresa cumple su función adaptativa de varias maneras:

  1. Eliminación de actividades residuales: Antes del ruido inesperado, tu mente estaba relajada y enfocada en disfrutar del paseo. La sorpresa «limpia» el sistema nervioso de las actividades residuales asociadas a tu estado anterior, permitiéndote reaccionar rápidamente al estímulo sorprendente.
  2. Bloqueo de otras actividades: El ruido sorprendente bloquea temporalmente otras actividades mentales o físicas, como pensar en tus preocupaciones cotidianas o simplemente seguir caminando. Tu atención se concentra por completo en identificar la fuente del ruido.
  3. Concentración de esfuerzos: La sorpresa te impulsa a analizar la situación con mayor detalle. Te preguntas si el ruido podría ser causado por un animal peligroso, un compañero de senderismo o simplemente algo inofensivo. Esta concentración de esfuerzos te ayuda a evaluar la situación y tomar decisiones rápidas para tu seguridad.

En este caso, la sorpresa te prepara para enfrentar el cambio inesperado en tu entorno y te ayuda a estar alerta ante posibles peligros o amenazas. Esta rápida reacción emocional y conductual facilitada por la sorpresa es esencial para sobrevivir y adaptarse en entornos desconocidos o cambiantes.

Es importante destacar que la sorpresa también puede tener consecuencias emocionales adicionales, como miedo o alivio, dependiendo de lo que descubras que causó el ruido. Estas emociones secundarias pueden seguir a la sorpresa y guiar tus acciones posteriores, como alejarte cautelosamente o continuar tu caminata con tranquilidad.

Activación

Efectos subjetivos

Según Izard (1977), todos estamos familiarizados con la sensación de sorpresa, pero resulta difícil describirla debido a su corta duración y, sobre todo, porque produce una especie de «mente en blanco». Esta reacción afectiva es indefinida y las situaciones que desencadenan la sorpresa se recuerdan como menos agradables que las experiencias de felicidad o alegría, pero más agradables que emociones como el miedo, la ira o la tristeza.

La sorpresa también puede generar sensaciones de incertidumbre acerca de lo que va a acontecer. Como en muchas otras emociones básicas, en el marco de referencia de la sorpresa se da lugar al desarrollo de una emoción secundaria, en este caso, la incertidumbre. La distinción fundamental entre ambas emociones radica en los modos de representación mental que utilizan. Mientras que la sorpresa se basa en esquemas perceptivos, la incertidumbre se fundamenta en redes semánticas (Kagan, 2002).

Esta diferencia en los procesos mentales podría explicar la brevedad de la respuesta de la sorpresa en comparación con la mayor duración de la respuesta de incertidumbre. La sorpresa, al ser desencadenada por la ruptura de las expectativas perceptivas habituales, actúa como una ráfaga breve de reacción ante lo inesperado. Por otro lado, la incertidumbre, que se nutre de interpretaciones y consideraciones más complejas, puede prolongarse en el tiempo mientras se intenta comprender la situación o encontrar respuestas a lo desconocido.

Así, la sorpresa y la incertidumbre, aunque pueden surgir en conjunto, representan dos facetas distintas de nuestras respuestas emocionales ante lo nuevo o inesperado. La sorpresa se caracteriza por su brevedad y la sensación de «mente en blanco», mientras que la incertidumbre implica un proceso más prolongado y reflexivo, en el cual nuestra mente se esfuerza por dar sentido y significado a la situación sorprendente. Ambas emociones desempeñan un papel importante en nuestra adaptación y capacidad de enfrentar lo desconocido, permitiéndonos navegar por un mundo en constante cambio y evolución.

Imagina que estás en una sala de cine, disfrutando de una película de acción emocionante. De repente, ocurre una explosión sorprendente en la pantalla. En ese momento, sientes una intensa sorpresa que te deja momentáneamente en «mente en blanco», ya que no esperabas que esa escena en particular tuviera tal impacto.

La sorpresa en este caso se manifiesta como una reacción rápida y automática ante lo inesperado, en este caso, la explosión inesperada en la película. Tu mente se ve momentáneamente desconcertada ante el evento sorprendente, y tu atención se enfoca por completo en la escena de la película.

Sin embargo, después de unos segundos, empiezas a experimentar incertidumbre. Te preguntas qué llevará a esta explosión, si los personajes principales están a salvo, qué sucederá después y cómo se desarrollará la trama. La incertidumbre es una emoción secundaria que surge a medida que intentas entender el significado y las implicaciones de la explosión en el contexto de la historia de la película.

A medida que la película avanza, la sorpresa inicial se desvanece, pero la incertidumbre persiste mientras sigues tratando de anticipar cómo se resolverán las situaciones y cómo afectarán a los personajes. La incertidumbre puede acompañarte durante más tiempo, ya que implica un proceso más reflexivo y un análisis más profundo de la situación en comparación con la reacción rápida y transitoria de la sorpresa.

En este ejemplo, la sorpresa se manifiesta como una emoción breve y automática en respuesta a lo inesperado, mientras que la incertidumbre es una emoción secundaria que se desarrolla a medida que intentas comprender el significado y las implicaciones del evento sorprendente. Ambas emociones coexisten en este escenario, mostrando cómo nuestras reacciones emocionales pueden evolucionar y adaptarse a situaciones cambiantes y desconocidas.

Actividad fisiológica

Sistema nervioso central

El cerebro es una estructura altamente compleja que no posee un sistema único dedicado exclusivamente a las emociones. Por el contrario, las diversas emociones están mediadas por diferentes sistemas neurales que evolucionaron por razones distintas. Aunque se han identificado mecanismos cerebrales involucrados en algunas emociones, aún no se conocen completamente los sistemas neurales implicados en cada una.

En el caso de la sorpresa, se ha observado que la respuesta emocional de sorpresa produce una rápida activación de las zonas de proyección sensorial implicadas en la percepción de los estímulos desencadenantes. Los mensajes sensoriales que provienen de los ojos, la piel y otros órganos perceptivos son transmitidos al córtex somatosensorial primario. Antes de llegar a esta estructura, estos mensajes pasan por el centro de relevo del tálamo, donde la mayor parte de la información sensorial se procesa antes de llegar al córtex (Kandel, Schwartz y Jessell, 1997).

Los avances en tecnología, como la tomografía por emisión de positrones y la imagen por resonancia magnética funcional, han permitido realizar estudios sobre la activación neural durante la experiencia emocional. Un meta-análisis llevado a cabo por Phan, Wager, Taylor y Liberzon (2002) utilizando estas técnicas hemodinámicas, indicó que la inducción de emoción mediante estímulos visuales activa tanto el córtex occipital como la amígdala.

Para ejemplificar esto, imaginemos que estás en un zoológico y de repente, mientras observas a los animales, ves a un tigre acercándose rápidamente a la valla del recinto. En este momento, tu cerebro reacciona con sorpresa ante la inesperada proximidad del tigre. Los mensajes visuales del tigre en movimiento se transmiten desde tus ojos al tálamo y luego llegan al córtex occipital, donde se procesan los aspectos visuales de la imagen del tigre. Al mismo tiempo, la amígdala, una estructura cerebral asociada con la detección y procesamiento emocional, también se activa en respuesta al estímulo inesperado. Esta activación de la amígdala es fundamental para que experimentes la emoción de sorpresa y estés alerta ante la situación potencialmente peligrosa.

En resumen, las emociones como la sorpresa están mediadas por sistemas neurales específicos que se activan en respuesta a estímulos emocionales. Aunque aún no se comprenden completamente estos sistemas, los avances en la neurociencia han permitido identificar algunas de las regiones cerebrales involucradas en la experiencia emocional y proporcionan una visión más profunda sobre cómo nuestro cerebro reacciona y procesa las emociones.

Sistema nervioso autónomo

Sistema nervioso autónomo
En los últimos tiempos, el estado de las emociones básicas no ha cambiado
mucho. Así, por ejemplo, Collet, Vemet-Maury, Delhomme y Dittmar (1997) afirman
que las respuestas fisiológicas asociadas con las emociones básicas aún no
han sido claramente identificadas.
En general no se han estudiado mucho los efectos fisiológicos de la emoción
de sorpresa, no obstante los principales efectos fisiológicos de esta emoción son
una desaceleración fásica de la frecuencia cardíaca, una vasoconstricción periférica,
pero por el contrario una vasodilatación cefálica (que se habitúa muy rápidamente),
y un aumento brusco y fásico de la conductancia de la piel.

Sistema nervioso somático

En la actualidad, las emociones básicas siguen siendo objeto de estudio y exploración en el ámbito científico. A pesar de los avances en la investigación, aún queda mucho por descubrir sobre las respuestas fisiológicas asociadas con estas emociones fundamentales. Investigadores como Collet, Vemet-Maury, Delhomme y Dittmar (1997) señalan que aún no se han identificado claramente las respuestas fisiológicas específicas asociadas con cada emoción básica.

En particular, la emoción de sorpresa ha sido objeto de menor estudio en cuanto a sus efectos fisiológicos en comparación con otras emociones básicas. No obstante, se han observado algunos efectos fisiológicos principales asociados con la sorpresa. Estos incluyen una desaceleración fásica de la frecuencia cardíaca, una vasoconstricción periférica y una vasodilatación cefálica, que es una expansión temporal de los vasos sanguíneos en la cabeza. Sin embargo, esta vasodilatación cefálica tiende a habituarse rápidamente, es decir, a disminuir su intensidad con el tiempo. También se ha observado un aumento brusco y fásico de la conductancia de la piel, que es una medida de la respuesta eléctrica de la piel ante la emoción.

Un ejemplo que podría ilustrar estos efectos fisiológicos de la sorpresa es el siguiente:

Imagina que estás en una montaña rusa y, de repente, el vehículo toma una caída inesperadamente larga y pronunciada. En ese momento, sientes una intensa sorpresa mientras tu corazón parece latir más despacio y sientes una sensación de frío en las extremidades debido a la vasoconstricción periférica. Al mismo tiempo, puedes experimentar una sensación de calor en la cabeza, ya que se produce una vasodilatación cefálica, aunque esta sensación puede desaparecer rápidamente debido a la habituación. Además, es posible que sientas tus manos más húmedas debido al aumento de la conductancia de la piel, que es una respuesta fisiológica asociada con la activación emocional.

Este ejemplo muestra cómo la sorpresa puede tener efectos fisiológicos específicos y cómo nuestro cuerpo responde ante estímulos sorprendentes. Aunque aún quedan interrogantes sobre los mecanismos exactos y las respuestas fisiológicas precisas de la sorpresa, la investigación continúa avanzando para comprender mejor la complejidad de nuestras emociones y cómo afectan a nuestro cuerpo y mente.

Expresión corporal

La expresión facial de la sorpresa ha sido ampliamente estudiada y es considerada una de las expresiones emocionales más tempranas en el desarrollo humano. Los investigadores han debatido sobre el momento exacto en que emerge la expresión facial de la sorpresa, y aunque no hay un consenso absoluto, se ha observado que esta expresión aparece en etapas tempranas de la vida, alrededor de los cuatro meses de edad. La expresión facial de sorpresa se caracteriza por la elevación de las cejas, la apertura de los párpados superiores y la boca, y la reducción de la apertura palpebral inferior.

En el Sistema de Codificación de la Acción Facial (FACS), desarrollado por Ekman y Friesen (1978), se han identificado las unidades de acción que conforman la expresión facial de la sorpresa. Estas unidades de acción incluyen la elevación de la parte interior y exterior de las cejas, la elevación del párpado superior y el descenso de la mandíbula con la apertura de la boca. Ocasionalmente, también puede aparecer la elevación de la parte inferior de los párpados y la reducción de la apertura palpebral.

Es importante destacar que la expresión facial de sorpresa a menudo se confunde con la expresión facial del miedo. Ambas emociones comparten algunas unidades de acción, lo que puede llevar a una interpretación errónea. Sin embargo, existen diferencias en la intensidad de la elevación del párpado superior y la presencia de unidades de acción específicas, como el descenso de las cejas y el alargamiento de la comisura de los labios, que son características del miedo pero no de la sorpresa.

Además de la expresión facial, la sorpresa también se manifiesta en cambios corporales. Por ejemplo, cuando una persona está de pie, puede flexionar ligeramente las rodillas e inclinarse hacia adelante, preparándose para un posible movimiento de retirada.

En cuanto a la expresión vocal de la sorpresa, se ha observado que las exclamaciones de sorpresa se distinguen de las vocalizaciones de otras emociones, como la ira, el miedo o el placer. Las vocalizaciones espontáneas de la sorpresa suelen tener un tono de alto nivel, medido en Hz, y pueden consistir en expresiones como «¡o!» o «¡cómo!».

Para ilustrar la expresión facial de sorpresa, podemos imaginar a un bebé de cuatro meses que está jugando con un juguete familiar. De repente, un objeto nuevo e inesperado aparece frente a él. Observamos cómo sus cejas se elevan, sus ojos se abren ampliamente y su boca se abre sorprendida. Esta expresión facial de sorpresa es rápida y distintiva, y es una forma en la que el bebé reacciona ante la novedad e inesperado del nuevo objeto.

En conclusión, la expresión facial de la sorpresa es un aspecto emocional fundamental que se manifiesta en etapas tempranas de la vida y está asociada con una serie de unidades de acción específicas. Esta expresión facial es distintiva y se diferencia de otras emociones, aunque a veces puede confundirse con la expresión facial del miedo. Además, la sorpresa también se expresa a través de cambios corporales y vocalizaciones específicas. La investigación continua en este campo para comprender más profundamente cómo se manifiesta y se experimenta la sorpresa y otras emociones básicas en los seres humanos.

Afrontamiento

La sorpresa desempeña un papel fundamental en la forma en que enfrentamos eventos repentinos e inesperados. Cuando nos enfrentamos a lo desconocido, la sorpresa tiene el poder de mejorar nuestros procesos atencionales al dirigir nuestra concentración hacia la nueva situación. Además, nos impulsa a llevar a cabo conductas de exploración e investigación para entender mejor lo que está sucediendo.

or ejemplo, supongamos que una persona está caminando por un sendero en el bosque y de repente se encuentra con una criatura desconocida. La sorpresa en este momento haría que la persona se enfoque totalmente en la criatura, dejando de lado cualquier otra distracción y sintonizando su atención con la situación presente.

La sorpresa también fomenta el interés y la curiosidad por lo novedoso, lo que puede llevarnos a aprender más sobre la nueva situación y afrontarla de manera más efectiva. Al estar sorprendidos, nos sentimos motivados a comprender mejor lo que está sucediendo y a buscar respuestas para adaptarnos adecuadamente a la nueva realidad.

Además, la sorpresa juega un papel importante en la aparición de reacciones emocionales y conductuales apropiadas frente a lo inesperado. Al eliminar cualquier actividad residual en nuestro sistema nervioso central que podría interferir con una respuesta adecuada, la sorpresa nos prepara para reaccionar de manera rápida y eficiente ante las nuevas exigencias de la situación.

Siguiendo con el ejemplo anterior, si la criatura desconocida resulta ser inofensiva, la sorpresa inicial puede transformarse en curiosidad y fascinación, llevando a la persona a investigar más sobre esa especie. En cambio, si la criatura representa una amenaza, la sorpresa podría desencadenar una respuesta de lucha o huida, permitiendo que la persona se proteja de manera instintiva.

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Activación asociada a la sorpresa.

En resumen, la sorpresa es una respuesta natural ante lo desconocido que nos impulsa a enfocarnos, explorar y adaptarnos a nuevas situaciones. Al facilitar nuestros procesos atencionales, emocionales y cognitivos, la sorpresa juega un papel esencial en nuestra capacidad para enfrentar eventos repentinos e inesperados de manera efectiva y segura.

Medida de la sorpresa

La medición de la expresión facial de la emoción, incluida la sorpresa y otras emociones primarias, se lleva a cabo mediante dos sistemas de codificación estandarizados: el Sistema de Codificación de la Acción Facial (FACS) desarrollado por Ekman y Friesen (1978), y el Sistema de Codificación de Máxima Discriminación del Movimiento Facial (MAX) creado por Izard (1979).

El Sistema de Codificación de la Acción Facial (FACS) es ampliamente utilizado y versátil, siendo el instrumento de observación más empleado en la Psicología de la Emoción. Permite registrar toda la gama de expresiones faciales posibles, tanto emocionales como aquellas relacionadas con la interacción social. También es útil para detectar posibles problemas expresivos causados, por ejemplo, por lesiones cerebrales. Las unidades de acción en el FACS se corresponden con cambios en la apariencia facial, que son generados por la acción de un solo músculo facial o la combinación de múltiples músculos difíciles de distinguir por separado. Además, se incluyen cambios en la posición de la cabeza, ojos, boca y otros cambios menores. Para una explicación detallada de este sistema de codificación, se puede consultar el libro «Expresión Facial de la Emoción» de E.G. Fernández-Abascal y M. Chóliz Montañés (2009).

Por otro lado, el Sistema de Codificación de Máxima Discriminación del Movimiento Facial (MAX) se centra en los cambios en la apariencia facial relevantes para ocho emociones específicas, en lugar de enfocarse en músculos específicos.

Para ilustrar su aplicación, consideremos una situación en la que se utiliza el FACS y el MAX para analizar la reacción de sorpresa de un individuo en respuesta a una noticia inesperada. Con el FACS, un observador entrenado identificaría los cambios faciales, como el levantamiento de las cejas y la apertura de los ojos, registrando las unidades de acción relevantes para la sorpresa. Al mismo tiempo, con el MAX, se evaluarían las apariencias faciales características de la emoción de sorpresa en particular. Ambos sistemas proporcionarían datos valiosos para comprender la expresión facial de sorpresa y analizar su manifestación en la persona.

En resumen, tanto el FACS como el MAX son herramientas valiosas para medir y analizar la expresión facial de la emoción, incluida la sorpresa. Estos sistemas de codificación permiten a los investigadores y profesionales obtener una comprensión más precisa y detallada de cómo se manifiestan las emociones en el rostro humano.

Consecuencias de la sorpresa

La emoción de sorpresa, como resultado de la evaluación de placer o displacer en relación con nuestras expectativas previas, suele ir seguida por otra emoción que tiende a colorear su positividad (sorpresa + alegría) o su negatividad (sorpresa + ira) (Ekman y Friesen, 1975). Esta asociación emocional es lo que explica que comúnmente la gente hable de «sorpresa agradable» o «sorpresa desagradable» en términos coloquiales. Sin embargo, desde una perspectiva conceptual, es importante destacar que estas mezclas de sorpresa con otras emociones no existen como entidades separadas (Derbaix y Vanhamme, 2003).

Es interesante notar que la emoción de sorpresa tiene la capacidad de amplificar la reacción afectiva posterior a través de su activación intrínseca. Por ejemplo, cuando una persona experimenta una sorpresa agradable ante un evento inesperado y placentero, es probable que se sienta más feliz en comparación con alguien que se encuentra en una situación similar pero no ha experimentado previamente la sorpresa. Esta característica de la sorpresa puede explicarse mediante la teoría de la transferencia de excitación propuesta por Derbaix y Vanhamme (2003), en la cual los residuos de la activación emocional de una situación previa se combinan con la excitación generada por una nueva estimulación emocional.

Además, la sorpresa desencadena un proceso que ayuda a eliminar la discrepancia entre nuestras expectativas y la realidad percibida. Esto puede incluir la búsqueda de causalidad y atribución de causas a los eventos (Stiensmeier-Pelster, Martini y Reisenzein, 1995) y, si es necesario, la actualización de nuestros esquemas mentales relevantes. Por ejemplo, cuando un estímulo inesperado rompe con nuestras creencias previas y se incorpora en nuestro esquema mental actualizado, es menos probable que vuelva a elicitarnos sorpresa, ya que se convierte en un evento esperado en nuestra nueva visión del mundo.

En resumen, la emoción de sorpresa está intrínsecamente vinculada a la evaluación de placer o displacer en relación con nuestras expectativas, y puede ir acompañada de otras emociones según cómo coloree nuestra percepción. Esta sorpresa también puede influir en nuestra respuesta afectiva posterior, potenciando nuestros sentimientos positivos o negativos. Además, la sorpresa desencadena procesos cognitivos que nos permiten actualizar nuestros esquemas mentales y adaptarnos a la realidad cambiante, lo que reduce la sorpresa ante estímulos previamente inesperados.

Referencias

  • Fernández Abascal, E. (2011). Psicología de la emoción (1ª ed. 2ª reimp. Ed.). Madrid: Centro de Estudios Ramón Areces; Universidad Nacional de Educación a Distancia.

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