Trastorno de pánico y agorafobia

En el caso del trastorno de pánico y agorafobia la exposición está diseñada para conseguir dos objetivos:

  • Desmentir expectativas catastrofistas y cogniciones erróneas.
  • Extinguir respuestas emocionales condicionadas a situaciones externas y contextos.
Exposición en vivo
Feigenbaum (1988). A los 5 años de la intervención, un mayor porcentaje de los pacientes sometidos a un formato no graduado y masivo estaban libres de síntomas (76%), en comparación con los pacientes sometidos a un procedimiento de exposición gradual (35%). Además, sorprendentemente, los pacientes sometidos a la exposición no graduada manifestaron menos malestar durante el tratamiento que el grupo de exposición gradual.

La exposición en vivo se refiere a la confrontación sistemática y repetida de contextos del entorno generadores de ansiedad (puentes, supermercados, transporte público, cines, etc.) y que son evitadas por los afectados por agorafobia. En la mayor parte de las ocasiones, la exposición se realiza de forma graduada. Sin embargo, los datos disponibles indican que la exposición no graduada es más efectiva a medio y largo plazo que la exposición graduada.

Para lograr la máxima efectividad de la exposición en vivo es determinante la eliminación de las conductas de seguridad. Entre estas señales de seguridad encontramos la compañía de otras personas, llevar agua, dinero para poder llamar si se necesita ayuda, medicaciones, situarse cerca de salidas de emergencia. Las conductas de seguridad proporcionan una sensación de seguridad e incluyen también la búsqueda de re-aseguración o la búsqueda de vías de escape o salida de determinas situaciones. La cantidad de tiempo que se dedica a la exposición en vivo es dependiente del perfil del paciente, en los casos más severos se necesitará más tiempo e intensidad. La implicación de las personas cercanas en el tratamiento dependerá del modo en cómo la agorafobia esté afectando a las relaciones y roles familiares.

Procedimiento de exposición interoceptiva
Craske y Barlow (2008). Uno de los procedimientos más útiles para desensibilizar al paciente de los síntomas fisiológicos que acompañan los ataques de pánico es el procedimiento de exposición interoceptiva. Considerada un componente básico de los programas de intervención cognitivo conductuales para el pánico, ha mostrado mayor efectividad que otros procedimientos, tanto de forma aislada, como en combinación con otras técnicas.
Sabourin, Stewart, Watt y Krigolson (2015). Después de la exposición interoceptiva, pero siguiendo el mismo principio, se practicarán actividades más naturales para provocar las mismas sensaciones, ejercicio físico, andar deprisa, subir escaleras, entrar en una sauna, etc.

Entre los objetivos de la terapia cognitivo-conductual aplicada a los trastornos de angustia se encuentra el desensibilizar al paciente de los síntomas fisiológicos que acompañan los ataques de pánico que caracterizan estos trastornos, y reestructurar las interpretaciones catastrofistas sobre las sensaciones fisiológicas asociadas a las crisis de angustia. Uno de los procedimientos más útiles para estos fines es el procedimiento de exposición interoceptiva.

En general, la exposición interoceptiva consiste en generar síntomas durante aproximadamente un minuto, mediante ejercicios que tratan de mimetizar los síntomas más comunes y temidos de las crisis de angustia que padece el paciente. Para ello se utiliza alguna de las siguientes estrategias:

  • Hiperventilación intencional: Provoca sensación de aturdimiento, desrealización, visión borrosa y mareo.
  • Dar vueltas en una silla giratoria: Provoca mareo y desorientación.
  • Respirar a través de una cánula: Provoca disnea y restricción de aire.
  • Contener la respiración: Provoca sensación de estar sin aire.
  • Correr en el lugar de la exposición: Provoca incremento de la frecuencia cardiaca, de la respiración, sudoración.
  • Tensión de zonas musculares: Provoca la sensación de estar tenso e hipervigilante.
  • Mover la cabeza de lado a lado: Provoca mareo y tensión en el cuello.

Para el entrenamiento, en primer lugar se introduce el concepto de condicionamiento interoceptivo, indicando al paciente que va a realizar una serie de ejercicios que persiguen la inducción de diversas sensaciones somáticas, y que después él deberá practicar entre las sesiones. La inducción de síntomas se debe realizar entre tres y cinco veces al día hasta que el paciente no sienta apenas ansiedad en relación a dichos síntomas. Con la repetición de estos ensayos el paciente va aprendiendo que estas señales internas no deben ser temidas pues ni señalan, ni están asociadas a ningún tipo de amenaza. De esta forma se va produciendo un proceso de desensibilización que se espera se generalice a todos los síntomas somáticos.

Para realizar la exposición interoceptiva habrá que seleccionar los ejercicios que han sido evaluados con puntuación mayor que 3, en la escala de 0 a 8, comenzando con el menos ansiógeno. Una vez el paciente empieza a experimentar sensaciones debe levantar el brazo y continuar el ejercicio 30 segundos más (o 10 segundos en el caso del movimiento de cabeza o el de aguantar la respiración) se le recomienda, después, que aplique la técnica de control respiratorio, así como las estrategias cognitivas para manejar su ansiedad. Al final, el paciente, tiene que valorar la intensidad de la sensación, así como la intensidad de la ansiedad en una escala de 0 a 8. Ningún ejercicio debería tardar más de 3 minutos.

Referencias
  • Díaz García, et al. Manual De Técnicas y Terapias Cognitivo Conductuales. Desclée De Brouwer : Universidad Nacional De Educación a Distancia, 2017.

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