RELACIONES FAMILIARES EN LA VIDA ADULTA Y LA VEJEZ

En nuestra sociedad la forma de vida más común es la familia biparental con hijos y será la
base sobre la que desarrollaremos el siguiente epígrafe. Parece que este capítulo es especialmente dogmático, no se si en 2022 se pueda hablar de la familia biparental con hijos como la forma de vida más común, muchos niños tienen 6 abuelos, 2 o 3 mamas, y en algunos casos solo tienen mamas. Por supuesto, es más fácil seguir «enseñando» lo mismo que hace 30 años.

El enamoramiento

Sternberg (1988). Intimidad y compromiso junto con la pasión forman los tres componentes sobre los que define el amor.
Yela (1997). Encontró que la evolución más frecuente consistía en pasar del enamoramiento al amor pasional y finalmente al amor compañero.
Ingrid (2022). El Amor es un sentimiento compartido con la persona o personas que amas, todo lo demás puedes llamarlo como quieras pero no es Amor. *Tomado de una conversación con mi vecina, no es materia de examen.
triangulo amor RELACIONES FAMILIARES EN LA VIDA ADULTA Y LA VEJEZ
Triángulo del amor de Sternberg

Para Erikson el principal objetivo de los adultos jóvenes es establecer una relación de intimidad con otro, para Havirghurst lo importante es seleccionar una pareja y aprender a vivir con ella. Levinson considera que encontrar pareja es uno de los principales hitos a conseguir en la juventud. En 1988 Sternberg nos regala una bonita teoría sobre el amor en forma de triangulo donde la pasión, la intimidad y el compromiso son determinantes.

  • Pasión. El componente motivacional y de activación del amor. Es la expresión de deseos y necesidades, y se relaciona con la sexualidad en la pareja.
  • Intimidad. El componente emocional del amor. Supone la comunicación íntima con la otra persona, la preocupación por el otro y la entrega de uno mismo.
  • Compromiso. Hace referencia a la decisión de amar a la otra persona y mantener ese amor a lo largo del tiempo, considerándose la vertiente cognitiva del amor.

De la combinación de estos tres elementos surgen diferentes formas de amor. A pesar de que el ideal de amor occidental en pareja es el que se define como amor consumado, lo cierto es que este ideal es difícil de conseguir y de mantener, por lo que en las relaciones de pareja suele primar un polo sobre los otros.

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Las siete clases de amor de Sternberg (gustarse, enamoramiento, amor vacío, amor fatuo, amor compañero, amor pleno)

Helen Elizabeth Fisher? es una antropóloga y bióloga estadounidense. Investigadora del comportamiento humano en la Universidad Rutgers, conocida como la antropóloga del amor, por los años que lleva dedicada a su estudio. 

“Después de descodificar la bioquímica del amor –explica–, hemos constatado que hay cuatro tipos de sistemas cerebrales, según la sustancia que más se segrega, y que estarían ligados a personalidades distintas y tendrían un papel en el enamoramiento. Si una persona produce mucha dopamina, un neurotransmisor cerebral, tiene una personalidad exploradora, curiosa, energética; si produce mucha serotonina, otro neurotransmisor, tiene una personalidad que yo llamo de constructor, convencional, meticulosa; si produce mucha hormona testosterona, es lógica, con gran decisión, de esas personas que les gustan la ingeniería o las matemáticas, y si produce muchas hormonas estrógenos u oxitocina, es de personalidad negociadora, imaginativa, compasiva. Pues hemos observado que las personas que tienen una personalidad curiosa o una convencional tienden a enamorarse de alguien que sea como ellas; en cambio, quien tiene una personalidad donde domina la testosterona tiende a sentirse atraído por quienes expresan mayores niveles de estrógenos y viceversa”. Habría tanta razón en aquello de que las personas suelen enamorarse de quien se les parece como en que los extremos se atraen.

Fisher aún trabaja en estos resultados, obtenidos al estudiar a miles de personas enamoradas con entrevistas y cuestionarios y medir su actividad cerebral mediante técnicas de neuroimagen (tomografías y resonancias magnéticas funcionales). Por ejemplo, se ha medido su reacción a un estímulo como ver la foto de la persona amada.

Esta base biológica de la personalidad y su papel en el enamoramiento, campo en el que Fisher se ha volcado en los últimos tres años, le ha abierto, dice, otra puerta: la genética del amor, un ámbito en el que apenas se ha profundizado. “Probablemente, hay razones genéticas, que aún no conocemos –al menos el 50% de lo que somos y hacemos es genético–, por las que, según cuál sea tu personalidad, eliges a alguien del mismo u otro tipo de personalidad”, dice la antropóloga. Habría, subraya, una determinación biológica en enamorarse de una u otra persona, además de los factores que se habían considerado hasta ahora: aspectos psicológicos, la atracción visual, compartir unos valores y una cultura o tener un nivel de inteligencia y socioeconómico similar.

*No es material de examen. Tomado de Marta Ricart (10/02/2012). ‘El engranaje del amor’. La Vanguardia. https://www.lavanguardia.com/

Desde la perspectiva evolucionista, algunos autores defienden la postura de que durante la filogenia las mujeres han aprendido a buscar hombres fuertes, que aseguren la supervivencia de la prole, por lo que se sentirán atraídas por varones inteligentes, ambiciosos, con prestigio y fuerza física mientras que los hombres han aprendido a buscar a mujeres fieles, jóvenes y atractivas, asegurándose una prole sana al tiempo que la fidelidad consigue que el fruto de su trabajo se quede en sus propios hijos y no en los de otros. El amor sin duda tiene unos orígenes evolutivos. En cada nivel filogenético, los organismos se enfrentan a los mismos problemas, si quieren sobrevivir y reproducirse, entonces deben encontrar comida, deben evitar ser matados y deben aprovecharse de las oportunidades reproductivas. De esta forma muchos teóricos evolutivos creen que el amor se basa en el antiguo sistema de circuitos desarrollado para asegurar que los mamíferos se reproduzcan y cuiden de su prole. *No es material de examen. Tomado del manual antiguo y del manual e psicología de la emoción.

La vida en pareja y la descendencia

Cuando a la pasión que se da en los primeros momentos del enamoramiento se une el compromiso y/o la intimidad, la relación suele acabar formalizándose, por lo que los siguientes pasos son la vida en pareja y el nacimiento de la prole.

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La nueva pareja

Los primeros años de convivencia se convierten en la etapa más feliz de la pareja, al mismo tiempo que uno de los momentos en el que más divorcios se producen (no es cierto). Es el tiempo de hacer frente a la necesidad de acomodarse el uno al otro, establecer modelos de comunicación y adopción de decisiones comunes, de lograr la estabilidad laboral y recursos económicos suficientes para mantener el nuevo hogar, lograr que éste sea confortable, etc. También es el momento de establecer pautas de relación con la familia política, un asunto especialmente relevante en sociedades con una fuerte tradición familiar como es la nuestra.

La transición a la maternidad y a la paternidad
Smith y Reid (1986). Es más fácil que ellas dejen el trabajo a que lo hagan ellos porque la pérdida económica para la familia es menor, al tiempo que ellos buscan compensar la bajada de ingresos familiares trabajando más horas o buscando un ascenso.
Eagly y Wood (1999). Los hechos biológicos y la presión de la sociedad para que las mujeres sean buenas madres se asocian para que ellas elijan la maternidad sobre el desempeño profesional, al tiempo que ellos se centran en la búsqueda de «el pan de cada día».
Menéndez (1999). Estudios españoles muestran que los padres que se implican voluntariamente en la crianza de sus hijos se encuentran satisfechos de su rol como padres al tiempo que sus parejas, las madres, también están satisfechas con el rol del marido como esposo, y como padre.
Katz-Wise, Priess y Hyde (2010). Tras el nacimiento, tanto del primer hijo como de los siguientes, los miembros de la pareja radicalizan sus roles tradicionales tanto cuando la mujer sólo trabaja en el hogar como cuando lo hace fuera de casa: así, las madres ocupan cada vez más tiempo en el cuidado de la prole y el hogar, además de ser las encargadas de gestionar o tener en la cabeza los cuidados que el niño y la casa necesitan; y los padres se centran más en la búsqueda de recursos y desempeño profesional, ocupando un segundo lugar en la gestión de hogar y prole, y participando en las labores diarias del hogar menos que cuando no tenían hijos.

La transición a la maternidad y a la paternidad es uno de los hitos evolutivos más importantes de la adultez, y afecta tanto a los roles sociales de las personas como, incluso, a su personalidad a través de cambios en las actitudes y en los comportamientos de los adultos. En general, las parejas bien avenidas antes del nacimiento continuarán estándolo después, pero la situación de estrés asociada al cuidado del recién nacido hace que un importante número de parejas se distancien y empeoren sus relaciones. Las personas que mejor se ajustan a esta transición son aquellas que disponen de más recursos, no solo económicos, sino fundamentalmente de apoyo social: personas con quién compartir dudas, con quien dejar a los hijos e hijas en momento de necesidad, o con la que compartir el ocio conjunto de la familia. Así como aquellas familias en las que sus miembros se caracterizan por la androginia que conjugarán de forma más equitativa las labores profesionales y del hogar (roles igualitarios o no tradicionales).

Las teorías evolucionistas ponen el foco en el hecho de que la gestación, el parto y la lactancia sean tareas exclusivamente maternas; indicadores de que la filogénesis prepara a las mujeres para el cuidado de los hijos e hijas, mientras que a los hombres les da fuerza y poder para conseguir los alimentos. Sin rechazar las diferencias biológicas obvias, la teoría de la estructura social argumenta que también la presión social y las elecciones individuales ejercen influencia a la hora de establecer los roles en la familia. Así, los hechos biológicos descritos y la presión de la sociedad para que las mujeres sean buenas madres se asocian para que ellas elijan la maternidad sobre el desempeño profesional, al tiempo que ellos se centran en la búsqueda de «el pan de cada día».

El nido vacío

Vega y Bueno (1995). En la mayor parte de las ocasiones, el que los hijos se independicen es visto como un auténtico alivio y no como una pérdida: menos preocupaciones, más tiempo libre y la posibilidad de volver a retomar la relación de pareja.
Alberdi y Matas (2002). Los modelos tradicionales en los que la mujer se encarga de la crianza de la descendencia aún no han sido superados, por lo que buena parte de su trabajo y preocupaciones han estado ceñidas a la crianza, y cuando este centro de atención desaparece puede quedar la sensación de no saber exactamente qué hacer con su nueva vida.
Schaie y Willis (2003). Los datos actuales parecen sugerir que los padres no llegan a ser «padres honoríficos» en ningún momento sino que continúan con su rol de padres.
formas de convivencia RELACIONES FAMILIARES EN LA VIDA ADULTA Y LA VEJEZ

Otro hito evolutivo en relación al ciclo familiar tiene que ver con la emancipación de los hijos, el denominado Nido Vacío hace referencia al momento de la salida de los hijos del hogar, momento que puede ser considerado, principalmente por la madre, como un momento de vacío. Los modelos tradicionales de patriarcado en los que la mujer se encarga de la crianza de los hijos aún no han sido totalmente superados. En cualquier caso, los datos actuales parecen sugerir que los padres no llegan a ser “padres honoríficos” en ningún momento sino que continúan con su rol de padres. Es frecuente que deban ayudar a sus hijos recién emancipados económicamente, y posteriormente en el cuidado de la descendencia: los nietos.

La salida de los hijos del hogar, al contrario de lo que ocurría con el nacimiento de los mismos, coincide con una renegociación y flexibilización de los roles en la pareja, que se acentuará con la llegada de los nietos. El varón puede querer ocupar con los nietos el papel que no ocupó con sus hijos, y la mujer aprovechar que ya no tiene la presión de la crianza para lograr realizar tareas pendientes que no pudo hacer en su momento.

La generación sándwich

Bazo y Dominguez (1996). Muchas mujeres proveen cuidados aunque no quieran a la persona que los necesita, no tengan una buena relación con ella o no sientan reciprocidad de las mismas. Sencillamente, debido a la presión social que considera a la mujer como la natural proveedora de cuidados dentro de la familia.
Climo y Stewart (2003).Cuidar a los mayores puede ser una tarea reconfortante y que puede ser catalizadora de cambios positivos en la personalidad de los adultos de mediana edad: en aquellos casos en los que el sentido de competencia y confianza en uno mismo (característico de las personas de mediana edad) y su deseo de generatividad o aportar a la sociedad casan con el cuidado a las personas mayores.
Schaie y Willis (2003). Los hijos e hijas adultas, ayudan a sus padres mayores aportando: 1. Apoyo emocional; 2. Apoyo instrumental y 3. Intermediarios entre la sociedad y los ancianos.
Lachman (2004). Aún están cuidando de sus hijos cuando, gracias a la actual longevidad, deben comenzar a cuidar a los padres.
Lara, González y Blanco (2008). Encontraron que, en una muestra urbana, el 51% de las personas cuidadoras de ancianos padecían insomnio, el 40% estaban clínicamente estresados, el 32% se sentía cansado, el 11% deprimido y el 85% afirmaba que su carácter había cambiado. Sólo el 33% se había podido ir de vacaciones.
Luna, Ramos y Rivera (2016). Mostraron que las abuelas sándwich que ejercían ayuda instrumental (ej. dar de comer a los nietos) y/o económica mostraban peor salud, más aún si utilizaban estrategias de afrontamiento del estrés ante las situaciones de cuidado como la negación y la autoinculpación.

Durante todo este tiempo, nacimiento y crianza de los hijos y nido vacío, es frecuente que los adultos se conviertan en “la generación sándwich”. Aún están cuidando de sus hijos cuando, gracias a la actual longevidad, deben comenzar a cuidar a los padres (Lachman, 2004). Aún hoy, el porcentaje de personas mayores institucionalizadas es muy bajo. Los hijos e hijas adultas, ayudan a sus padres mayores aportando (Schaie y Willis, 2003):

  • Apoyo emocional. Salen con ellos, les escuchan cuando tienen problemas, etc…
  • Apoyo instrumental. Ayudan a los ancianos a hacer la compra, a llevar la economía del hogar, les llevan en coche a un lugar u otro, y en caso de estar impedidos, facilitan la comida, el baño o están pendientes de los medicamentos.
  • Intermediarios entre la sociedad y los ancianos. Cumplimentan las solicitudes, buscan centros de día o asociaciones, median en las oficinas bancarias o en los servicios sociales y sanitarios.

*No es materia de examen y el ED lo obvia pero hace años que disponemos de normativa al respecto, y algo ha cambiado las cosas. Ley 39/2006, de 14 de diciembre, de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia.

dependencia RELACIONES FAMILIARES EN LA VIDA ADULTA Y LA VEJEZ
Algunos indicadores sobre la aplicación de la Ley de Dependencia. Valores medios anuales para 2014 (%). Tomado de «Sombras y sombras en la aplicación de la ley de dependencia» de Manuel Correa y Juan de Dios Jiménez-Aguilera.

Referencias

  • García Madruga, Delval, & Delval, Juan. (2019). Psicologia del desarrollo I (2ª ed. rev. ed., Grado (UNED); 6201201). Madrid: Universidad Nacional de Educación a Distancia.

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