Técnicas de relajación

Sultanoff y Zalaquett (2000). La relajación es probablemente la técnica más utilizada en las intervenciones psicológicas, siendo un elemento fundamental en algunos procedimientos como el caso de la técnica de desensibilización sistemática que se acaba de exponer. Probablemente es también uno de los procedimientos que tiene una aplicabilidad más diversa, siendo muy pocos los problemas y trastornos que no puedan beneficiarse de sus efectos.

La relajación tiene como objetivo reducir el estado de activación fisiológica, facilitando la recuperación de la calma, el equilibrio mental y la sensación de paz interior. Sus efectos, portante, no pertenecen sólo a una mera dimensión fisiológica, sino que también afectan a procesos emocionales, cognitivos, y conductuales. El origen de las técnicas de relajación y respiración se sitúa en la cultura oriental vinculado a prácticas religiosas del hinduismo que pretenden a través de la meditación conseguir la contemplación, la sabiduría, la calma mental y la relajación corporal unidas al control respiratorio. Dentro del ámbito de la TCC, son dos los procedimientos estructurados que han cobrado mayor relevancia y tienen mayor aplicación: el Entrenamiento en Relajación Progresiva (Jacobson, 1939) y el Entrenamiento en Relajación Autógena (Schultz, 1931).

Fundamentación teórica

Jacobs (2001). El entrenamiento en relajación es un proceso de aprendizaje gradual en reducción de la activación para así afrontar de una manera eficaz diversas situaciones. Esta reducción de la activación generalizada del organismo produce amplios y reconocidos beneficios sobre la salud y el equilibrio mental.

Los cambios más significativos que genera la relajación están mediados por su influencia en el equilibrio de las dos ramas del sistema nervioso autónomo:

  • La rama Simpática. Regula funciones de alerta y defensa como la temperatura del cuerpo, el ritmo cardíaco, el ritmo respiratorio, la circulación de la sangre y la tensión en tejidos musculoesqueléticos, entre muchas otras.
  • La rama Parasimpática. Regula funciones de ahorro y reposo, disminuyendo el consumo de oxígeno, y reduciendo las funciones fisiológicas de los mismos órganos y sistemas, por ejemplo, el ritmo cardíaco y respiratorio, el consumo de oxígeno, la presión arterial y los niveles de hormonas de estrés como la cortisona.

Adicionalmente, el sistema nervioso puede disminuir su actividad general y mostrar un incremento de algunos neurotransmisores, como la serotonina, que modulan la actividad neuronal, induciendo de esta forma sensaciones de tranquilidad y alegría, que asociadas a la disminución del tono muscular (distensión), inducen relajación muscular.

Cambios en el patrón electroencefalográfico, de ritmos beta a alfa.
Incremento de la circulación sanguínea cerebral.
Descenso del consumo metabólico de oxígeno.
Disminución del metabolismo basal.
Relajación muscular.
Vasodilatación arterial periférica.
Regulación del gasto cardíaco (sangre total circulante por minuto).
Disminución de la intensidad y frecuencia del latido cardíaco.
Disminución de la presión arterial.
Cambios respiratorios: disminución frecuencia, aumento en profundidad, y regulación del ritmo respiratorio.
Aumento de la amplitud y capacidad inspiratoria.
Disminución de la presión arterial parcial de O2 y aumento de la de CO2.
Aumento de la serotonina.
Disminución de la secreción adrenalina y noradrenalina.
Disminución de los índices de colesterol y ácidos grasos en plasma.
Algunos de los cambios fisiológicos descritos durante los estados de relajación.


Una persona en estado de relajación experimenta:

  • Respiración tranquila, profunda y rítmica.
  • Relajación muscular.
  • Sensación de calor interno y cutáneo.
  • Latido cardíaco rítmico y suave.
  • Reducción del nivel de ansiedad.
  • Mejoría de la percepción del esquema corporal.
  • Sensación de paz y equilibrio mental.
Modelos de efectos de la relajación

Las explicaciones acerca de las vías que se ponen en marcha para conseguir los efectos de la relajación son diversos, existiendo propuestas muy específicas frente a otras más integradoras que plantean que cualquier estrategia de relajación produce un cambio psicofisiológico global en el organismo.

El modelo de efectos específicos
Davidson y Schwartz (1976). Las frecuentes desincronías identificadas entre los distintos sistemas de respuesta (cognitivo, conductual y somático) han llevado a algunos investigadores a desarrollar modelos de efectos específicos que sugieren que la relajación orientada a una determinada modalidad produce efectos sólo en esa modalidad.

Según este modelo, el entrenamiento en Relajación Progresiva de Jacobson únicamente produciría beneficios somáticos, útiles en problemas psicofisiológicos cuyo componente principal sea el somático (p.ej. cefaleas tensionales).

Modelo de respuesta de relajación única
Benson (1975 y 1983). Propone el modelo de respuesta de relajación única.

Según este modelo, la relajación produciría una respuesta única de desactivación de la rama simpática del sistema nervioso autónomo que sería responsable de todos los efectos descritos a través de esta técnica.

Modelo integratívo
Schwartz, Davidson y Goleman (1978). Proponen el modelo integrativo de la respuesta de relajación. La respuesta psicofisiológica específica producida por cada una de las técnicas, se superpondría a un efecto de relajación más generalizado. Por ejemplo, el entrenamiento autógeno tiene efectos específicos sobre las funciones autonómicas que se incluyen en los ejercicios autógenos (p.ej. vasodilatación periférica, distensión muscular, etc.) pero también produce un efecto generalizado de desactivación simpática.

El modelo integrativo de la respuesta de relajación sugiere que la mayor parte de los procedimientos de relajación tienen efectos muy específicos, así como un efecto general de reducción de la respuesta ante el estrés. En general, a partir de los datos identificados por los distintos modelos se considera que es útil distinguir los efectos cognitivos, fisiológicos y somáticos derivados de cada procedimiento, y elegir la técnica de relajación en función de que los efectos específicos que se produzcan con ella sean coherentes con la disfunción psicofisiológica que se necesite abordar (p. ej. el entrenamiento autógeno sería el procedimiento más indicado en problemas de carácter vascular, como el trastorno de Raynaud o las cefaleas de tipo migrañoso).

Referencias

  • Díaz García, et al. Manual De Técnicas y Terapias Cognitivo Conductuales. Desclée De Brouwer : Universidad Nacional De Educación a Distancia, 2017.

Deja un comentario

2 × cuatro =

Ir al contenido