Síndrome de burnout

Una manifestación del estrés crónico: el síndrome de burnout

Cristina Maslach y Susan Jackson (1981). Desarrollaron el Maslach Burnout Inventory (MBI), un cuestionario de autoinforme para la evaluación del burnout.
Schaufeli et al. (1996). Desarrollaron el MBI-GS (General Survey), una versión genérica útil que suele recomendarse para medir el burnout independientemente del tipo de trabajo, la cual ha sido adaptada al español por Salanova et al. (2000).
Seisdedos (1997). Se establecen tres niveles de gravedad de burnout que corresponden a las puntuaciones (MBI) del tercio inferior (centiles 1 a 33), tercio central (centiles 34 a 36) y tercio superior (centiles 67 a 99).
Ramos (1999). Suele aceptarse que el burnout es una respuesta al estrés laboral que surge tras un proceso de reevaluación cognitiva, cuando las estrategias de afrontamiento empleadas no son eficaces para reducir ese estrés laboral percibido.
Esteras et al. (2014). Constataron la relevancia de algunos factores que podrían favorecer el síndrome. Un claro factor de vulnerabilidad era el afecto negativo (para las tres dimensiones de burnout). Un claro factor de protección fue la satisfacción laboral (p. ej., con el proyecto educativo, el centro de trabajo, el tipo de alumnos, las expectativas de promoción, etc.), la cual resultó significativa para todas las dimensiones de burnout. El afecto positivo resultó ser un factor protector de la despersonalización y la falta de realización personal (no predijo las puntuaciones en agotamiento emocional). En cuanto a los factores de riesgo, el estrés de rol (sobrecarga laboral, trabajo rutinario, etc.) predijo significativamente las puntuaciones en todas las dimensiones. Dos factores de riesgo, i. e„ las condiciones organizacionales (p. ej., recursos inadecuados, no tener claras las funciones, escasos incentivos económicos) y las condiciones de supervisión (p. ej. falta de apoyo de la dirección, escasa participación en las decisiones del centro) predecían el burnout en las dimensiones de falta de realización personal y despersonalización, respectivamente. Otras variables como la religión, las preocupaciones profesionales, la etapa educativa, o la falta de reconocimiento profesional no resultaron ser relevantes para predecir las puntuaciones en burnout.
Esteras et al. (2018). Estudios recientes indican que la prevalencia del burnout entre los profesionales dedicados a la salud varía entre el 5,9% y el 14,9 %.
Esteras et al. (2019). En una muestra de población docente, nuestro grupo de investigación constató que los docentes con síndrome de burnout manifestaban mayor nivel de sintomatología somática y psicopatológica comparado con los docentes sin el síndrome. Constatamos, así mismo, que el agotamiento emocional correlacionaba de forma significativa con todas las dimensiones de sintomatología somática y psicopatológica (excepto con psicoticismo), aunque las correlaciones fueron más elevadas con unas dimensiones que con otras; por ejemplo, en lo que concierne a las variables somáticas, el agotamiento emocional correlacionaba especialmente con la sintomatología de tipo musculo-esquelético, inmunológico general, cardiovascular, neurosensorial y gastrointestinal, así como también con la puntuación total en la escala de síntomas somáticos. Las correlaciones con despersonalización y la falta de realización personal fueron menos relevantes.

El síndrome de burnout es una alteración psicológica que se ha vinculado al estrés laboral, una forma de estrés crónico. El concepto de burnout, o síndrome de estar quemado, fue descrito originalmente por Freudenberger (1974) para referirse a las reacciones físicas y mentales que observó en un grupo de personas que trabajaban en una clínica de desintoxicación; después de un año, muchos de ellos se sentían agotados, irritables, y habían desarrollado una actitud cínica hacia sus pacientes y una tendencia a evitarlos. Posteriormente Cristina Maslach y Susan Jackson (1981) lo definieron como un trastorno adaptativo crónico, asociado a las demandas psicosociales que requiere el trabajo directo con personas, experimentando un desequilibrio prolongado entre las demandas y los recursos de afrontamiento.

Tras la publicación por Cristina Maslach y Susan Jackson del ya clásico cuestionario de autoinforme para la evaluación del burnout, se ha venido entendiendo el burnout como un constructo multidimensional constituido por al menos tres dimensiones separadas:

  1. Agotamiento emocional (o cansancio emocional). Caracterizado por pérdida progresiva de energía, desgaste personal, agotamiento y fatiga.
  2. Despersonalización. Se manifiesta a través de irritabilidad, actitudes negativas y respuestas frías e impersonales hacia las personas (pacientes, alumnos, clientes, etc.).
  3. Falta de realización personal. Se caracteriza por respuestas negativas hacia sí mismo y hacia el trabajo.

Se ha sugerido que la mayor incidencia del burnout se da entre los profesionales que ofrecen un servicio asistencial y cuyos destinatarios de su labor profesional son las personas. Entre las consecuencias del síndrome de burnout se han sugerido las siguientes: desmotivación, negativismo, pasividad, bajo rendimiento en el trabajo, absentismo e insatisfacción laboral. Las cifras que se han dado sobre prevalencia del burnout en España son muy variables, y difieren en función del tipo de población estudiada, según la profesión de que se trate, del tipo de función dentro de la profesión, del tipo de actividad y del criterio que se utilice para definir la existencia de casos del síndrome.

El síndrome de burnout se ha evaluado fundamentalmente a través del Maslach Burnout Inventory (MBI) (Maslach y Jackson, 1981). Consta de 22 ítems sobre pensamientos, sentimientos y actitudes personales que se experimentan en el trabajo.

Se considera que una persona presenta síndrome de burnout cuando muestra puntuaciones elevadas (tercio superior) en agotamiento emocional y despersonalización, y puntuaciones bajas (tercio inferior) en realización personal. Aunque el MBI sigue siendo el instrumento más utilizado para evaluar el burnout, Schaufeli et al. (1996) desarrollaron el MBI-GS, una versión genérica útil que suele recomendarse para medir el burnout independientemente del tipo de trabajo.

Entre las consecuencias psicopatológicas relacionadas con el burnout se han señalado diversas alteraciones físicas, así como también una reducción del bienestar y salud percibidos, y niveles elevados de ansiedad y depresión. No obstante, se ha indicado que la dimensión de agotamiento emocional parece asociarse de forma más estrecha con la perturbación de la salud, en comparación con las otras dos dimensiones del burnout (despersonalización y realización personal). A este respecto, el agotamiento emocional se ha relacionado con la depresión, los trastornos obsesivo-compulsivos, la ansiedad, la hostilidad y la ideación paranoide. También se ha sugerido evidencia a favor de un posible papel de la dimensión de despersonalización en la sintomatología de tipo psicótico (ideación paranoide, personalidad psicótica y hostilidad).

Cabría asumir que el agotamiento emocional podría asociarse al estrés crónico y a pérdida de motivación del individuo, y generar vulnerabilidad para el desarrollo de enfermedades físicas y mentales. Así mismo, el agotamiento emocional parece tener ciertas similitudes con el denominado «agotamiento vital», el cual se ha asociado de forma significativa a los trastornos emocionales (especialmente depresión) y psicosomáticos (en particular con la cardiopatía coronaria. La correlación de los síntomas músculo-esqueléticos con las tres dimensiones del burnout es consistente con la idea de que cualquiera de las tres dimensiones de burnout posee una relación estrecha con los estados de tensión psicológica, incluidas las manifestaciones de tensión muscular, como aspecto genérico asociado al burnout.

El tratamiento psicológico del síndrome de burnout presupone abordar los posibles componentes del modelo del estrés que pudieran estar implicados. Así mismo, deben tenerse en cuenta los diferentes factores implícitos en el propio contexto organizacional, tales como la satisfacción laboral, los contenidos del trabajo, la desorganización laboral, la problemática administrativa, la carga laboral, la supervisión, etc. (Esteras et al., 2014, 2018). Las estrategias de intervención a aplicar en personas con síndrome de burnout deben integrar técnicas que posibiliten:

  • Minimizar los estresores del contexto organizacional.
  • Modificar los procesos cognitivos de autoevaluación y afrontamiento (p. ej., fomentando el afrontamiento focalizado en la solución de problemas).
  • Eliminar o neutralizar las consecuencias del síndrome (entrenamiento en técnicas de solución de problemas, inoculación del estrés, etc.).
  • Desarrollar habilidades de comunicación interpersonal y asertividad.
  • Fortalecer las redes de apoyo social.

Maslach Burnout Inventory (MBI)

Referencias

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