Orientaciones teóricas sobre el estrés

Teorías basadas en la respuesta

Teoría del estrés de Selye
Cannon (1932). Empleó el término de estrés; para referirse a las reacciones de «lucha-huida», respuestas automáticas que emiten los organismos en defensa de estímulos amenazantes externos o internos (p. ej., pérdida de sangre, excitación, etc.)
Selye (1954, 1960). Definió el estrés como «el estado que se manifiesta por un síndrome específico, consistente en todos los cambios inespecíficos inducidos dentro de un sistema biológico. Así, el estrés tiene su forma y composición características, pero ninguna causa particular».
Selye (1974); Sandín (1989). Cuando se afirma que un individuo sufre de estrés significa que este es excesivo, es decir, implica un sobreesfuerzo del organismo al sobreponerse al nivel de resistencia de este.

Selye redefinió el estrés enfatizando que se trata de respuestas inespecíficas del organismo a las demandas hechas sobre él. En algunos aspectos, asume que cada demanda hecha sobre el organismo es única, es decir, específica. El calor, el frío, las drogas, el ejercicio muscular, etc., desencadenan respuestas altamente específicas; por ejemplo, el calor sudoración, el ejercicio produce activación muscular y cardíaca. Todos estos agentes poseen una cosa en común: incrementan la demanda de ajuste del organismo. Según esta teoría, cualquier estímulo puede ser estresor siempre que provoque en el organismo la respuesta inespecífica de necesidad de reajuste o estrés.

figura 12.1
Patrón de respuesta del estrés. Se trata de una «respuesta estereotipada», que implica una activación del eje hipotálamo-hipófiso-suprarrenal (con activación de corticoides) y del sistema nervioso autónomo. Vías principales que median la respuesta del organismo al estresor. CRF = corticotropin releasing factor [factor liberador de ACTH]; ACTH = adrenocorticotropic hormone [hormona adrenocorticotropa]; SNA =sistema nervioso autónomo. Tomado de Selye [1974].

La teoría de Selye tiene la ventaja de ofrecer una definición operativa del estrés basada en la acción de dos tipos de fenómenos objetivables:

  • El estresor. Un estresor es cualquier demanda que evoca el patrón de respuesta de estrés referido, no es únicamente un estímulo físico, el estresor puede ser psicológico, cognitivo o emocional.
  • La respuesta de estrés. La respuesta de estrés está constituida por un mecanismo tripartito que denomina síndrome general de adaptación (SGA). El SGA es la consideración de la respuesta de estrés mantenida en el tiempo. Cuando esta persiste se produce un síndrome estereotipado, caracterizado primariamente por hiperplasia suprarrenal, atrofia en el timo y ganglios linfáticos, y signos de úlcera de estómago, junto con otros cambios orgánicos que se producen paralelamente. El desarrollo completo del síndrome incluye tres etapas : reacción de alarma, etapa de resistencia y etapa de agotamiento.
figura 12.2
Representación esquemática de las tres fases del síndrome general de adaptación. RA = reacción de alarma; ER =etapa de resistencia; EA= etapa de agotamiento. Tomado de Selye (1960).
Reacción de alarma

Se sugiere el término «reacción de alarma» para la respuesta inicial del organismo porque el síndrome probablemente representa una llamada general a las fuerzas defensivas del organismo. Esta etapa tiene dos fases:

  • Fase de choque. Constituye la reacción inicial e inmediata al agente nocivo. Son síntomas típicos de esta fase la taquicardia, la pérdida del tono muscular y la disminución de la temperatura y la presión sanguínea.
  • Fase de contrachoque. Es una reacción de rebote (defensa contra el choque) caracterizada por la movilización de una fase defensiva, durante la cual se produce, en general, signos opuestos a los de la fase de choque, es decir, hipertensión, hiperglucemia, diuresis, hipertermia, etc.
Etapa de resistencia

En esta etapa se produce adaptación del organismo al estresor junto con la consecuente mejora y desaparición de los síntomas. Se caracteriza por una resistencia aumentada al agente nocivo particular y por una menor resistencia a otros estímulos. Mientras que en la reacción de alarma se observan, en general, fenómenos catabólicos, durante la fase de resistencia se evidencian signos de anabolismo.

Etapa de agotamiento

Si el organismo continúa expuesto al estresor prolongadamente, pierde la adaptación adquirida en la fase anterior entrando en la tercera fase o de agotamiento. El agotamiento llega si el estresor es suficientemente severo y prolongado. Reaparecen los síntomas característicos de la reacción de alarma y puede significar la muerte del organismo.

Crítica al concepto de inespecificidad
Mason (1968). Demostró que la gran sensibilidad que posee el sistema neuroendocrino para responder a los estímulos emocionales permite sugerir que, en lugar de una respuesta inespecífico a las distintas amenazas, lo que existe es una respuesta específica para todos los estímulos emocionales. Según sugiere este autor basándose en sus trabajos sobre respuestas de estrés en primates, la respuesta de estrés podría interpretarse más bien como una respuesta provocada por el factor psicológico que acompaña a todos los agentes que amenazan la homeostasis del individuo.

Una de las hipótesis más controvertidas de la teoría de Selye es su idea de que la respuesta de estrés es inespecífica, ya que puede observarse ante diversos estresores como el frío, el ejercicio físico, el calor o el dolor. Selye asume que todos estos estresores tienen en común que inducen activación.

Sin embargo, Mason demostró la gran sensibilidad que posee el sistema neuroendocrino para responder a los estímulos emocionales, por lo que se puede inferir que, en lugar de una respuesta inespecífico a las distintas amenazas, lo que existe es una respuesta específica para todos los estímulos emocionales. Mason había observado que empleando agentes estresores de laboratorio típicos, como el ayuno, la fatiga, el frío, las hemorragias, etc., resultaba extremadamente difícil aislar el componente psicológico.

Otra línea de evidencia aportada en favor de la importancia de los factores psicológicos, en contraste con los físicos, en los estudios de estrés ha sido sugerida por las investigaciones de Weiss. Este autor utilizó con ratas el paradigma experimental denominado «control uncido» (yoked control). El trabajo de Weiss indica que la respuesta de estrés depende del control (o percepción de control) que el sujeto tiene sobre el estresor, más que de las características físicas de este.

Definición del estrés
Sandín (1989). En condiciones de equilibrio el organismo vive bajo la actividad normal de sus funciones biopsicosociales moduladas por los ritmos de sueño y vigilia. Bajo estas condiciones, el funcionamiento fisiológico y psicológico está sometido a niveles de activación que se consideran normales. Esta activación fluctúa según las vivencias diarias y ordinariamente está asociada a emociones (ira, tristeza, alegría, etc.). El estrés se produce cuando ocurre una alteración en este funcionamiento normal por la acción de algún agente externo o interno. El organismo, en estas circunstancias, reacciona de forma extraordinaria realizando un esfuerzo para contrarrestar el desequilibrio. La respuesta de estrés es extraordinaria, implica esfuerzo y produce una sensación subjetiva de tensión (presión). Esto suele suponer, además, un incremento de la activación o inhibición y, por tanto, un cambio en los estados emocionales.

Básicamente, se asume que el estrés implica dos conceptos, el de estresor y el de respuesta de estrés. El problema de algunos enfoques del estrés centrados en la respuesta ha consistido en entender que esta es únicamente orgánica (las respuestas de estrés implican tanto a los factores fisiológicos y conductuales como a los cognitivos). Lo que sí parece claro es que el estrés implica un proceso de reacción especial (sobreesfuerzo) ante demandas fundamentalmente de naturaleza psicológica.

Estrés, alostasis y carga alostática
McEwen (1998). La alostasis se refiere a cómo el organismo logra mantener la estabilidad (homeostasis) a través de los cambios y ajustes continuados en el tiempo. Implica un conjunto amplio de mecanismos de todo el organismo reclutados para afrontar las demandas ambientales, para adaptarse a los entornos en constante cambio y a los desafíos en los procesos de regulación.
Monroe (2008). La carga alostática se refiere a las consecuencias de la activación mantenida de los sistemas regulatorios primarios (mecanismos neuroendocrinos e inmunológicos) que sirven a la alostasis en el tiempo.

El concepto del estrés es fundamental para entender la vida y la evolución sobre la base de la homeostasis. Todos los seres vivos se enfrentan a amenazas de su homeostasis, que deben afrontar mediante respuestas adaptativas. A nivel de sociedad los estresores pueden consistir en pandemias, pobreza, guerras, terrorismo, o carencia de recursos sanitarios. A nivel de individuo, puede tratarse de abusos laborales, problemas maritales, o problemas con los vecinos. Algunos autores han enfatizado dos conceptos relacionados: la alostasis y la carga alostática.

Los conceptos de alostasis y carga alostática dan soporte a una concepción más integrada y comprensiva de los procesos del estrés, lo cual suele ser útil para explicar por qué la activación de estos sistemas es adaptativa a corto plazo y desadaptativa en periodos de tiempo más prolongados. Estos conceptos proporcionan un marco de referencia necesario para entender cómo los mecanismos de respuestas del estrés están involucrados en las exigencias de demandas inmediatas, como las relacionadas con las respuestas de «lucha-huida», la autorregulación a corto plazo y el ajuste de estos sistemas; así como también en su papel a largo plazo en los procesos de restauración y reparación. La respuesta de estrés, por consiguiente, tiene una finalidad adaptativa y se produce ante los cambios en las exigencias del medio; si se produce de forma continuada, puede dar lugar a diferentes trastornos.

Teorías basadas en el estímulo

Cox (1978). Los modelos focalizados en el estímulo son esencialmente una analogía del modelo de la ingeniería basado en la ley de la elasticidad de Hooke.
Sandín (2008). Los modelos del estrés basados en el estímulo han tenido gran influencia en psicopatología durante las dos últimas décadas. En términos generales, pueden circunscribirse en la perspectiva conocida como enfoque psicosocial del estrés o enfoque de los sucesos vitales.

Las teorías basadas en el estímulo interpretan y entienden el estrés en términos de características asociadas a los estímulos del ambiente, interpretando que estos pueden perturbar o alterar el funcionamiento del organismo.

figura 12.3
Modelos prototípicos del estrés basados en la respuesta (modelo A) y en el estímulo (modelo B). Tomado de Cox (1978).

Un importante problema que se plantea al subsumir esta perspectiva teórica es la delimitación de las situaciones que puedan ser consideradas de estrés o «estresantes». Un inconveniente es que una situación puede ser muy estresante para una persona, pero muy poco a nada para otra.

Teorías basadas en la interacción

Cox y Mackay (Cox, 1978). Creadores del «modelo transaccional del estrés». Se trata de un modelo organizado en varias etapas constitutivas de un sistema general que describe la forma en que actúa el estrés. Los autores entienden el estrés como parte de un sistema cibernético dinámico (mecanismos de feedback). Postulan que el estrés se produce cuando se rompe el balance entre la percepción de la demanda y la percepción de su propia capacidad para hacer frente a la demanda (percepción de la capacidad de afrontamiento). Los autores resaltan que lo realmente importante es la evaluación cognitiva de la potencialidad estresante de la situación y de su habilidad para afrontarla.
Lazarus y Folkman (1984). Definen el estrés como un «conjunto de relaciones particulares entre la persona y la situación, siendo esta valorada por la persona como algo que «grava» o excede sus propios recursos y que pone en peligro su bienestar personal».
Lazarus y Folkman (1984). El estrés es un proceso interaccional, es una relación particular entre la persona y la situación que se produce cuando la persona valora que las demandas gravan o exceden sus recursos de ajuste y hacen que peligre su bienestar.
DeLongis et al. (1988). El estrés en sí mismo no es una variable simple, sino un sistema de procesos interdependientes, incluidos la evaluación y el afrontamiento, que median en la frecuencia, intensidad, duración y tipo de las respuestas psicológicas y somáticas.


Las teorías interactivas o transaccionales tienden a maximizar la relevancia de los factores psicológicos que median entre los estímulos (estresores o estresantes) y las respuestas de estrés. La idea central de la perspectiva interaccional, o mejor aproximación mediacional cognitiva, se focaliza en el concepto cognitivo de evaluación (appraisal). La evaluación es definida por Lazarus como el mediador cognitivo de las reacciones de estrés (elemento mediador de las respuestas personales de estrés a los estímulos relevantes). La evaluación cognitiva es un proceso universal, mediante el cual las personas valoran constantemente la significación de lo que está ocurriendo, relacionado con su bienestar personal. La teoría de Lazarus distingue tres tipos de evaluación:

  • Primaria. Se produce en cada encuentro o transacción con algún tipo de demanda externa o interna. Es el primer mediador psicológico del estrés y puede dar lugar a cuatro modalidades de evaluación:
    • Amenaza. Anticipación de un daño que, aunque aún no se ha producido, su ocurrencia parece inminente
    • Daño-pérdida. Se refiere a un daño psicológico que ya se ha producido (p. ej., una pérdida irreparable).
    • Desafío. Hace referencia a la valoración de una situación que implica a la vez una posible ganancia positiva y una amenaza.
    • Beneficio. Este tipo de valoración no induciría reacciones de estrés.
  • Secundaria. Se refiere a la valoración de los propios recursos para afrontar la situación. La reacción del estrés depende sustancialmente de la forma en que el sujeto valora sus propios recursos de afrontamiento. Los «recursos de afrontamiento» incluyen las propias habilidades de solución de problemas, el apoyo social y los recursos materiales.
  • Reevaluación. Permite que se produzcan correcciones sobre valoraciones previas; por ejemplo, tras ser valorados los recursos de afrontamiento, una demanda puede reevaluarse con mucho menor grado de amenaza.

Un aspecto importante que se infiere de la teoría de Lazarus es que, a partir de las tres primeras formas de evaluación, se pueden deducir tres tipos de estrés (de amenaza, pérdida y desafío). Otra consecuencia tiene que ver con los múltiples factores que pueden intervenir en la evaluación cognitiva, de lo que se deduce que el estrés no es un fenómeno unitario; lo que llevó a Lazarus a descartar definitivamente la idea de que el estrés sea meramente una forma de activación. Lo que diferencia al modelo mediacional cognitivo de Lazarus de otras aproximaciones referidas más atrás es la gran relevancia que se asigna a la evaluación cognitiva. Es el factor determinante de que una situación potencialmente estresante llegue o no a producir estrés en el sujeto. No se trata ni de un modelo situacional ni organísmico, sino relacional; se trata, en último término, de un modelo procesual.

Modelo procesual del estrés

El estrés, no es un concepto simple y estático, implica un conjunto complejo de procesos que funcionan a diferentes niveles y que interaccionan entre sí. El estrés implica ciertos elementos esenciales como la presencia de agentes externos o internos, procesos de evaluación cognitiva, estrategias de afrontamiento, y un complejo de respuestas psicológicas y fisiológicas que suelen definirse como «reacción de estrés», amén de la influencia de variables moduladoras asociadas a elementos de diferencias individuales. El modelo procesual del estrés se estructura sobre la base de las siete etapas:

mod procesual
Modelo procesual del estrés y principales relaciones entre los siete componentes básicos: [1] demandas psicosociales (comúnmente «estrés psicosocial»); [2] evaluación cognitiva; [3] respuesta de estrés; [4] afrontamiento; [5] características personales; [6] características sociales (apoyo social y nivel socioeconómico), y [7] estatus de salud (en línea discontinua se indican relaciones de feedback). Las flechas gruesas indican relaciones de mediación (líneas continuas) y modulación (líneas discontinuas). Tomado de Sandín (2008).

En el modelo se indica también cuándo se dan efectos de mediación y efectos de moderación (o modulación). Por ejemplo, la evaluación cognitiva es una variable que media entre la percepción de un suceso vital y la respuesta de estrés. Para que ocurra la respuesta de estrés es necesario que la evaluación posea ciertas características, tales como evaluar la situación como algo amenazante e incontrolable. Es decir, es un paso necesario para que se produzca el estrés. En cambio, un efecto de moderación se produce cuando, por ejemplo, la evaluación que haga un individuo sobre las características de una amenaza (valencia, controlabilidad, etc.) puede estar moderada (amplificada o reducida) por las características personales (p. ej., nivel de neuroticismo, autoeficacia, etc).

Demandas psicosociales
Cohen et al. (1986); Sandín (1984). El ruido de la ciudad, la congestión del tráfico o la elevada densidad de población se han sugerido como agentes altamente patógenos para la salud somática y psicológica.
Sandín (2008). Un factor importante relacionado con las demandas psicosociales es el estatus socioeconómico (generalmente un estatus socioeconómico bajo suele asociarse a más estresores psicosociales, peor apoyo social y características personales negativas.

Se refiere a los agentes externos causales primariamente del estrés. En principio, esta dimensión podría incluir no solo los factores psicosociales, sino también los agentes ambientales naturales (p. ej., radiación, electricidad atmosférica, frío, calor, viento, humedad, magnetismo, etc.) y artificiales (ruido, contaminación atmosférica, radiaciones, etc). Cuando aludimos al estrés psicosocial nos referimos a los sucesos mayores o sucesos vitales (p. ej., pérdida de trabajo), a los sucesos menores (estrés diario) y al estrés crónico (p. ej., estrés laboral).

Evaluación cognitiva

Se refiere a la valoración cognitiva que efectúa el individuo con respecto a la situación o demanda psicosocial. La evaluación cognitiva suele ser consciente, aunque también puede no serlo, y suele implicar siempre alguna forma de amenaza para el individuo. Estudios acumulados en los últimos años sugieren que al menos existen dos tipos de facetas relacionadas específicamente con la evaluación cognitiva del agente estresor relevantes para el estrés:

  • Por el tipo de amenaza suscitado por la demanda psicosocial:
    • De pérdida (p. ej., por la desaparición de un ser querido).
    • De peligro más menos inminente (p. ej., guerra).
    • De desafío (p. ej., graduarse en la UNED).
  • Por las características de la demanda:
    • La valencia (la demanda puede ser valorada como algo negativo o positivo).
    • La independencia (la demanda puede valorarse como independiente o dependiente de las acciones del individuo).
    • La predecibilidad (la demanda puede ser esperada o puede ocurrir de forma inesperada para el individuo).
    • La controlabilidad (el individuo puede percibir que puede controlar o no la demanda psicosocial).

La evaluación sobre los recursos de afrontamiento se solapa con lo que Lazarus denominó como «evaluación secundaria», y se refiere a la valoración más o menos permanente que hace el individuo sobre su capacidad para hacer frente a la situación estresante, lo cual obviamente puede incluir el grado de amenaza de la situación.

Respuesta de estrés
Sandín (2001). Las respuestas fisiológicas implican sobre todo al sistema neuroendocrino (liberación de catecolaminas y cortisol fundamentalmente) y al sistema nervioso autónomo (activación del simpático e inhibición del parasimpático.

Incluye el complejo de respuestas fisiológicas, tales como las neuroendocrinas y las asociadas al sistema nervioso autónomo. A esta tercera fase incorporamos también las respuestas psicológicas que contribuyen a constituir la «respuesta de estrés», tales como las respuestas emocionales. Existen también componentes cognitivos y motores, muchas veces difíciles de separar de los emocionales. Las respuestas psicológicas relacionadas con el estrés son fundamentalmente de tipo emocional, y particularmente suelen tratarse de respuestas de ansiedad y/o depresión.

Afrontamiento
Sandín (2008). El afrontamiento, al igual que la evaluación cognitiva, es una variable mediadora de la respuesta de estrés (las variables mediadoras intervienen por sí mismas activando o reduciendo las respuestas de estrés, es decir, median los efectos de los estresores sobre las respuestas; las variables moderadoras o moduladoras actúan sobre las variables mediadoras, moderando (modulando) dichas respuestas.
Sandín (2003, 2008). El afrontamiento constituye el elemento esencial que emplea el individuo para hacer frente al estrés, pudiendo dirigir su acción tanto a los estresores (tratando de eliminarlos o reducir su nivel de amenaza) como a sus propias respuestas fisiológicas, psicológicas o sociales.

Se refiere a los esfuerzos conductuales y cognitivos que emplea el sujeto para hacer frente a las demandas estresantes, así como también para suprimir el estado emocional del estrés. Es la última etapa del proceso del estrés propiamente dicho. Estas cuatro fases, no obstante, interaccionan constantemente en un proceso dinámico. Una descripción de las diferentes formas de afrontamiento que suele utilizar la gente para hacer frente al estrés se encuentra en el Cuestionario de Afrontamiento del Estrés de Sandín y Chorot (2003).

Características personales
Sandín (2003). Las personas no solo pueden percibir de forma diferente las amenazas de las situaciones estresantes, sino que también pueden emplear diferentes habilidades, capacidades y recursos, tanto personales como sociales (familia, amigos, etc.), para hacer frente a las condiciones potencialmente estresantes.
Sandín (2003). Las características personales pueden determinar en gran medida la evaluación que el individuo haga de la demanda psicosocial, pero también influyen en las estrategias de afrontamiento (existen disposiciones personales para responder al estrés más con unas estrategias que con otras), razón por la cual dichas características constituyen en todos los sentidos los principales recursos personales del afrontamiento ante el estrés.
Becoña (2006). Se han señalado en la literatura científica diferentes formas de recursos individuales de afrontamiento, tales como el locus de control, la percepción de control, la autoeficacia, la autoestima, el sentido del optimismo, la resiliencia, etc.

Incluyen todo un conjunto de variables que pueden influir sobre las cuatro etapas anteriores. Pertenecen a este nivel variables como los tipos de personalidad, los factores hereditarios en general, el sexo, la raza, etc. Son variables relativamente estables en el individuo, y que diferencian a unos individuos de otros.

Estatus de salud

Más que de una fase del proceso del estrés, se trata de un resultado del mismo. Este estado de salud, tanto psicológico como somático, depende del funcionamiento de las fases anteriores. Un afrontamiento inapropiado (p. ej., drogarse, autoaislamiento, reducción del ejercicio físico, etc.) puede ser nocivo para la salud. Al abordarse este problema, nos encontramos con autores que ponen el mayor énfasis en los sucesos vitales, otros desarrollan modelos a partir de las variables de personalidad, algunos se centran en el afrontamiento (p. ej., activo versus pasivo), y no pocos en las reacciones emocionales (p. ej., ira, depresión, desesperanza, etc).

Referencias

  • Belloch, Sandín, Ramos Campos, and Sandín, Bonifacio. Manual De Psicopatología. 3ª edición. Madrid [etc.]: McGraw-Hill Interamericana De España, 2020. Print.

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