D E M O C R A T O P I A

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Además, es relevante mencionar que en algunos casos, estos resúmenes y contenidos son elaborados con el apoyo de herramientas de Inteligencia Artificial. Por tanto, me gustaría reiterar nuestras disculpas por cualquier confusión o malentendido que haya podido surgir debido a la falta de claridad respecto a la naturaleza y el origen del contenido en kibbutzpsicologia.com.

Personalidad y temperamento

Reconocer y entender las variaciones individuales en las cogniciones y personalidades de los niños es esencial para apoyar su desarrollo de manera integral. Las diferencias en cómo piensan, aprenden y reaccionan emocionalmente reflejan la diversidad en sus temperamentos y estilos cognitivos. Estas variaciones afectan la forma en que los niños interactúan con su entorno, abordan los desafíos y se comunican con los demás. Al ser conscientes de estas diferencias, los educadores, padres y cuidadores pueden diseñar estrategias de enseñanza y apoyo personalizadas que respeten y potencien las fortalezas individuales de cada niño, al mismo tiempo que abordan sus áreas de desafío. Esto no solo fomenta un ambiente de aprendizaje inclusivo y respetuoso, sino que también promueve el bienestar emocional y social de los niños, preparándolos para navegar con éxito en un mundo diverso

Personalidad

Constantemente emitimos juicios sobre la personalidad, prefiriendo ciertos tipos sobre otros. La personalidad engloba los pensamientos, emociones y comportamientos únicos que definen cómo un individuo interactúa con el mundo. Reflexione por un momento: ¿Es usted extrovertido o introvertido? ¿Considerado o distante? Estos son algunos rasgos que constituyen su personalidad.

La estabilidad de las características de personalidad varía a lo largo de la vida. Durante la adolescencia, la personalidad tiende a ser menos estable que en la adultez, posiblemente debido a la exploración de nuevas identidades (Roberts, Wood y Caspi, 2008). En este contexto, los «Cinco Grandes» factores de personalidad—apertura, conciencia (escrupulosidad), extraversión, amabilidad y neuroticismo (estabilidad emocional)—se han identificado como dimensiones clave que describen ampliamente la personalidad humana (Engler, 2009; Olson y Hergenhahn, 2011).

Una de las revelaciones más significativas relacionadas con los «Cinco Grandes» factores de la personalidad durante la niñez y la adolescencia es la identificación de la escrupulosidad como un predictor clave de adaptabilidad y competencia. Según Hill y Roberts (2016), la escrupulosidad emerge como el factor de personalidad más crítico en la predicción del rendimiento académico. Poropat (2016) refuerza esta conclusión, destacando que la escrupulosidad predice de manera efectiva los logros académicos. Estudios específicos, como el realizado por Rosander y Backstrom (2014), han demostrado que la escrupulosidad a los 16 años es un indicador temprano del éxito académico a los 19 años. De manera similar, Klimstra et al. (2012) encontraron que los estudiantes con altos niveles de escrupulosidad tienen menos tendencia a procrastinar o evitar el estudio. Además, Pluess y Bartley (2015) vincularon la escrupulosidad a los siete años con una menor probabilidad de fumar a los 50 años.

El segundo factor que más influye en el éxito escolar es la apertura a la experiencia. Poropat (2016) señala que la escrupulosidad y la apertura a la experiencia están más fuertemente correlacionadas con los logros académicos en la educación secundaria que en la primaria, mientras que la apertura a la experiencia tiene una relación más directa con el éxito escolar en los primeros años de educación. Estas investigaciones subrayan la importancia de considerar los rasgos de personalidad en el desarrollo educativo y cómo ciertas características pueden influir en el desempeño y las decisiones a largo plazo de los individuos.

big five
El modelo de los «Cinco Grandes» factores de la personalidad es una teoría psicológica que describe la personalidad humana a través de cinco dimensiones básicas. Estas dimensiones incluyen una gama de rasgos y características que juntas ofrecen un perfil comprensivo de la personalidad individual.

Interacción persona-situación. El concepto de interacción persona-situación destaca que la conducta de un individuo y sus características de personalidad no pueden comprenderse plenamente sin considerar el contexto situacional en el que se encuentran. Esta perspectiva sugiere que las reacciones y adaptaciones de una persona varían en función de las circunstancias específicas, lo cual es aplicable tanto a los estilos de aprendizaje y pensamiento como a los rasgos de personalidad. Carver y Scheier (2017) argumentan que las personas muestran preferencias por ciertas situaciones y evitan otras, lo que afecta su comportamiento y adaptación.

Por ejemplo, en un entorno educativo, un estudiante extrovertido podría mostrar mayor adaptabilidad y disfrute en actividades grupales o colaborativas, mientras que un introvertido podría destacar y sentirse más cómodo en tareas que requieren trabajo independiente. Este patrón se extiende a contextos sociales más amplios, donde los extrovertidos tienden a prosperar en entornos sociales activos, mientras que los introvertidos prefieren situaciones más tranquilas o interacciones uno a uno.

Friedman y Schustack (2016) refuerzan la idea de que los rasgos de personalidad no determinan de manera fija cómo actuará una persona en todas las situaciones. En cambio, es crucial observar cómo los diferentes entornos influyen en el comportamiento de estudiantes con variadas características de personalidad y ofrecerles oportunidades para aprender en situaciones que les resulten más cómodas. Además, si ciertos rasgos de personalidad interfieren con el rendimiento académico de un estudiante, como un nivel de introversión que dificulta el trabajo en grupo, es importante buscar maneras de ayudar al estudiante a manejar o adaptarse a estas demandas situacionales. En resumen, la adaptabilidad y el comportamiento de un individuo son el resultado de la dinámica interacción entre sus rasgos personales y el contexto situacional en el que se encuentra.

Temperamento

El temperamento, profundamente entrelazado con la personalidad y los estilos de aprendizaje y pensamiento, refleja el conjunto de comportamientos innatos y las respuestas características de un individuo ante diversas situaciones. Se manifiesta en la variabilidad con la que los estudiantes interactúan con su entorno, evidenciando diferencias como ser más activos o calmados, y cómo responden emocionalmente a los demás, ya sea con calidez o desagrado.

Desde una perspectiva psicológica, el temperamento se describe en términos de predisposiciones hacia la reactividad emocional y la autorregulación (Bates y Pettit, 2015). La reactividad se refiere a la rapidez e intensidad de las respuestas emocionales de una persona, ya sean positivas o negativas. Por otro lado, la autorregulación indica hasta qué punto una persona es capaz de controlar esas emociones.

La clasificación del temperamento ha sido objeto de estudio, con el fin de encontrar las mejores formas de categorizar estas variaciones innatas. Alexander Chess y Stella Thomas (Chess y Thomas, 1977; Thomas y Chess, 1991) propusieron una de las clasificaciones más reconocidas, identificando tres tipos de temperamento:

  • El niño fácil: Este temperamento facilita las interacciones sociales y el aprendizaje, ya que la disposición positiva y la flexibilidad permiten al niño explorar su entorno con curiosidad y confianza. Los niños con un temperamento fácil suelen mostrar una adaptabilidad notable desde muy pequeños. Características de este tipo de temperamento incluyen:
    • Estado de ánimo positivo: Tienden a ser niños alegres y que se ríen con frecuencia.
    • Rutinas regulares: Establecen y siguen rutinas con facilidad, como horarios de sueño y alimentación.
    • Adaptabilidad: Se ajustan bien a nuevas situaciones y cambios, mostrando poco malestar frente a las novedades.
  • El niño difícil: Entender este temperamento ayuda a padres y educadores a desarrollar estrategias específicas de apoyo, buscando crear un entorno que minimice el estrés y facilite la adaptación. Los niños que se identifican con un temperamento difícil pueden presentar desafíos tanto para ellos mismos como para sus cuidadores. Sus características principales son:
    • Reacciones negativas frecuentes: Muestran emociones intensas ante situaciones desfavorables, como el llanto o el enojo.
    • Rutinas irregulares: Tienen dificultad para establecer patrones de sueño, alimentación y otras actividades diarias.
    • Resistencia al cambio: Les resulta complicado adaptarse a nuevas experiencias o entornos, pudiendo mostrar rechazo o incomodidad.
  • El niño lento para reaccionar: Para estos niños, es crucial un enfoque paciente y constante que respete sus tiempos y maneras de procesar las experiencias. Este estilo temperamental se caracteriza por una menor evidencia de reactividad emocional y actividad física. Incluye:
    • Bajo nivel de actividad: Prefieren juegos o actividades que involucren menos movimiento y excitación.
    • Reacciones emocionales moderadas: Sus respuestas emocionales son menos intensas, tanto positivas como negativas.
    • Adaptación gradual: Necesitan más tiempo para sentirse cómodos con nuevas personas, rutinas o entornos.

Chess y Thomas encontraron que estos tipos de temperamento son relativamente estables durante la infancia, con un 40% de los niños estudiados clasificados como fáciles, 10% difíciles y 15% lentos para reaccionar, dejando un 35% que no encajaba en estas categorías.

Otras perspectivas, como la de Jerome Kagan, se enfocan en la inhibición ante lo desconocido, categorizando a los niños en retraídos, tímidos y callados, frente a aquellos sociables, extravertidos y audaces. Mary Rothbart y John Bates (2006) sugieren que el temperamento puede entenderse mejor a través de tres dimensiones amplias:

  • Extraversión/Cordialidad. Esta dimensión incluye características como el acercamiento activo a nuevas experiencias, el placer en actividades sociales y físicas, así como la tendencia a mostrar sonrisas y risas frecuentes. Los niños que muestran altos niveles de extraversión tienden a ser desinhibidos, como lo describe Jerome Kagan en su concepto del niño desinhibido, mostrando entusiasmo y energía en sus interacciones con el mundo que les rodea. Estos niños suelen ser percibidos como sociables y alegres, y tienden a adaptarse con facilidad a nuevas situaciones sociales.
  • Negatividad Afectiva.La negatividad afectiva se refiere a la tendencia a experimentar emociones negativas como el miedo, la frustración, la tristeza y la incomodidad. Los niños con altos niveles de negatividad afectiva pueden ser más susceptibles a alterarse fácilmente, mostrando inquietud y llanto frecuente. Corresponden al tipo de niño inhibido de Kagan, que tiende a reaccionar con cautela o reticencia ante nuevas experiencias o personas desconocidas. Esta dimensión subraya la importancia de reconocer y manejar sensiblemente las emociones negativas en los niños para fomentar su bienestar emocional y social.
  • Control Voluntario (Autorregulación).El control voluntario o autorregulación implica la capacidad de gestionar la propia excitabilidad emocional y conductual de manera efectiva. Los niños con un alto control voluntario pueden moderar sus reacciones emocionales, concentrarse en tareas y comportarse de manera adecuada en diferentes contextos sociales y educativos. Por el contrario, aquellos con bajo control voluntario pueden tener dificultades para manejar sus emociones y comportamientos, lo que se asocia con problemas de externalización como la agresividad, la desobediencia, y otros comportamientos disruptivos.

La «precisión de ajuste», o la compatibilidad entre el temperamento de un individuo y las demandas de su entorno, es crucial para la adaptación y el desarrollo saludable. Características como el control voluntario y la afabilidad pueden mitigar los impactos negativos de entornos adversos, mientras que una alta emocionalidad negativa puede exacerbarlos (Bates y Pettit, 2015).

En resumen, el temperamento comprende una gama de dimensiones que reflejan las predisposiciones innatas de comportamiento y reacción emocional de un niño. Reconocer y entender estas variaciones es esencial para apoyar el desarrollo infantil de manera efectiva, promoviendo ambientes que respeten y se ajusten a estas diferencias individuales.

Referencias

  • Santrock, J.W. (2021) Psicología de la educación. 6th & #170; ed. adaptada a la UNED. edn. Madrid [etc.]: McGraw-Hill (McGraw-Hill Create).

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