LOS MODELOS DE DESARROLLO DEL YO

Havighurst (1956). Consideró que las tareas evolutivas propias de la adultez provienen, principalmente, de dos fuentes: las presiones culturales o expectativas de la sociedad sobre la persona, por un lado, y los valores y aspiraciones individuales por el otro.

Los primeros trabajos que analizaron el desarrollo a lo largo del ciclo vital lo hicieron estableciendo etapas. Entre estos modelos destaca el propuesto por Havighurst (1900-1991). En su modelo. Havighurst (1956), consideró que las tareas evolutivas propias de la adultez provienen, principalmente, de dos fuentes: las presiones culturales o expectativas de la sociedad sobre la persona, por un lado, y los valores y aspiraciones individuales por el otro. A estas dos fuentes se añade en la vejez una tercera, que también fue básica durante la infancia: los cambios físicos.

18 – 30 añosIntegrarse en el mundo laboral
Selección de pareja
Aprender a vivir en pareja
Tener familia propia
Criar a los hijos
Aprender a ser un ciudadano responsable
Encontrar un grupo social estable
30 – 60 añosFavorecer la asunción de responsabilidades y felicidad de los hijos
Alcanzar y mantener cotas profesionales satisfactorias
Desarrollar actividades de ocio adultas
Relacionarse con la pareja en tanto persona
Aceptar y ajustarse a los cambios fisiológicos de la mediana edad
Aceptar y adaptarse al envejecimiento de los padres
Más de 60 añosAdaptarse a fuerza física y salud en declive
Adaptarse a la jubilación y reducción de ingresos
Adaptarse a la muerte de la pareja y viudedad
Adoptar y adaptarse a roles sociales de manera flexible
Establecer un hábitat físico de vida satisfactorio
Basado en Havighurst, 1948. Algunas tareas del desarrollo propuestas por Havighurst.

Havighurst diferenció una adultez temprana (18-30 años), que coincide con los años que denominamos en la actualidad adultez emergente, una adultez tardía (30 a 60 años) y la vejez (a partir de 60). Más allá de las aportaciones de Havighurst, quizás, el autor de referencia de los modelos de desarrollo por etapas fue Erikson y su descripción del desarrollo psicosocial de la personalidad.

La Intimidad, la generatividad y la sabiduría: el modelo de Erikson

Erikson (1963). La adulta o adulto estancado prefiere la comodidad adquirida en la etapa anterior, centrarse en uno mismo y no intentar aportar a los demás, por lo que se convierte en una persona egoísta, que cae en el aburrimiento y no se compromete con la sociedad.
Erikson (1968). La persona deberá enfrentarse a estos polos eligiendo entre uno u otro guiado por esa misma sociedad que los ha forjado.
Erikson (1979).Tampoco sería sabio el anciano o anciana que no recuerda errores, sino que esta actitud sería definitoria de una persona neurótica.

Erikson estudió el desarrollo global de la persona, desde su nacimiento hasta la muerte. En su teoría, establece ocho etapas o estadios que suponen la evolución del Yo (o la identidad) a lo largo del Ciclo Vital, de tal forma que se asegure un comportamiento eficaz de la persona en cada una de esas etapas. Cada uno de los estadios está formado por dos polos, polos generados por la sociedad en la que la persona vive: uno positivo y otro negativo. La persona deberá enfrentarse a estos polos eligiendo entre uno u otro guiado por esa misma sociedad que los ha forjado. Por tanto, la sociedad provoca una crisis en el individuo en cada una de las etapas, y paralelamente, establece medios para superar esas crisis.

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Estadios del desarrollo según Erikson. Tomado del manual 2010.
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Estadios del desarrollo según Erikson. Tomado del manual 2019.

Según el modelo de Erickson, el compromiso con la sociedad más allá de la relación de pareja se llama generatividad. La persona adulta generativa será productiva en el trabajo, tendrá y educará a sus hijos de forma comprometida, será creativa y se sentirá satisfecha de la labor que hace. Es el momento de dar a la sociedad, de aportar a los otros, ya sea la familia, la comunidad o la sociedad en un sentido más amplio.

El envejecimiento exitoso

Mroczek and Spiro (2003). En un estudio con muestra longitudinal de 1600 varones (entre 43 y 91 años al inicio del estudio) a los que hicieron un seguimiento longitudinal durante 12 años. Encontraron que las personas mayores acumulan tanta experiencia vital y sucesos idiosincrásicos propios, que son muy diferentes unas a otras. Mostraron que, de forma normativa, la extraversión permaneció en niveles similares con el paso de los años, mientras el neuroticismo fue disminuyendo entre los 40 y los 80-85 años. Sólo a partir de esas edades comenzó un breve repunte en las valoraciones en neuroticismo que no llegaron a las puntuaciones obtenidas por esas mismas personas antes de los 65 años. Es decir, las personas mayores se mostraron menos sensibles ante estímulos negativos, menos preocupadas, inestables y ansiosas. Por tanto, los mayores mostraron menos afectividad negativa, datos que corroboran multitud de investigaciones.
Rothermund, y Brandtstädter (2003). En un estudio secuencial en el que participaron 1080 personas de una ciudad alemana. Las y los participantes fueron divididos en 6 cohortes. En el primer año del estudio la primera cohorte estaba compuesta por personas entre los 58 y los 61 años, la última por participantes entre los 78 y los 81 años. Se realizó un seguimiento longitudinal de todos los participantes durante cuatro años. Se evaluaron cuatro dimensiones (o metas vitales): la forma física, la eficacia mental, la apariencia física y la competencia en las actividades de la vida diaria. Para cada dimensión se indagó la cantidad de esfuerzos compensatorios utilizados (actividades intencionales que se realizaban para mantener el nivel de desempeño), las pérdidas o déficits percibidos respecto a la dimensión, la importancia que cada persona daba a cada dimensión (metas) y, la satisfacción con el desempeño en esa dimensión. Entre otros resultados, no se encontraron diferencias ni en función de la cohorte (grupos de menos o más edad) ni de los años (primer momento de estudio o cuatro años después cuando se volvió a evaluar a las mismas personas) en la satisfacción con el desempeño en ninguna de las áreas estudiadas. Sin embargo, sí se observó que la importancia otorgada a cada dimensión fue disminuyendo en paralelo al aumento de la edad (las metas vitales iban ajustándose, tal y como prevé la teoría) y que los esfuerzos compensatorios aumentaron entre la primera y la cuarta cohorte para disminuir en las cohortes de más edad. Este hecho puede explicarse porque entre las cohortes más jóvenes los esfuerzos compensatorios hacían que no se percibieran pérdidas o déficits, es decir, funcionaron las estrategias asimiladoras, mientras que para las cohortes mayores dichos esfuerzos compensatorios ya no daban frutos y, por tanto, necesitaron la utilización de estrategias de acomodación.

El modelo teórico de desarrollo del yo propuesto por Erikson permite entender que personas cercanas al final de su vida, algunas con importantes achaques, sean al mismo tiempo felices. Este hecho se ha denominado la paradoja del envejecimiento. Y es que, aunque los estereotipos alrededor de la vejez suelen ser negativos, la realidad es muy diferente.

¿Cómo pueden explicarse lo resultados del estudio de Mroczek and Spiro (2003) y la paradoja del envejecimiento? Brandstädter y cols. ofrecen una explicación del gusto del equipo docente: El proceso dual de afrontamiento: asimilación y acomodación. La teoría de Brandstädter y cols. surge del hecho confirmado por estudios longitudinales y meta-análisis de que existe estabilidad a lo largo de la adultez en variables como autoestima, satisfacción vital o depresión, al mismo tiempo que pérdidas asociadas al envejecimiento. En su modelo, la preservación y estabilización de una visión positiva tanto de sí mismo como del desarrollo personal en la vejez implica la utilización de dos procesos de afrontamiento del desarrollo interdependientes: la asimilación y la acomodación.

Es importante reseñar que Brandstädter no utiliza estos términos en un sentido puramente Piagetiano. La asimilación hace referencia a los intentos de paliar o evitar las pérdidas anticipadas o actuales por medio de actividades instrumentales, auto-correctivas y compensatorias. Es decir, cuando las personas utilizan la estrategia de afrontamiento de la asimilación mantienen sus metas vitales. Por su parte, la acomodación consiste en adaptar las metas y aspiraciones vitales a las limitaciones actuales. Este proceso acomodativo implica la retirada o la merma de algunas metas vitales, aquellas que ya no pueden ser conseguidas.

La teoría de Brandstädter ha recibido apoyo empírico. Así, las personas utilizarán estrategias de asimilación siempre que puedan y recurrirán a las estrategias de acomodación cuando sucesivos intentos de asimilación fracasen. De esta forma, las intervenciones para promover un envejecimiento exitoso no siempre deben ir encaminadas a lograr mantener el nivel de desempeño, sino que, en ocasiones, el desistir de algunas actividades y metas es una forma eficaz de envejecer. Este hecho no significa, en absoluto, desconectarse de las actividades y roles sociales. Significa adaptarlos a la nueva situación o buscar nuevas metas y trayectorias vitales para los últimos años de la vida que permitan a la persona mayor lograr alcanzar sus objetivos y sentir satisfacción con ello.

Referencias

  • García Madruga, Delval, & Delval, Juan. (2019). Psicologia del desarrollo I (2ª ed. rev. ed., Grado (UNED); 6201201). Madrid: Universidad Nacional de Educación a Distancia.

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