D E M O C R A T O P I A

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Además, es relevante mencionar que en algunos casos, estos resúmenes y contenidos son elaborados con el apoyo de herramientas de Inteligencia Artificial. Por tanto, me gustaría reiterar nuestras disculpas por cualquier confusión o malentendido que haya podido surgir debido a la falta de claridad respecto a la naturaleza y el origen del contenido en kibbutzpsicologia.com.

Modelo transdiagnóstico jerárquico de los trastornos emocionales

El modelo se basa en otras propuestas transdiagnósticas previas y en evidencia reciente sobre la identificación de constructos transdiagnósticos relevantes en la etiología de los trastornos emocionales. El modelo lo estructuramos según cinco niveles de organización jerárquica:

  1. Un primer nivel (nivel superior) constituido por el afecto negativo (o neuroticismo).
  2. Dos niveles intermedios constituidos, respectivamente, por los rasgos clínicos (segundo nivel) y las respuestas de afrontamiento (estrategias de regulación emocional; tercer nivel).
  3. Dos niveles inferiores referidos a los trastornos emocionales (cuarto nivel) y a los síntomas y signos clínicos (quinto nivel).
modelo trasnd
Modelo transdiagnóstico jerárquico de los trastornos emocionales. TAS = trastorno de ansiedad de separación; TP = trastorno de pánico; TAG = trastorno de ansiedad generalizada; TOM = trastorno depresivo mayor; TEPT = trastorno de estrés postraumático; TOC = trastorno obsesivo-compulsivo. El modelo se refiere a los trastornos emocionales en general, no exclusivamente a los trastornos de ansiedad. En la columna de la izquierda se especifica el nivel transdiagnóstico de cada tipo de componentes del modelo. El Nivel 1 es el más general, y afecta a todos los trastornos emocionales. Los Niveles 2 y 3 son niveles intermedios, y afectan a grupos de trastornos emocionales (cada constructo no necesariamente afecta por igual a todos los trastornos emocionales; p. ej., la sensibilidad a la ansiedad se relaciona de forma más estrecha con el TP, mientras que la intolerancia a la incertidumbre lo hace con el TAG). Los componentes de estos tres niveles constituyen constructos de naturaleza transdiagnóstica, ya que consisten en factores o procesos que se relacionan etiológicamente (desarrollo y/o mantenimiento) con grupos de trastornos mentales. Los últimos niveles (Niveles 4 y 5) se refieren a los diferentes síndromes y síntomas clínicos, y definen las características más especificas del modelo (niveles de características no transdiagnósticas). La columna de la derecha representa una línea temporal referida a la influencia de los factores etiológicos genéticos (herencia) y ambientales. Aunque se sabe que los factores genéticos tienen un peso importante, se desconoce la naturaleza de los posibles genes implicados en la etiología de los trastornos de ansiedad. Los factores genéticos interactúan con los factores ambientales en los diferentes niveles del modelo, especialmente durante las etapas tempranas del desarrollo (etapas críticas en la organización del cerebro y la personalidad).

Nivel de rasgos de temperamento generales

Eysenck (1967). Ha sugerido que el neuroticismo se debe a una perturbación neurofisiológica caracterizada por un exceso de activación de la amígdala y un déficit de control inhibitorio desde las estructuras prefrontales, dando lugar a hiperexcitabilidad de los circuitos correspondientes ante estímulos de estrés y miedo. El neuroticismo es un factor transdiagnóstico de vulnerabilidad general hacia los trastornos emocionales, y depende tanto de factores genéticos como ambientales.
Sandín (1997). La inhibición conductual es una predisposición a ser irritable cuando el niño es bebé, a ser miedoso y triste cuando el niño comienza a andar, ya ser callado y retraído cuando durante la edad escolar, con marcada evitación, restricción comportamental (inhibición) y activación fisiológica en situaciones no familiares.
Barlow et al. (2014). Se ha estimado una contribución genética entre el 40% y el 60% de la varianza en la expresión del rasgo de neuroticismo.
Barlow et al. (2014). La influencia ambiental podría ser responsables de las expectativas de impredecibilidad e incontrolabilidad, aspectos psicológicos nucleares del neuroticismo (constitutivos de la denominada «vulnerabilidad psicológica» del neuroticismo) (Barlow et al, 20H),

El afecto negativo o neuroticismo es un constructo transdiagnóstico de nivel superior. El neuroticismo se relaciona etiológicamente con todos los trastornos emocionales. El afecto negativo o neuroticismo (aplicado a la infancia se ha definido habitualmente como «inhibición conductual») es una variable temperamental que predispone al individuo a experimentar síntomas emocionales negativos en situaciones de estrés (p. ej., miedo, ansiedad, tristeza, ira, etc).

Los efectos de la influencia ambiental se producen fundamentalmente a través experiencias adversas durante períodos tempranos del desarrollo. Tanto las experiencias de estrés traumático (p. ej., maltrato infantil) como los estilos de crianza adversos (p. ej. estilo de crianza aversivo o de rechazo) pueden contribuir al desarrollo del neuroticismo, y a las perturbaciones neurofisiológicas asociados a este rasgo. En la infancia, el neuroticismo está representado por la inhibición conductual. Más específicamente, es la tendencia a reaccionar con miedo y evitación ante personas o situaciones no familiares. La inhibición conductual es un factor general de riesgo hacia los trastornos de ansiedad.

El modelo, también incluye como constructo de nivel superior el afecto positivo (o extraversión). Generalmente se asume que el afecto positivo se asocia a repertorios de conducta más amplios que el afecto negativo, predominando las conductas de aproximación (en el afecto negativo predomina la evitación). También se ha relacionado con mayor bienestar subjetivo y felicidad. Aunque su papel como variable transdiagnóstica de los trastornos emocionales es menos relevante que el del neuroticismo, el baja afecto positivo (junto con el alto afecto negativo) se ha asociado de forma relevante con la depresión y algunos trastornos de ansiedad.

Nivel de rasgos clínicos

En este nivel se sitúan los constructos transdiagnósticos que se relacionan etiológicamente con algunos de los trastornos emocionales (explican su inicio o mantenimiento). Estos constructos (a nuestro juicio poseen elevada relevancia relacionada con la etiología de los trastornos emocionales y están apoyadas por un mayor grado de evidencia empírico) son: la sensibilidad a la ansiedad, la intolerancia a la incertidumbre, la tolerancia al estrés, la sensibilidad al asco, la fusión pensamiento-acción, y el perfeccionismo.

Sensibilidad a la ansiedad
Reiss (1991). Propuso el constructo de sensibilidad a la ansiedad como un factor de vulnerabilidad para el desarrollo de las trastornos de ansiedad en general.
Aunque la sensibilidad a la ansiedad se asocia más específicamente con el TP (Sandín et al. 1996; Taylor et al. 1992), existe evidencia de que también se relaciona con otras trastornos emocionales incluida la depresión (Taylor, 1999).
Taylor et al. (2007). La sensibilidad a da ansiedad tiene tres dimensiones separadas, según que se refiera a síntomas de ansiedad de tipo físico, cognitivo o social.

La sensibilidad a la ansiedad es la tendencia a experimentar miedo ante los síntomas de ansiedad, miedo que se supone es debido a la creencia de que la ansiedad y sus sensaciones poseen consecuencias peligrosas o dañinas. No debe confundirse con el rasgo de ansiedad (tendencia a experimentar ansiedad). En el marco de esta teoría, la sensibilidad a la ansiedad ha sido conceptualizada como un «miedo fundamental», en contraste con otros miedos no fundamentales.

La Childhood Anxiety Sensitivity Index (Sliverman et al., 1991; Sandín, 1997), es una escala diseñada para evaluar la sensibilidad a la ansiedad en niños y adolescentes.

CUESTIONARIO CASI
1. Cuando me siento asustado/a, quiero que la gente no se dé cuenta.NadaUn pocoMucho
2. Cuando no puedo concentrarme en mis deberes de clase, me preocupa que pueda estar volviéndome loco/a.NadaUn pocoMucho
3. Me asusto cuando siento que tiemblo.NadaUn pocoMucho
4. Me asusto cuando siento como si me fuera a desmayar.NadaUn pocoMucho
5. Es importante para mí controlar mis sentimientos.NadaUn pocoMucho
6. Me asusto cuando mi corazón late rápidamente.NadaUn pocoMucho
7. Me siento violento/a cuanda mi estómago hace ruidos.NadaUn pocoMucho
8. Me asusto cuando siento como si fuera a vomitar.NadaUn pocoMucho
9. Cuando noto que mi corazón late rápido, me preocupa que pueda tener algo malo.NadaUn pocoMucho
10. Me asusto cuando no respiro bien.NadaUn pocoMucho
11. Cuando me duele el estómago, me preocupa que pueda estar realmente enfermo/a.NadaUn pocoMucho
12. Me asusto cuando no puedo concentrarme en los deberes del colegio.NadaUn pocoMucho
13. Cuándo siento que tiemblo, los otros chicos(as) pueden también darse cuenta.NadaUn pocoMucho
14. Me asusto cuando noto en mi cuerpo sensaciones nuevas o poco habituales.NadaUn pocoMucho
15. Cuando tengo miedo, me preocupa que puedo estar loco/a.NadaUn pocoMucho
16. Me asusto cuando me siento nervioso/a.NadaUn pocoMucho
17. Me gusta no mostrar mis sentimientos a los demás.NadaUn pocoMucho
18. Me asusto cuando siento en mi cuerpo sensaciones raras o inesperadas.NadaUn pocoMucho
Instrucciones: A continuación se indican algunas frases que los niños y niñas utilizan para describirse a sí mismos. Lee detenidamente cado frase y marca con una «X» la casilla correspondiente a la palabra (Nada, Un poco, Mucho) que tú consideras más descriptiva de ti mismo. No existen contestaciones buenas ni malas. Recuerda que tienes que señalar la palabra que mejor te describa. Tomado de Silverman, W. K.; Fleisig, W Rabian, B., y Peterson, R. A. (1991). Adaptado de Sandín (1997).
Intolerancia a la incertidumbre
Ladouceur et al. (1997). La intolerancia a la incertidumbre ha sido definida como la forma en que un individuo percibe la información en situaciones inciertas o ambiguas y responde a esa información con un conjunto de reacciones cognitivas, emocionales y conductuales.
Carleton et al. (2007). La intolerancia a la incertidumbre se ha relacionado con la preocupación excesiva, la rumiación y los estados de ansiedad. El individuo puede preocuparse por la posibilidad de que ocurra algún suceso negativo (p. ej., que se repita algún suceso).
Boelen et al. (2010); Boswell et al. (2013); Dugas et al. (1998); Tolin et al. (2003). La intolerancia a la incertidumbre se ha relacionado especialmente con la etiología del TAG, pero también con otros trastornos emocionales, incluyendo el TOC, el trastorno de ansiedad social y la depresión.

La intolerancia a la incertidumbre se ha definido como la tendencia de un individuo a considerar inaceptable la posibilidad de que ocurra un suceso negativo, con independencia de la probabilidad que tenga de ocurrir. Los individuos con intolerancia a la incertidumbre están predispuestos a interpretar la información ambigua como amenazante, y a reaccionar negativamente ante las situaciones ambiguas. Se trata de intolerancia ante la posibilidad de que puedan ocurrir sucesos negativos sin que exista una forma de predecirlos. Las preocupaciones son validadas por el propio individuo por el hecho de que la probabilidad de que se repita el suceso no es de cero (aunque tenga escasa: probabilidad de repetirse). Por ello, cuanto menor tolerante sea uno persona a la incertidumbre asociado a la probabilidad de que ocurra el suceso negativo, mayor será su frecuencia de preocupación.

Tolerancia al estrés
Simons y Gaher (2005). La tolerancia al estrés ha sido conceptualizada como variable de diferencias individuales relacionada con evaluaciones y expectativas sobre los experiencias de estados emocionales negativos.
Leyro et al. (2010); Sandín et at. (2017). La tolerancia al estrés se ha relacionado con múltiples problemas o trastornos psicológicos, entre los que se incluyen los síntomas de ansiedad y depresión, el TEPT, los trastornos alimentarios y el trastorno de personalidad límite.

La tolerancia al estrés se refiere a la capacidad de la persona para experimentar y soportar estados psicológicos negativos (distrés). Las personas con baja tolerancia al estrés tienen tendencia a experimentar las emociones negativas como inaceptables o inapropiadas y poseen poca capacidad para tolerarlos y aceptarlas. Las personas con baja tolerancia al estrés suelen percibir el distrés como insoportable e inaceptable y ser excesivamente reactivas a la experiencia de malestar emocional (distrés).

Sensibilidad al asco
Davey (1992); Sandín et al. (2008). El asco es una emoción básica con componentes cognitivos, fisiológicos y conductuales que actúa para prevenir la contaminación y la enfermedad. Se asocia primigeniamente al rechazo de la ingesta oral de alimentos posiblemente contaminantes, protegiendo así al organismo de la incorporación de posibles sustancias peligrosas y promoviendo la evitación de la enfermedad.
Chorot et al. (2013); Sandín et al. (2008, 2013, 2014). Aunque el asco ha sido definido como la «emoción olvidada», en las últimas décadas se ha producido un renovado interés por la investigación sobre la sensibilidad al asco debido a su naturaleza transdiagnóstica, al haber sido asociada etiológicamente a diversos trastornos emocionales, tales como ciertas fobias, el TOC, los trastornos alimentarios y los síntomas hipocondríacos.

La sensibilidad al asco es la tendencia o predisposición « experimentar la emoción de asco. Se refiere al grado en que un individuo suele sentir asco en respuesta a diversos estímulos (la sensibilidad al asco también ha sido entendida como reacción negativa a los síntomas o experiencias de asco).

Fusión pensamiento-acción
Thompson-Hollands et al. (2013). Encontraron que la fusión pensamiento-acción de probabilidad era significativamente mayor en el grupo de TAG que en el resio de trastornos, pero no encontraron diferencias entre los grupos de trastornos en las puntuaciones de la subescala moral.

La fusión pensamiento-acción es una variable cognitiva que inicialmente fue asociada al TOC como un paso intermedio entre un pensamiento intrusivo y la realización de la compulsión; actualmente se sabe que no es un fenómeno específico del TOC, pudiendo relacionarse etiológicamente con otros trastornos emocionales. La fusión pensamiento-acción puede ser de dos formas:

  • De probabilidad (creencia de que un suceso tiene mayor probabilidad de ocurrir por el mero hecho de tener un pensamiento sobre dicho suceso; p. ej., si pienso que voy a suspender un examen, esto hace que sea más probable que suspenda).
  • Moral (creencia de que el hecho de pensar en algún acto equivale a llevarlo a cabo; p. ej., si pienso en tener sexo con mi pareja en una iglesia es moralmente igual de reprobable que si lo hubiera hecho realmente).
Perfeccionismo
Frost et al. (1990). El perfeccionismo es una variable de personalidad caracterizada por esforzarse en establecer estándares de desempeño extremadamente altos junto a evaluaciones excesivamente críticas de la propia conducta.
Stoeber y Damian (2014). El perfeccionismo de relevancia clínica se ha denominado como «perfeccionismo clínico», y consiste en una dependencia excesiva de la consecución de estándares autoimpuestos y personalmente exigentes, a pesar de sus consecuencias negativas .

El perfeccionismo ha sido considerado recientemente como un proceso transdiagnóstico. Existe evidencia significativa en la literatura indicativa de que un elevado nivel de perfeccionismo se asocia a diversos trastornos de ansiedad, la depresión, los trastornos alimentarios (anorexia y bulimia nerviosas), y los trastornos somatomorfos (los dos tipos de trastornos somatomorfos que se han vinculado etiológicamente con el perfeccionismo son el trastorno dismórfica corporal y el síndrome de fatiga crónica).

Nivel de afrontamiento (estrategias de regulación emocional)

Gross (1999). Enfoque centrado en el estudio de la relevancia de las diferentes estrategias que utiliza la persona para hacer frente a sus emociones.
Gratz y Roemer (2004). Enfoque sobre la regulación emocional que consiste en examinar déficits generales en el funcionamiento emocional. Según esta orientación, se evalúa la regulación emocional en términos de:
✅Capacidad de aceptación, conocimiento y conciencia emocional.
✅Habilidad para llevar a cabo conductas dirigidas a objetivos y para inhibir conductos impulsivas ante la experiencia de emociones negativas.
✅Uso flexible de estrategias apropiadas a la situación emocional.
✅Disponibilidad a experimentar emociones negativas como parte de las actividades del proyecto de vida personal.
Barlow et al. (2004). Introduce un concepto relevante relacionado con la evitación comportamental, el término de «conductas impulsadas por emociones». Las emociones negativas intensas impulsan al individuo a llevar a cabo conductas desadaptativas, llevando a que se produzca el círculo vicioso de la evitación; una persona con agorafobia evitará cada vez más el uso del trasporte público; una persona con depresión se aislará cada vez más en su casa evitando los contactos y actividades sociales.
Borkovec (2008). La preocupación facilita la evitación del malestar asociado a lo activación física y por tanto es reforzada negativamente.
Aldao et al. (2010); Calmes y Roberts (2007). La evidencia de la literatura científica indica que la rumiación exacerba la depresión, incrementa el pensamiento negativo, perturba la resolución de problemas, interfiere con la conducta instrumental, y erosiona el apoyo social. La rumiación es elevada en los trastornos emocionales, e incrementa prospectivamente los síntomas de ansiedad y depresión.
Aldao et al. (2010, 2012). Examinaron en un meta-análisis la relación entre seis estrategias de regulación emocional (evitación conductual, supresión, rumiación, reevaluación, resolución de problemas y aceptación), y varios trastornos psicológicos, Concluyeron que, excepto para la resolución de problemas, otras estrategias consideradas adaptativas (aceptación y reevaluación) resultaron ser menos influyentes que las consideradas desadaptativas (rumiación, evitación y supresión). Asi mismo, dichas estrategias parecían asociarse de forma más intensa con los trastomos de ansiedad y la depresión que con otros trastornos (adicciones y trastornos alimentarios). El tamaño del efecto de la rumiación fue elevado, los efectos de la evitación, la resolución de problemas y la supresión fueron medios, y las efectos de la reevaluación y la aceptación fueron bajos (el efecto de la aceptación no fue significativo estadísticamente). Esto sugiere que no todas las estrategias de regulación emocional parecen tener la misma relevancia clínica referida a los trastornos emocionales.
Barlow et al. (2014).Se ha hipotetizado que la supresión emocional, al igual que ocurre con otras formas de evitación, es una conducta reforzada negativamente que produce reducciones del afecto negativo a corto plazo, aunque a largo plazo incrementa las emociones negativas.
Sloan et al. (2017). Su estudio de meta-análisis constató que el uso de estrategias de evitación emocional se reducía en consonancia con la eficacia del tratamiento, en pacientes con trastornos de ansiedad y otros trastornos emocionales.

Este tercer nivel se refiere a los estrategias de regulación emocional, es decir, acciones que lleva a cabo el individuo (afrontamiento) para hacer frente al malestar o temor que le produce la experiencia de los síntomas emocionales negativos (p. ej, experimentar los síntomas de ansiedad). La regulación emocional suele definirse en términos de estrategias cognitivas y conductuales que utiliza un individuo para modificar la ocurrencia, experiencia, intensidad y expresión de un conjunto amplio de emociones.

Partiendo del enfoque centrado en el estudio de la relevancia de las diferentes estrategias que utiliza la persona para hacer frente a sus emociones cabe diferenciar entre estrategias adaptativas y desadaptativas.

  • Estrategias adaptativas: la reevaluación, la resolución de problemas y la aceptación (incluye la conciencia y el conocimiento emocional).
  • Estrategias desadaptativas: la evitación emocional conductual (interoceptiva y exteroceptiva) y cognitiva (supresión, rumiación y preocupación).

La principal estrategia y forma más común de regulación emocional es la evitación emocional. Mediante esta estrategia el individuo simplemente trata de evitar la experiencia emocional negativa, y puede incluir emociones, pensamientos, memorias, sensaciones, etc, que se asocien a su experiencia emocional actual o pasada. La evitación emocional es una estrategia desadaptativa y puede adoptar múltiples formas, tanto de tipo comportamental como de tipo cognitivo (supresión, rumiación, preocupación, distracción).

La evitación comportamental tiene como finalidad evitar o escapar de las emociones intensas. Puede consistir en evitar situaciones exteroceptivas «evitación exteroceptiva») más o menos específicas o generales. También puede consistir en «evitación interoceptivas». También pueden darse formas más sutiles de evitación comportamental, tales como evitar el contacto ocular durante una conversación (en la fobia social), conductas compulsivos (en el TOC), o llevar a cabo «conductas de seguridad», como tener que ir acompañado de otras personas en situaciones que generan miedo o ansiedad (p. ej, en un agorafóbico al viajar en autobús), o llevar ansiolíticos en el bolso o una botella de agua, en personas con TP.

Aparte de la evitación comportamental, la evitación emocional puede incluir diversas formas de evitación cognitiva; las más estudiadas han sido la supresión, la rumiación y la preocupación.

  • Supresión. Mediante la supresión el individuo trata deliberadamente de alejar o suprimir de su conciencia los pensamientos relacionados con emociones negativas o la expresión emocional. Esta estrategia produce paradójicamente el efecto contrario.
  • Rumiación. Mediante la rumiación el individuo focaliza su atención de forma repetida y pasiva en los síntomas de distrés o ánimo negativo, y en las posibles causas. Se ha considerado que se trata de una estrategia de evitación porque, al focalizarse de forma pasiva en aspectos superficiales, sirve para proteger al individuo de preocupaciones más estresantes. Se ha sugerido que la rumiación incrementa el afecto negativo, lo cual lleva a más rumiación (círculo vicioso).
  • Preocupación. La preocupación (worry) es un proceso cognitivo repetitivo emparentado con la rumiación, e implica la focalización en amenazas futuras. Cuando un paciente se preocupa en exceso, se imagina diversas resultados negativos asociados a una situación determinada; sin embargo, su preocupación le previene de centrarse completamente en algún pensamiento negativo, reduciendo su respuesta autónoma global a los pensamientos negativos. Por tanto, la preocupación excesiva funciona como un tipo de estrategia de evitación. Al igual que la rumiación, predice prospectivamente los síntomas de ansiedad y depresión.

Las estrategias basadas en la evitación son estrategias desadaptativas. Aunque a corto plazo pueden producir bienestar, a largo plazo incrementan la sintomatología emocional y el malestar, llevando al círculo vicioso de la evitación. No obstante, algunas estrategias han sido consideradas en la literatura como estrategias positivas, porque facilitan el funcionamiento emocional y su regulación. Entre estas estrategias se han incluido la reevaluación, la resolución de problemas, y la aceptación.

  • Reevaluación. La reevaluación consiste en reinterpretar el significado de un suceso con objeto de modificar (reducir su impacto emocional.
  • Resolución de problemas. Mediante la resolución de problemas se pretende cambiar conscientemente una situación o contener sus consecuencias; aunque su objetivo sea modificar la situación, es una estrategia similar a la reevaluación pues indirectamente modifica el impacto emocional.
  • Aceptación. La aceptación consiste en permanecer en contacto con sentimientos, pensamientos y sensaciones físicas, sin intentar cambiarlas y sin establecer juicios evaluativos (se asocia a claridad y conciencia emocional).

Nivel de síndromes clínicos

Barlow et al. (2018); Bullis et al. (2019). Sugieren ampliar esta categoría (nivel del síndromes clínicos) con otros trastornos por su relación con el neuroticismo o afecto negativo, entre los cuales podrían incluirse los trastornos somatomorfos y disociativos, los trastornos alimentarios, y el trastorno de personalidad límite.

Este nivel incluye los síndromes clínicos correspondientes a los diferentes trastornos emocionales. Habitualmente suelen considerarse como trastornos emocionales los trastornos de ansiedad, los trastornos depresivos (trastorno depresivo mayor y distimia), el TOC y el TEPT.

Nivel de sintomatología

Aunque diversos individuos puedan coincidir en la sintomatología de un mismo trastorno emocional, pueden diferir significativamente entre sí debido a que el DSM-5 utiliza criterios politéticos para determinar los diagnósticos; es decir, los diagnósticos pueden variar de forma notable. Por otra parte, individuos con diferentes trastornos emocionales pueden tener síntomas comunes de ansiedad y depresión por el hecho de compartir procesos transdiagnósticos.

Análisis funcional del modelo

Méndez et al. (2008). Un apego inseguro se ha relacionodo con trastornos de ansiedad en la infancia (Méndez et al, 2008).
Echeburúa (2009); Valiente et al. (2003). Durante las edades tempranas el estrés y otras adversidades también pueden influir en el desarrollo de trastornos emocionales. A este respecto son particularmente relevantes los traumas infantiles, en particular el abuso físico y sexual e la negligencia. Las diversas experiencias de aprendizaje incluyen las experiencias directas de condicionamiento, el aprendizaje vicario y la transmisión de información.
Milrod et al. (2014). Un bebé en un ambiente de apego inseguro está en una situación de riesgo para desarrollar conductas de inhibición conductual (el niño se torna miedoso e inhibido).
Chorot et al. (2017). Se han destacado diversos tipos de prácticas de crianza de los padres, tales como los tipos afectivo/comunicativo, aversivo (los padres rechazan y son agresivos con el niño), controlador, sobreprotector, negligente y permisivo. Los estilos aversivo, controlador, negligente y sobreprotector han sido sugeridos como factores de riesgo de ansiedad en la infancia.

Durante las edades tempranas del desarrollo juegan un papel importante los factores ambientales, tales como las experiencias de apego, las experiencias relacionadas con los estilos de crianza practicados por los padres, y las experiencias de estrés (especialmente los traumas durante la infancia). El apego inseguro puede ocurrir cuando los padres o cuidadores son ansiosos, depresivos o negligentes. Mediante las prácticas de crianza, los padres pueden modelar las reacciones de ansiedad en los hijos. Se ha sugerido que la influencia de las prácticas de crianza podría establecerse a través de diversos mecanismos, tales como el contagio emocional, el moldeamiento de los padres, y el modelado de los padres. Durante las edades tempranas el estrés y otras adversidades también pueden influir en el desarrollo de trastornos emocionales. A
este respecto son particularmente relevantes los traumas infantiles, en particular el abuso físico y sexual e la negligencia.

Un análisis funcional del modelo podría describirse de la forma que sigue. Una persona con nivel elevado de afecto negativo (o neuroticismo), ante situaciones de estrés experimenta respuestas de emociones negativas (síntomas emocionales) con mayor intensidad y frecuencia que otras personas con niveles bajos o moderados. Dicha persona puede tener también niveles elevados en alguno
o algunas de los rasgos clínicos (constructos transdiagnósticos del Nivel 2), desencadenando una reacción negativa a la emoción. Así, puede asustarse si nota que su corazón late de forma muy rápida, puede tener miedo a perder el control o «volverse loco», o sentir miedo o ansiedad ante la posibilidad de que otras personas noten sus síntomas. Estas reacciones negativas se deben a que las personas con elevada sensibilidad a la ansiedad tienen creencias de que los síntomas de miedo o ansiedad pueden tener consecuencias negativos y ser dañinos para la persona. La persona puede tratar de afrontar y manejar estos emociones empleando alguna de las estrategias de regulación emocional (constructos transdiagnósticos de Nivel 3). Una estrategia muy común para manejar los niveles elevados de ansiedad o miedo es la evitación emocional. De este modo, la persona puede evitar tomar café, hacer deporte, salir a cenar con sus amigos, practicar actividades sexuales, utilizar el coche, etc. Tal evitación puede solucionar el problema a corto plazo, pero a largo plazo se produce el «ciclo de la evitación» (cada vez se evita más), y se agravan los síntomas. Ante una situación de estrés la persona puede experimentar un incremento inesperado de la ansiedad y sufrir un ataque de pánico, que padrá repetirse y asociarse posteriormente e situaciones externas, desarrollando un TP y agorafobia.

trasndiagnostico
Representación esquemática sobre el funcionamiento general del modelo transdiagnóstico jerárquico de los trastornos emocionales. Con líneas discontinuas se indican los objetivos de tratamiento de la terapia cognitivo-conductual transdiagnóstica (TCC-T). La figura describe gráficamente cómo se relaciona el individuo con sus emociones negativas (síntomas emocionales) desde que estas se inician asociadas a algún estímulo o amenaza (externa o interna) y son amplificadas por un nivel elevado de afecto negativo (neuroticismo) (la personas con elevado afecto negativo tienen tendencia a experimentar en mayor grado los síntomas emocionales negativos). Los rasgos clínicos potencian las reacciones negativos a las emociones y favorecen que el individuo interprete los síntomas emocionales como peligrosos, fomentando las evaluaciones negativas al experimentar tales síntomas. Por ejemplo, un individuo con elevado perfeccionismo puede interpretar que sentirse triste es un signo de debilidad; una persona con elevada intolerancia a la incertidumbre podría reaccionar con excesivo miedo y preocupación por lo incierto de lo situación asociada los síntomas emocionales, y con una orientación negativa hacia el problema (pesimismo, falta de confianza, etc); una persona con elevada sensibilidad a la ansiedad reaccionaria con mayor ansiedad ante los síntomas de ansiedad. Estas reacciones incrementan por feedback positivo las respuestas emocionales negativas iniciales, generando mayor malestar emocional (distrés) en la persona, El individuo tratará de afrontarlo poniendo en práctica algún tipo de estrategias de regulación emocional. Aunque hay estrategias adaptativas suele ser frecuente que se utilicen estrategias desadaptativas, generalmente basadas en la evitación emocional (tanto conductuales como cognitivas). La utilización de estrategias negativas, especialmente la evitación, producirá efectos muy negativos a largo plazo incrementando la sintomatología emocional. Finalmente, en la figura se especifica que la terapia cognitivo-conductual transdiagnóstica (TCC-T) se dirige fundamentalmente a modificar estos tres tipos generales de procesos transdiagnósticos (afecto negativo, rasgos clínicos y reacciones negativas ante las emociones, y estrategias de regulación emocional), en lugar de centrarse en los síntomas específicos de cada trastorno emocional.

Referencias

  • Belloch, Sandín, Ramos Campos, and Sandín, Bonifacio. Manual De Psicopatología. 3ª edición. Madrid [etc.]: McGraw-Hill Interamericana De España, 2020. Print.

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