Relevancia de la clasificación y el diagnóstico en psicopatología

Mischel (1968). Denunció que los sistemas de diagnóstico psiquiátrico en curso, particularmente el DSM-I y el DSM-II, adolecían de serias dificultades metodológicas en cuanto a su validez y fiabilidad.
Mezzich (1984). Un aspecto importante a considerar es que los sistemas de clasificación y diagnóstico maximizan sus ventajas cuando integran los aspectos categoriales y los dimensionales.
Carson et al. (1988). Cualquier ciencia necesita disponer de un sistema comprensivo de clasificación, ya que los sistemas de clasificación constituyen un elemento necesario para la descripción de la psicopatología.
Belloch (2012); Sandín et al. (2012). A partir del DSM-III se emplea un sistema multiaxial que integra los aspectos categoriales y los dimensionales. Mediante este sistema podían establecerse las categorías de los trastornos (primeros tres ejes) y la descripción de las características psicosociales y funcionales del paciente (dos últimos ejes), pudiendo llevarse a cabo, por tanto, un diagnóstico dual (categórico y dimensional). Una integración más reciente de ambos enfoques se ha plasmado en la psicopatología a través del nuevo enfoque conocido como transdiagnóstico.

La psicología de las décadas de los años cincuenta y sesenta se significó por una actitud general antidiagnóstica. De hecho, no pocos psicólogos y psiquiatras adoptaron una actitud negativa frente a la tarea diagnóstica, considerando inadecuada la función de etiquetar a los sujetos en base a los principios de los sistemas de clasificación.

DSM-I
(categorial)
🗸 Psicosis orgánicas (p. ej„ reacciones esquizofrénicas).
🗸Neurosis psicógenas (p. ej., ansiedad y depresión).
🗸Trastornos del carácter (trastornos de la personalidad y adicciones).
DSM-III (sistema multiaxial)
Tanto el DSM-I (APA, 1952) como el DSM-II (APA, 1968) carecían de una descripción de criterios formales y únicamente proporcionaron descripciones globales de los trastornos mentales.

En la primera versión del Diagnostic and statistical manual of mental disorders (DSM-I; APA, 1952) establecieron únicamente tres grandes grupos de trastornos. Subrayar que tanto el DSM-I (APA, 1952) como el DSM-II (APA, 1968) carecían de una descripción de criterios formales y únicamente proporcionaron descripciones globales de los trastornos mentales.

La orientación conductual inicial se oponía al diagnóstico psiquiátrico básicamente porque este se basaba en el modelo médico de enfermedad y asumía la existencia de causas subyacentes a las categorías sindrómicas. Una aplicación relevante del enfoque conductual fue el desarrollo del
análisis funcional de la conducta, el cual enfatizó la falta de utilidad del diagnóstico psiquiátrico al evidenciar ciertas carencias, como no aportar información sobre el sujeto individual, no permitir llevar a cabo un análisis operativo de la conducta problema, y no prestar atención a los elementos funcionales de dicha conducta (situaciones antecedentes y consecuentes).

En lo que concierne a la psicopatología, algunos autores (Blashfield, 1984; Millón et al., 2011; Sandín, 2013; Santed y Olmedo, 2003; Schmidt et al., 2004; Vázquez et al., 2017) han enfatizado diversas ventajas que puede proporcionar la clasificación de la conducta anormal:

  1. Facilita la comunicación entre profesionales, posibilitando el uso de un lenguaje común entre los investigadores y los terapeutas para describir la psicopatología, facilitando la replicación de trabajos de investigación, las acciones interdisciplinares, la homologación de los tratamientos, los estudios epidemiológicos, y el análisis de la efectividad de las terapias basadas en la evidencia.
  2. Facilita la recuperación de la información. Posibilitan que la información fragmentada sea recuperada más fácilmente por la memoria. La sintomatología de los pacientes puede ser recordada con más facilidad desde el contexto sistemático y organizado que proporcionan los sistemas de clasificación y diagnóstico, haciendo que los diagnósticos sean más ágiles y fáciles de recordar por los clínicos.
  3. Contribuye de forma relevante en la construcción de la teoría, siendo en cierto modo la base de dicha teoría. Algunos autores consideran que la validación de un constructo asume que la clasificación es un fenómeno central e indispensable en la teoría; la clasificación de un trastorno forma una representación del constructo teórico necesario para establecer la base con la que se elabora y prueba la teoría.
  4. Los sistemas de clasificación definen e impulsan la investigación. Una prueba de esto es el enorme impulso que generó el DSM-III promoviendo y estimulando la investigación de los diferentes trastornos mentales (muchos descritos por primera vez en este manual), tanto en el ámbito psiquiátrico como en el psicológico.
  5. Ventajas específicas de la clasificación incluyen:
    • Acumular información y documentación sobre cada categoría clínica.
    • Permitir hacer predicciones desde una perspectiva longitudinal.
    • Clarificar la etiología de los trastornos; la posibilidad de seleccionar grupos de individuos homogéneos con el mismo trastorno posibilita incrementar la eficacia de la investigación sobre los factores etiopatogénicos.
  6. Ventajas de la clasificación aplicadas al campo de la psicología clínica:
    • Poder realizar un diagnóstico más preciso, válido y fiable.
    • Determinar el tratamiento más adecuado aplicable a cada categoría clínica.
    • Predecir el curso clínico del paciente y la respuesta al tratamiento.
    • Determinar el estatus legal del paciente en base a su funcionamiento y competencia.
    • Proporcionar información fiable para la elaboración de la historia clínica y, en su caso, de los informes preceptivos.

Referencias

  • Belloch, Sandín, Ramos Campos, and Sandín, Bonifacio. Manual De Psicopatología. 3ª edición. Madrid [etc.]: McGraw-Hill Interamericana De España, 2020. Print.

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