Obesidad

Diagnóstico y características clínicas

Finkelstein et al. (2010). La calidad de vida de las personas con obesidad está deteriorada, y su esperanza de vida puede verse reducida hasta doce años.
Perpiñá et al. (2017). De manera similar a lo observado en pacientes con AN y BN, las personas con obesidad presentan un patrón de dificultades en la toma de decisiones relacionadas con la recompensa, flexibilidad mental, perseverancia y etc.

La obesidad no es un trastorno mental, sino una condición médica general descrita en la CIE-11 como el exceso de tejido adiposo corporal perjudicial que se manifiesta por un exceso de peso y volumen corporal. Se considera que una persona padece obesidad si presenta un IMC  ≥ 30 Kg/m2, y obesidad mórbida con un IMC  ≥ 40 Kg/m2. Esta enfermedad supone un riesgo elevado para el padecimiento de muchos otros problemas de salud como el colesterol, hipertensión, problemas cardíacos y diabetes, entre otros.

La obesidad presenta una asociación elevada con algunos trastornos mentales, principalmente trastornos afectivos y alimentarios. Un porcentaje significativo de pacientes con obesidad presentan además un trastorno alimentario primario o secundario a esta. Algunos autores defienden que la obesidad debería estar incluida en los sistemas de clasificación de los trastornos mentales. Por lo que respecta al plano emocional, en la obesidad se encuentran dificultades para identificar, distinguir, describir y expresar sus propias emociones, de manera similar a lo observado en los trastornos alimentarios.

Epidemiología y curso evolutivo

Prevalencia
Aranceta-Bartrina et al. (2016); Gutiérrez-Fisac et al. (2012). En España la prevalencia de sobrepeso ronda el 39%, siendo alrededor del 22% para la obesidad. Este último porcentaje aumenta con la edad, llegando a ser del 35% para las personas a partir de los 65 años.
Hales et al. (2017). En 2016 se estimó que en EE. UU. la prevalencia se situaba en torno al 39,8% en adultos y 18,5% en jóvenes; en Europa entre el 10 y el 35%.
Inicio y evolución

En general, el pronóstico de la obesidad depende de la gravedad, pero se considera una enfermedad crónica. De hecho, esta se ve agravada con la edad con un aumento gradual de peso que ocurre en la edad adulta y que pasa desapercibido, con una ganancia aproximada de medio kilogramo al año. Por otra parte, la efectividad de los tratamientos médicos y psicológicos solo muestran resultados a corto plazo, mientras que a largo plazo la persona suele haber recuperado el peso o, incluso, superado el peso inicial. El riesgo de muerte asociado a la obesidad es mayor que el de las personas con normopeso, pudiendo llegar a ser de 2,5 veces en aquellas personas con obesidad mórbida. La obesidad se considera la principal causa de las muertes que se producen por enfermedad cardiovascular.

Diagnóstico diferencial y comorbilidad

Hudson et al. (2010); Stunkard y Allison (2003). Existe una elevada comorbilidad con trastornos de la conducta alimentaria y con patrones de comer alterado, principalmente con el trastorno de atracones y con el síndrome de comer nocturno.
Mather et al. (2009); Petry et al. (2008); Scott et al. (2008). Se observa una elevada comorbilidad con trastornos de ansiedad, destacando el trastorno de pánico, la fobia social y la agorafobia.
Petry et al. (2008). Se observa una elevada comorbilidad con trastornos de la personalidad, especialmente en la obesidad mórbida.
Goldfield et al. (2010); Petry et al. (2008). Destaca la elevada prevalencia de los trastornos del estado de ánimo, tanto en adultos como en adolescentes.
Luppino et al. (2010). Los pacientes con obesidad presentan un riesgo 55% mayor de desarrollar depresión, mientras que los pacientes con trastornos emocionales tienen un riesgo de un 58% de padecer obesidad.
Grupo de trabajo GPC sobre trastorno bipolar (2012). En España el 34% de los pacientes con trastorno bipolar presentan obesidad.
Pulgarón (2013). En niños se observa comorbilidad entre la obesidad con problemas internalizantes, externalizantes, trastorno por déficit de atención con hiperactividad y problemas en el sueño.

El diagnóstico de la obesidad se establece en función del IMC de la persona, por lo que no existe necesidad de realizar un diagnóstico diferencial. Los estudios muestran que aquellos pacientes que presentan obesidad y trastorno de atracones tienen una mayor psicopatología asociada y mayor comorbilidad con otros trastornos mentales, complicando el abordaje terapéutico. Igualmente, más allá de las complicaciones médicas asociadas, será importante analizar la comorbilidad de la obesidad con otros trastornos mentales.

Etiología

Factores de vulnerabilidad genética y biológica
Bouchard (2002). La influencia de la genética y la biología en la obesidad es indudable, aunque su carga es aproximadamente del 30%.
Hetherington y Cecil (2010). Junto con factores psicológicos, explica por qué determinadas personas desarrollan obesidad, y otras no, estando expuestas al mismo entorno. Entre otras cosas, la genética influye en el número de células adiposas de la persona, y la probabilidad de acumulación de grasa.
Silventoinen et al. (2010). Se ha demostrado la carga genética en la obesidad en estudios realizados en gemelos y en estudios de adopción, donde se observa que la correlación entre hermanos y con los padres biológicos es muy elevada.
Factores psicológicos
Gerlach et al. (2015). Las personas con obesidad suelen presentar baja autoestima, sentimientos de inferioridad y necesidad de aprobación de los demás, unido a rasgos de personalidad como la impulsividad, neuroticismo, sensibilidad a la recompensa.
Leehr et al. (2015). Se observa una relación positiva entre las emociones negativas y la sobreingesta.

Los factores psicológicos juegan un papel muy relevante en la obesidad, no solo en la etiología, sino también en su mantenimiento. En relación al patrón alimentario, las personas con obesidad, en comparación con personas con normopeso, están altamente condicionadas a consumir alimentos ante un mayor número de claves tanto externas (mientras se ve una película o en una fiesta) como internas (emociones intensas o el aburrimiento). Este hecho se complica con las dificultades que presentan a nivel emocional en la identificación, regulación, y expresión de emociones.

Resultan relevantes los déficits neurocognitivos observados en las personas con obesidad, como por ejemplo la inflexibilidad cognitiva y la toma de decisiones basada en consecuencias inmediatas, que junto al «entorno tóxico» hacen que el control de la ingesta les resulte todo un reto. Por otro lado, los patrones de comportamiento alimentario en la familia también constituyen un factor relevante en el desarrollo de la obesidad.

Factores socioculturales
Quintero et al. (2016). Últimamente los estudios se cuestionan la definición médica tradicional de la obesidad, demasiado centrada en el tejido adiposo (más interconectado de lo que se creía), y en un modelo patogénico decimonónico que reducía el problema a un mero desequilibrio entre entrada y gasto de energía. Hay que tener en cuenta los factores psicosociales, culturales y neuroendocrinos como variables incuestionables en el núcleo de este problema y para incrementar la eficacia terapéutica.

La prevalencia de la obesidad está indudablemente asociada a factores socioculturales. En concreto, se destaca la relevancia del llamado «entorno tóxico», que combina el factor del sedentarismo promovido por la revolución tecnológica, con trabajos que no requieren esfuerzo físico y el cambio del estilo de vida, junto con la elevada exposición y disponibilidad a alimentos altamente calóricos, procesados, baratos y con un aporte nutricional escaso. Es tal la importancia de la toxicidad de nuestro actual entorno para la obesidad que se le ha denominado directamente «obesogénico». Se da la paradoja de que en los mismos lugares donde la gente está malnutrida por déficit, empieza a emerger una nueva generación de personas con obesidad con malnutrición por exceso. Este fenómeno se relaciona con lo que se ha llamado «transición nutricional» consecuencia de la globalización, sobre todo en los países en vías de desarrollo.

Referencias

  • Belloch, Sandín, Ramos Campos, and Sandín, Bonifacio. Manual De Psicopatología. 3ª edición. Madrid [etc.]: McGraw-Hill Interamericana De España, 2020. Print.

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