Variables personales de predisposición al estrés

Además de las variables mediadoras de la respuesta de estrés (valoración cognitiva y estrategias de afrontamiento) y del apoyo social, y aparte de la conocida relevancia de los factores demográficos (edad, sexo, etc.), existe un conjunto de variables de características personales de tipo disposicional y rasgos de personalidad (relativamente estables) que «modulan» las reacciones del individuo a las situaciones estresantes. Estas variables explican posibles diferencias individuales en las reacciones de estrés.

Estrés y características personales

Monroe y Steiner (1986); Sarason y Sarason (1982). La personalidad juega un importante papel en cuanto determinante de diferencias individuales en el tamaño del grupo de pertenencia, así como también respecto a la calidad del apoyo social.
Monroe y Steiner (1986). El apoyo social se relaciona con las habilidades interpersonales. La deficiencia de habilidades sociales puede llevar a una excesiva demanda de apoyo, es decir, a un exceso de dependencia, y, en última instancia, a un empobrecimiento y perturbación de las redes de apoyo disponibles. Con lo cual, las características de personalidad no solo pueden asociarse a un potencial de recursos sociales disminuidos, sino que también pueden implicar un peor aprovechamiento de los recursos disponibles y un mayor riesgo de pérdida de estos.
Jenkins (1991). La relación entre personalidad y apoyo social es recí­proca, la calidad de este puede influir sobre las características de personalidad. Sobre este punto se ha resaltado, por ejemplo, que el apoyo social potencia la autoestima de la persona en sus diferentes dimensiones (habilidad, apariencia, aprecio, valía y rango social).
Resilience Scale de Connor y Davidson (2003). Se trata de una escala de 25 ítems que evalúan: (1) competencia personal y tenacidad (p. ej., trabajo para conseguir mis metas); (2) confianza en los instintos personales y tolerancia a la adversidad (p. ej., sigo los presentimientos que tengo); (3) aceptación positiva del cambio y relaciones seguras (p. ej., soy capaz de adaptarme a los cambios); (4) control (p. ej., siento que controlo mi vida), y (5) espiritualidad (p. ej., pienso que las cosas ocurren por alguna razón).
Becoña (2006). En la resiliencia deben estar presentes tanto los factores de riesgo como los de protección (que ayuden a maximizar los resultados positivos y minimizar los negativos). Desde esta perspectiva, la resiliencia sería «un macrofactor que explicaría el resultado adaptativo del individuo ante la vida».
Sandín et al. (2017). Existe actualmente evidencia indicativa de que la tolerancia al estrés contribuye al desarrollo y mantenimiento de problemas psiquiátricos, incluyendo el trastorno de personalidad límite, el abuso de sustancias, y diversas manifestaciones psicosomáticas.

Las variables de diferencias individuales que han sido propuestas como factores moduladores de la relación entre el estrés y la enfermedad son múltiples y diversas. Mientras algunas son consideradas como potenciadoras de la salud, otras se entienden como facilitadoras de la enfermedad.

Dimensión psicológicaEfectoTrastornoAutor(es)
Tipos de reacción al estrés:Grossarth-Maticek y Eysenck (1990, 1991a,b), Eysenck (1991)
Tipo 1: Propensión al cáncer+Cáncer/Inmu.1
Tipo 2: Propensión a la CC2+CC/Cerebrovasc.3
Tipo 3: HistéricoCáncer/CC
Tipo 4: SaludablePsicosomáticos
Tipo 5: Racional/antiemocional+Depresión/cáncer
Tipo 6: Antisocial+Adicción a drogas
Conducta tipo A+CCFriedman y Rosenman (1959), Jenkins et al. (1967)
Hostilidad cínica+CCBarefoot et al. (1983)
Hostilidad+CCDembroski y Costa (1987), Matthews (1988)
Antagonismo4+CCCosta et al. (1989)
Conducta tipo C+CáncerTemoshok (1985)
Estilo represor+Cáncer/Inmu.Jensen (1987)
Extraversión+CáncerEysenck (1988)
NeuroticismoCáncerEysenck (1988)
Alexitimia+PsicosomáticosSifneos et al. (1977), Taylor (1984)
Hardiness («dureza», «resistencia»)PsicosomáticosKobasa (1979)
ResilienciaPsicosomáticosGarmezy (1985)
Motivación social: logro/afiliación+/-PsicosomáticosJemmott III (1987)
Sentido de coherenciaPsicosomáticosAntonovsky (1987)
OptimismoPsicosomáticosScheier y Carver (1987)
AutoestimaPsicosomáticosDeLongis et al. (1988)
Índice de reactividad al estrés+PsicosomáticosGonzález de Rivera (1989)
Sentido del humorPsicosomáticosOverholser (1992)
Personalidad tipo D+PsicosomáticosDenollet et al. (1995)
Tolerancia al estrésPsicosomáticosSimons y Gaher (2005)
Principales variables psicológicas propuestas como moduladoras de la respuesta de estrés y de los trastornos psicosomáticos asociados. 1 Trastornos asociados al sistema inmunológico. 2 CC = Cardiopatía coronaria (o isquémica). 3 Trastornos cerebrovasculares. 4 La variable antagonismo corresponde a un factor de personalidad del grupo «5-Grandes». (+) denota incremento de riesgo. (-) denota reducción de riesgo.

Se han constatado ciertas relaciones entre las dimensiones de la Alexitimia (dificultad para identificar emociones; dificultad para comunicar emociones; reducción de ensueños y fantasías; pensamiento orientado externamente) y los tipos de reacción al estrés de Grossarth-Maticek
y Eysenck:

  • La puntuación global de alexitimia correlaciona positivamente con los tipos 1 y 5, pero no con los restantes tipos.
  • El tipo saludable (tipo 4) tiende a correlacionar negativamente con las dimensiones de alexitimia.
  • La dimensión relacionada con la dificultad para identificar sentimientos parece ser un factor de riesgo general psicosomático, ya que se asocia positivamente a todos los tipos no saludables de reacción al estrés.


El constructo hardiness es definido por Kobasa como una tendencia de orientación optimista ante el estrés caracterizada por implicar tres conceptos:

  1. Compromiso («commitment»). Denota la habilidad para creer en y reconocer los propios valores, metas y prioridades, apreciar la propia capacidad y lo que uno hace, y la tendencia a implicarse uno mismo en las diferentes situaciones vitales con un sentido general de propósito. Las personas «comprometidas» poseen un sistema de creencias que minimiza la percepción de amenaza ante los diferentes sucesos vitales. Se trata pues de un cierto «compromiso con uno mismo», idea que se aleja de los conceptos del existencialismo.
  2. Desafío («challenge»). La tendencia a valorar las situaciones de estrés como un desafío es más saludable que la tendencia a hacerlo como amenaza. El desafío es entendido como una oportunidad y un incentivo para el desarrollo personal. Las personas que tienden efectuar este tipo de valoración ante el estrés son individuos cognitivamente flexibles y con buena tolerancia de la ambigüedad.
  3. Control. La sensación personal de control sobre los eventos externos facilita la adaptación ante las situaciones estresantes y la salud. Las personas con elevada percepción de control no solo buscan explicaciones sobre lo que ocurre en términos de las acciones de otros o en el destino, sino también, y de forma especial, en la propia responsabilidad.

Aparte de los componentes de tipo existencialista que encierra el constructo de resistencia al estrés (hardiness), puede observarse su aparente conexión con otros factores protectores (positivos) como el optimismo, la autoestima y la autoeficacia. El constructo de sentido de coherencia funciona a modo de recurso principal de afrontamiento para preservar la salud, esto es, como un recurso de resistencia al estrés. El sentido de coherencia se ha asociado de forma consistente con la salud, tanto física como mental. No obstante, presenta ciertos componentes de otros constructos establecidos previamente como la resistencia ante el estrés (Kobasa, 1979), la autoeficacia (Bandura, 1977) y la autoestima (Geyer, 1997).

El sentido de coherencia es un recurso que protege al individuo de los efectos negativos que induce el estrés sobre la salud. Se trata de una orientación global del individuo caracterizada por los tres componentes siguientes:

  1. Comprensibilidad (comprehensibility). Se refiere al control cognitivo sobre el propio medio que rodea al individuo. Este es interpretado como algo racional, comprensible, estructurado, ordenado, consistente, y predecible.
  2. Manejabilidad (manageability). Indica el grado en que el individuo considera que dispone de recursos para hacer frente adecuadamente a las demandas o problemas.
  3. Significatividad (meaningfulness). Constituye un componente motivacional y determina si una situación es o no evaluada como un reto, y si merece la pena implicarse tratando de afrontarlo.

En el ámbito de la psicología, la resiliencia se aplicó inicialmente a individuos con esquizofrenia, y en personas expuestas a situaciones de extrema pobreza y adversidades tempranas (p. ej., traumas durante la infancia). Más que un rasgo del individuo consiste en un patrón característico («patrón resiliente» o «persona que posee características de la resiliencia»).

De forma operativa la resiliencia se ha referido fundamentalmente a tres tipos de fenómenos:

  1. Buen resultado del desarrollo a pesar de la situación de alto riesgo (los factores protectores serían ciertos atributos disposicionales como la capacidad intelectual, la autoconfianza, las habilidades comunicativas, el temperamento positivo, etc.).
  2. Competencia bajo amenaza (serían factores protectores las características familiares, el apoyo emocional, los estilos positivos de crianza, etc.).
  3. Recuperación del trauma (serían factores protectores los apoyos externos como las experiencias positivas en el colegio, las buenas relaciones con los compañeros y las relaciones positivas con los adultos).

El concepto de tolerancia al estrés se refiere a la capacidad personal para experimentar y soportar los estados psicológicos negativos asociados al estrés (los estados emocionales de distrés). No debe identificarse con otros constructos relacionados como la sensibilidad a la ansiedad, la regulación emocional, el afrontamiento evitativo o la tolerancia a la ambigüedad.

La tolerancia al estrés puede ser considerada como una variable de diferencias individuales (variable disposicional) relacionada con evaluaciones y expectativas de experimentar estados emocionales negativos relacionados con:

  1. La percepción de la gravedad y tolerabilidad del distrés.
  2. La evaluación subjetiva del distrés.
  3. La absorción de la atención por las emociones negativas.
  4. Los esfuerzos para regular la emoción y aliviar el distrés.

Los mecanismos y niveles de acción de las variables de personalidad pueden ser diversos. Este tipo de variables pueden actuar a diferentes niveles como la evaluación cognitiva, las estrategias de afrontamiento, y las respuestas fisiológicas y emocionales. Ejemplos:

  • Las personas neuróticas tienden a valorar las situaciones estresantes de forma más amenazante, y a emitir mayor grado de respuestas fisiológicas y emocionales (así como mayor sintomatología) que los individuos no neuróticos (bajo nivel de neuroticismo).
  • Bajo estados de estrés, las personas con elevada hostilidad tienden a experimentar ira y elevada reactividad cardiovascular (p. ej., incremento de frecuencia cardíaca y presión sanguínea).
  • Se ha indicado que los individuos con estilo represor suelen presentar inhibición de la competencia inmunológica asociada al estrés (podría deberse a un exceso de glucocorticoides inducidos por el estrés).
  • El neuroticismo se ha relacionado positivamente con el uso de estrategias de afrontamiento focalizadas en la emoción (p. ej., fantasía como escape, autoculpa, autoaislamiento, descarga emocional, etc.), y negativamente con estrategias focalizadas en la situación. La probabilidad que tiene un individuo de emplear unas estrategias de afrontamiento u otras depende de factores situacionales, pero también de características personales.
  • Características más o menos estables, como el optimismo (tendencia a experimentar expectativas de resultados positivos), la autoestima, el locus de control interno y el hardiness («dureza/resistencia»), se han asociado positivamente al uso de estrategias focalizadas en el problema (acciones planificadas) en situaciones potencialmente controlables, y a tendencias a llevar a cabo mayor número de acciones para aliviar sus síntomas cuando se sienten enfermos (en contraste con las personas pesimistas, y/o de baja autoestima y/o de bajo hardiness).

Existe evidencia de que el estrés diario no solo depende de la existencia previa de sucesos vitales, sino también del grado actual de salud (p. ej., estatus psicopatológico) y de rasgos personales. Estas variables pueden incluso modular el apoyo social, tanto el apoyo real como el percibido. El apoyo social está determinado por el grado con que el individuo se relaciona con otra gente.

Tipos de reacción al estrés

Tipos de reacción al estrés de Grossarth-Maticek y Eysenck (1990, 1991a,b), Eysenck (1991):

  1. Tipo 1. Predisposición al cáncer. Se caracteriza por presentar elevado grado de dependencia conformista respecto a algún objeto o persona con valor emocional destacado para él (consideran a estos objetos o personas como lo más importante para su bienestar y felicidad), e inhibición para establecer intimidad o proximidad con las personas u objetos queridos. Son personas que ante situaciones estresantes suelen reaccionar con sentimientos de desesperanza, indefensión, y tendencias a idealizar los objetos emocionales y a reprimir las reacciones emocionales abiertas. La pérdida/ausencia del objeto se mantiene como fuente de estrés, ya que la persona no se desvincula definitivamente de él, pero tampoco logra la proximidad/intimidad necesaria. Predomina la hipoestimulación.
  2. Tipo 2. Predisposición a la cardiopatía coronaria (CC). Reaccionan al estrés mediante excitación general, ira, agresividad e irritación crónicas. Tiende a evaluar de forma extrema los objetos o personas perturbadores, soliendo fracasar en el establecimiento de relaciones emocionales estables. Las personas y situaciones importantes para el individuo suelen ser la causa principal de infelicidad, siendo valoradas emocionalmente como negativas y altamente perturbadoras. Este tipo predispone a la CC y a los infartos cerebrovasculares (ictus). Predomina la hiperexcitación.
  3. Tipo 3. Histérico. Son personas que alternan en cuanto a la expresión de las características correspondientes a los tipos 1 y 2, por lo que se ha propuesto como protector tanto del cáncer como de la CC. Emocionalmente, por tanto, pasan desde experimentar sentimientos de indefensión y desesperanza a expresar ira, agresión e irritabilidad. Predomina la ambivalencia.
  4. Tipo 4. Tipo saludable protector de la salud. Las personas en las que predomina este tipo poseen marcado grado de autonomía en su comportamiento. Estos individuos conciben la autonomía propia y ajena como el factor más importante para el bienestar y la felicidad personal. Afrontan el estrés de forma apropiada y realista, bien mediante estrategias de aproximación o evitación del objeto querido (permitiendo y aceptando, por tanto, la autonomía de dicho objeto). Predomina la autonomía personal.
  5. Tipo 5. Racional-antiemocional. Se define por la tendencia a emitir reacciones racionales y antiemocionales. Este tipo de personas suele suprimir o negar las manifestaciones afectivas, encontrando dificultad para expresar las emociones. Debería denotar predisposición a la depresión y al cáncer. Predominio de lo racional sobre lo emocional.
  6. Tipo 6. Antisocial. Se define por la tendencia a reaccionar mediante comportamientos de tipo antisocial y a veces criminales. Este tipo se ha propuesto como un factor de predisposición al consumo de drogas. Predomina la conducta de tipo psicopático.

Para establecer la relación entre el tipo de personalidad y la causa de muerte, Grossarth-Maticek y Eysenck diagnosticaron en miles de personas el tipo psicosocial, y entre diez y once años más tarde calcularon la mortalidad y sus causas en estos sujetos. posteriormente relacionaron el tipo psicosocial con el tipo de causa de muerte. El valor predictivo de estos tipos es superior en los grupos de personas bajo situaciones de estrés que en personas no estresadas. Aunque los autores sugieren que los tipos psicosociales pueden actuar como factores causales del cáncer y las enfermedades vasculares, también alertan sobre los múltiples factores que pueden estar implicados en el desarrollo de tales enfermedades.

Se han constatado algunas relaciones entre los seis tipos y ciertas variables como el neuroticismo, la alexitimia, las estrategias de afrontamiento y el rasgo y expresión de la ira. Por ejemplo, todos los tipos, excepto el 5, correlacionan de forma positiva y significativa (el tipo 4 de forma negativa) con la variable neuroticismo; las correlaciones con extraversión y psicoticismo adoptan patrones diferenciales en función de los tipos. El afrontamiento focalizado en la tarea se relaciona positivamente con los tipos 4 y 5, y negativamente con los restantes tipos; las formas de afrontamiento focalizadas en la emoción o evitación correlacionan positivamente con los tipos 1, 2, 3 y 6, y negativamente con el tipo 4. Los tipos de riesgo psicosomático tendían a correlacionar de forma positiva con las dimensiones de sintomatología somática, mientras que el tipo saludable lo hacía de forma negativa, siendo el tipo 2 el que, en general, correlacionó de forma más elevada con los diferentes tipos de síntomas somáticos. Constatamos, así mismo, que las enfermedades asociadas al sistema inmunológico (infecciosas, gripe y alergias) se producían preferentemente en personas tipo 1.

Basándose en el principio de que estos tipos son modificables por el aprendizaje, Eysenck y Grossarth-Maticek desarrollaron un nuevo método de terapia de conducta, denominado Creative novation behaviour therapy («terapia de conducta de innovación creativa», TCIC), para ser aplicado a los individuos propensos al cáncer (tipo 1) y a la CC/ ictus (tipo 2) de forma profiláctica, y de este modo reducir la probabilidad de muerte por estas enfermedades, o bien con objeto de prolongar sus vidas. Innovación (novation) indica que el sujeto debe desarrollar nuevos tipos de conducta, y creativa denota que el paciente es animado a desarrollar estas nuevas conductas de forma creativa mediante la auto-observación y la experiencia de las consecuencias de sus actos. El nuevo método fue denominado entrenamiento en autonomía (autonomy training), ya que el principal objetivo del tratamiento consiste en estimular que la persona busque resultados positivos a largo plazo de los diferentes tipos de conducta y autoevaluación.

La eficacia de la TCIC ha sido preliminarmente probada en la prevención del cáncer y de la CC, así como también por su efecto positivo mediante el incremento de la esperanza de vida en personas con cáncer o CC. También se han referido datos sobre el efecto de la TCIC reduciendo la esclerosis vascular en fondo de ojo.

Referencias

  • Belloch, Sandín, Ramos Campos, and Sandín, Bonifacio. Manual De Psicopatología. 3ª edición. Madrid [etc.]: McGraw-Hill Interamericana De España, 2020. Print.

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